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martes, 27 de junio de 2017

CORAJE DE LUNA...


                      Dormía entre sus velos la Luna, vestía seda la noche y las estrellas lucían escondidas en su timidez.  La tristeza cubría el cielo y ni cuenta se daba el viento, metido en ajenos huracanes. Las nubes se llenaban de lágrimas y el rayo solo flotaba entre ellas, esperando un trueno que lo despertara.  El verde terciopelo de la ternura ya no se atrevía a besar piel y la caricia recelaba miedo por tocar. El eco de las montañas solo rebotaba gritos de roncas gargantas, la miel resbalaba hiel en su panal, la rosa perdía sus pétalos y erizaba espinas por doquier, el eje de la Tierra, desviaba su inclinación y los icebergs, nadaban sus fríos entre ríos y mares. La Luz, poco a poco se apagaba y el verso se refugiaba en su última tilde, en esa tilde donde vivía la expresión de su postrera rima.
                     Llegó el primer trueno y el rayo dejó de flotar, preparó sus armas y esperó. Despertó en el estruendo la Luna, rasgó sus velos y se puso a mirar. No comprendía, pero como buena ejecutiva debía actuar. Desnudó a la noche y con sus sedas se vistió, dio un chasquido con sus dedos y las estrellas la miraron, chispearon  y empezaron a generar sus destellos. Miró de reojo a su Sol medio dormido, lo besó y le cuestionó su desidia. En el intervalo del sueño, la tristeza se había apoderado del cielo y era tan intensa su densidad que desvió el eje terrestre y seguía incisiva, lasciva y morbosa en su cometido. Y la Luna en su coraje, al Sol gritó y le reclamó otra vez su desidia e incompetencia: “Siempre que abraces tu ocaso, despiértame, porque nunca podemos estar los dos en el sueño. Siempre que te acuestes, primero asegúrate de  darme mi beso de buenas noches y siempre que yo despierte, quiero tener el reporte de tu día en mi mesita de noche. ¿De acuerdo?” Asintió como pudo el sonrojado Sol y se puso a trabajar. Por primera vez, estarían juntos, noche y amanecer, amor y poder…Sueño y vida.
                    El Sol convocó a junta a los volcanes de cien montañas y les pidió exhalaciones de vapor, así llenaría millones de nubes que lloverían por doquier, sembrando agua de vida. Y eso, a la tristeza le dolería. Soltó a su ejército de rayos la Luna y llenó el cielo de una intensa telaraña de luz y poder. Cada rayo, cortaría una sombra y con ello la tristeza se haría vulnerable. No contento el Sol con sus volcanes soltando vapor, mandó un mail a cada ser humano y les pidió, que cuando vieran otra vez su ocaso, cuando vieran a su hermosa Luna, todos a la vez hicieran el amor, mucho amor, que inventaran caricias, nuevas ternuras y sobresalientes travesuras. La Luna soltó una carcajada y le dio una palmadita a su Sol: “Buena idea, me gusta que de repente, pienses..Jajaja”. El sonrojado Sol, solo sacó pecho y algún que otro erupto de fuego. Poco a poco la tristeza se desvanecía, pero ejerció su última opción: Enamoraría al Sol y reinaría por siempre. Llegó a su lado, coqueta y vestida con negras sedas. Poco a poco dejó ver su cuerpo, blanco e inmaculado pues nadie la había poseído en su totalidad. Cayeron sus sedas y el Sol se prendió. Se contorsionó despacito y mostró la sensualidad de sus lágrimas. Lo miró y lo sintió muy prendido y fogoso, lo que no sabía en su ignorancia, es que era su estado natural. Al no ver reacción, le preguntó: “¿No me darás mi besito de buenas noches?”. El Sol accedió y casi le quema media mejilla. La tristeza gimió, pero de dolor. Y el Sol le preguntó: “¿Y a mí no me darás mi besito de buenas noches?”. Y la tristeza respondió: “No, soy la tristeza y no doy besos”. Entonces el Sol, llamó a su Luna, juntaron labios, enredaron lenguas e inventaron magia en un gran beso Universal. La tristeza se desmoronó, los icebergs regresaron a su polo, el eje terrestre recobró su verticalidad, la miel volvió a ser miel y los panales de ella se llenaron a rebosar, las rosas crecían con naturales espinas y con pétalos de mil colores y la Tierra revivió.

                   Ya el Sol, cansado y desvelado, se dispuso para su segundo ocaso en un día. Como siempre no escribió su reporte a la Luna, pero ella esta vez sí comprendió. Se vistió con sus mejores galas nuestra Luna, algodones, sedas y diamantes pegados, vió que todo estaba en perfecto orden y cuando se acordó de los miles de millones de mails del Sol…Se desnudó y mostró su elegancia a la Tierra. Pero nadie la miró, todos hacían el amor, inventaban caricias, besaban nuevas ternuras y algunos, no todos, imaginaban sobresalientes travesuras y otros, como no sabían lo que es el poder de la imaginación en el amor, solo rezaban en soledad. Pero como en botica, en nuestra Tierra, hay de todo y para todos. Que la tristeza nunca viva en sus corazones. Cuídense.