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jueves, 31 de enero de 2019

ENSEÑANZAS


            Hoy aprendí de ti, del mar y de la sonrisa que nace al sentir, del miedo a vivir, del amor el por qué de su existir, de la caricia esos susurros que me hacen latir y del cielo ese momento, que en tus brazos respiró mi alma, todo tu elixir. Aprendí del lobo cuando extraña su luna, de la duna cuando se desvanece en arenas profundas, del viento cuando una esquina lo silba perfecto, de mi cuerpo al mojarte erecto y también del silencio, cuando en mi lecho es tu mirada, quien escribe, destellos en mis besos.
             Aprendí que la locura tiene mil versos, que en tu hermosura son regalo envuelto, que de tu cálida ternura vivo preso y que en el violín, es el arco quien lo hace perfecto, como en tu cuerpo es mi sentimiento, el que lo pinta más bello. Aprendí a secar tus lágrimas con mis dedos, a enredarme como niño entre tus cabellos, a notar el punzante escalofrío cuando en ti estoy dentro y de tus labios a leer en cada grieta, los más profundos deseos.
            Te sueño maestra, de mi camino su estrella, de los anhelos esa luz que dibuja mi senda, de la ilusión la más generosa de las chisteras, de mis días la explicación a  tanta quimera y de mis noches el velo de una Luna que me cobija sin preguntas con exquisita ternura. Quiero ser tu alumno, el primero de la fila, vestido de preguntas, con las manos llenas de dudas, el que siempre te mira, desnudo cuando respiras, vacío cuando explicas y con esa pluma que en tu piel escribirá, toda el ansia contenida. En ti abriré mi libro, verás que no es blanco, que tiene manchas sufridas, derramadas tintas mal vividas, errores de ortografía, tildes desvanecidas y alguna coma que guardo para cuando lleguen, mis últimos días. Leerás melancolías, nostalgias que en el recuerdo vagan reprimidas, acordes en danzas no bailadas y pocos sentimientos que solo del olvido son fragancia. Te lo abriré todo, contigo borraré cada uno de mis otoños, cada hoja caída, cada uno de los silencios consentidos, los pecados que fueron permitidos y también cada flor que un día marchité y que encerrada en mi libro, ya secó toda su lividez. Escribe en mí, en mi alma y en mi libro porque necesito que tus letras me desgarren, que tus tintas exploten en mi sangre, que tus enseñanzas sobre mi cuerpo naden, en caricias y ternuras de ángel, como acordes y las únicas rimas de mi equipaje, entre mis labios y en mi carne, con la magia de los saberes ancestrales y con cada gota que de tu boca tatuarás en mi piel, como destino y fruta salvaje.
            Enseñanzas, las que acariciaré en tu cara, las que me hablaran de café en cada alborada, esas que estudiaré cada vez que me abras tu alma, traviesas y sabias, hermosas, sin palabras, soñadas y aprendidas desde el profundo aliento de tu amor, cada vez que por mí, seas amada.


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martes, 29 de enero de 2019

UNA COPA DE TINTO.


               Llegó el tiempo de que respirara, de que tomara un poco de aire, que desnudara en mí toda su fragancia y  mostrara ese aliento, que en vides sudadas olía a una tierra, hoy, muy lejana. Rechinó el corcho sobre la botella una caricia, medio empapado asomó cada poro, mis ansias y también una historia que en aquel mosto, era de las hadas un preciado tesoro. Lo miré y me miró, perverso un pequeño viento de sabor se disfrazó, el tapón salió, a un lado mi mano lo durmió, el mantel estremeció su color cuando una pequeña gota  lo manchó y despacito, con mucho cuidado, mi copa se ladeó. Lo esperó, como velo la recorrió, por sus paredes, en su lecho, sobre cada transparencia de su bohemio, por su cara y húmedo entre sus destellos. Diáfano resbaló, una vez giró, con sutileza dos gotas descolgó y mi alma cada uno de sus gemidos olió. Aquella sangre viejas maderas suspiraba, un toque de avellanas, dos luces que en él vivían guardadas, el canto de un juglar que sobre su cosecha relatos recitaba, la esencia de una desquiciada canela en rama, briznas de almendras tostadas, pedacitos de raíz de una joven acacia, rimas de viejas trufas inspiradas y de tanto en tanto, unos pequeños detalles que su piel aterciopelaba.
                 Se afligió la copa al acercarse mi boca, de reojo miraba a una vela primorosa, chorreaba cera con espesa ternura y cálida angostura, también cautelosa, con ese calor que desde la ventana miraba a la más vieja de las osas, la que era mayor, esa que del universo era señal y del norte la más hermosa.  Le pidió una chispa, enceló aquel tinto su alegría, su mosto y también aquella recordada tierra que suave, todavía lo exprimía.  Mi cara disimuló paciente una sonrisa, lloró el cielo pues luna no tenía, agitó  mi pecho cada vello cuando entre sus fauces aliento no sentía y aquella noche con alegoría desparramó su mano, el más largo de sus dedos, señaló con tinta mi añejo e inquieto ante mí, juzgó de aquel vino, su tiempo.  
                  Aquel caldo me respiraba intenso, mis labios lo abrazaban con el color del sentimiento, poco a poco mis papilas de él se embriagaban por completo, por toda mi boca viajaban como sutiles versos, lo quería mi garganta y muy despacito, gota a gota, dejé que su amor, todo me tragara. En mi cuerpo escribió una danza, pícara y sabrosa, desnuda y erótica, densa, primorosa, con toques de ébano y salvajes rosas. Lo envolvía con mi saliva, lo acariciaba con la mirada perdida, lo pensaba, meditaba sus viejos días, lo sentía, cada hebra de su mosto acicalaba y bailé con su conciencia cuando en mi espina, todo su escalofrío resbalaba.

                   En él comprendí toda mi historia, esa infancia enseñada con el mosto de la uva entre panes y mesas veneradas, ese niño que a escondidas entre viñedos jugaba, el adolescente que entre barricas buscaba del sabor sus ansias, el hombre que en soledad hoy  aprendía, que de vida esas gotas lo gritaban con la melodía de su tierra añorada.

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sábado, 26 de enero de 2019

DETALLES


         Camina el sentimiento por el más profundo de los infiernos, enredado entre mandrágoras y viejos helechos, abrigado por tus espinas y mis recuerdos, olido en azufre y agrio caramelo, escrito en el epílogo de un libro que tú y yo llenamos día con día, con las huellas de nuestros miedos. Llora el gemido, no hay eco para el grito, la palabra muerde sonidos afligidos y cada mirada vive de una pequeña ilusión, en algo que ya fue vivido. Se desvanece la memoria cuando el amor pierde sentido, cuando somos incapaces de crearlo en nuestro albedrío, cuando el beso se desprende de su libido, la piel del escalofrío, el abrazo se abre aburrido, el aliento no tiene contenido y el sueño permanece seco, atrapado en rencores y remordimientos escondidos.
            Nos disfrazamos de orgullo y no damos opción al perdón, nos gana una falsa razón, deja de latir el corazón, el alma se aparta y no hay rocío que se atreva a pegar en nuestra ventana, la belleza de una maravillosa alba. Nos reencarnamos en la desidia,  convertimos vida en rutina, las letras en garabatos sin tinta, mudas y sin rima, vestidas de melancolía y desnudas en tristezas cuando en cada vientre es la nostalgia, quien las recita. Olvidamos la poesía, esa que le explica al pensamiento que no hay silencio cuando es el alma la que escribe sentimiento, la que abre espacio en el tiempo, la que suda sueño y es capaz de rescatar del infierno, ese amor que un día en nuestra piel, escribimos eterno.
           Quiero rescatar de la noche esa bruma que entre nuestros cuerpos sabía a fruta madura, del día esa sonrisa que en tus labios una ansia por mi escondía, del ocaso ese abrazo que tierno nos consentía y también esos pequeños detalles que siempre caminaban a nuestro lado y que en el tiempo, fueron olvidados. Quizás un lindo regalo, una monería en un estuche inventado, esa flor que olía frescura en tu regazo, quizás ese abrazo que por no esperado nos llenaba de ternura y agrado. Siénteme porque jamás me iré de tu lado, tampoco en la tristeza y mucho menos cuando tu alma me respire poeta…te besaré dormida y te acariciaré despierta, te serviré un café con la miel de una abeja, recorreré tu piel con mi lengua traviesa y te llamaré por sorpresa solo para decirte, que eres mi reina. Te pensaré y lo notarás, te imaginaré y lo sentirás, te dibujaré y una ilusión serás, te pintaré y un hermoso lienzo en el cielo se abrirá, te amaré y nunca más, una duda entre nosotros nacerá.
                     Ven porque hoy te haré el amor con detalles, con esas pequeñas cosas que llenaran tu vientre de mariposas, tu piel de burbujas hermosas y tu aliento de esa humedad, que se pegará a gotas, sobre cada sonrisa de mi boca. Solo te pediré un momento, ese en que una mirada te prometa el cielo, de las estrellas cada uno de sus destellos, de mi alma su espíritu cuando de ti esté lleno y de mi corazón ese latido que con sangre llenaré, con todo mi deseo. Caminaremos de la mano, cada piedra será aire y suave paño, cada espina viento, el horizonte un viejo compañero, cada nube un lecho y cada palabra el más hermoso de los versos. Soledad le pediremos al mar, que arrugue tanta inmensidad, que se haga pequeño y nos enseñe lo que es amar, entre sus espumas, por cada ola, rebozados en arena, imaginados en epopeyas, sumergidos en sus leyendas y acariciados cada vez que nos llene con su brava marea. Escucharemos música y la bailaremos, nos besaremos, en la ducha seremos perversos, en la cocina dos niños inquietos, bajo cien lunas nos amaremos, en el jardín sobre sus pétalos, cada noche en el gemido de nuestros cuerpos y día con día, cuando el detalle nos recuerde que nuestro amor, es eterno.


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jueves, 24 de enero de 2019

TU ESPÍRITU Y MI ALMA


                  Entristeció la palabra aquel ocaso, sobre mi mar se pintó solitario, en el cielo se dibujó un ocre ermitaño y en mi piel un escalofrío, porque esta noche tampoco, estaría a mi lado. El susurro estaba en calma, una atrevida abeja libaba miel por toda mi cama, un pequeño grillo soltaba una carcajada y lloraba la hiena porque el lobo no tenía una luna que lo acompañara.  Miré la calle, soledades sentadas en cada banca de aquel parque, las sombras que la incipiente noche reflejaban sobre cada fachada y el corcho mojado de un árbol, cuando un perrito en él desahogaba sus pecados.
                  Roto vivía mi corazón, cada ilusión y también la razón. Tanta distancia confundía el sentir de mi alma, cada letra pensada, cada pedacito de piel arrugada y también cada caricia que en mi quedó tatuada, aquella noche que sus besos, no llenaron mi alba.
                  Estremeció la noche mis sentimientos, esa pasión que por ella sentía en mis sueños, ese querer tocar su cuerpo, besar su aliento y sentirme eterno, cuando en ella estuviera dentro. Me desnudé, de pared a pared caminé, un puño apreté, a la ventana me acerqué y con la palma de mi mano sobre su marco, solo vacío miré. A una lejana estrella me abracé, fugaz la respiré, sentí que algo muy húmedo poseía todo mi ser, me toqué, el más profundo de los deseos pensé y de repente un fuerte destello, me llenó de poder.
                 Sensual y cegadora, luz protectora, seductora, cariñosa en el aire y parte del viento, cuando un excitado aroma embriagaba de ternura aquel querido infierno. Sentí calor, un ardor que abría mi piel por cada poro, el sabor del rocío en otoño, el color de una melodía, que sobre mi cama escribía, lo más dulce de una poesía.
                  Era luz y viento, un brillante aliento, sin cuerpo ni miedos, atrevida, vestida de cielo, una silueta que llenaba mis ojos de pasión y profundo deseo. Tan intensa que desde mis entrañas sentí su fuego, tan dulce que podía ver en sus labios el sabor de cada uno de los sueños, tan hermosa que cien mariposas, copularon maravillosas sobre su cuerpo.  Era sentimiento, el anhelo cuando es perfecto, etérea y sin tiempo, de la distancia un sutil pliego y del amor, el suspiro más eterno.
                 Eyaculó mi alma, su espíritu se estremeció, el sentimiento se erizó, tanto deseo nos mojó, por cada membrana, por cada historia de vida enseñada, entre la imaginación de las hadas, sobre un cuento lleno de fantasías y almohadas, en un silencio que del Universo era celo y de nuestra Luna, el más dulce de los caramelos. La contorsión bailaba, un desgarrado orgasmo punzaba, el espíritu era alma y ella, robaba cada sudor de su fragancia. La gota de lluvia se disfrazaba, el beso escribía un tango en su danza y cada sentimiento lloraba una lanza, que de amor, nuestros corazones atravesaba. Éramos astral y canela en rama, cada hebra de su espíritu y mi alma, de la vainilla su vara, de la fresa el jugo de su erótica nata, de la melodía su arpa, la burbuja de un cava y del profundo deseo, ese secreto que solo entre ella y yo, cada noche, caliente nos abraza.
                 
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miércoles, 23 de enero de 2019

LLUVIA DE ESTRELLAS


              Fue una locura, una hermosa aventura, esa caricia que en mi cuerpo era paisaje y  pintura…el sueño de un amanecer, dentro muy dentro de su ser.
             Desperté pegado a su cintura, entre sus muslos abrazado en caliente travesura, con un dulce aliento respirado en su nuca, con mi pecho a su espalda envuelto en el grito de la ternura y con mis manos entre sus senos, buscando esa erección que despertara en mí, el más erótico de los sueños. Abrí los ojos, sentí ese olor preñado en mi boca, ese sabor a fresas y vainillas locas, ese calor que me ardía dentro como leña crepitada en chispas maravillosas… el incienso de un desgarrado sentimiento porque a mi lado solo vivía, un desquiciado silencio.
            Se había ido, sin una nota, sin esa caricia que en mi cara borrara del tiempo todo lo perdido, tampoco un beso que mi alma abrazara, solo una despedida que en el amanecer de una mesita, no había dejado nada. Le pedí a mi ángel una tregua en la  vida, que la llenara de poesía, de esperanza, de epopeya y quizás de elegía, que no borrara aquellas ansias, solo lo que en mi quedaba, de viejas  y anquilosadas reliquias.
              …Y con su ala pintó mi cielo de color azabache, le dibujó una noche,  la llenó de lluvia y silencio, de pequeñas luces y  algunos secretos que entre sus plumas permanecían mudos y quietos. Ese ángel me guardaba, también mis nostalgias, los recuerdos, esas fantasías que desde niño dibujaba, cada fotografía que en el carrete de mi vida no había sido revelada,  esas ideas que en la memoria sudaban y que ahora en sus manos me imaginaban envuelto en una poesía, que no era humana. De tanto en tanto desde su arpa bellas melodías escapaban, lágrimas de cielo  llenas de aquellos acordes que un día para mis sentimientos, fueron regalos. Cantó aquella música tres notas, tres deseos que entre perdidas caricias arrullé en el recuerdo, tres ilusiones que convertían aquel momento, en un hermoso sueño.
              Quería alcanzar las estrellas, perderme entre las luces de cien cometas, respirar del espacio sus hebras y también leer lo que de mí, había escrito el Gran Poeta. En mi soledad encontré una pequeña vereda, llena de extrañas flores que el camino llamaba quimeras, de piedras casi perfectas, de grandes enredaderas que surgían desde la intensa niebla, de gigantes grillos que frotaban sobre su vientre una canción que recorría inquieta, toda aquella senda.
             Llegué a su vera, me disfracé de idea, en mi piel sudé viejos poemas y entre blancas nubes de seda me perdí, entre las sentimientos del Gran poeta. Derramó sus tintas como lluvia de estrellas, maravillosa y por doquier llena de letras, de Casiopea y de las Perseidas, brillantes desde Centauro y tímidas las de Taygeta, perfectas las de Hydra, rojas las de Orión y perversas las que llegaban desde el vientre de Escorpión. El baile abrazaba entero todo el Universo, danza de musas, olas llenas de sirenas, vírgenes desnudas entre eunucos que también eran poetas y también agujeros gritando sus blancos y negros, entre cada planeta. De Ganimedes llegó la más pequeña, fugaz y traviesa, sobre ella caminaban  miles de letras, eran humanas y no de otra Tierra. Poco a poco las juntaba el Gran poeta, Venus con ternura las acicalaba y Marte de rojo las entintaba para que estuvieran listas por si había otra guerra.  En ellas vivían artes maestras y  sobre una mesa charlaban perfectas, Darío discutía con Lorca, Alberti con Shakespeare, Cortázar le pedía la mano a una afligida Rosalía de Castro mientras un pensativo Neruda con el humo de su pipa fumada, media Luna me tapaba.   
          Al séptimo día ya cansado, puso un último punto a su trabajo. Lo miró, por primera vez lo recitó y estuvo orgulloso de aquel regalo. En su mano me lo mostró: Era ella, mi mujer, la que siempre soñé, hecha de poesía y sentimientos llenos de querer, vestida de colores, desnuda en sabores, olida entre vainillas y exóticas flores, tersa, sin espejos ni ajenos temores, tampoco vacíos, con el alma en su abrazo y con el corazón,  siempre latiendo, sobre cada comisura de mis labios. De ella era tinta, la sangre de toda su poesía, cada tilde, la coma escrita, una pausa atrevida, la espera ansiada cuando desnuda toda se mostraba, juguetona y seductora, inteligente, de mirada caliente y con ese cabello, que desvanecido sobre sus hombros, excitaban mi piel al enredar en ellos, cada mirada de mis ojos.
         Desperté pegado a su alma, las sábanas eran alas, ya no habría despedida en mi alba, tampoco una soledad que mi pared rasguñara, solo el intenso amor que aquella mujer hecha de poesía, sobre mí respiraba. Desde entonces mi vida camina entre tildes, por las comas de una piel amada, en las ubres de una ilusión que cada noche es soñada… bañado por esas rimas, que el Gran poeta por siempre, tatúo en mi alma.

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sábado, 19 de enero de 2019

EL TIEMPO DE UNA PASIÓN.


            Profundo es el sabor, intensa la mirada y espeso el sudor cuando tu deseo se convierte en una lágrima de amor. Derrama la conciencia un pensamiento, lo abraza el aliento, lo escribes en aire y es tu soledad, quien lo llena de viento. No tiene miedo ni tiento, solo ese silencio que desde el alma lo viste perfecto, ese susurro que en tus manos aprieta el puño…ese grito que desde tu corazón late y es de la carne, un dulce rasguño.
            Lo sientes dentro, tanto que lo imaginas en otros dedos, entrelazado en hermosos cabellos, hecho de labios en cada beso, acariciado y mojado cada vez que una ternura te absorbe erecto, perverso y osado cuando en el sueño lo vives intenso. Lo deseas en piel y también como sentimiento, dentro de tu boca y enredado a tu cuello, perdido en tu pecho, caliente en tu espalda y enamorado en dos miradas, atrevido en el alma y también como fragancia recordada, en cada hilo de tus sábanas.
           Es el tiempo de una pasión, ese momento que solo eres capaz de expresar en aliento, ese sabor que traga tu garganta con profunda ansia y ácido caramelo, esas gotitas que libera tu cuerpo, ese instante que la memoria revive cuando en ella, estuviste dentro. El tiempo permanece quieto, una pasión te recorre por completo, escuchas sus palabras, cada suspiro que en tu piel empañaba, el dulce gemido cuando sus manos tus muslos apretaban, ese silencio que entre miradas, la seducción de un beso  gritaba.  A media luz tocas tu calor, ese ardor que nace en tus entrañas, ese vigor que en tus manos contienes y con fuerza desgarras, ese deseo que de la pasión es fuego y de tu cuerpo el más profundo de sus anhelos…ese tiempo, que desnudas platónico y pintas en tu imaginación, como el óleo más erótico.
           Siente que te puedes amar, cantar esa poesía que en cada ola recita tu mar, abrazar esa luz que en deseo fluye en soledad, esa fragancia que en ti hueles y que otros labios quisieran probar, ese momento que en tu refugio desnudarás y de profundo amor, en él te envolverás.  Un silencio en la intimidad, el escondite más oscuro de la razón, el vuelo elegante de la imaginación, del espíritu su liberación y del alma su máxima expresión cuando cierras los ojos y abres en tu corazón, el tiempo de una pasión.

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sábado, 12 de enero de 2019

ESE BESO


            Eres ese beso, un anhelo convertido en sueño, esa pasión que muerdo en mis silencios,  una ilusión que hoy entre tus labios desharé con profundo deseo.
            Ven y bailemos bocas, entre salivas y palabras hermosas, con suspiros vestidos de celo, con ese olor que envidia de la rosa su pétalo, con el calor del suspiro pegado a tanto anhelo, con ese sabor que cubre mis labios de ternuras y gotitas de caramelo.          
            Abracemos tiempo, desgarremos espacio entre nuestros alientos, deshebremos hilo por hilo cada miedo porque en ese beso no habrá pausa ni pecado que lo juzgue perverso. Desnuda tus cabellos, pegaré mis labios sobre tu cuello, erizaré cada uno de tus senos y a media luz recorreré tu piel y también todo tu cuerpo. Siente ese beso porque su danza me posee completo, tan dentro que te respiro tenso, tan profundo que en tu garganta vivo erecto, tan dulce que en ti bailo embriagado por cada uno de tus sentimientos.
             Dame tu mano, acaricia mi pecho, cada vello, cada poro abierto, cada gota de sudor que me resbala intenso, ese muslo que apretado te empuja sobre mi lecho, esa piel que rasgas sobre mi espalda y que en tus uñas no paras de tejer, en tu deseo de mujer. Baila el beso, como mar y río abierto, entre espumas y silencios, profundo en el ansia y mojado en cada gesto, querido y anhelado, una y otra vez provocado, abrazado y nadado, vivido y erizado, consentido y en nuestra danza, erótico, divino y su más hermoso legado.
            Tu beso dentro de mi beso, tu boca mi deseo, tus labios ternura de terciopelo, tu cariño esa poesía que nada en mis versos y cada uno de tus gemidos, ese latido que corre por mi sangre cada vez que ese beso, recuerdo. Quedó escrito en aquella cama, tatuado en cada sábana, olido en nuestra almohada y empapado en mi garganta, cuando en él tu saliva, envolvía gota a gota, toda mi alma.
            Ese beso, un baile que traigo dentro, un hermoso sueño, ese deseo que cada vez que siento, exprime mi corazón por completo.


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jueves, 10 de enero de 2019

VELO DE LUNA


            Velo de Luna, erótica seda que desnudas miedos en la penumbra, hilo atrevido que en su manto tejes ternuras, pedacito de cielo que de la nube robaste el celo y de mi noche, toda la humedad que de un lejano amor todavía tengo en mi cuerpo.
             Luna, háblame de tus angosturas, de las cicatrices que en mi alma cada noche  tu mano sutura, de esos versos que un día bajo tu luz escribieron los amantes en sus plumas, de tantos anhelos perdidos bajo tu reflejo en viejas dunas y también de cada cuento, que entre tus estrellas imaginas cuando en mi soledad, abrazas mis dudas.
             Ven, entra por mi ventana, muéstrame el color de tu cara, cada arruga, cada pestaña, la melancolía de tu mirada, esa sonrisa que escondes cada mañana y también esas lágrimas, que desde tu amor llueven como gotas de cielo, en cada rocío de mis albas. Regálame un gesto, una caricia de tu deseo, tu sabor a moras en invierno, ese olor a tinto veraniego y un pedacito de ese espejo, en el que siempre reflejo, todos mis versos.
             Te añora mi cama, también la soledad cuando abraza mi alma, el frío cuando escribe destino y también el suave destello, cuando bajo un dulce aliento, pegas mi sombra a una pared desnuda y blanca.  Mi silencio te adora, te miro y la poesía se desparrama tersa y frondosa, la rima encuentra su danza, cada letra su tilde más vanidosa,  el sentimiento se llena de bonanza, mi añejo tinto descuelga en la copa toda su fragancia, la cera canta y escribo en la tenue niebla de tu cara, cuando mis musas sobre tí, bailan y bailan.
             Desvístete, quítate el velo, humedécete en deseo, poséeme con tu reflejo, como sombra y diosa, como mujer, con la ternura de una mariposa, con el olvido del tiempo y con ese suspiro que solo tú, en cada una de mis rimas provocas. Quiero probarte toda, cada una de tus gotas, nadar en tu historia, sentir la explosión del meteorito en tu boca, la ráfaga del cometa entre tus piernas, la suavidad de la seda cuando de mí estés llena, la pasión de cien estrellas y también ese gemido, que del Universo es grito y en mí, el orgasmo más divino.
             Velo de Luna, abrigo de mi destino, inspirador y seductor, de mi poesía un atrevido cazador y del amor, ese dulce provocador que viste de erotismo mis noches cuando  desnuda sobre mi cuerpo, todo su calor.

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miércoles, 9 de enero de 2019

TINTAS MUERTAS



           El pensamiento estaba escrito, la inspiración se había ido, veía en su mano un cierto olvido y en ese vacío, el pasar de una línea arrugada, perdida en el destino.  Miró la pequeña luz de una acabada vela y en su cera olió una media sonrisa un tanto pasajera, entre espacios notó palabras huecas, no habían cenefas, tampoco emociones ni ajenas tristezas, pero si un sentimiento tratado con demasiada ligereza. Gritó una papelera llena de letras, de esos arrugados papeles que un día fueron madera, de esas tintas que fluían en sus venas y que hoy no parecían, las más correctas. De aquel papel se sintió proxeneta, de sus fonemas la más profunda grieta, del ambiente un intruso silente…de aquel poema, el más irascible de los poetas.
            Aquel día amaneció con las tintas muertas, con unos dedos incapaces de explicar sus huellas, con el alma cerrada por el sentir de la indiferencia y con el corazón seco, porque en su sangre, no vivía ningún verso. Cerró la ventana, deshizo con alevosía su cama, abrazó tembloroso la almohada mientras una tenue fragancia,  recorría tullidos fríos por toda su espalda. Era el recuerdo, abrigado de noches y escabrosas albas, de soledades mal pintadas, de sombras que lo seguían en sus palabras, de esas historias que un día sembraron amor sobre cada rincón, de aquella casa. Al olvido se quiso abrazar, también a un viejo tinto, sentía un extraño malestar, una sensación más allá de la elegida soledad…un sentimiento que hoy, era incapaz de explicar.
            Gritó a su musa, un eco le mostró su anverso, aquellas paredes solo rebotaron silencios, su imaginación carecía de viento y su aliento respiraba inquieto, vestido de un vapor cada vez más denso. Se desnudó, con ternura su piel tocó pero nada travieso lo recorrió, en el primer miedo se refugió, en cada uno de sus infiernos el fuego acarició pero no sintió ardor, ni tampoco un pequeño calor. Quería sentir, volver a vivir, ser capaz de explicar tanto elixir, de cada gota la pureza de su agua, de la caricia la ternura de su palma, de la humedad ese deseo que la fluye en calma y del amor ese sentimiento, que en cada una de sus tintas debía resbalar perfecto y erecto. Salió de su casa, de aquella calle, corrió lejos de oscuros paisajes, de montañas y antiguos mares, de cantinas y de aquellos borrachos que abrazaban bares, también de bosques y de aceras llenas, de vacíos portales.  Llegó al último destino, se miró muy dentro, como hombre, como un ser deprimido pero también como un sueño que todavía, era parte de su niño. Abrió el alma y tiró su ancla.
           No sabía dónde estaba. Sentía que algo en su piel lo sudaba, intensa aquella fragancia lo amaba, un extraño sabor a su lengua se pegaba, la mano temblaba, tanta luz no aguantaba y cerró los ojos para sentir, aquel profundo sentimiento, gemido desde su alma. Todo era utopía, una magia sin chistera ni varita, una quimera que no comprendía, unos segundos que lo afligían porque no sabía si estaba en un sueño o dentro de una esperpéntica Biblia, en la que jamás creía. Sentía que alguien lo veía, que una mirada se clavaba en su espalda erguida, que aquel escalofrío era posesión o parte de una diabólica melodía y que a lo mejor, entre tanta alegoría, su vida le cambiarían.
            Un enorme papel lo abrazó, era blanco, con el poro abierto y pequeñas estrías que recordaban aquel árbol, del que era huérfano. El cielo se abrió y todo el Universo se mostró, cada planeta, cada estrella, el viejo cometa y cada nueva flor que entre los  velos de cien lunas, se desnudaba en su olor. La belleza escribió un poema, la naturaleza pintó de violeta cada letra, una irreverente lluvia mojó de nube comas y cenefas, el trueno rugió su temblor y un perfecto rayo cayó sobre los brazos de aquel poeta y todas sus venas, le abrió. Todo se llenó de mar, el horizonte era incapaz de contener tanta inmensidad, el alba fue ocaso y eternidad, el cielo un dulce azul que nadie osaba mirar, el Sol una estrella fugaz y la distancia, un pliego que ni el tiempo podía desdoblar.  La Luna se desnudó en su faz, de sus ubres nació un nuevo mar, negro y voraz como tinta de calamar y por cada brazo, dentro del poeta, logró entrar.
          Sintió el poeta aquella intensidad, el sabor de una oscura humedad que en sus venas empezaba a resbalar, ese olor que por sí solo era capaz de expresar, ese calor que convertiría en gesto en cada uno de sus dedos, ese principio que desde las estrellas por siempre lo caminaría perverso…esa tinta que estaba muerta y que ahora podía explicar, los sentimientos de aquel deprimido poeta.
          Desde ese día, antes de escribir, el poeta revisa sus venas: si las ve llenas empieza a sentir, si están vacías…se levanta, le pregunta a una copa si de tinto quiere ser resbalada, con cariño degustada, también por su añada, por la edad de su tierra, el aroma de su caldo, la textura deseada, la espesura adecuada, la intensidad de su mosto, la vejez de sus vides, la calidad de su uva, las preguntas sobre la Luna y por ese sentimiento que quiere escribir perfecto,  sin que sus tintas le pongan comas o  siembren, alguna duda. Asiente la copa y el poeta empieza a sentir, también a escribir, imagina el sentimiento, lo vive, lo siente dentro, la palabra toma su viento, la pluma el camino correcto, la tinta gotea su aliento, una tilde se desnuda perversa en el deseo, una caricia recorre su alba, en las estrellas fija su mirada, de su boca cae una gota espesa y anhelada, como cera de amor se derrite alada y sella su poesía, con todo el sentimiento, que brota de su alma.
          



martes, 8 de enero de 2019

HABÍA UNA VEZ...


            Había una vez un hombre solo, un hombre sin destino, un hombre sin fuerzas ni batallas con el olvido. Estaba vacío, hambre tenía por instinto, en su carne no había deseo solo un intenso frío, sus manos carecían de líneas y sus pies tampoco huellas escribían. Sentado vivía, su mirada no creía lo que veía, tampoco olía ni entendía de sabores cada vez que algo comía. Solo era una quimera de la naturaleza, un error parido desde las estrellas…un vagabundo que jamás sería mendigo, porque no había otro en su refugio, al que pedir cobijo.
            Y fue entonces que el árbol habló con su musgo, le preguntó si aquel parásito era de este mundo, que no entendía porque su sombra no lo seguía ni porque aquellos sonidos de su boca eran tan sordos y mudos. Contestó una rama que raíces no se le conocían, que de la Tierra no bebía, que solo su sed saciaba cuando llovía y que bajo la luna, pelos por todos lados le salían. Tuvo miedo el árbol y le pidió a su búho que de noche lo espiara, al topo que bajo sus pies investigara, a una araña que en su tela moscas no guardara para que no fueran por aquel ser robadas y a la serpiente que le diera una manzana para que en su mordida, supieran de su adn y también, de donde venía su raza.
             El ocre pegó al mar su horizonte, llegó la noche, se vistió elegante la Luna, acariciaron las aguas su marea baja y un zopilote acicaló sus cantares, para que el lobo no aullara y solo cantara. Se hizo el silencio, el búho miraba, el topo investigaba, la araña su tela con moscas guardaba y la serpiente buscaba con ansias una manzana que escondida junto a su árbol perversos y eróticos atajos enseñaba. Aquel hombre solo dormía, ni siquiera soñaba.
             De repente una luz vestida de haz atravesó aquel bosque, su calma y aquellas tranquilas aguas. Por un pequeño grillo fue observada, dejó de frotar su vientre y alertó sin palabras a todos los seres vivientes. Rascó el árbol nervioso su corcho, el búho cerró su mirada y aquel hombre con el topo en sus manos, por primera vez sintió, la ternura de un cuerpo hecho abrazo. Aquella luz caminó y enfrente de aquel hombre, en destino se convirtió: tenía corazón y alma, arrugas y experiencias, enseñanzas y tristezas, también sonrisas y alguna que otra estrella que lo seguía gemela. El hombre no entendía pero lo sentía, sabía que en él sembraría vida, quizás un por qué o un sueño que de ilusiones lo llenaría. Y el destino le habló: “Soy tuyo y no estoy escrito, soy un borrador sin memoria, lleno de comas para que me respires en cada vuelta de tu noria y sin tildes, para que en el camino seas tú, quien las ponga. Tengo muchos hilos, en cada decisión muchos son vencidos, otros suprimidos, algunos de tajo cortados, pocos deshebrados y solo uno debes mantener vivo pero siempre, en tu libre albedrío. Te parecerá que tengo prisa, que en mis caderas bailan apresuradas cadencias pero siempre con paciencia crearé nuevas melodías esperándote sentado, en el portal de tu vida. Me sentirás como niño, a veces como adolescente reprimido, otras como un valiente que desafía al mundo en cada uno de sus principios, pero siempre deberás verme de frente, abierto de mente, aprendiendo de mis arrugas como sabio irreverente, con tus manos extendidas para que entre tus sienes sea yo, quien llene tus vacíos y también tus deberes.”
              Le pidió el árbol a la serpiente que pausara su vientre mientras resbalaba cautelosa con la manzana entre dientes, al búho que disimulara su mirada, a la araña que por sus moscas ya no se preocupara y al topo no le dijo nada, pues de aquel hombre ya era mascota, parte de su destino y también de su casa.
              El hombre caminó, tenía un destino pero no sabía qué hacer con tanto albedrío, poco a poco sus huellas dibujó, en el sueño diferente se vio, la comida tenía sabor, cada flor un distinto olor y cada amanecer, un diferente color. Se sentía solo, muy solo. Un viejo cometa a su lado se sentó, le habló de amor, de la Luna, de cada Sol y de su mágico resplandor, también de semillas y caricias, de eróticas poesías y del silencio, le enseñó su candor. El árbol de reojo lo miró, se quitó el corcho y se desnudó, una estrella con él copulo y el hombre viendo tanto esplendor, al cometa una mujer pidió, al destino mucho amor y al árbol que recogiera su corcho porque sus miserias no eran para él, un ejemplo valedor.
              Ilusionado se durmió, la serpiente por su lado pasó, sobre sus pies resbaló, entre sus piernas tembló, en su vientre poquito latió, por su ombligo lamió y cuando a punto estaba el hombre de morder aquella manzana…una mano salió de la nada, abrazada por unos senos que las rosas envidiaban, cubierta por unos cabellos que sedas irradiaban y por una boca tan sensual que aquella manzana brincó a sus dientes y se sintió amada con un cariño inusual. Desde entonces todo cambió: la historia, el destino y también el hombre por estar dormido y no ser él quien aquella manzana,  hubiera mordido.                         
                …y en el hubiera todo fue distinto. Algunos dicen que nació de una espina, otros de una caricia, pocos del hueso de una costilla, los menos de una mona como evolución divina. Cada quien la refleja cómo le fue en las vueltas de su noria, algunos la refieren como araña arrepentida, otros como mosca en ajena tela sufrida, muchos como parte del estambre de una flor divina y los menos, como salida de una vieja y apolillada poesía. En mi opinión personal es una mezcla no comprendida: linda espía como búho tanto de noche como de día, como topo todo investiga, a veces se cubre de espinas pero siempre nos derrite, en cada una de sus caricias. También teje telas y laberintos, a veces es amiga, de la poesía musa y rima divina, de la manzana suculenta mordida, del hombre una asignatura perdida, de la sabiduría su más hermosa elegía y de la creación, la escultura más querida. Que ninguna se enfade, aunque si lo hace lo comprenderé, pues de ellas también es parte. El hecho es que desde que aquel reptil entró en nuestras vidas todo cambió, el destino rompió muchos hilos, los que quedaron fueron por muchas serpientes deshebrados y cada quien tomó una brizna de su pasado para construir un destino que entre manos, debe ser de nuevo forjado. Ahora en el hubiera todos nos quedamos pensando, también la mujer y ese hombre que debe aprender a tejer, para una mejor vida merecer y quizás algún día en sus brazos tener…el cariño, de una bella y complicada mujer.



           

ENTRE HILOS Y HEBRAS.



            Suelta el ovillo todo su hilo, un dedo lo sostiene erguido, la mano entre caricias lo teje, tiembla el brazo y un arrugado cachete, sonroja el nudo de un estambre viejo y muy cansado. Una incipiente lluvia se pega a la ventana, frondosas venas recubren el dorso de su palma, un viejo tiempo abraza su retina ya empañada y una lejana música desde un antiguo radio, desgarra su alma y también de su cara, una lágrima.
             De la vida era una olvidada, también de sus hijos, del gobierno, del parque y sus sillas, de aquella religión a la que había regalado tantas misas, del silencio cuando tapada sentía frío porque aquellas cobijas eran parte de un destino, que no había escrito. Se imaginaba jugando con sus nietos, discutiendo con su nuera, cocinando delicias con sus yernos, descubriendo colores en cada primavera y también charlando de banales cosas,  con una vecina siempre inquieta.
             Todo era distinto, la sociedad había dado su veredicto, estaría sola, abrazada por un estambre que no había elegido, tejiendo para nadie, preguntando a los miedos de sus vacíos, a los hielos de un sufrimiento clavado como cilicio, leyendo en el tembloroso respirar, que en su boca convertía el aire, en un viento sin sentido. Sus arrugas la habían elegido, tersas y suaves, sin mentiras ni anclajes, ancianas, llenas de experiencia, piel con miel en la sonrisa traviesa, también perfectas y en cada uno de sus bordes, escrito un verso que en el manchado espejo, la dibujaban todavía mujer, madre y abuela en cada amanecer.
             Lloraba y lloraba, tanta soledad exprimía su alma, sus decisiones recordaba, aquellas palabras pidiendo un amor que la llenara, también los gritos que la vejaban cuando le daban la espalda, ademanes que nunca había enseñado a sus hijos y que en su memoria tanta tristeza dibujaban, los gestos del profundo desprecio y de tanto en tanto,  el calor de aquel perrito que a su falda se pegaba y era el único, que le mostraba su aprecio.
              Como siempre, a las seis de la mañana, sacaba de su pañuelo unas guardadas migajas, las de ese pan que ya añoraba y otra vez necesitaba, ese pan que día con día con mucho trabajo su saliva tragaba…ese pan que era ilusión cada vez que de su mesa la mano temblorosa, con cariño abrazaba. Con mucho cuidado las posaba sobre la repisa de su ventana, con una disimulada sonrisa esperaba y se atrevía con una carcajada cuando un pajarito de dos colores, con su pequeño pico las tomaba. Era la parte de aquel sueño que más recordaba, en su encierro no había ventanas, tampoco pan al que migajas le sobraran, solo el dormir aciago en un asilo que como ella, no tenía colores ni alboradas.
               A las siete en punto, tapó el ocaso con blancas sábanas, se arrulló con su almohada, oró por sus hijos, por una nuera no recordada, por sus nietos y por aquel yerno que un día, la sacó de su casa. Otra vez lloró, hoy no soñaría con su ventana, tampoco con las migajas ni colores que disfrazados de alba comieran con su pico del pañuelo que guardaba. Resbaló por su cara la última lágrima, la pegó a su dedo, la acicaló con su palma, entró a la Luz y en sus manos la convirtió, en hilo y hebra para su alma.
           

domingo, 6 de enero de 2019

GAYA


Urano fecundó a Gaya. De su luz nacieron muchos hijos, Titanes, Cíclopes, Hacatónquiros que vivían en el mar…y también Cronos, el dios del tiempo y su hijo más audaz. Zeus se estableció como Rey del Olimpo y Gaya, en madre Universal. Retuvo Urano a sus hijos en el seno maternal, no quería que vieran la luz y Gaya, creó una gran hoz de pedernal y a su mejor hijo, una muerte ordenó cabal. Cronos castró a su padre, salpicó la tierra de semen y sangre, de cada gota nació un gigante, al mar arrojó la hoz y aquellos amputados genitales, de aquel miembro una espuma surgió y Afrodita vio la luz y a su madre se abrazó. Desde entonces la belleza por toda la Tierra caminó, el humano nació, también los animales, cada planta y cada flor, la poesía y el suspiro que desde la caricia, explica en Gaya la ternura de su amor.

           ¡Escúchala!:

           “Cabalga en mí la nostalgia entre las ubres de una extraña magia, desde la Gran Fuente fui creada, por los dioses amada, por los animales venerada, también por las plantas pero hoy, muchas lágrimas recorren mi cara porque de tí, soy la eterna olvidada. Mírame porque soy tu madre, no seas cobarde, abrázame de frente, como mujer siénteme, lee entre mis sienes, escribe tus tristezas en mi vientre y notarás en mi regazo, que eres un ser amado, elegido y diferente. Descalza tus pies, cierra los ojos y dame tu mano, hagamos camino, juntemos destinos, enséñame tu sueño y le daré sentido, recorre mi piel y verás todo lo que en mí, está vivo. Tengo un rey en mis sabanas que vigila y me guarda, atrevidos colores tienen mis aves, también cantos de juglares y a veces me regalan palabras que ni el hombre es capaz de pensarlas. Acaricia el cisne mis aguas, su cariño toca mi libido mientras su plumaje brilla, pintado por los óleos de un pincel divino. Vuela el águila el cielo consentido, baila el delfín la música de mi destino, baja el mono del árbol y come ansioso cada fruta que estelares semillas dentro de mí han parido. Me recorren elegantes en el frío sin fogatas ni miedos que los expliquen reprimidos, no buscan abrigo ni una cueva que les de cobijo porque bajo su piel ya les tatué todo mi cariño. El hielo chorrea su escarcha, la nieve cada copo pega a mis ramas y el venado recorre mi espalda porque un furtivo lo señala como amenaza y lo apunta con su bala. Llega la noche, se desviste la Luna erótica y osada, en mi cama reposo cansada mientras entre sombras me preguntan, con extrañas miradas. Nace nueva el alba, el rey está vivo y en mí pega un escalofrío cada vez que bebe en mis aguas, esas donde juega y brinca el salvaje atrevido, donde cada gota es del mar su libro, esas que acaricia el pez entre danzas y abismos…las que baila el flamenco en su dulce albedrío. Páginas me han escrito, entre mi bien y su mal he vivido, he sido violada y vejada hasta que en el volcán mi lava ha sido escuchada, también mancillada y talada hasta que en mi temblor, han aprendido que soy mujer de palabra. Tengo ríos, océanos y mares divinos, paisajes escondidos y un sabio conocimiento que guardo, para cuando lo merezcan mis hijos. Soy Gaya, tu Tierra y de ti la más esclava, también un paraíso que no has conocido y ese cielo que para ti el Gran Mago con amor, ha parido.”


             

sábado, 5 de enero de 2019

NUEVE PALABRAS.


            Hoy escribí un verso, no tiene rima, solo nueve palabras, treinta letras, sin comas ni puntos, no hay diéresis, tampoco es metáfora, en él no hay distancia ni camina el tiempo en su calma. Solo una frase, un deseo profundo, una historia que atraviesa en mi alma cada uno de sus muros, un pensamiento muchas veces sentido y jamás leído, en la soledad de mi mundo.
            Sé que desde tu ventana siempre miras la nube más cercana, le das forma, la imaginas hermosa, la respiras, la deseas, la transformas y también la besas, cuando de mí, la dibujas toda. Sé que en tu cama hay humedades que de mi cuerpo viven recordadas, salivas por nosotros preñadas, deseos escondidos entre las sábanas y fragancias habitando, en cada pluma de tu almohada. Sé que siempre estoy en tu mirada, en cada gota de tus lágrimas, en cada caricia que los dedos a tu boca regalan y también en cada sueño que en tí hace de mí, una ilusión en cada nueva alborada.
           Hoy le abrí la puerta a mis miedos, les dije que se fueran, que no había razón para que vivieran, que la distancia es un pliego, el tiempo un recurso del infierno y el amor, ese deseo que por tí, siempre traigo dentro. Prepara tu piel, tu alma y tu cuerpo, deja que tu corazón lata en concierto, que tus ojos miren más allá del efímero deseo y que tu cabello, resbale despacito entre tus senos porque hoy libaré profundo, en cada uno de sus estambres y también, por sus frágiles pétalos. Llegaré a tu aeropuerto, te compraré un regalo libre de impuestos, explicaré a la azafata que este viaje es con destino eterno y al piloto que cuide sus alas, porque debo aterrizar vivo y con el corazón bien abierto. Será sorpresa, no esperarás tanto calor en tu invierno, tampoco abrazos de un amor sincero, ni siquiera un beso que se pegará a tu alma travieso y perverso, como si fuera de la última poesía, su primer y único verso.
           Te imagino en la espera, pegada a tu teléfono, con manos cruzadas respirando nervio, con ese retoque en las pestañas de tu mirada, con esos labios que guardan la blancura de tanta ansia, con esa elegancia que solo mi pasión, es capaz de leer en cada arruga de tu cara.  Pensarás en tu familia, en el que dirán tus amigas, quizás cómo será el primer día pero nunca imaginarás, como será esa noche que entre tus sábanas, serás mía. Sabes bien que de mi destino fuiste la elegida, que no hay otra que pueda llenar como tú mi vida, que tu sonrisa es mi alegría, tus lágrimas esas gotas que quieren abrazar mi saliva, tus ojos esas miradas que son pintura en cada uno de mis días, tu alma ese libro que mantienes en blanco para que en él despacito escriban, todas mis tintas.
           Hoy llegué a ti, fuiste mía, el abrazo tuvo noche y día, amanecer, café, miradas y mucha poesía. Se abrió la vida, sofocó el aliento tanta osadía, la palabra fue caricia, el sueño se desnudó con prisa, cada beso tatuó alegría, cada movimiento cariño y cada orgasmo desparramó la eyaculación, de un amor divino. Respiró tu lecho el amor perfecto, cada rincón, cada hilo, cada gemido compartido, cada hebra de nuestros suspiros, toda la música de los sentidos, la inocencia de un abrazo de niña con niño, en cada grieta de nuestros labios fue consentido y también en cada grito, cuando volaba terso, el dulce albedrío. Se abrieron los cuerpos, penetré tu alma, llenaste mi corazón de ese amor que para mí guardabas, leímos miradas, fuimos cómplices de la Luna y también de la mañana, de cada caricia bajo las sábanas y de cada beso mojado, en la incipiente alba.  Nos fundimos en el abrazo, sentiste la borrachera de ese verso que para ti, mi alma con amor te recitaba, nueve palabras, treinta letras, sin metáfora ni distancia, sin puntos ni comas respiradas, solo el epílogo de un sueño que por fin llenaba mis manos y desvanecía todas mis ansias. Un verso nacido en mi corazón, escrito por la sangre de mi alma, por siempre escondido entre tintas en la humedad de mi cama, deseado y gritado, guardado y educado, en soledad reprimido y tantas veces pensado, en el destino sostenido y ahora a tu lado, por primera vez, recitado: “Te amo tanto que no puedo vivir sin ti”.