https://publishers.propellerads.com/#/pub/auth/signUp?refId=Tilr HISTORIAS DE ITACA

viernes, 16 de febrero de 2018

EL GRAN SILENCIO DE UN DESEO



                                          Salta una lágrima, la recoge la mano, despacito la regresa a su ojo y recorre su camino al alma. Cree el nervio que la soltó, quieto mira el músculo e irreverente la adopta el corazón. Vive en él, juega comba, esconde sus humedades y entre ventrílocuos se abriga. De piel se viste, de sudor se adorna y entre vísceras vive. De repente surge un espasmo, nadie sabe, nadie oye, nadie opina, vibra, se siente sola, la empujan, se queja, grita, no quiere, se agarra con afiladas uñas a la garganta ,la llaman “deseo”, se llena de iris…Y cae.
                         Envejece un deseo en el tiempo y permea profundo su espacio, eriza la piel su poro, expande el beso una caricia,  la mirada pierde sentido y explota imaginación. Juega el pensamiento en el gran vacío de la mente, se atreve una ilusión a ser sueño, abre el corazón su puerta y llora el alma a través del ojo de una distancia. Crecen raíces en lo más profundo de la pasión, brotan ríos en el deseo erótico de un escrito contenido, una mano se llena de espuma y la otra aplaude con el aire, no se atreve la voz con la trémula palabra y deja que la tinta escriba sangre en el papel de una esperanza.
                        Se abre el gran libro y las leídas páginas de una existencia, se lloran, se acarician, se recuerdan y se juran no volver a repetir sus versos. Es tanta la intensidad, es tan orgullosa la promesa de ser amado y tan grande el silencio, que el solitario abrazo, grita y grita, gime y araña paredes, arranca del viento sus olores y rasga cada hilo de sábana que cubre su cuerpo. Reclama el eco de las montañas su ruido, el trueno su aterrizaje y el huracán su devastación…Exige el tiempo su destino, la última carta su firma, la ventana su empapado rocío y el hombre, su mujer.
                       Camina despacito la niebla sobre piel, sus calles están vacías, sus aceras húmedas y los portales limpios. Despuntan su vigor los rasurados vellos de ayer, esconden su avaricia las viejas arrugas y el lunar reclama una caricia. Aprietan los dientes sus labios y la lengua le recuerda a la imaginación que un día nadó en otra piel, que le dio saliva de otro sabor a su garganta y que otros labios abrigaron el dulce frío, que sintió profundo aquel beso, que se enamoró de aquella boca y que aún en su sueño, lo busca papila a papila. Desciende el fuego y toca dulce el pezón del corazón, late duro el pecho, ensancha el músculo su coraje y el hombro encoje bíceps a bíceps su fuerza. Cruje la brasa en el vientre y nace un escalofrío en el ombligo, un temblor retuerce los intestinos, recita la cadera la contorsión de su cintura y las piernas se tensan, los pies se alargan y el deseo sufre…El silencio estremece, el vigor crece, se prenden las ceras de los sentidos, la mirada se cierra, la boca ensaliva su garganta, la mano empuña, el tinto gotea y la vela chorrea suave, intensa, tersa, húmeda y valiente. El deseo le ganó al silencio, el aire grita y el suave viento de un recuerdo, gime en piel.
                      Amanecen las desgarradas sábanas entre las blancas paredes de una maldita soledad…amanecen con ansiedad, manchadas de recuerdos y ávidas de verdadera humedad. Le explica el rocío a la taza, que su café no es de verdad, le cuenta la brisa a una ansiedad que no viene de su mar, recita un verso el juglar y nadie sabe a qué poeta gracias dar. Revienta el tiempo su capacidad de pasar y se detiene para que este gran deseo tome su silencio, su mochila de sentimientos y empiece a viajar. Dar es amar y es menester una compañía tener, no hay peor silencio que la intensa y solícita verdad, no hay mejor deseo que poder el alma regalar y no hay verdadero amor que no sea entrenado antes en soledad. Dice el sabio que es animal el placer, de humanos entender y de ángeles amar, que una gota no es lluvia pero su humedad puede explicar un sentimiento, un sentimiento que escribe deseo y en su silencio aprendemos que amar, es parte de la soledad.


         

sábado, 10 de febrero de 2018

EVA Y ADAN...



                Gira brusca la tormenta en mitad del bosque, sacude el trueno un viejo aire, grita el cielo y la densa lluvia clava sus alfileres sobre algodón de niebla. Tiembla el árbol, supura ámbar su corteza,  la rama cruje y un rayo, su raíz de cuajo arranca. Mueve la Tierra su eje, cambia la Luna su reflejo, se funde el iceberg y el Sol se inmola en su esencia. La glaciación somete paisajes, pinta al hombre de nieve y el gran témpano del tiempo lo guarda.
                Viaja una naturaleza virgen desde el confín del principio: tersas, suaves y afiladas montañas, suculentos valles y hermosos ríos, brisas y pintados rocíos, oxígeno puro, nieve hecha musgo en piedra, lienzo de cielo en azul supremo y ocaso enamorado de rojo carmín. Suda el verde su miel de azahar, absorbe el volcán su lava, despacito se dibuja tierna la perfecta imaginación y descubre el sueño que duerme en brazos de la ilusión. Suspira la sublime creación, abre su garganta la Tierra, grita el cielo y llora el mar su sal, esponja sus labios y le pide al viento que la llene; poco a poco engulle sabiduría, belleza, arte, viejos versos y nuevos colores, ternura y paciencia, sensualidad y religión…Y lanza el primer gemido; traga dorados barros, el polvo de mil estrellas y el reflejo de cien lunas…Gime otra vez,  intenso y querido, fuerte y sentido, come redondas piedras de río y contorsiona, bebe el tinto del fuego y el espíritu arquea su alma. Gime por tercera vez, el universo estremece su espacio, la espalda se abre y el orgasmo natural esculpe su obra de arte: la mujer.
               Descansa la nueva Tierra, madre suprema, creadora y tierna. Y la mujer la mira, la llora, inventa una sonrisa y ama su piel. De su calostro bebe, de su fuego embellece y de sus raíces aprende. Suspira al cielo un deseo y una legión de ángeles cabalga y crea sentimientos. Uno por uno son enterrados en cada molécula de alma, uno por uno son sentidos y necesitados…Uno por uno son queridos y recitados. Descubre el rayo su poder y con una suave caricia  desvanece la plata umbilical de su ser. Camina la mujer, sola y perfecta, hermosa y desnuda, oliendo a tierra y sudando mar. Viaja la historia y las huellas envejecen al caminar, el deseo no se escribe en soledad y nace una ansiedad, esa ansiedad que duele por no amar, por no tocar, por no besar. El idilio es imperfecto en el vacío, el abrazo entre sus pechos es insuficiente y la mirada roba letras en el libro de una incipiente vida. Suelta cabellos en cada hombro, eriza cada vello y valiente adentra su estampa en busca del hielo. Brilla el gran témpano, el suspiro ilusiona, el hombre espera y la mujer se atreve.
             Se acerca y deja que corra su aliento en caliente vaho, quema con su dedo cada arista de hielo y le `pide al Sol una tormenta de fuego. Desnudo el hombre la mira, la desea y le pide que de él sea.  Gota por gota el deshielo araña su cuerpo, caen los vellos y se aprieta la quijada, el silencio muerde, la piel abre cada poro, se contorsiona el vientre, la mujer lo mira, lo entiende, lo ama, lo desea y lo tiene. El espacio se contrae, frente a frente, los senos hundidos en su pecho, cosquilleo entre piernas, un suspiro compartido, un aliento comido y un beso sincero escribe su osadía y ya roza labios. Escurre sus dedos entre cabellos, la mano aprieta su muslo, el corazón late, el alma siente, el sentimiento nada y una ilusión permea el sueño de un deseo.  El calor es intenso, el témpano cae, desmorona el hielo su agua, embravece el mar, los cubre de espuma y deja que sus pieles se marinen de arena y sal. Besan las bocas y comen las lenguas, huelen los labios y las miradas acarician, desahoga el instinto su animal y el universo vibra, enreda la serpiente su árbol, penetra dulce el veneno y la mujer absorbe todo el jugo de aquella suculenta manzana. Se reinventa el ser, se imagina el dibujo, fluye puro lo erótico y el cuerpo desparrama sus óleos. Son uno, música y canción, manos y guitarra, maple y violín, cálido humo y ronco saxofón.
           Se preguntan y no se conocen, se sienten y miden respuestas. Entienden que una caricia no admite cuestión y que un beso empieza la canción, que una mirada descubre el alma y que un aliento vestido de suspiro, es un deseo permitido. Saben que un vals se puede bailar acostado, que el mejor viaje es cuando su cuerpo te reservó habitación, que un reflejo de Luna es promesa de sentimiento y que un abrazo desnudo, es absorber por completo el alma ajena.
           Esconde el tiempo su prisa, arde despacito el crujir de la brasa, la ternura pega piel y el beso se pierde dulce en la espalda. Los miran del cielo y desde la Luna los aman, los funde en melodía el músico y el pintor los retrata en su aceite, talla el escultor su desnudez y los escribe el poeta. Son complemento y verso, historia de amor y leyenda de viejos amantes, un Adán y Eva no conocidos antes, una Eva y Adán que así no nos explicaron.
              

              

              
              
                

viernes, 9 de febrero de 2018

VIDAS ETERNAS...



                            Cruza el amor la frontera del alma, viaja el espíritu disfrazado en la ternura del eterno deseo, encoge el infinito su distancia y se atreve `profundo el eco del universo. Llueven cometas entre miles de años, alarga piel la Luna en su sensibilidad y seduce una sonrisa, el placer por amar.  Se adentra mi mar en el bosque de los sentimientos, busca el alma el amor que la cruzó y revienta sombras la inquieta soledad, entre musgos y sentida humedad. Rompe la osadía su edad, corre el niño y busca llenar sus puños de ansiedad, rompe una lágrima un sueño, emerge tersa la ilusión en el pensamiento y cruje su rechinar la esperanza, cuando el corazón abre la vieja puerta de su soledad. Trasciende el hombre, en el espacio se desnuda y abre sus brazos, sabe la memoria que su plateado umbilical no tiene principio ni fin, escribe el amor su leyenda entre vidas y busca el alma la condición gemela de su existencia, entre el polvo de mil estrellas. Viajeros somos y en la música del universo bailamos, de pasión nacemos, en oxígeno crecemos y en el amor escribimos el porqué,  de la existencia del alma.
              Recoge la mujer su belleza en el fetal abrazo de la tierna fuerza, acaricia vacío en sus manos y las llena de miradas, siente latir el corazón en sus palmas y cuando recoge puños de sueño, siente el gemido que jamás se acaba. Se toca y comprende, eriza su piel y suave arquea su espalda, respira intensa y exhala deseo, muerde labios y su garganta humedece miel, cierra los ojos y la imaginación pinta de colores y rimas la poesía de su alma. Espera, despacito lo ama, en silencio posee su mirada, con piel lo desea, de sudor se baña, huele su mar, le regala sus cabellos al viento, desnuda sus miedos y jura eternidad. Contiene el grito, aguanta el gemido, leve sostiene la calidez de un suspiro, abre sus brazos y se funde en dorados hilos de plasma que visten de cielo y seda la pureza del amor.
              Desgarra un violonchelo el aire entre sus cuerdas, suena tenue el cálido violín y se atreve a latir despacito la tecla de un lejano piano. Perfora al alma su nube, un aliento invade el espacio y el tiempo extiende su acorde hasta el no límite del infinito. Sueña el cielo y se abriga de Lunas, siente el viento un escalofrío en su piel, ruge su arcoíris el Sol y suda un paso más,  la profunda humedad del amor.
              En la eternidad te conocí porque de ella estamos hechos, en añejas vidas te amé, en diferentes espumas te disfruté, con distintos colores te dibujé, entre mis besos te imaginé y de tu espíritu clavado en mi alma me embriagué. Rascan las uñas de mi cielo cada una de tus nubes y deshebran despacito cada hilo de sentimiento, tu suspiro escribe mi historia, en tu grito vive mi deseo y en el gemido nuestros nombres vibran. Dame tu mano y escalemos la montaña más alta, conquistemos la cumbre y miremos la nieve en nuestras manos, robemos al mar su más tierna ola y dejemos que nos arrulle de arena y sal, pintemos otra línea en el  horizonte y quizás el viento le robe espacio a la distancia. ¡Sueña! Porque el tiempo jamás existió, el espacio es utopía y la eternidad, nuestra vida…¡Sueña! Porque soy artista y te convertí en ángel, eres melodía y en ti transforme deseo en poesía, soy aire y tu el rayo que me traspasa, eres mujer y yo el hombre que la eternidad, dibujó a tu lado.
               Abrázame y deja que el eco te repita una y otra vez en mi piel, háblame que con atención mi alma escucha, explícame las gotas de tus lágrimas porque mi corazón late fuerte en el silencio de mi holocausto, acaríciame porque pintaré tus dedos en la imaginación del cielo y los envolveré de río, bajando por la mejilla y tocando mi pecho. Ámame generosa porque mi suspiro es tímido y quiere gritar, poséeme y déjame entrar porque tu contorsión consiente mi deseo, tu espalda me pertenece, tu vientre seduce y tus pechos ya recorren las grietas de mis labios. Me atrevo y arrodillo todo el instinto porque la música ya hizo el amor con tu mirada, el fuego de mi alma dejó sus brasas en cada poro de tu cuerpo y la eternidad conjuró su tiempo en las raíces de  nuestra historia. Vidas eternas que se dan la mano, vidas eternas juradas en amor…vidas eternas, escritas en el universo.


               

sábado, 20 de enero de 2018

DE TI GANAS TENGO


              Escuchar tu voz no puedo porque fuerte estremece el dulce deseo.
              Pintar mi sudor en tu piel no debo porque me desvanezco en el sueño
              Sentir tu alma es besar mi cielo, guardar tu mirada es llenar mi Luna de celo
              Dibujar con mi lengua la curva de tu seno, es vibrar olas en el mar de mi viento.

              Porque comer tu cuerpo satisface la sed de mi aliento, dejar que mi saliva nade entre  tus labios es mecer pecados en el columpio del infierno y ahogarme en tus humedades, es pintar de miel el profundo gemido de mi deseo.
              Mujer que naciste imaginada entre las ubres de mi poesía, letra soñada que estremeces el erotismo de mis versos, rima seducida y cantada, estrofa de vida que me llenas de sangre y tinta, pasión que arrancas hilo por hilo las cicatrices de mi cama…mujer, destino y fragancia de mi alma.
              De ti ganas tengo y merecerte es mi destino. Escribirte es necedad de poeta y amarte, necesidad de un hombre que adorarte quiere. No hay óleo más hermoso que tu sombra pintada en mi Luna ni dibujo con más carbón que una pestaña de tus ojos tatuada en mi pecho. No hay silencio más profundo que el suspiro abrazado en tu garganta ni piel más mimada que la que toca tu dedo cada vez que me amas.
              Júrame tu amor porque de ti necesito estar lleno, imagíname despacito en tu sueño porque ya le robé prisa al tiempo, recítame con tu sentimiento porque de él enamorarme quiero y déjame un lugar en tu pensamiento porque entre tus sienes abrigarme quiero. Mujer mía y de nadie más, ternura de amor y nostalgia de mar, velo de Luna y erótico viento de mi soledad, dime cuándo, dónde y cómo te he de amar.
              De ti ganas tengo y reto espacio a mi soledad, por ti de amor muero y reto al cielo su eternidad,  junto a ti un beso deseo y reto imaginación a tanta humedad, a ti amarte quiero y reto de amor, los mil colores de tanta ansiedad. De ti ganas tengo y si puedes escríbeme, siénteme, tócame, desnúdame, poséeme y ámame en profundidad, siente conmigo el intenso gemido y cuando tu alma exprima su último jugo, te juro que este hombre de su mar te llenará.



viernes, 19 de enero de 2018

LA CARTA.


                 No se atrevió el cartero y aquella carta caminó sola a su casa. Abrió la puerta un viejo perro, la tomó en su boca y como periódico envuelto la dejó entre las zapatillas de su amo. Cantó  el amanecer un ocre y cansado canario, el gallo miró de reojo una Luna y acarició su gallina mientras un gato buscaba desahogar sus fantasías en cualquier pecera. Se preocupó el tiempo, el cielo pensó, una vieja nube encogió su algodón y lloró generosa un manto de  lluvia. Permeó en alto porcentaje la humedad, empapó de gotas aquella casa, el Sol se atrevió y mostró incandescente sus destellos de fuego, un intenso vapor llenó el aire, abrazó con fuerza aquella alfombra… y la carta se abrió.
                  Olió el perro aquellas letras, el canario calló, el ambiente se abrigó y la gallina, de frío cacareó. Impaciente por sus zapatillas, arrugó el amo aquel papel extraño, empapado y ensalivado por su consentida mascota, con él su basura llenó, anudó la negra bolsa y a un lado de su puerta la dejó. Exhaló su amor aquella carta y en la pretensión de ser leída, dejó que su firma, un grito soltara.  Sonó un dulce eco entre las paredes de aquel portal, un mendigo se acercó en busca de un seco pan, abrió la bolsa y la carta a sus manos brincó, se pegó a sus dedos y por más que de ella se quiso deshacer, no lo consiguió. De ella salieron una por una sus letras, sus puntos, sus tildes, sus comas y sus versos, también sus razones, sus deseos y aquellos sentimientos que por intensos un día la escribieron. Sintió aquel hombre que estaba poseído en un romance que no era suyo, en unos deseos que jamás había tenido y en una pasión tan incontrolable que toda su espina dorsal se arqueó en un alucinante escalofrío. Caminó calles, miró su norte, abrió una mano al cielo y la otra se hizo puño, no entendió, no supo respirar tanta delicia, no quiso mirarla de frente…porque nunca a leer, aprendió. La sintió profunda, pensó sus emociones, soñó  aquellas escritas imaginaciones, desgarró uno por uno sus anhelos y la vivió…deseó, amó, pero no pudo recordar. Su vida siempre respiró soledad y quizás aquel portal, que un día fue cuna, hoy sería una oportunidad.
                  Miró con desafío su cielo, comprendió que del vacío nació y que aquella carta estaba desnudando su vida interior, una vida estudiada, meditada y jamás comprendida. Se desbarató la ceniza en la inconsistencia de un recogido cigarrillo, fundió ceras una vecina vela y caminó sus prisas el tiempo en el espacio de su alma. Voló intenso un sentimiento entre las sábanas de aquellas letras y crujió el dedo su hueso en el puño de la esperanza. Se diluyó el bosque en su noche y resurgió el maldito laberinto de las emociones, despechó la soledad su silencio, fluyó quedito el caliente aliento entre sus labios y un suspiro siguió esculpiendo cada grieta de su alma. Arrancó una tristeza pedazos de insomnio, no se atrevió una lágrima y la mejilla tembló, el ojo se cerró y nadó la mirada entre los blancos y tibios grises del sueño. Sudó la piel su nostalgia, abrió el poro su deseo, escribió sus tildes el miedo y un oscuro frío abrigó de hiel su corazón errante.
                 Cicatrizó una perdida melodía de calle la recordada música de aquel escrito amor, el aire envidió caricias, las ventanas olvidados rocíos y una imaginada almohada, el olor de aquellos descritos cabellos. Creció intenso el deseo, se desbarató dulce el sentimiento y la ternura se llenó de sueño. Del interior sintió correr su niño por una ilusión, la vida necesitaba reescribir su historia, el sabio destino poder comprender aquellas letras y aquel hombre, firmar en su libro, que fue leyenda de un amor perdido. Sonó lejano el violín de un estremecedor pasado, gritó ronco el saxo en su cueva de alcohol y tabaco, olvidó el piano su playa y se perdió la dulce flauta entre las alas de cualquier ángel. Gimió profunda su alma, latió su rutina el corazón, lloró el anhelo aquella ilusión mientras el fundido chocolate bailaba espeso en una espalda dibujada, en quien sabe qué esperanza.
                 Poseído por aquellas letras, renació virgen el himen de su espíritu, contorsionó la sensibilidad cada vello de piel y entre melosas sombras, cabalgó desnuda, el ansia por sentir un abrazo. Discutió olor una añorada fragancia y una seca saliva derramó un pedazo de vida entre las comisuras de la nada. Aquel hombre sintió sin poder leer una carta que no le correspondía, un amor que el destino no le había escrito y un calor de portal que desde su cuna no había conocido. Durmió y al Universo se pegó, soñó y su alma se abrió, vió, su corazón de luz se llenó y una sensación vivió: le pidió el cielo al escultor que de piedra lo hiciera, la Luna al pintor que de aceite la mimara, el mar al viento que de olas lo llenara y la Tierra a su horizonte que de ilusión se le pegara. Encendió la musa una pequeña luz, un hada lo cuidaba y un viejo leño lo abrazaba. Respiró el animal y sufrió el hombre, el alma lloraba y desvanecido, perdido en sus latidos, su corazón sollozaba. Gritaba la rosa porque había perdido su último pétalo y corría el jardín en busca de un nuevo paisaje. Se abrieron sus manos y entre puños amarraron aire, soltó la garganta un intenso vaho, tembló su lengua ese sabor a mujer y escupió su miel, el calostro de una sentida humedad. Vagó perdido entre el más dulce de sus secretos, arrancó sus costras la cosida intimidad y desmayó su hambre interior, el verso de tanta profundidad.               
                 Se despidió la carta de aquel hombre, pero en él sus letras dejó. Convertida en blanco papel, se arrugó y despacito en la negra bolsa murió. Despertó sus ojos el mendigo, levantó su historia del portal y decidió amar. Dejó que un extraño leyera el remitente tatuado en su mano y le contó cómo llegar. Imaginó y su barba rasuró, se llenó de río y su alma limpió, frotó su cuerpo de pino y hojas de jazmín, le pidió al cielo una nube prestada y con su algodón vistió su estampa, mascó granos de café y una varita de vainilla, robó unas gafas y una pluma de fina ave, caminó elegante y tocó suave la madera de aquella puerta. El amor abrió, el hombre tembló, la poetisa entendió y lo escuchó: “un deseo quemó mi portal, vibró el ansia y cada molécula comió de tu verdad. Soy lo que conozco que fui, explico lo que siento, sin saber leo lo que escribes y recito solo, el sentimiento que hay en mí. Robé aliento a la vida y en un suspiro de tiempo te imaginé, dejé historias que el albedrío se llevó y cuentos que en mi mesita de noche, jamás nadie me leyó. Juzgarme se atrevieron y ninguno de mis dedos los señaló, golpearon mi cara y mi otra mejilla los tumbó, fui presa de un cazador y de la jauría nació, mi libre pensador. Me refugio en el pensamiento, en el dulce pesar, viajo en mi interior y respiro vida y profundidad. El destino, el amor por años me negó, fui mendigo y un gran imaginador, pero siempre hombre y soñador. Sentí tu carta como nunca la hubiera leído su destino, deshebré cada hilo de cada sentimiento, besé cada uno de tus alientos y viví cada uno de tus sueños. Solo te quiero amar en verdad, sentirte y poderte tocar”.
               La poetisa abrió su alma, desnudó su cuerpo, arrancó la camisa de aquellas letras y dejó que sus besos llenaran de caricias cada vello de aquel ávido pecho. La poesía se llenó de vainillas y fundidos chocolates, de fresas y cálidos azabaches, de erizadas pieles y queridas humedades… tocó el violín una caricia en cada dedo, la pureza prestó su pincel, el deseo pintó de sueño aquella pasión, el sentimiento goteó en cada poro y el sudor se convirtió en miel. Las miradas perseguían un te quiero dentro, los labios besos, la ternura su cielo y el orgasmo su escondido y añorado anhelo… Y aquel hombre amó, tocó y por una carta que jamás nadie le mandó…por fin, sintió. Desde aquel día, la poetisa escribe y el mendigo lee su alma, el hombre ama y la mujer es acariciada, la Luna guarda sus noches y el cielo los tapa,  fluye pura la esencia del sentimiento y el amor, ya no viaja en una carta. 


  
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
               
                  
                

                 

lunes, 15 de enero de 2018

MUJER, LA CARICIA DEL VIENTO.


                   Estaba un viejo sonido componiendo notas en un piano enterrado en la playa de su mar.  Caminaba su mirada perdida en un irrelevante horizonte, un oscuro vacío lo envolvía y la tinta  de su melodía, no dibujaba expresión alguna en el pentagrama del cielo. Era tanta su tristeza que la disfrazó de lluvia y dejó que resbalara por sus mejillas: lágrimas densas y transparentes, mordidas  en cada grieta de labio, deseos cubiertos de hiel que arañaban cicatrices hasta el fondo de su garganta…velo de viejas ansias que cubría poro a poro, la membrana de su alma.
                  Imaginó un regazo y de sus gotas lo llenó, de sudor las envolvió y un atrevido viento, en caricia las convirtió…y era dulce y suave, brisa y rocío… nadó mar, se atrevió y de su espuma se llenó, en aquella arena rodó y dejó que unas manos de mujer, la moldearan en una suave duna de triste amor. Encogió la playa su ocaso, la Luna se mostró y una estrella bajó. Un destello brilló y la duna se desnudó, era tanta la caricia que erizó grano a grano su temblor, era tanto su cariño que aquella mujer su piel le pegó…era tanto el sentimiento que el cielo, cambió de color y la tristeza, voló.
                 Y la caricia era mujer y la mujer, caricia. Era tocada y sentida, deseada y peinada, escrita y de brisa mojada, preñada de ternura y leída en el fondo de su alma. Caricia y mujer, sencillez y desnudez,  poesía y hambre de sed.

                Fundió la noche sus sombras en la nostalgia, el piano dejó de tocar y el viejo sonido soñó, se partió en eco y suave música, en vibración y dulce gemido, en grito y suspiro. Imaginó el destino de aquella musa, de fina seda la vistió y dejó que la traviesa transparencia caminara excitación en cada pliego del hombre. Cosió su piel con mil gotas de cien fragancias, pintó su espalda con los pinceles de soñados azahares y rizó sus cabellos con los aceites de mil aceitunas. Le pidió al rayo que su cuerpo depilara para que ningún vello se atreviera a transgredir su figura y al mar que esculpiera cada uno de sus dedos para que sus caricias latieran como corazón de mimo. De un reflejo de Luna dibujó sus ojos y le pidió al cometa que arrancara pedazos de mar, de verdes valles, de cafetales y de grises cielos, para darles color. Era tanta la hermosura que la caricia la enceló en toda su posesión, la llenó toda y la penetró hasta besar sus entrañas: escribió ternura en sus ojos, suavidad en sus manos y deseo en sus labios…tatuó el sudor de la pasión en su vientre, humedad entre sus muslos y escalofrío en cada pecho…pintó de calor sus piernas, de seducción sus caderas y de sensibilidad sus brazos…arrodilló su música, desgarró su eco y despacito le habló: le explicó que el erotismo sería un hermoso fuego, que su palabra rendiría estrellas, que ante su mirada aullarían mil Lunas y que su elegancia escribiría deseo en las mieles de cada poesía. Mujer y caricia, caricia y mujer…Mujer, la caricia del viento.




sábado, 13 de enero de 2018

EL VIEJO AMANTE.


                   Se contorsionaba el árbol en su viento, una madriguera le preguntaba al frío y el hongo se arrastraba en ajenas humedades. Aquella vieja casa ya sudaba siglos, sus paredes nostalgias y sus lámparas, olvidados petróleos. Pintada de niebla y años, admirada por el cielo y el musgo, guardada por cien arañas pendientes de sus telas y con cerradas puertas, protegía al espectro de un viejo amante: un ser que no era hombre ni mujer, un espíritu libre, un pétalo de luna y un alma poseída por el corazón del amor. Era esencia y aroma, fragancia de tierra y ternura de lluvia, deseo de mar y pasión de trueno…fantasma y amante. De blanca pureza y pálida semblanza en la soledad, caminaba despacito sus jardines, quedito olía el paso del tiempo, de tanto en tanto un suspiro susurraba y muy a menudo, perdía su mirada en el reflejo de una Luna que ya era añoranza. Escribió su vida en la fuerza del abrazo, su libro en la esperanza de un último beso y arrodilló el postrero deseo de su incipiente muerte, en la pasión por conocer una vez más, el intenso gemido de su alma.
                   Olía la noche a pino mojado y el aire a congelado olvido, rechinó el portón como mazmorra inquisitoria, las ventanas temblaron y medio se abrieron, el espectro se materializó y una dulce voz, arrulló la cuna de aquel amante. La vio doncella y él jamás una virginidad desbarató, la sintió hermosa, cauta, con el miedo de la duda y con sabor a ignorancia. La miró y lo miró, el destino imaginó, un sueño apuntaló cimientos y la vieja casa se dejó. El aire se volvió luz y el suave abrigo del amor, envolvió a la doncella. Oscureció el cielo cualquier camino y tapó la nieve cualquier huella marcada, lobos en manada aullaban y pequeñas estrellas enfilaban las agujas de sus destellos, entre grandes cauces de ríos y lavas.
                   El día fue marcado por el esotérico llanto del destino, la espera había terminado y aquella noche abrió de par en par, la última poesía de aquel viejo amante. Él lo sabía y ella presentía que algo pasaba, sus ojos hablaban de un último deseo y ella no los ignoraba, la lengua humedecía sus labios y ella quería, una pasión sudaba en su piel y ella ya lo deseaba. Se abrió el alma y la doncella desnuda la bailó, el amante vibró y fue hombre y mujer, pezón y vigor, fuerza y ternura, caricia y explosión, espalda y seducción, erección y contorsión, sudor de hombre y dulce humedad de mujer. El viento atrapó el vaivén de las ventanas y habló en nombre del Creador, entró la nieve y el rayo fulgurante aquel comedor atravesó,  la espesa miel de la energía cósmica todo lo lleno: resbaló paredes, pintó muebles, aterciopeló fuego, de pétalos recubrió cada poro de suelo, de saliva cada gota de aliento y de exótica vainilla cada copo de nieve. El amante se retorcía y gritaba su animal, la doncella su cuerpo arqueaba y respiraba suspiros en lo más profundo de su garganta, las uñas rasguñaban, los dedos corrían, la piel brillaba, despuntaba oro el rizo de un cabello, trascendían los besos a sus labios y las almas mordían, juraba la ternura sus tatuajes y en medio del aquelarre de todos los sentidos conocidos, el amor se desnudó, el cielo reivindicó su color y la Luna rasgó su manto de seda y cubrió a la doncella y al viejo amante.
                     Reventó el amanecer aquella encelada poesía, las montañas secaron ríos y empujaron sus lavas, el calor fue divino, el fuego intenso, desapareció la nieve, la senda, la vieja casa y el viejo amante. Refugiada la doncella en un iglú de cielo, acariciaba la desnudez de su vientre, la soledad de su alma y la incipiente preñez de su amante. Caminó entre los escombros y cuando lo sintió, recogió sus cenizas. Con ellas llenó sus manos, apretó puños, sintió fuerza y una lágrima lloró. A lo lejos un aullido escuchó, la Tierra se movió, el Sol corrió, una joven estrella inventó noche, una Luna con nuevas sedas sonrió, por doquier brotaron ríos, el mar embraveció, la doncella cerró su mirada y dejó que sintieran los ojos del alma. El cuerpo absorbió su embarazo, se percibió diferente y atravesó el espejo de su desnudez: era hombre y mujer, un espíritu libre, olía a pétalo de Luna y su alma estaba poseída por el corazón del eterno amor. Depositó aquellas cenizas entre las raíces del árbol más joven, las regó con gotas de lágrimas y sudor, besó aquella tierra y esperó…esperó que aquel viejo amante soltara la última fragancia,  el beso que mordiera su alma y el epílogo que cerrara el libro de su poesía. Una leyenda se escribió y la vieja casa por siempre olió amor. El portón se cerró, el camino abrió la senda y el lobo aulló, un espectro se materializó y el viejo amante escribió: el amor es  energía y siempre es, no es creado ni destruir se puede, solo se transforma, se vive y se sufre.