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miércoles, 1 de marzo de 2017

EL POETA...


            Estaba sentado el poeta entre sus versos, pensando y exagerando rimas, oyendo música y dando sorbos a su recogida soledad. Mirada perdida en la pared de la nada, manos entumidas por la resequedad de sus tintas, canas vencidas y ojos cansados. Respiraba profundo y perdía su mirada en un supuesto cielo, pero la inspiración no llegaba.
            Nunca lo venció el sueño y esta vez tampoco pasaría. Espera paciente, sorbo de un viejo tinto, sugestión permitida y mente abierta a cualquier indicio de una idea. Ceras ardiendo, Luna creciente, dominio del cielo y lluvia de estrellas. Paisaje pintado, óleo inspirado y lienzo listo…De repente, cruje la madera de su puerta con tres toques…No es real, es imaginación y despertar de sentidos. ..Tres toques más. Retira la pesada silla, compone la mesa para que nada se caiga y se dirige hacia la puerta. Abre y con asombro, escucha la voz de la hermosura: “Hola, ¿Cómo estás? “
            Él: Bien, ¿Qué se le ofrece?
            Ella: Vengo, para hacer el amor con usted.
            Él: ¡Fantástico!, pero creo que se equivoca…Yo no hablé con nadie, ni requerí ningún servicio de esos que….
            Ella: Quiero que usted sepa , lo que se siente al leer sus letras.
            Él: Oiga, no es necesario. Son escritos, prosas, poesía, algún cuento y…
            Ella: Tengo un año leyéndolo, seis meses deseándolo, un mes buscándolo, quince días soñando este momento y dos minutos confirmando mi admiración por usted.
             Él: Su padre… ¿Era pintor surrealista?
             Ella: no.
             Él: Su madre,,, Quizás su madre era…Disculpe, solo estoy buscando algo genético que explique este momento.
             Ella: Ya le dije, quiero que sepa lo que se siente, cuando se siente tanto y no se tiene…Lo que se siente, cuando una pasión supera las barreras de unas simples letras, lo que se siente, cuando una tinta escupe deseo en el alma…Lo que se siente , cuando cae una de sus intensas lágrimas entre la desnudez de mis pechos y la distancia, no permite que lo abrace.
             Él: Pasa
             Ella: No, veo que está escribiendo. No interrumpiré
             Él: Pero….
             Ella: Prefiero conocer su nueva poesía que sentir su posesión, porque  quiero que sienta la profundidad de esas ansias, como yo las siento, y deseo que poco a poco su alma sienta de cerca, el latir de la pasión en mi corazón…Tocaré su puerta otro día o quizás otra noche.
             Él: Solo un favor: No me hables de Usted, pues en la intimidad de una pasión, no hay respeto y en el “usted”, el erotismo pierde identidad.
             Y despertó el poeta, pues el sueño por vez primera lo había vencido. Despertó inspirado, enseñado y leído. No recordó el sueño, solo vió que su puerta estaba abierta. Se levantó de su pesada silla, compuso la mesa para que nada se cayera, tomó un sorbo de su viejo tinto y cerró la puerta.
             Moraleja: “Poeta que no sueña, no escribe”