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viernes, 23 de febrero de 2018

UN GRANO DE SAL.



                   
                     Cuentan que un niño con él te quería llevar. Tan grande era el sueño que lo dibujó eterno y cercano a tu horizonte, llenó de piel su insomnio y de caricias una ilusión. Cada amanecer sentaba sus bruces frente a ti, pintaba sus pequeñas huellas bajo tu espuma y despacito te recitaba el primer verso de su día. Poco a poco te fue conociendo y aprendió a escucharte entre el susurro de tu baja marea, empezó a quererte cada vez que una de tus leyendas le contabas y supo explicar tus lágrimas cada vez que el hombre, tu pureza acechaba. Sus noches marcaban soledad y solo el bravo rugir de tus rocas alimentaba una esperanza entre tanta oquedad: abría su pequeña ventana y tu brisa lo envolvía, cubría sus sábanas de sirenas y tritones, de vivas almejas y retraídos cangrejos…de caricias de ola y ternuras de blanca espuma.
                     Creció el niño y el destino de ti lo separó. Vivió el hombre y en tu recuerdo alimentó promesas, en su aliento escribió el deseo olido de tu  reencuentro y en su cara pintó el dibujo de cada una de sus sonrisas, con el pincel de tu ola besando aquellas pequeñas huellas. Noche tras noche el sueño lo perseguía y se dio cuenta que su piel sudaba lágrimas, esas gotas de alma con sabor a sal…esa nostalgia que recorre escalofrío por la columna vertebral. Abría su ventana y tú no estabas, el murmullo era de otro silencio y las aceras no se vestían con tu brisa. La Luna ya no tenía su espejo y las estrellas se perdían entre otros destellos, sus sábanas yacían perdidas entre viejas leyendas y cuando su piel era tocada, gritaba y se encogía entre las escamas de recordadas sirenas. Le recitó al cielo su desgarrada poesía, al viento el gemido de su anhelo y al rayo, le explicó el poder perdido de su trueno. Sonrió el gran espacio y entre sus puños tomó un pedazo de distancia, detuvo el tiempo su arrogancia, el aire su oxígeno y la vida se envolvió como regalo del destino. Aquel hombre regresó a su mar, la promesa encarnó deseo y una leyenda se escribió.
                     Y llegó el día que te quiso poseer, ese día que el amor por ti era tan intenso que cada latido de su gran corazón suspiraba con tu sangre, que cada rincón de su alma te respiraba en silencio y cada mirada de sus ojos no tenía otro color que tu azul. De frente te sintió y sudó, te nadó, te besó y de caricias te llenó…tomaste su cuerpo y lo absorbiste todo, te atreviste entre sus dedos, mojaste sus cabellos, peinaste su piel y atrapaste sus miedos. Fluyó dulce  la energía del Universo, el cometa fue brasa y el viento convirtió cada chispa en una estrella.
                  …Y sentiste que eras inmenso, que tu azul se pintaba intenso, que cada caricia de cielo en brisa la convertías y que en tu fuerza, reinventabas día con día nuevas olas y sublimes sueños.  Amigo del viento y juglar encelado del trueno, espejo de Luna y libro de la historia, cuenco de vida y transparente mármol esculpido por la saliva del Universo. Se contorsionó tu cuerpo y te llenaste de arena y playa, cerraste los ojos y se imaginó tu olor, abriste los brazos y encogiste cada poro del hombre, sudaste…y un grano de sal se cristalizó, esa sal que huele a sueño de niño y sabe a mar.