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sábado, 21 de octubre de 2017

UNA RAZÒN LLAMADA LIBERTAD.


                     Sujétate a tu sueño, préndete a la vida…Respira un poco y volverás a ser. Deja que sea tu sangre la que te ayude, pídele perdón al orgullo, arrodíllate enfrente de tu mar y cuando una lágrima ose cruzar tu cara, dile que la quieres, que su agua es cielo, que su transparencia es verso y que su resistencia por caer, es la razón del recuerdo. No la pares, deja que moje tus labios, recógela en tu lengua y llévala de la mano, camino a tu alma. Y entonces escucharás cuando la música arranca una nota de su pentagrama, abrazarás ese acorde y él vibrará, lo fundirás en tu corazón y el latido bailará, la sangre se purificará y las arterias expandirán su poder. El miedo esconderá sus infiernos en unan vena cualquiera, explicará la memoria su siembra, la duda temblará por doquier antes de morir y el piano del destino, pulirá sus teclas antes que unas sublimes manos lo toquen.
                      El mar inventará un azul y el cielo lo copiará, el viento le pedirá permiso al aire y el volcán a la montaña antes de su explosión. La poesía le preguntará al verso y sus letras brincarán en la emoción de un sentimiento. Las tildes mal puestas abrazaran locura y absorberán los puntos de las íes, la frase corregirá sus espacios, el altar levantará despacito un mantel manchado de gotas de cáliz y el lobo aullará su luna entre las sombras de las más viejas ramas.
                      Rómpete el corazón y se libre porque esos latidos no eran reales, solo eran latidos de miedo, culpa y frustración. ….Miedos sometidos, comprados en la hipócrita angustia, compartidos en la ajena impotencia y regalos de acomplejados seres que rasguñan vidas en un viejo poder que ni el  petrificado machismo alcanza a comprender.
                     Ven vida, deja y te abrazo, te arrullo y te escribo de caricias. Permíteme conocerte una vez más porque le pedí al espacio que alargue tu tiempo, al cielo que guarde mis noches y a la luna que embravezca de ternura  mi mar. Le pedí al trueno que pose eco en mi alma, al rayo que descanse luz en mis brazos y al viento que fluya como aire en mi oxígeno.Le pedí a la oportunidad su viejo tren, a la paciencia le reconocí su bondad y al silencio…Al silencio, le prendí tres velas, una por su ayuda, la segunda por su autoestima y la tercera porque en mi sufrimiento, siempre calló. Al conformismo le pregunté por sus dudas y no me contestó, al escalofrío por sus temblores y escondió sus filos, a mi añejo tinto por sus vinagres y un espejo me regalò, a mis ceras por su media luz y me reprocharon la intensidad de mi Luna…A la conciencia le pregunté quién era y escondió sus respuestas, las puso entre mi alma y mi corazón, esperó una musa en el tiempo, un alma capaz de recitarlas, una nueva Luna, una sensación de vida…Una razón de ser, una razón por la que vivir, una razón llamada libertad.





ENSÈÑAME A SOÑARTE.


               Ensèñame el lado profundo de tu amor, el sonido del escalofrìo en tu piel, la humedad de tu alma y el sabor de uno de tus latidos. Muèstrame la cara oscura de tus miedos, el silencio de tus besos, el dolor de una distancia y el sentimiento de tus làgrimas. Explìcame como abrigar tanto frìo, como desatar un coraje, como dibujar una emociòn y como escribir las tildes de mi amor.
               Busco una huella que me explique tu camino, un olor que pinte en mis labios el color de tu aliento, una mirada que acaricie ilusiòn y un suspiro nacido de alma que abrace con su puño mi corazòn. Te recito en cada sorbo de amanecer, en cada gota que osa atravesar mis mejillas, en cada acorde que toca un piano y en cada estrella que fugaz, atraviesa mi cielo.
               Ensèñame a encontrarte, a conocerte y a escribirte. Toma mi mano porque ya mis ojos cerraron otro destino, arranca una por una las burbujas de mi mar y deja que hiervan en tus sueños, pinta con tu azul mi rocìo porque en èl vivirà tu àngel, la mùsica y tu sangre. Fùndete en la playa y excita mi arena, llena con ella tus manos y dèjala escurrir entre tus dedos, lee sus brillos, enamòrate de sus granos de sal, acaricia su textura y empàpala con tu espuma. Habla con el mar, con su marea y con mi Luna. Mìrate en su espejo y recordaràs que detràs de tì, siempre sentiràs la desnudez de un hombre y mi abrazo.
               No dejes que el presentimiento recorra tu espalda. Date vuelta. Estoy aquí, esperàndote, sintièndote y preparado para amarte. Mìrame, atraviesa mi alma, desgarra de cariño mi corazòn, rompe la cansada camisa y recorre mi pecho. Desnùdame como el huracàn arranca raìces, como el tifòn absorbe islas enteras o como mil ternuras acarician una pasiòn. Mìmame desde tus entrañas, cùbreme de sudor, contorsiòname con tu cuerpo, pellizca tentaciòn y cuando me poseas, escribe en mi alma.
               Ensèñame como es tu amanecer, a que huele tu cafè y como tus labios acarician el borde de su taza. Muèstrame el rocìo en tus transparencias, las erecciones de tus escalofrìos y el sentimiento de tu nuevo cielo. Ensèñame el color de tu almohada y las seda de tus sàbanas, el perfume cuando se pierde entre tus cabellos y la suavidad de tus pies. Ensèñame a sentirte en cada instante, a extrañarte cuando no te toco, a enamorarme cuando me miras, a nadar en cada una de tus caricias, a fundirte en mi poesìa… ¡Ensèñame a soñarte!






              

               

viernes, 20 de octubre de 2017

EL COLOR DEL AMOR.


              Un día un abuelo le regaló a su nieto un cuento de hadas. El nieto lo leyó, creció y con un  hada se casó. Pasaron mil años y en una de esas noches, la historia se repitió: Estaba sentado un viejo hombre entre las piedras de una noble montaña. Era sábado y las nubes descansaban, el Sol apretaba y los pájaros no volaban. Decidió la Luna no salir y el día se hizo largo. Las estrellas olvidaron sus destellos y el cielo se negó a cambiar de color. El Sol, ya cansado, se puso en huelga y el Universo cruzó brazos, miró para otro lado y no quiso negociar.El viejo hombre, buen entendedor y sabio por sus años, miró al cielo y se tomó un café. Una serpiente pasó por su lado y medio cascabel se olvidó, un topo se equivocó y una piedra taladró, un conejo le regaló su zanahoria a una hiena y ésta de agradecimiento lloró. El día era inusual y la noche, simplemente no era.
                    El hombre seguía sentado. Ya su café dejaba poso en sus labios y nada cambiaba. Recordó que su madre fue hada y su padre un viejo letrado en cuentos y poesía. Decidió que su bastón cambiara de mano, que su quijada desafiara seguridad y acomodó sus gafas. Miró al cielo y gritó, ejecutó una orden y el aire calló. Dispuso más piedras a su alrededor, puso bastante leña al centro y una copa de un añejísimo tinto al lado de cada una de las piedras. El cielo arrugó su espacio y bajó, dejó vacío y una estrella cayó. A su lado sentó su destello y los dos pensaron. Un cóndor se atrevió a nadar, un delfín a volar y el señor de las bestias se puso a rezar. Aterrizó la Luna en otro mar, le pidió explicaciones el horizonte y se presentó a un nuevo Sol. Se dieron la mano y en dos pulidas rocas sentaron sus orgullos. Sopló a lo lejos un viento que solo arena comía, lo rescató el más grande de los icebergs conocidos, lo limpió y junto a él lo sentó. Cuatro piedras quedaban.
                  Una vela se prendió y el hombre en su chorreada cera, escribió el nombre del trueno. El vacío se iluminó y el inmenso rayo construyó inmensas telarañas de luz. Solo una, la más poderosa tocó tierra y revivió al trueno en toda su intensidad. Hacía frío y los últimos invitados no llegaban. Pintó el hombre una senda, dibujó en ella mil atajos, le pidió al callado aire que en viento emergiera y al sueño, la exquisita imaginación de un ser perfecto que le ayudara en su reunión. El aire se convirtió en viento, arrastró al rayo con su trueno y juntos dejaron sus traseros en tres sublimes piedras. El último invitado no llegaba. El sueño del hombre no se realizaba y la discusión debía empezar. La puntualidad era europea, el relax latino, la música tocaba caderas brasileñas y el tinto, un viejo oporto, esgrimìa preocupado tersas lágrimas de madera indígena. Los camareros vestían smoking de alta alcurnia y shorts de baja cadencia, zapatos sin marca, lentes disfrazados de falsas dioptrías y calzoncillos de manga larga terminados en un sutil tanga para que marcara sus deficiencias. El día-noche o lo que fuera sería largo. Pero faltaba llenar la última piedra, una piedra que daría razón, seguridad y quizás algo más.
                 Empezó la discusión. Cada quien explicó su razón de ser y ésta, no era medida. Las añoranzas afluyeron, los sentimientos brotaban en cada piel y las culpas lloraron. Le pidió el Sol una explicación de monopolio de amor a la Luna, ésta se volteó, una estrella sonrió, el viento le dio un manotazo de cariño y el rayo estuvo a punto de prenderse. El trueno calló. Quiso el cielo dar su opinión y la Luna lo abrazó, una estrella se acurrucó y el rayo palideció. El viejo y sabio hombre vio que lo de siempre era aburrido y esperando a su último invitado, abrió un libro. Tomó un sorbo de su Oporto, dejó el prólogo a un lado y empezó a leer en voz alta y contundente: “        Todos estamos destinados a entendernos, el Sol con el mar, la Luna con el amor, el viento con el aire y el trueno con el rayo. Todos somos creación y por lo tanto perfección, todos somos oportunidad y por lo tanto suerte…Todos somos amor y por lo tanto, parte del Creador. La Luna hace el amor con su mar, el Sol refleja estrellas, el viento reparte oxígeno, el rayo vive y el trueno avisa que cayó. Y en todos ellos se creó esa cama Universal que todo lo mueve: El cielo, el cómplice absoluto de la copulación universal, el techo del amor y el jardín de los astros…”
                De repente, un severo silencio se apoderó del hombre. Todos lo miraron. Se escuchó un paso, luego otro y otro más. Un sonido elegante, con rima de ángel y cadencia de tiempo hecho miel. La niebla que estaba atenta entre el Sol y la Luna dejaba ver una silueta. El aire no se atrevía a desvanecerla. El viento se hizo a un lado, el trueno embelesado hizo camino para que a su lado se sentara, el rayo emergió duro y erecto a su paso… Y el cielo se convirtió en arcoíris. Se levantó el hombre, arrodilló bruces y otorgó su mano. Se prendió el Sol y un mar lleno de blanca espuma lo medio apagó. Aulló un lobo que por ahí andaba, giró tres veces su cuello un búho y solitas se rellenaron las copas del viejísimo Oporto. Las ceras chorreaban sin estar prendidas, una estrella sentía escalofrío y la Luna se llenaba de hermosura e infinito.
               Se apartó la niebla, el silencio enmudeció, la plegaria rezó y una silueta dibujó belleza. Llegó la mujer. El maná del Creador a los hombres, agua de vida para el universo conocido y motor de sueños para nuestra Tierra. Al lado del hombre se sentó y preguntó, le dio la mano al Sol y éste sonrojó su fuego y luego le pidió perdón, se fundió en un largo abrazo con la Luna y una estrella pudo limpiar su destello, el cielo expandió su dominio, el rayo desdibujó hebras y cosió grandes haces de ternura. El trueno ya dormido, calló. Los camareros despidieron su trabajo y la mujer ante el hombre, desvestida se postró. Lo levantó con sumo respeto y entre sus manos, ropas, botones y collares, trizas se hicieron. Literalmente lo desnudó y un libro abrió, el prólogo de lado dejó y leyó: “Deja que te conozca, deja sentirme en cada una de tus arrugas, deja que mi alma te lea y que tu corazón copie mis latidos, déjame ser tu compañera y tu hada, déjame entrar en ti y dejaré que tu, penetres vida en mí. Te ofrezco una nueva noche, una noche solo conmigo”.
                Obnubilado el hombre, avergonzado de su vieja desnudez y pidiendo protección a la nueva noche, siguió leyendo su libro. El nervio lo traicionaba, las sílabas entrecortadas en espesa saliva casi no salían y se calló. Levantó sus mirada, fijó ojos en ese maravilloso cuerpo, tiró el libro lo más lejos que pudo y se atrevió. Se atrevió con la vida, con el destino y con el universo entero. Se atrevió con él, con sus miedos, con su historia y con sus decisiones. Por un momento desvió su mirada y vio sus invitados sentados y con diferentes actitudes. Ya el cielo había tomado color con sus estrellas y su Luna. El Sol dubitativo porque no sabía a qué diablos lo habían invitado, miró al hombre, le guiñó el derrame de su ojo y se fue. El rayo cargó al trueno medio dormido  y le pidió al viento que los llevara a la parte que es ninguna. El hombre suplicò al aire que se quedara, que cerrara sus ojos, que alimentara sus velas, que llenara sus copas y que le diera suficiente oxígeno para complacer a esa gran mujer. El aire asintió, se quedó y escribió alientos, gritos, gemidos, ilusiones y sueños porque el amor es poesìa, el oxígeno vida, el hombre un animal y la mujer, la perfección Universal.
                 Soltò el hombre su instinto y la mujer se llenò de frìas caricias. Vibrò el sueño, el cielo explotò luz, deshizo sus velos la Luna y con ellos cubrió a la mujer. El hombre no entendía. El huracán arrancò tierra y el rayo abrió la montaña, el trueno ensordeció al eco y el mar embraveció su espuma. El hombre, atenazado por el miedo solo miraba y la mujer esperaba ser tocada. Eclosionò el Universo y su mejor estrella mandò. Una estrella que reflejaba la luz de cien soles, la frescura de mil rocíos y la ternura que solo la pureza del amor puede exhalar. Su destello cegò al hombre y abrió su mente. La llenò de sabiduría, le diò razón a sus instintos y cariño a sus manos. Sembrò un sentimiento en su alma y un latido diferente en el corazón. Abriò los ojos y viò a su hada cubierta con el velo de la Luna. Se acercò, poquito a poquito la desnudò, mojò sus labios y con su saliva una poesía pensó. Acariciò su piel. Esperò a que sus poros se abrieran y en cada uno de ellos un verso tatuò. Abriò sus brazos el hada, el escalofrìo enchinò cien rosas y mil pètalos del cielo cayeron. La luz enrojeció los cuerpos y el amor por primera vez, tomò su color.





miércoles, 18 de octubre de 2017

DESPACITO, POQUITO A POQUITO...


                 Despacito, poquito a poquito, dejo que tu sudor dibuje poros en mi piel, que tus dedos me respiren y que tus cabellos me acaricien. Quedito cierro mis ojos y le pido a la imaginación que dibuje un sueño, al silencio que abrace tiempo y a mi mar que acerque su horizonte hasta lo profundo de mi alma. El instante es tu olor, mi Luna un roce con tus labios, mi excitación la miel que recorre agua entre tus dientes y el momento, un dulce escalofrìo de pasión.
                Despacito, poquito a poquito, tu vientre preña ternura en mis labios, tu mirada provoca mis sentidos, una locura encadena ansiedad y el verso escoge sus letras entre dos alientos. El latido sufre, el pulso excita erótico un temblor, la marea hierve y la sangre empuja. La exhalación pinta una nota, el deseo la interpreta y la caricia se convierte en arte. Cuerpos fundidos en un tatuaje, en la esencia de una indeleble tinta…En la poesía que explica como el amor se hace, como el amor se ama y como el amor se escribe.
                Despacito, poquito a poquito, la desnudez abre el piano de la musa, la senda del placer querido y el umbral de la enésima dimensión. Erizan sus ubres los sentidos, el gemido derrama miel, la elegancia muestra terso su pezòn y el miedo se arrodilla en su pasado. Una libertad se atreve, abraza y posee. Un cuerpo se deja, goza y siente. El piano muestra sus teclas y en ellas baila una música, el aire enmudece y un suspiro se convierte en viento. La danza busca la complicidad, el placer se deja llevar, el roce exige y la ternura exprime una melodía.
                 Despacito, poquito a poquito, una vela prende su cera, un tinto se descuelga en dos copas y un viejo acordeón se atreve con un tango. Juegan las sedas con algodones, un terciopelo se esconde en piel y una estrella camina fugaz entre dos senos. Una nata cruza màs allà del ombligo y una fresa salta del champagne y la sigue. Los dientes aprietan labios y una lengua recorre prisa en su saliva, la espalda empina vertebras, la contorsión enchina piernas y viejas humedades penetran los ecos del recuerdo. Penetra el cometa su Universo, diluye ansiedad el deseo, la caricia aprieta y el gemido impone su grito.

                 Despacito, poquito a poquito, un café muele su grano, el poeta espera la última rima y la Luna no se atreve a mover su mar. Nada el silencio en las entrañas, el mùsculo distende su vigor y canta el grillo su apetencia. El abrazo es dulce, la mirada cerrada y el sentido expandido reclama eternidad. La ternura abriga, el tiempo tiembla manecillas y una brisa se empapa de rocìo. Despacito, poquito a poquito, el café huele, el poeta escribe, la Luna inventa mareas y el amor… El dulce amor, se muestra hecho.


MUCHO MÀS QUE UN SUSPIRO...


                 Toco tu piel y siento mi corazón, acaricio ternura y tocas mi alma, entrelazo dedos en tus cabellos y siento más que un suspiro. Respiras en mi oído, en mis labios cae una gota de tu sudor, en mis manos crece una lengua de caricia y en tu espalda impregno un recuerdo de mi olor.
                 Junta tus manos, deja que tus índices se toquen, piensa en mí, llévalos a tu boca, úntalos de saliva y recorre el ombligo de vida. Deja que tiemblen tus piernas y siénteme. Cierra tus ojos y escúchame. Deja que la música cimbre tus entrañas, deja que te penetre el acorde, deja que la inflexión sea perfecta y que el sentimiento te abrace. Déjame ser en ti, que mi abrazo te abrigue, que mi piel te sude y que mis manos te digan “te amo”. Deja que un suspiro sea escrito, que un mantra sea inventado, que un día sea noche y que una Luna, envejezca cualquier Sol.
                 Déjame ser en ti, dentro de ti y después de ti. Déjame subir tu montaña, escalar tus precipicios, exhalar tus miedos y oler tu intensidad. Deja que te dibuje, que pinte cada uno de tus poros, que enmarque tus ausencias y que imagine tus distancias. Déjame escribirte, recitarte y así dejaré que mi poesía te posea, te haga suya y cuando no estés podré reclamar al suspiro su eco. Así dentro te siento, así te desgarran mis humedades y así se muele el café en cada uno de mis amaneceres.
                 Respiro y exhalo y entre mis encías veo tu nado. Entre tus pechos sentir me quiero, en tu calostro crecer necesito, en tu saliva que amanezca mi rocío y en tu mirada, que se dignifique mi sentido. Pleitesía no es petición, sino rendición de un sentimiento. Mamar amor a media vida no es idiotez si las ubres son tus senos, si una de tus gotas escribe pasiòn en tu pezón y si uno de mis labios puede enchinar las aureolas de tus sentimientos.
                Tengo miedo de mi cielo, porque su celo es poder, su reflejo es de Dios y su color pinta la pureza del amor.  Le tengo miedo a la distancia, al mar que no encoge su bravura y al viento que siempre embriaga mis noches con tu perfume. Le tengo miedo al tango, a la salsa y a la cumbia, porque nunca bailan cuando quiero y le tengo miedo a una noche sin Luna, a una Luna sin estrellas y a unas estrellas sin destellos. Pero a lo que más miedo le tengo es a no escuchar tu olor cada vez que pienso en ti, a no poseer tu cuerpo cada vez que la imaginación expande mis sentidos, a  no poder escribir jamàs tu gemido y a no poder cerrar los ojos cuando tu música entra en mi alma.
                Te llora mi poesía, te necesita mi corazón y cada vez que sueño, siento tu aliento correr al abrigo de mi piel. Entre sàbanas te dibujo y te pinto, entre cejas te pido y en mi pecho nace el dolor de la esperanza. Cae en silencio una làgrima de tus labios, en mis entrañas ahogo el eco de tu mirada y en el lado oscuro de mi Luna, siento el profundo latido de un corazón que cada noche grita, mucho màs que un suspiro.

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martes, 17 de octubre de 2017

ABRAZO DE SANGRE...



               Desgarra el tiempo su falsa consistencia, el grito no tiene eco y el gemido solo se escribe al final de una poesía. Muestra el espacio su cara más desencajada, dibuja la sonrisa un temblor en la mejilla y pide permiso la pestaña para cerrar su inquieto ojo. Toma el ansia su café y la requerida caricia sigue dormida en un rincón donde la vieja historia teje los sueños.
                Y entonces la supuesta lejana muerte, enseña su columpio. Suelta una carcajada y explica con sorna que tu sangre jamás te abrazará: “Mejor ven, sube a mi columpio y juntos lloraremos ese abrazo que solo leerà cariño en el suspiro escrito por un sutil deseo”.
                El cielo es testigo y lanza su telaraña, vibra el cosmos y enfurece la luna al mover su mar. La red está lista. La muerte en ella cae. Ya no ríe. Palidece más y más. Una nube toma forma de puño, el viento la compacta, el rayo le da su fuerza y el trueno lo posa con firmeza sobre la mesa. Nace la decisión, el coraje y la determinación. El Verbo encarniza su voz y dice que es posible, una vieja estrella desenvaina una espada, el milagro tiembla y un avión aterriza en pista de sedas y algodones.
                El abrazo es intenso, querido, añorado, sentido…El abrazo se exprime, se gusta, se acaricia y se toma…El abrazo toca cuerpo, arranca latido y escribe suspiro en el alma…El abrazo sublima, entiende, razona y despierta vida…El abrazo ya nunca muere, la muerte calla, una historia renace y el cielo copia su color.
                Amanece rocío en Itaca, los sentimientos vuelven a su mochila, las letras vibran y se juntan en versos. La prosa baila, se abre el pensamiento, la inspiración es cascada, la boca cierra nervio y renace la poesía en las tintas de un poeta. La vida achica su tiempo pero la ilusión expande sueños, la fuerza vuelve a fluir arterias y la sangre bombea como nunca la pasión de un idilio.
                Las manos se aferran y entre los dedos ya escurre sana tierra, los pies vuelven a dejan huella y entre sus dedos escurre plácida la sal de un mar que quizás sea dueño de almas, dador de vida y explicador de historia…Un mar, mi mar…
                ¡Déjame probarte! Haré un cuenco en mi mano y esperaré quieto a que tu espuma lo llene. Cuando lo hagas, contaré el tiempo, tus granos de sal y tus brillos. Mi lengua te lamerá, mis papilas te degustarán y pleno en mi garganta caerás. Sentiré el fuego de tu escalofrío, los ecos de Ulises y los orgasmos de Penélope, tus batallas y la saliva de los guerreros que tu prestigio con su sangre defendieron, tu música y los castillos de fuego que tu paciente espejo refleja en el cielo del puro amor…Te sentiré dentro, muy dentro y en cada una de tus gotas escribiré un verso, en cada grano de tu sal una historia y cuando tu espuma rodee mi alma, sabrás que quien te escribe es un sentimiento que pariste en mi, que quien te extraña soy yo y que quien te idolatra es mi corazón.
                 Desde que nací, imantaste mis genes. Me diste vida y la que yo pude dar, ya te pertenece. Hoy imaginaste un abrazo de sangre y en èl absorbiste mi alma. Llenaste el espacio con tus olas, la distancia se rindió y el abrazo se dio. Mi Luna se vistió con el velo de la oportunidad y se lo arranqué, la desnudé y con sus sedas me tapé. Llegarán más porque tú eres leyenda y mis hijos de tí son parte, tú eres imán de vida y ellos a tu lado también abrazarán mi sangre. Solo pido que ya la muerte no me muestre su columpio, pues ya no tengo a nadie que en él, me empuje.

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sábado, 26 de agosto de 2017

UNA BOCANADA DE MI ALMA...


                   Tengo frío, piensa el alma y siento que mi corazón ya negocia su latir. La reflexión requiere su tiempo, la soledad un abrazo y el réquiem de una vida alguien que lo escriba. Despunta filo la incomprensión, el fuego huye del agua y una fuente relata su historia entre menudas cascadas y sabores a hierro de lejanas montañas. Pregunta la oscuridad a su noche el color de su velo, respinga el verso porque su rima no es adecuada y rompe entrañas un temblor en mi vientre.
                   Alguien toca mi puerta y no se abre, el teléfono grita y un dedo apaga su ansiedad. Se desahoga la red, los peces viven su mar y un viejo árbol de mi bosque pide clemencia al destino, porque ve en su caminar un hacha de muerte, su filo sembrará. Dejo que en mi sueño viva la imaginación y creo hadas, caricias y nostalgias. Me dejo ir, le susurro a mi aire y presto oxígeno a un candente cigarrillo. Arde la cera, el añejo tinto agota su color, exhalo intenso y la bruma llena de ceniza  mi pulmón.
                   En mis manos está el viaje, un viaje sin retorno, un viaje sin maletas…Un viaje, a la vocación de mi espíritu.  Solo me relame una caricia que nace en mis dedos, me siente un sentimiento que solo transmiten mis genes, me transparenta una mirada que solo en mis ojos vive y me recita un verso que solo mis tintas dibujan. Mi boca pinta una “o” y una bocanada sale de mi alma, se arrodilla el viento, emerge el silencio y un vacío abraza su figura. La “o” se queda quieta, una vela la vibra en su calor, la mirada la sigue perdida, la poesía reclama su foto y una energía la mueve. Llega intacta cerca de unos labios y no se atreven. Se preguntan  pero no se abren. La bocanada es intensa, es “o” y es una respuesta de vida.
                   Entra en “shock” mi alma porque quizás alguien comprendió, las pestañas cierran mis ojos porque sentir a veces es no ver y mis brazos arañan pecho porque abrazar a veces es rasgar. Camina una ilusión entre divagados sentimientos, refuerza un latido el orgullo de mi alma y el pensamiento presta atención.  La veo y siento que me ve, percibo un deseo y siento la necesidad de su absorber. Le cuento al cielo tanta ansiedad y arruga sus nubes, explico a mi historia una pasión y su libro hace trizas cien páginas, intento llorar y no puedo, imagino una sonrisa y mis mejillas la pudren, suelto una palabra de miel y un viejo trueno la despedaza.
                   Mi bocanada vive incorrupta y vuela en el limbo, erecta se muestra  y ecuánime explica de dónde viene. Bocas se abren y ninguna se atreve. Absorberla es tenerla por siempre, tragarla es sentirla dentro y poseerla es vencer miedos. Mi “o” se derrite y su humo ya se difumina entre las hebras profundas del vacío. Nadie alcanzó sus comillas, nadie se atrevió a respirarla, nadie tan siquiera se atrevió a copiarla y sola, sigue vagando un mundo en que la energía del amor sigue transformándola. La verdad la muestra como tal y un resquicio de gemido, muestra que mi alma un día se mostró,  exhibió su humo, retó la elegancia de una “o” y  desnudó su ser en una bocanada que nadie absorbió. Mi “o” salió del alma, se convirtió en humo, nadie poseyó su esencia y camina en el vacío. No espero que alguien la absorba, pero rezo para que jamás un corazón ponga un dedo en su círculo y la desbarate. Dejen que viva  porque una bocanada de mi alma, siempre será una bocanada de Amor.



                   

viernes, 25 de agosto de 2017

RETOÑOS DEL ALMA...


               Pica el pequeño pájaro su tronco y éste no cede, pestañea el hombre y hunde un efímero silencio en su pensamiento, vibra el Universo y un delfín brinca alegre su mar, el libro recoge sus hojas y espera con ansiedad, ser leído. Retoña una rosa, absorbe rocío un viejo pasto, despacito un gusano de seda hace su capullo y un día más la naturaleza se reinventa. El cielo pinta un hueco y la nube se atreve, el planeta cede su espacio y un ilusionista imagina formas, descubre vapores e invita al mago a que abra su chistera. Se pregunta el día por su luz, una montaña la quiere y suplica, una música la venera y desnuda su pentagrama, el verso enchina sus letras y una poesía , solicita su parto.
               Sufre un otoño, alarga sus brazos y llena manos de hojas. Cabizbajo camina un invierno porque sin permiso de su iglú salió, lo regañó la primavera y sonrió el verano aduciendo un cambio climático. Todo cambia, la energía transforma vida y la muerte reivindica al más osado. Una ventana, media luz, añeja melancolía y dedos de artista: Una anciana teje, la lluvia no cesa, el vaho no se atreve y arden ceras en el doquier de una nostalgia. Jadea una rima porque no es requerida, entra en la cueva del recuerdo una imaginación y un viejo infierno muestra su desdén. De frente te busco, te idolatro y te tengo. De ladito te poseo en mi reojo y de lejos, sugiero al cielo que pinte nuestro encuentro.
               En tus dedos una copa, la burbuja reflexiona, una mirada penetra y el humo, su cristal empaña. La esperanza agoniza y resbala en su pedestal, quedito el dedo frota su borde y en el chasquido, revive un acorde. Ya el caldo toca labios, el sabor excita lengua y en las papilas araña cuerpo una historia. Suda tu garganta al poseer su milagro, respira el olfato y el ojo cierra su mirada para comprenderlo. Me das la mano, la pongo en mi mejilla y en mi copa te arrebato. Invento una caricia y asienten tus dedos. Te explico cómo y tu palma se llena de ternura. La persigo con mi piel y le enseño el camino para que aprenda mi cuerpo. Despacito por él resbala, un mimo acompaña y un verso empieza a escribir sus letras. Mis entrañas se delatan y un poro se abre. La caricia rodea cara, engulle lóbulos de orejas y atraviesa nudos en mi cuello. Sufre la imaginación por verse superada, tiembla el pensamiento el siguiente paso y tu dulce olor es tan intenso que el corazón ya no soporta el latido y lo siento en lo profundo de mi alma.
              Se reivindica mi pecho y tu mano lo toca, enredas entre tus dedos vello, piel y pezón. Un labio los abraza, tu saliva los exalta y un beso corre urgido  entre los calostros de tanta ansiedad. Permea el cariño mi vientre, su contracción contorsiona, una fingida flacidez marca músculo y despierta enérgico el umbilical que un día me llenó de vida. Y se pregunta el ombligo ¿Quién eres? Porque solo mi madre fue capaz de regalar tanta energía. Y se pregunta el vigor ¿Seré lo que soy y no me detendrán? Y contesta mi Luna: “Sean libres, desborden intensidad y atrévanse a todo, porque una letra no es verso sino es pensada, un verso no es poesía sino se siente y un libro no se lee si sus hojas no lo explican,  pero siempre  una caricia de amor nacida del corazón, pensada, sentida y explicada,  sembrará nuevos retoños en el alma.
             Y mi piel enardeció, tensaron cuerdas de cielo mis piernas, el vigor penetró, la ternura abrazó y mordió, el viento enfureció y las ceras apagaron su nostalgia, Cayó el tinto, la copa gritó, gimió la cama y huyeron las sábanas. La noche desnudó estrellas, lloró el poeta porque no escribió lo que vió y una viejita, un hada de la historia, abrazada a su soledad bajo una impertinente lluvia, siguió tejiendo sedas y miel para sus retoños, los nuevos retoños del alma.



             

jueves, 24 de agosto de 2017

FRIGIDEZ...


            Suena un diapasón y afina la nube sus gotas de lluvia, pide un minuto de silencio un viejo viento porque la frigidez, acaba de morir y entre el caos surge el desfile de mil hadas, que llevan un cariño hasta el altar de la última fingida ternura.  Sonríe el trueno y le dice a su rayo que llegó tarde, piensa el mar y en la duda, embravece su espuma…Una mujer esconde sus miedos, un tambor la delata y ofrece su adusta cara al mundo. Grita su frigidez, el cariño baja del altar, la ternura se convierte en cáliz, la caricia espera y empieza la última batalla del sentir.
            La mujer se desnuda y muestra lo que es. Su alma camina por su piel y refleja pureza en sus ojos. Llega la caricia y un poro se enchina y después otro y otro. La ternura recorre su carne, el cariño no se atreve pues necesita su complemento. La mujer entristece, mengua su latido y abate sopor en la primera almohada que le da su noche. Grita el cielo, gime el universo y las bestias dejan de copular. Un perverso demonio muestra carcajadas de ironía y un centauro parido por el orgullo de un hombre, corta de tajo sus cuernos, patea su fuego y lo funde en el primer volcán que encuentra. Aplaude la esperanza, asiente la razón, comulga ostias el vagabundo, las confunde en maná de vida y vuelve a caminar, a mostrar huellas y a enseñar que el sentir no es posesión sino una actitud, que dejarse sentir es elección y que una caricia adecuada  vestida de cariño, desata ternuras y deshace frigideces.
             Despierta la mujer, se percibe, se ama, se toca y no puede. Imagina, sus dedos emocionan, frota tensa sin miedo, recorre su cuerpo, la soledad  le da libertad, sus pies aprietan músculo y las piernas ceden un pequeño temblor. El escalofrío no llega, dilata el gemido su presencia y la mano duele. Abre los ojos y ve un hombre, un hombre que la observó y la disfrutó, un hombre amable, educado, silencioso y elegante. Su cuerpo no vestía, solo sentía. Sus ojos eran bellos e intensos. Sus manos velludas y fuertes. Sus pocas palabras versos y sus labios contorneaban el dulce óleo de su boca.
             Ella pensó que lo amaba y él, la leyó. Sintió ansias de posesión y él asintió. El gesto vivía, el ademán era comprendido y una ilusión nacía. La desnudez era compartida, cada segundo el espacio fundía intensidad y las pieles tocaron. Un corazón vibró, el otro desahogó sangre, la noche prendió sus rayos sin trueno, la Luna acompañó, contorsionó sus caras, se desnudó y también pidió penetración. La mujer sudó miel, el hombre cerró ojos, ella nadó en su cuerpo y él en su alma, el cariño era intenso, la caricia brincaba por doquier y la ternura, confundida por tanta pasión se multiplicaba y se daba sin importar dónde, cómo ni cuánto.
             Los dedos se alejaban de las manos y entrelazaban cabellos, las palmas eran ventosas de piel y las muñecas jugaban al dulce escondite. Se perdían los brazos y se encontraban con una pierna acariciando espalda. La boca lamía su pezón y un labio se atrevía entre perfumados vellos. La Luna se expandía y encogía,  el cometa ya llegaba. Mostraba luz y mil colores en su cola, la tierna poesía de cien planetas recorridos y la intensidad de todo un hombre, de un centauro y de un cielo de amor. La mujer se emborrachó de sentimientos, gozó, se divirtió, sintió y se duchó de aromas, de viejos deseos y de una pasión que creía ya no existía para ella. Y llegó el irradiante cometa, la Luna lo asimiló como suyo, el rayo brilló y el trueno expandió tan enorme gemido, que el Creador despertó: Inquieto se asomó y vió ese atisbo de imperfección en su creación. Inmediatamente corrigió, dotó a cada mujer con la caricia perfecta, el cariño adecuado y le pidió a la ternura que fuera tan intensa como el perfecto cuerpo de una mujer. Tomó la creación de un hombre, su alma y su corazón. Pensó, reflexionó, tomó su mente y le quitó la idiotez. Arrancó un pedazo de su corazón  y le donó un sentimiento llamado “poesía”. Tomó un poquito de su alma y en ella sembró dos semillas, la de la verdad y la de la igualdad. Tomó su cuerpo  y en él implantó un imán, el imán del saber tocar, del saber esperar, del saber amar y del saber escuchar antes de actuar con tanta alevosía y premeditación. Renació el hombre, la mujer gozó y una palabra desapareció del diccionario: Frigidez.