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martes, 22 de mayo de 2018

NIÑO, VAGABUNDO Y MENDIGO.



               Respiró su inocencia un alma de niño y quedó escrita en la vieja arruga de un pergamino, la recogió un mendigo y como vagabundo caminó por siempre en el sueño de aquel niño. Creyó que todo lo había vivido, que lo existido ya era memoria para el olvido y  cada vez que un silencio le era permitido, preguntaba a su soledad si en verdad había alguien divino, por qué quería conocer esa pluma que escribía su destino. De huellas llenó su camino, de pensamientos los bosques, de respuestas sin dolor las espinas, de caricias  cada margarita y de envidia cada pétalo que su rosa humedecía.
               Vagabundo y mendigo, guardián del sueño de un niño, espíritu libre y mensajero de aquel pergamino. Pasaban mil arenas por la estrechez de aquel reloj de vida, miraba de cerca las piedras en cada vereda, cruzaba ríos y en cada espejo de agua sostenía firme su mirada, cada montaña era caminada y cada duna en su desierto pisada. Sudaba, frío sentía, el temblor de sus piernas comía, el viento ya no escuchaba y cada nube era meditada y exigida, para que su sed calmara. Viejo en años y anciano cansado por cargar un sueño que no podía explicarlo, sintió que su destino ya no sería largo, que el dulce verano había terminado y que como hoja abandonada, vería en su árbol una ocre caída de aquel otoño, del que siempre se creyó retoño.
              Entendió que había llegado a su último paisaje. A su derecha millones de burbujas sostenían una hermosa y gran cascada, a su izquierda una espesa niebla cubría de cenizos óleos los mármoles de un cementerio que vida no explicaba, de frente una gran roca sus posaderas esperaba y cuando buscó alguien que lo acompañara, vio su soledad como se apartaba, a la naturaleza como lo abrigaba y a un pequeño saltamontes que entre sus pies saltaba. Pensó que entre la vida y la muerte estaba, entre el eterno ruido y el infinito silencio, entre la oportunidad y el sueño, entre la verdad y una ilusión deseada que casi era cielo. En aquella gran piedra sentó su alma y despacito abrió aquel pergamino que con tanto afán, entre su ropa guardaba. Antes miró precavido a un horizonte que parecía que le hablaba, pero al no escuchar ningún sonido, solo disfrutó del nacimiento de una nueva alba. Lloró el mendigo porque quizás sería la última y en su lágrima retrató lo que su vagabundo había vivido, secos yermos pintaba, cálidos desiertos y animales libres corriendo en sus sabanas, selvas mágicas, cuevas de hadas, estrellas deseadas y una mujer que en su Luna quedo grabada. Una paciencia de vida era dibujada, un sentimiento recorría gota a gota su cara y el escalofrío era tanto, que se tiró y a la fresca hierba pegó su espalda.
               En sus manos desplegó aquel pergamino, buscó aquella arruga donde escribió el sueño aquel niño, la tinta era hermosa, el olor a pétalo de rosa y su textura suave, como piel de mariposa. Habló el escrito y sus manos respiraban temblorosas, aquellas letras habían vivido y entre su prosa, él había existido. El sueño se había cumplido, el camino fue bien elegido y el destino terminado en el exilio consentido. De aquella sociedad se había apartado y del mundo conocido renegado, unió sus pasos a la naturaleza y sus huellas fueron tierra,  vivió intenso cada verso del universo, cada noche de su Luna y cada día que un nuevo cielo lo sobrecogía en su anhelo. Se desnudó cuando quiso, se bañó en cualquier río y navegó atrevido sobre cualquier sal de cualquier mar, gritó y no fue señalado, lloró y por nadie fue abrazado, amó y a nadie pidió un beso prestado, pensó diferente y por nadie fue juzgado, sintió lo perverso, lo osado y el sueño imaginado, jamás vió un alce cazado ni lloró al ver un niño abandonado, nunca le dijo el estado que el impuesto no había pagado porque el dinero en su vida no fue necesario. Era naturaleza y el sueño estaba pensado, aquel niño moría y sabía bien lo último que haría: en la tierra se estiraría, sentiría su postrero abrazo, en ella se rebozaría, miraría de reojo su legado y cenizas no sería, en grano de arena se convertiría y a la naturaleza se fundiría. Fue nacido y decidió que su vida sería distinta, soñó diferente y para recordarlo lo escribió en su pergamino, lo escribió para que jamás fuera olvidado que un día en su albedrío, descubrió un nuevo camino y vivió como niño, vagabundo y mendigo, apartado de injustas guerras, sin pedir permiso y sin juzgar si su destino, fue escrito o no, por lo divino.



lunes, 21 de mayo de 2018

MISTERIOSA Y PERVERSA.



               Me amas, pero detrás de una pantalla, me extrañas, pero escondida en la virtualidad de una telaraña, me seduces con una foto amañada y dices que hueles a jazmines e infusión de exóticas vainas. Y yo te creo y de tanto en tanto en calientes humedades se desparrama mi alma, te escucho en gemidos fingidos, te oigo en sonidos que no me dan abrigo y te leo en copias tan ingenuas, que ni siquiera pertenecen a un libro conocido. En verdad eres un martirio pero soy yo quien lo ha consentido, en verdad me llevaste a tu falsedad con sigilo, a tu modo inventado de ser, al territorio que nunca te vio nacer, a ese cáliz llamado mujer y que resultó un engendro, que ahora,  no puedo ni ver.
               Entraste al juego de los sentimientos, al más peligroso de todos, a ese ardid que no es escondite ni un tres en raya triste, ese yo-yo que no resbala, un juego de la oca que jamás tira porque nunca toca y a unas escaleras que tienen más serpientes que tiradas locas, un juego de  pocos dados y muchos ahorcados. Te atreviste en el ajedrez siendo peón, fuiste a una dura guerra sin cañón, a una selva sin brújula ni física condición y nadaste un mar en que las olas se mueven con mi Luna, la espuma se embriaga con mi sal y su horizonte, es mi santo grial. Apostaste fuerte y perdiste, incapaz de mostrar una lágrima jamás te arrepentiste, ni siquiera en tu orgullo venciste y ahora que te quedaste sola, respiras el hedor de la hiena por las comisuras de tu boca.
              Te diré algo: ¡Ven! ¿Quieres sentir lo que es un abrazo? ¿Deseas leer de lo que son capaces unos labios enamorados? ¿En verdad tu vida es tan vacía que solo te llena  la hipocresía? ¿En serio tu sonrisa solo es el dibujo en una ajena fotografía? Mira, te invitaré a un balneario, de esos que el agua caliente corre a diario y te acarician de cremas y extraños fangos. Te desnudarán y poquito a poquito tu piel quitarán, al sol la pondrán y la curtirán…y así parecerá que hayas vivido de verdad. Después, con láser y un pequeño bisturí, dos callos en tus manos te pondrán, tres asperezas en tus pies aparecerán y así tus huellas algo escribirán, cinco pequeñas estrías en tu vientre mal no te vendrán y una arruga en tu frente te dirá que un día fuiste valiente. Te pintarán suave dos ojeras, las patas de gallo serán sutiles y cuando te hagan mechas, dejaran que tus raíces respiren alguna cana que como mujer te realice. De cuajo sacarán tu corazón, de las arterias tu colesterol y de las venas tu veneno, en cada ventrílocuo un imán pondrán para que no se te pegue lo oxidado y en cada latido una música, una canción de cuna, para que te duerma cuando lo pervertido te nazca ansiado. Me dirás que es demasiado pero bien sabes que incluso un antifaz para ti es algo mundano, el engaño es cotidiano y el dinero, tu moneda de cambio.
                Sé de verdad y quizás te quiera alguien no tan lejano, sé de verdad y quizás puedas mostrar cierto encanto, sé de verdad porque cuando eres mentira, solo te mira la rata cuando busca su alcantarilla. Cuídate!


             
              

domingo, 20 de mayo de 2018

UN CORAZÓN GUARDADO.




          Temblaba la taza en mi mano, café caliente, labios precavidos, dedos atrevidos y un dulce sabor que no entendía que era amargo. Un día aciago, el amanecer nació temprano, mis pies estaban cansados, mi espalda molida y en mis ojos solo una lagaña vivía. Las sábanas mi cama desvestían arrugadas y distendidas, sé que mi almohada de lejos me veía y aquella mesita de noche se alegraba de que hubiera llegado el día. Fracasaba el momento porque el hombre no sabía que sentía,  la luz apagada le pedía ayuda a un alba que no se atrevía y como la ventana sola no se abría, me levanté, recorrí la cortina, de lado miré, toqué su cristal, mi dedo seco saqué y entendí que ni el rocío me daba querer. ¡Qué triste respiré!¡Que sensación de dejadez!¡Que depresión noté que hasta a medias el cigarro tiré! Me desnudé, a la ducha entré, el agua caliente dejo de ser y las agujas del hielo mostraron su poder, de prisa me enjaboné, la incipiente barba afeité y mi boca lavé. Maldije profundo como siempre me enseñé, el café tiré, a la corbata le dije que el nudo era una desfachatez, a mi pantalón la línea le quité y enardecido tomé la plancha y quemé una camisa, una trusa, un calcetín y la funda de un cojín. Era de esos días que todo sale al revés y de repente un conocido sonido escuché. De mi puerta venía el timbre, osado, quisquilloso y seguro de algún vecino que amable no me daría la mano ni unos buenos días con agrado. Por la mirilla espié por si acaso, pues mi casa olía a plancha y a quemado, no fuera un rey fuera de su estado o un político pidiendo votos para el senado. Y lo que vi, me gustó: noventa, sesenta, noventa, ojos verdes, mediana cabellera, piel de muñeca y labios de seda. Abrí sin peinarme, asentí sin escucharla y el paso le permití. Parecía amable, poco risueña, algo inteligente, olía a jazmín y fresas, su tacón no insultaba ligereza y vestía muy fresca. No me dejó ver su transparencia pero en la imaginación la pensé tersa, no toqué su sesenta encima de su cadera pero en la ilusión la sentí cerca, su tanga marcaba pero mi educación no era vana y cuando tomó la taza invitada, vi una grieta en su lengua que a una serpiente me recordaba. ¡Era bípeda! Quizás una marciana o de un extraño ente reencarnada. No sentí miedo y en la sala, empezamos la plática. Me habló de Orión, de Sirio y de quien sabe qué universos, que si nosotros éramos nada o solo el mal engendro de un invento, que un error habían cometido y que por eso decíamos que había infierno, que en el cosmos los mundos vivían paralelos y que cada decisión tenía un cielo. Paré la charla y le dije que todo eso no me importaba nada,  que si algo de mi quería, su belleza guardara junto a su bípeda saliva  porque mi alma ya estaba asustada. Me tomó de la mano, me miró y sin hablar me dijo que el sentimiento me faltaba, que mi corazón estaba vacío, que ya todos los había escrito y que de regalo, un nuevo corazón tenía que ser dado. En un segundo, junto a ella en una extraña tienda me encontraba: vendían corazones, por ella abrazada sentí paz en la entrada, caminé por inercia, recé porque así recordaba y sin darme cuenta, en la primera vitrina, desmayé mi ansia.

           Y ahì, en aquel estante habían dos corazones: uno lleno de sangre, poderoso, rojo y con latido de carne, el otro estaba congelado, seco, pálido, sin latido, pero con dos ojos que ni la mirada habían perdido. De frente sentí que me hablaban y de reojo escuché que me llamaban, vi que aquella mujer en sus manos lo tomaba, su aliento me buscaba, yo la pared miraba pero no logré disiparla. Le dije que no era mejor que el mío, que por favor que no cambiara vacío por vacío pero aquella mujer tomó mis palabras por olvido, me reclamó un no se qué y escupió que por mi culpa lo había perdido, miré debajo de una mesa y recorrí todo el piso…y así distraído, en silencio tomó un cuchillo, mi pecho abrió con sumo sigilo y el corazón cambió sin yo sentirlo. De repente sentí un deshielo, un primer latido y en mi conciencia una voz que me decía “¡tranquilo!”, el espasmo era sufrido y el terror me tenía el cuerpo oprimido. Me obligó a alimentarme porque de rojo tenía que entintarlo, me llenó de fresas y cerezas, me salpiqué con el jugo de un kilo de grosellas y terminé hundiendo mi boca en una sandía que sabía a dulce melodía. Ya mi alma cansada dormía, el sudor empapado de mi piel se exprimía y las pestañas  despacito, ya cerraban el teatro de aquel día.
             Con un gran sobresalto desperté, ya no estaba aquella mujer, bellísimo se vistió aquel amanecer y todos los colores eran más intensos de los que alguna vez pude ver. El rocío era tenue lluvia, una brisa me acariciaba desnuda y el alba era tan hermosa que no había sombra que mostrara una duda. El café olía a su tierra, el pan a su horno, el pajarito a su nido y el pétalo a su rosa, la Luna nadaba plena en un horizonte que por despedida le preparó una fiesta y el Sol, maravilloso y candente, jugaba con una nube que por valiente se le puso de frente. Todo era igual pero diferente, todo en su lugar pero lo sentía distinto, porque lo veía como antes pero lo percibía mucho más grande, no de tamaño sino en su interior, no solo en el color y su intensidad sino que sabía que en ese todo, un alma vivía en verdad, algo más allá de la terrena espiritualidad que lo tenía que guardar. Y yo la notaba, la respiraba e incluso la podía explicar. ¿Qué me estaba pasando?¿Estaba soñando o en otra realidad?¿Qué había fumado si no tenía hierba de la que echar mano?¿Qué me estaba pasando?
              Entre dudas estaba nadando pero vivía algo que quizás solo a veces había imaginado, entre preguntas buscaba esa respuesta que me diera una certeza y entre dolores de cabeza, buscaba una aspirina que fuera parte de la naturaleza. Como sirena me duché y hablé con el agua de manera sincera. En el diálogo estaba cuando alguien tocó a mi puerta, me rebocé con la toalla como está mandado y por la mirilla espié para ver quién era. ¡Era aquella mujer! Abrí con recelo y temor, la toalla del cuerpo se escurrió, ella educada no miró, la mano tomó el dichoso trapo con sumo agrado y la invité a pasar, con mi tesoro ya guardado. No pregunté y respondió, no entendí pero rápido asentí, no la escuché pero todo oí y en el aturdimiento entendió y me volvió a repetir: “ahora tienes un corazón de lujo, lleno de sentimientos y en tu sangre late como si fuera el primero”. Le pregunté por qué había escogido ese corazón tan seco, que tuve que hidratar dándome por entero y que ahora parece nuevo. No dilató en su respuesta y me dejó boquiabierto: “ese corazón tan seco a un ser perteneció, lo caminó, lo corrió, de orgullo lo llenó, de envidias lo sembró, alcoholizó su sangre, sus arterias tapó y nunca uno de sus sentimientos tocó. Jamás amó y cariño no sintió, nunca sonrió pero tampoco la tristeza conoció, no caminó ternuras ni caricias dió, no sintió frío ni calor en el amor… y ni una lágrima jamás, de su ojo salió. El corazón se cansó, su latido poco a poco entre coágulos se perdió y aquellos sentimientos que en él vivían desde el momento en que Dios lo creó, por no utilizarlos, lo secaron, lo colapsaron y en el último infarto, lo explicaron.” Creo que mi asombro la cautivó, me abrazó y en el susurro, otra vez me conmovió: “Este corazón de vírgenes  sentimientos te respira en verdad y ahora de nuevo sentirás, escribirás, amarás, de naturaleza te vestirás, a carcajadas respirarás,  llorarás y cuando sientas que una lágrima ya no quiera resbalar, solo piénsame, porque soy tu ángel de la guarda y otro corazón tengo guardado para ti, en el fondo de mi alma.”




sábado, 19 de mayo de 2018

¡PRENDE LA LUZ!




             Prende la luz porque mi desnudez de ti quiere aprender, préndela y mírala, despacito, sin miedo, cuenta sus poros, cada peca y cuando la veas perfecta, úntame de miel cada arruga, cada experiencia y cada vello de mis cejas. Prende la luz porque en esta vida solo la palabra es perfecta, la piel a veces suda erecta y el alma respira entre venas… ¡Préndela¡ verás lo que tocas y sentirás otra cosa, la humedad nadará  silenciosa, el escalofrío sufrirá por ser vivido y el ansia, esa que el sueño extraña, estará  lista para que por ti, sea extasiada.
             Prende la luz y deja que este paisaje se llene de armonía, que los jugos no sean viscosos y oscuros, que la saliva sea burbuja divina y que cada beso se vista de dulce melodía. Deja que nos encele la mesita, la vela y si quieres la vecina, deja que el mar nos empape con su brisa, que el cielo nos pida y que cada mirada, la veamos sonrisa. Quiero verte porque el alma es retina, la sangre camina y en este viento entre mis cabellos, te sentirás distinta. ¡Préndela! porque tanta locura debe ser vista, desde mis ojos a tus estrías, desde tus pechos a mis manos vacías, desde mi corazón a cada pezón, desde el beso al aliento, desde tu pecado a mi infierno y desde mi caricia a la ternura que de tu cuerpo llevo tan dentro.
            Prende la luz porque tu silueta no debo amar, es tu capacidad, tu contorsión y tu sensualidad la que por siempre debo en mi mente dibujar, el blanco de tus ojos cuando el gemido despunta sin cesar, ese cálido vapor de tu boca al suspirar, ese pulsar cuando mi vigor debe entrar y ese amor que tanto color pinta en mi mar. ¡Préndela! porque soy un hombre de verdad y quiero ver tus besos, tus caricias, la textura de tanta ternura, el óleo de tu humedad y cuando te ensalive toda, que mis ojos te sientan de verdad. ¡Préndela! Porque la oscuridad no debe ser eternidad, el sentimiento debe nadar, la ilusión tiene que tener un lugar y el sueño, que no es ciego, debe mirar y mirar y mirar.
             Prende la luz porque quiero que veas mi lealtad, la intensidad cuando beso tus defectos, el milagro cuando mis grietas cicatrizan, la sensualidad cuando tus muslos por asalto toman mis manos, la seducción cuando tus piernas enredan mi espalda, el verdadero sexo cuando tu lengua se avoraza y el dulce orgasmo cuando cada mejilla se pega cálida, entre las piernas y calla. ¡Préndela! Y de mí sabrás que un día sufrí, viví, canté, amé y a otras escribí, pero que ahora tú eres esa mujer en la que me quiero por siempre perder. ¡Préndela! y sabré que fuiste hada, ángel y morada de un alma extraña, que en tu camino  y en ajenas arenas  dejaste tus huellas clavadas, que tu destino quizás no sea divino pero que en mis brazos cada poro será restituído, cada aliento respirado y cada gemido, por los dos compartido.
            ¡Prende la luz!



¿QUE HACEMOS CON NUESTRA VIDA?


REFLEXIÓN:

            Esto no es poesía ni prosa ni un escrito divino, solo una estadística que por casualidad llegó a mí y que quiero cambiar para tener un mejor destino.
            Lean por favor:
            Una vida debería ser vivida y quizás no contada en días, debería ser otra cosa y no el sueño de una marmota ¿Y por qué digo esto?
            Así pasamos nuestros días:

 Tabla de tiempos
Estar de pie
30 años
Dormir
23 años
Estar sentado
17 años
Caminar
16 años
Trabajar
8-9 años
Comer
6-7 años
Soñar
4 años
Transporte urbano
3 años
Ver televisión
5 años + 303 días
Hablar y escuchar
2 años
Reír
1 año + 258 días
Cocinar
1 año + 195 días
Estar resfriado
1 año + 135 días
Cortejar y ser cortejado
1 año + 139 días
Correr
1 año + 75 días
Estar enfermo
1 año + 55 días
Ir a la escuela
1 año + 40 días
Festejar
1 año + 10 días
Guardar colas
500 días
Rellenar formularios
305 días
Leer
250 días
Telefonear
180 días
Vestirse (hombre)
177 días
Vestirse (mujer)
531 días
Hacer la compra
140 días
Afeitarse
140 días
Lavarse (hombre)
117 días
Lavarse (mujer)
2 años
Hacer el amor
110 días
Peinarse
108 días
Hacer pis
106 días
Cepillarse los dientes
92 días
Depilarse (mujer)
72 días
Defecar
53 días
Llorar
50 días
Saludar
8 días
Rellenar impresos fiscales
3- 6 días
Consultar el reloj
3 días
 Fuente: Science et Vie

             Iba a comentar cada renglón, pero no me atreví, es demasiado…
             Por favor, si queremos cambiar el mundo…lo primero que tenemos que cambiar, somos nosotros!!!!
            Sin más comentarios. Un saludo!!!!! Cuídense!!!!!



TIEMPO, VIDA Y OLVIDO.



             ¡Qué largo es el olvido para el destino y que cercano cuando el sentimiento necesita ser escrito! El cansancio obliga a la mente a respirar distinto, en el silencio junta sus hebras el instinto y cuando el grito del pensamiento llega, no hay garganta que trague tanta hiel que una y otra vez, el recuerdo impregna. Suda la memoria porque en el ejercicio es exigida, sucumbe la idea porque entre las sienes no es permitida y un fuerte escalofrío aprieta la nuca hasta el final, donde termina el principio de un olvido que si no se da, puede ser fatal..
             Llueve impertinente la vida, derrama gotas en mi cabeza perdida, entre sus cabellos buscan una ternura pero de mi cerebro son escupidas, caen sus alfileres y se desparraman sobre mi columna, entre los muslos gritan vida y cuando mojan mis rodillas, un vello les explica que en sus manos serán exprimidas, que de mi cuerpo serán expulsadas, que se requiere silencio para que el olvido sea ejecutado y  por favor que en los pies no sigan chorreando, porque las huellas ya no deben ser las de antaño.

            Vida que te expresas en el olvido y olvido que si no te tengo, no expreso mi vida.

            Cae dulce la sombra de la primera Luna, la estrella no convence a su cielo para que la esconda, calla el grillo para que el silencio sea el que responda, traga dulces huesos en su noche una anaconda y mientras tanto, una espuma le pregunta a su mar si su marea es corta o solo tonta. Abrazo el olor de la nada, ya mis labios ni de sus grietas hablan, la soledad es perfecta, el pensamiento en un papel blanco piensa y la imaginación le pide al olvido, que sea solo un sueño malvivido. La lucha es feroz, la memoria se llena, los dedos en tintas la desechan y una vela en su cera la quema, el recuerdo explota, la fotografía se relame, la bestia del tiempo se expande, el duende de los sentimientos  habla infame y un gran sopor, de tu cárcel pierde la llave. El olvido late fuerte porque no quiere ser parte y débil te toca, porque quiere en el alma refugiarse.
             Habla el ego y te pide que seas sincero, que de valientes está lleno el infierno y que a veces la retirada es la mejor estrategia para que después, tu victoria sea anunciada. Decide si el olvido es necesario o solo una excusa para que la escribas en tu diario, si es menester de poeta o debilidad de hombre, si es párrafo o un simple corolario…si es perdón o algo más que necesitas, para vivir como humano. El tiempo tiene que darlo pero quizás es menester antes perdonar que esperar, en la dualidad es difícil la respuesta, ¿qué es primero, perdonar o dejar que el tiempo pueda juzgar y olvidar? Porque para perdonar hay que ser capaz, hay que tener ese don que al tiempo, de poder tiene que embriagar. En el perdón vive la generosidad y la necesidad para un día olvidar, vive ese abrazo que da la vida a los que son de verdad y vive el gran poder que de la humildad, da al tiempo toda su potestad.
             Tiempo, vida y olvido, la vía que explica al miedo cuando es confundido, la trinidad que a veces aparta al ser de lo divino, un infierno que esconde sus brasas en la necesidad de un perdón no exigido, una decisión que somete al alma y estremece al corazón, un silencio partido en tres: exhalar perdón hasta lo permitido, respirar vida y dejar que en el tiempo, se dé el olvido.


           

viernes, 18 de mayo de 2018

CUANDO SIENTO.



            Sentir es un placer, escucharte, merecerte y aún en la tristeza, saber que también de ella estás hecho. Sentir es abrazarte, besarte y arrullarte en ese sentimiento que desde lo profundo nace. Sentir es compartirte, amarte y abrigarte en esta naturaleza de la que somos parte… Sentir amor es el orgasmo del alma, que en silencio, eyacula lento en el fondo de tu corazón.
            Cuando siento mi alma estremezco, no hay corazón que en el latido me tenga preso y no hay verso que sea capaz de explicarme en silencio. Cuando siento en sudor empapo el sentimiento, dejo que la mirada no pierda su anhelo y en la ventana dejo al cristal, nadar en mi aliento. Cuando siento vibra el cielo, abrazo la musa que despacito nace dentro, exhalo el vapor que a la vida le debo y así cada noche escribo lo que siento.
            Siento en verdad y explicarlo puedo porque en el amor todo tiene valor, en el detalle siento su calor y en mis tintas dejo que cada verso desparrame todo su color. Porque del mar vengo y de su sal me pego, del viento no soy ajeno y en su aire rebozo todo lo que llevo dentro, de la montaña soy parte, del valle un lindo paisaje, de la estrella un destello y del cielo, una nube o quizás un pequeño abrazo de Universo. Siento profundo el aullido del lobo, el canto de la sirena cuando embravece espuma y el gemido de mi Luna, cuando su velo escurre desnuda. Siento porque merezco, porque en mi camino algo debo, el eterno me explicó que escribirlo destruye ego y así despacito, construyo un espacio lleno y sincero.
             Cuando siento, la blanca pared deshace su pintura, el vacío de mi existencia se convierte en eco de promesas hechas morusas, lo simple ya no es línea en mi mano, la rima destruye el miedo y la poesía muestra su verso, erecto y erizado. Sube la intensidad de mi música, la inflexión del acorde roba mi atención, la piel enchina su condición, siente una lágrima el párpado en su condición y el niño que llevo dentro le dice al sueño que en su frontera no hay sumisión. Se atreve el hombre y sin parar escribe el poeta, la dualidad es compleja y la dulce esquizofrenia parte en dos una vida completa. Se suceden las letras, las tildes arañan cada posesión, los puntos vibran en su espacio, las comas levantan presagio y el creado párrafo no entiende porque el sentimiento está cansado. Se aferra el dedo a su pluma, la tinta chorrea y una lágrima sigue su camino sobre la dulce ojera, el sentir quema, la voz espera, el pensamiento aguanta y la palabra muestra, una última mirada.
             La duda queda plasmada, el sentimiento expresado, el sentir busca ese cómplice que le de algo y el poeta arruga el papel que ahora yace entre su puño apretado. Será basura lo que había pensado, será eliminado porque en su sentir no encuentra un ajeno capaz de explicarlo o quizás esperará un año a que alguien le diga que ese sentimiento, él también lo hubiera comprado. Sentir es una condición del ser humano, es sufrir lo ansiado, cabalgar desnudo sobre el lomo de un profundo espacio y quizás, llorar cuando el sentimiento es demasiado. ¡Que se atreva la emoción a pedir su tiempo, el abrazo de la soledad a reclamar su vacío y esa mano que apoyas en tu frente a sentir que de repente, tienes fiebre!¡Que se atreva el poro a mostrar su sudor cuando el nervio lo abre, que se atreva el insolente presentimiento a esconder su intuición…que se atreva el hombre a gritar que es poeta, a gemir un orgasmo y también a decirle al viento que tiene miedo al fracaso, porque es humano!¡Que se atreva la letra a formar una palabra y ésta a vestirse de verso aunque su rima la escriba el latido o la música del cielo!¡Que se atreva la tinta a salpicar mi deseo porque de su negro color nace el alma que blanca, me expresa pleno!
            ¡Siento!¡Claro que siento! pero el amor de lejos debo entenderlo, porque si bien lo he vivido, sufrido y soñado, en este momento es un viaje demasiado osado. Porque de mi lo emborracharía, apretarlo cada día querría, poseerlo de noche no sería utopía, penetrarlo profundo sería rutina y amarlo, el oxígeno de mi vida. ¡No! No quiero asustarlo porque de mí quedaría prendado, ya no existiría poesía capaz de explicarlo ni poeta que osara retarlo. ¡Escúchame bien Amor! Porque solo una vez te lo diré: tu eres un terreno acotado, una senda que no viaja a mi lado, un deseo que quizás por demasiado anhelado, lo veo lejos y fuera de mis manos. ¡Amor! Te seguiré explicando porque ya te he probado, tus ubres he mamado, de tu aliento he estado alcoholizado, de tu piel abrigado, en tus brazos he soñado, pero debes saber que también me has causado mucho daño. Vete lejos porque el tiempo de mí te hizo compañero, en tus zarzas quemé mis infiernos, en tu lengua ahogué la saliva de mi silencio y en tus labios entendí que tú y yo, no somos eternos. ¡Siento! pero a ti no te debo el sentimiento, ni la razón ni la causa del profundo desasosiego, no te debo nada y nada (para que lo entiendas) es nada.
          ¡Siento!¡Claro que siento!...y la soledad escogí como mi convento, en sus pasillos camina mi alma entre sigilos, entre claustros lo que queda de mis miedos y en cada rezo, entierro un lágrima que por irreverente, es juzgada por ajenos infiernos. ¡Siento! Y cuando siento mi sonrisa desespero, un olor respira a madera intenso, mi corazón encela la sangre del viento porque es libre y sincero, los botones se caen lentos, mi cuerpo se desnuda al cielo y cuando abro los brazos, me siento parte total de este Universo.
         ¡Así siento! Y cuando sea grande así quiero ser. Capaz de explicárselo a mi niñez, llorarme cada vez que mi ánima necesite calidez, sentirme cuando el tiempo me llene de ingravidez y tocarme cuando no haya mano que se atreva a escribir caricias en mi palidez. ¡Así siento! Y cuando muera al Creador agradeceré, al primer ángel una caricia le daré, al cielo mi azul le pintaré y a la eternidad, un pedazo de mi le escribiré. Ya no hay lugar en este mundo que no haya sentido, las maletas están listas y lo vivido  bendecido, el tren está por llegar y yo, que de las letras soy mendigo, ya estoy listo para viajar.



miércoles, 16 de mayo de 2018

GEMIDO.




                   Suave, aterciopelado y punzante, vapor de ángel, nacido del alma, travieso y palabra exacta, compungido y poco escrito, a veces reprimido, del pecado consentido, en el amor exigido y siempre en el desamor , fingido y dolido.

                   Fluye el alma, el cuerpo estremece deseo y la piel suda, el espacio calla, la ternura viaja y el amor se pinta despacito en las entrañas. Un temblor camina, el pie sus dedos estira y poco a poco nace un suspiro que sale del alma. Abraza la mujer su libido y el hombre su cariño, el silencio esconde su verso, el mar le grita al río, el sueño es perverso, los impulsos están idos y una música es oída en el limbo de los sentidos.

                    Ven, dibujemos un gemido, ese momento de profundo destino, esa lágrima que en su gota no vive el frío, ese pedacito de miel que al abrazo da sentido, ese acorde por los dos consentido y ese instante en que lo humano, parece divino. Ven, dejemos que nuestras manos lo moldeen, que en el vientre viva pervertido, que en el poro se sienta abrigado y que en el último aliento, lo respiremos extasiados.

                    Ven, porque contigo quiero sentirlo, dormirlo, acurrucarlo, amanecerlo y entre tus brazos recordarlo. Ven porque contigo quiero gritarlo, escucharlo, poseerlo, amarlo y soñarlo cada vez que su eco, en mis sienes haga vibrar su orgasmo. Ven porque contigo necesito saborearlo, ensalivarlo, degustarlo y comerlo… y después, cuando en el tiempo parezca olvidado le pediré a mi corazón que lo lata, porque sabe que en su membrana, lo escribí con tintas de oro y plata.

                    Ven, porque contigo quiero hacerlo, estirarlo y penetrarlo sin tiempo ni condición,  sentir su contorsión, el olor de tanta seducción, la sensibilidad de su don y ese movimiento terso que funde anhelo e ilusión. Ven porque lo crearemos, le daremos sentido a nuestra pasión, lo sentiremos profundo, le daremos aliento y cuando el silencio nos abrace lento, lo sellaremos con un beso.




martes, 15 de mayo de 2018

LA LOCURA TAMBIÉN VISTE SEDAS.



                 Ayer por la noche salí a caminar: necesitaba respirar un poquito más allá, dejar que mi curiosidad imaginara otra oscuridad y dar un poco de libertad a un verso que yacía encerrado en el zulo de una escondida soledad, pero no sabía que con la locura me iba a topar. A tres cuartos de la primera esquina una silueta llamó mi atención, tenebrosa, encogida de hombros, delgada y sin sombra. A su lado iba a pasar y mi cigarrillo empezó a dudar, de mis dos manos hice un puño, una farola fundió su bombilla y una ventana cerró con prisa su cortina. Educado saludé y ni un hola escuché, despacio pasé, el humo guardado solté, cerré los ojos y ya en ella no pensé. De repente, una mano se posó en mi hombro, tembló mi escroto, giré mi cuello cual búho absorto y aquella silueta me preguntó si estaba sordo. Le dije que no, que mi saludo fue gratuito y espontáneo pero que al no tener respuesta, mis pies aceleraron un poco su cansancio. Me penetraron sus ojos, desorbitados y un poco ansiosos, su mano le daba frío a mi hombro y deduje que si fuera apretada, la sentiría helada. Su cara lucía seca, pálida y como puzle desmembrada, su lengua estaba llena de grietas y su boca olía a vientre de ajo y a cebolla morada. Deduje que el infierno estaría cerca pero no había un azufre que se oliera. Decidí enfrentarla, de pregunta puse cara y la reté para que se identificara. Me explicó que no sabía quién era pero que alguien le dijo que nació perfecta, que de niña fue mimada y ahora abandonada en calle ajena, que no entendía lo que sucedía y que lo último que recordaba, era un helado de chocolate con sabor a fresa, vainilla y pistache. Tenía un ojo rasgado y el otro ovalado como huevo a punto de ser quebrado, su nariz respingaba gravedad y sus mejillas lucían hundidas entre pecas y cicatrices que parecían mordidas. Sus orejas de punta caían y sus cabellos eran lacios entre rizos y varios chicles pegados. Era un esperpento hecho cuadro o un lienzo de óleos chorreado, parecía salida de un escrito de Quevedo o quizás era antítesis de cualquier mitología o un monstruo de cualquier cuento griego. Asustarme no debía pues lo más difícil venía: puso su otra mano sobre mi otro hombro, acercó su cara, el olor mareaba, el frío sobrecogía, mi aliento dudaba, los pies no sabían dónde estaban y mis ojos por grandes ya no cabían en mi cara. Susurró la maldita y chispas de su saliva sacudieron mi estampa, el asco deprimía, su hedor me sudaba y poco a poco apretaba mis dientes para decirle a mi mente que pensara. Y entre tanta patraña, soltó su discurso, la palabra era saña y pensé que la complicidad la convertiría en mansa. Y habló: “No se mi nombre ni mi apellido porque no tengo padre ni de madre he nacido, soy imaginada y deseada, oprimida, reprimida y a veces en el pobre medicada. En el rico soy ansiada, en el artista valorada y en el reo causa de perdón y muy amañada. Soy fea pero erótica, me desnudan con facilidad y siempre muestro mi sensualidad, soy bisexual, masoquista y sádica cuando entre colchones los tengo que amarrar. Me confundo entre los hombres y les doy de qué hablar, entre mujeres soy orgullo y vanidad, entre mares un Moisés capaz de abrirlos de par en par y en el espacio, ese asteroide que un día todo habrá que terminar. Los que bien conocen me llaman locura y me abrazan porque en mí encuentran libertad, el sabio en mi aprende porque en la rareza está el sublime pensar, el místico encuentra su refugio y el niño esa diferencia que de los demás lo puede apartar.  Muchos me respiran aunque no tenga oxígeno  que aportar, otros me idolatran porque soy otra manera de avanzar y los menos me juzgan porque sus dedos no tienen otra cosa que señalar. Soy de todos y de nadie, viento y aire, bandera y tristeza, melancolía y desastre…tímida pero también perversa. Tiento al poeta en sus escritos, le invierto las limosnas al mendigo, junto votos al dictador elegido y le miento al pecado para que no caiga en el olvido. Estoy loca, de alma hermosa, de corazón travieso, de piel tersa y también si quiero, visto sedas y no cualquier cosa.”
              Me quedé amarillo y sin aliento pero desnudo, en ella estaba dentro, ¿cómo fue el evento, que sentirlo se me fue sin saberlo?¿como sucedió la copulación, si no escuché grito ni gemido, solo esa sensación de haberme ido? Quizás preñé un vacío o las caricias en un segundo fueron olvido, quizás eyaculé en vano sin un orgasmo notado…quizás de ella prendado, vivía burlado y en una locura desatado. De repente me vi solo, desnudo, mojado y con un vaso de vino en la mano. Sentía mis ojos desorbitados, la acera se reía y había semáforos para las hormigas, una Luna sentada sollozaba y del parque salían grandes arañas que habían tejido con dulce lana. Un delfín volaba, la mazorca caminaba desgranada junto a un rocío que su ventana a lomo cargaba, el silencio gritaba, mis sienes estaban en la espalda, el cigarro me fumaba y el cielo de verde se pintaba. Seguro que no había magia pero la farola imaginaba, la pared se salía de su fachada, los portales yacían en el tejado y las chimeneas, en alcantarillas, su humo chorreaban. Regresé a mi casa, me tiré a la cama y me dio una patada, la mesita de noche soltó una carcajada, atónito vi como mi almohada abría la puerta y caminaba. Abrí el armario y los pantalones eran faldas, las camisas sin botones saltaban y entre las arrugas de sus mangas, cien polillas cenaban. Lo cerré y con la espalda en él me apoyé, exhalé, con mis puños mis ojos apreté y lo que vi después…Ciento treinta y tres libros de la estantería saltaron,  eran muchos y página por página me abofetearon, de la parte alta voló toda una enciclopedia de veinte volúmenes hecha, tomo forma de escalera y me dijo que la subiera. Obediente lo hice y un libro de Nietzsche me azotó las posaderas, en mi frente se pegó una Biblia y entera tuve que leerla mientras Cervantes y su Quijote me susurraban que aquellos molinos, de viento no estaban hechos sino de envidias y azufres de infierno. Las letras me atosigaban, las frases golpeaban y las tildes con agudeza me fustigaban. Las tapas no eran blandas ni mucho menos les tenía confianza, la estantería se resquebrajaba y sus astillas ya en mi piel se clavaban. Era un ataque premeditado y con suma alevosía preparado, un verdadero atentado que me tomó en vigilia, desprotegido y en una profunda locura sumido. Pero lo peor estaba por pasar: desde el piso un pequeño libro mostró con vehemencia su filo, a la mesa subió, la lamparita sola se prendió, empujado por millones de letras… tanta fuerza me sentó y cuando asustada mi alma lo miró, el libro, totalmente en blanco, se abrió. De la nada una musa se pintó, y luego otra y otra…la más hermosa en mi cabeza sus manos posó y con brutal delicadeza del libro me enamoró, a él me fundió y me abrazó, respiré sus blancos y me leyó, olí ese perfume que del papel un día nació y cuando una lágrima de mi ojo salió, el cielo se sobrecogió, su verde por un hermoso azul cambió y la musa me besó. En mi cabeza vivía la música, el corazón latía y latía, la ventana con fuerza se abrió y cien viajeras  plumas desde cien tormentas se clavaron en todas mis venas. De mi sangre se llenaron, poco a poco todo me chuparon, la inspiración encendió mi legado, el sentimiento era grande como un lago y las letras en cascada llenaban cada espacio de blanco. Eran vocales, acordes, consonantes, bemoles, pequeñas leyendas y ardientes vestales, velos de novia, emociones y nostalgias, melodías y ceras perdidas, tintos y borracheras jamás escritas. Todo valía, el alma se abría y una luz desde mi interior chorreaba tanto amor que incluso tanta locura se rendía. ¡Ay amiga, le dije con osadía!¡Creías que no podría!¡Ja,ja,ja! Por mucho que me poseyeras, jamás en ti me vendría porque no fue tanta tu osadía, sino te diste cuenta andabas en tus días y por si acaso un preservativo siempre cargo. ¡Ja ja ja! ¡Locura mía! ¡No te atrevas a decirles que fuiste mía, que comí sandía o cualquier otra de tus mentiras! Porque la mona aunque se vista de seda, mona se queda y tú mi locura… fue un placer conocerte, un honor obedecerte, un orgullo por un momento tenerte y un libro escrito que gracias a ti, por siempre vivirá en mi mente.