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viernes, 5 de agosto de 2016

MENDIGO DE BAJAS CALLES...


      En los viejos lodazales está fosilizada tu memoria, en las vértebras de tu fosa está sepultado el dolor, en nuestra memoria solo pudiste escribir el vago recuerdo de tu sombra vagando por las calles de la ignorancia social.
      Mendigo de bajas calles que peleabas un centavo, mendigo de bajas calles que competías con los afanadores sociales por conseguir una bolsa de basura que diera energía a tu día, mendigo de bajas calles…Amigo de gatos y perros, amigo del olvido…Amigo del cielo.
       Jamás tus ojos eludieron las miradas del infame desprecio social, solo las atravesabas con tu honor. Siempre un “gracias” en tu palabra a cambio de un trozo de pan, siempre un “buenos días” en tu garganta a cambio de una fingida sonrisa. Hombre que escribiste tu destino entre las bajas calles de nuestra ignorancia y que en tu silencio abrazaste nuestra gran imperfección, mendigo fiel a tus principios,  que nunca recibiste amor porque era demasiado grande tu alma.
       Compartiste la soledad del viento, lloraste las risas vacías de ajenas vidas y cuando tu estómago solo era un nudo…Arrullabas tu cuerpo en el portal de cualquier recuerdo. Caminabas pidiendo que tus talones dolieran menos que tus dedos, mirabas y añorabas distancias a las que nunca llegarías pero en la fuerza de tu imaginación lograste que el sueño de cada amanecer, fuera diferente y hermoso cada día.
      Nunca fue una opción rescatar tu vida así como nunca quisiste compartir la nuestra. Pagaste injusticia por los pecadores de tu estirpe pues te imaginamos en el dulce baño del alcohol y en tu abstemia, solo tus ojos pedían comprensión. En setenta años solo los agujeros de la primera cobija que te regalaron, taparon tus fríos, en setenta años solo una vez tu garganta gritó y esa vez una bala atravesó tu corazón.
       Mendigo de bajas calles, señor de los silencios…Embajador del cielo que diste ternura a nuestras calles y compañía a las piedras de nuestra historia. Descansa en paz.