lunes, 11 de diciembre de 2017

TENTACIÓN


                   Rescata el piano sus notas,  duerme la flauta en el susurro de su aire y apaga el puro del jazz un viejo saxofón. Se reinventa el éxtasis en el agudo violín y grita una trompeta su dulce melodía, se moja una piel y el verso se escribe despacito, suelta gotas de miel un gemido y la tentación camina de bar en bar.
                   Sentada, sin hablar, la copa a medio llenar, vestida con seda de ilusión espera la dulce tentación. Sirve el cantinero y de reojo la mira, un viejo verde la remira y un humo envaina su niebla y esconde ojos. Se prende el ambiente y medio oscurece el latido, sudan las manos y tiembla el hielo en su vaso. Un dedo recorre labio, la rodilla enseña sabor, el escote enchina deseo y un sereno guarda las llaves del pecado. La tentación solo escucha silencio, lee mente y absorbe ajenos cariños, calcula distancia y propone ternura, piensa poco y quema un último cigarrillo.
                   Abren aceras queditos pasos, saludan temerosas dos farolas y una fachada deshoja  parte de su pintura. Camina el poeta entre sombras, viaja su alma rasgando aquí y allá un atisbo de inspiración, un taxi educa las buenas noches y el mendigo se queda sin limosna. Entra el hombre a la calidez de aquel bar, bajo su piel un verso desahuciado y entre su incipiente barba, una vieja caricia luchada. Se quita el sombrero y retira la primera silla que le presenta una mesa, el abrigo cae en su respaldo y deja que el vaho de su aliento empañe el sucio cristal. Llegan de sorpresa unas aceitunas, enredan madera los palillos y el suave y negro vermouth engalana de un recordado sabor su boca. Viaja el poeta por sus miedos, la tentación lo espera y él lo sabe, mirarla no se atreve, el hielo no se deshace y la mesa le muestra tímida su cojera. De repente un olor embriaga el sentido, un sentimiento escribe alevosía y un pedazo de piel arde entre sus piernas. Se levantan los ojos y de frente miran, la tentación reta, un sudor exhala prisa, huye despavorido el romance y punza fuerte el deseo por un placer. Piensa el poeta y su mano tapa boca, huele su vermouth y lo absorbe poquito, recuerda aquella caricia regalada en su mejilla y compra tiempo. Se huele y la feromona lo excita, cierra sus ojos y parece sentir, la tentación se levanta y a su lado sienta la miel de su piel. Se miran, el suspiro no se atreve, una lengua recorre su labio y la otra por dentro acaricia sus dientes, un pezón asoma transparencia y el hombre sufre el disfrute, la mirada es cadencia y el hombro seducción, la respiración intensa y profunda la exhalación…la mujer pregunta y el poeta escribe una inventada respuesta, la tentación se acerca, una humedad crece tersa, la complicidad marca el mismo destino y a lo lejos una cama se imagina sin sábanas.  De la mano del bar salen, el poeta y su tentación, la inspiración y su sombra, la nostalgia de una caricia y la excusa por una eyaculación, la verdad de una estampa y la mentira de una sugestión mal pagada.
                   Llega el poeta a su casa, mira frío su cama y la historia se funde como utopía en sus manos. Llora el verso su incomprensión y el nervio tensa una inspiración, la tinta salpica y la pluma tiembla, el viento abre ventanas y llega la musa, el hombre siente, el poeta imagina, la tentación sirve ideas en bandeja de plata, los sentimientos colisionan, el corazón late, el alma se llena, la emoción crece y la poesía escribe sus elegancias. Descubre la tentación que nadie la poseyó, que el portal fue su umbral y que aprendió que una piel sin un sentimiento es como un corcho sin su vino, seco por fuera y sin alma por dentro.



                    

domingo, 10 de diciembre de 2017

...Y LLORÓ AMOR.



            …Y quiso el hombre que la montaña se cerrara, que el mar se abriera y que enmudeciera el viento. Por un momento con su dedo tapó el Sol, su mirada deshizo nubes, el vaho de su corazón pintó rocío, expuso el alma y el grito del trueno, desgarró su espalda. Gateó despacito su paisaje, arañó de uñas el viejo fango, sintió el temblor del miedo y cuando quiso llorar, cien miradas lo juzgaron. Se rompió su corazón, escamó su `piel, curtió alma, se levantó y el primer sendero caminó. Sudaba intenso el sentimiento, sediento apretaba labios, un temor izó bandera, la inseguridad besó tierra y aquellos principios educados, desbarataron una por una las duras lágrimas de tanto dolor.
              Caminaba sin llorar, deambulaba por un laberinto lleno de espejos, de profundos bosques y de ocultas sombras. Lleno de preguntas esquivaba indolentes respuestas, pleno de emociones vagaba en espíritu,  oliendo su propio vacío disgregaba pisadas en el aire y mientras tanto el hacha del autoconocimiento descuartizaba rencores y remordimientos sembrados en su pecho. Fue el primer día que respiró las heces de aquel desamor, vivió el odio del abandono y el frío de la profunda tiniebla.
             Y llegó el tiempo del gran celo, de la pregunta eterna, de la expansión umbilical y del nacimiento de una razón universal. Rasuraba el espacio sus confines, el viento sideral probaba una rara alquimia con su aire, mientras el gran motor del vacío se llenaba de nada. Latía un músculo sus primeras fibras, un sentimiento se atrevía a sentir y un pequeño haz de luz, poseía una mirada.
             Y el verbo se convirtió en voz, el suspiro en gemido, el eco en grito y la voluntad en fuerza. El Espíritu se llenó de soles, una a uno los posó en sus manos y apretó con furia los puños: la respuesta fue eterna, la explosión viajó infinitos más allá de la etérea frontera, cada reflejo era rayo y trueno, cada vacío un espacio hecho de rocas y piedras y cada nada se convertía en millones de cometas que dibujaban núcleos de fuego y acero. Respiraba la creación y germinaban universos por doquier. El alma lloró y por cada lágrima se creó un mar, la piel evaporó sudor y en cada gota una nube nació, un divino escalofrío recorrió su vertebral columna y vibró la oscuridad, se creó un negro universo paralelo, un espejo de poder y en él,  el hombre se miró: sintió vejez, arrugas sin vivir, heridas sin una cicatriz, un corazón lleno de parches y unas manos tan vacías que la nada de ellas huía.
             Oscureció su color el cielo, el laberinto se llenó de estrellas y aquellos  espejos bailaban destellos por doquier. El profundo bosque nadaba en resina de ámbar y cada espina rasguñaba una gota de sangre en su piel. El hombre resistía pero el tiempo exigía, respiraba pero el espacio sofocaba, pisaba y la hierba quemaba… suplicaba y el eco callaba. La razón expandió conocimiento y el tormento creció, la imaginación dibujaba un blanco lienzo y las respuestas no llegaban, la emoción contenía humedades y las manos se hacían puños de frío. Ardía saliva la garganta, los dientes estremecían un chirrido, la lengua secaba sus papilas y poco a poco el ojo cerraba su mirada. Todo era pesar, el poder del hombre había sucumbido por la falta de aquel amor que no se atrevía ni siquiera a llorar, atrofiado el músculo y reseca la piel, nariz cerrada y pecho sumido, espalda arqueada entre fangos y malolientes lodos caminaba una figura dibujando poca sombra en el ocaso de su laberinto.
            Los espejos se cerraban cada vez más… agobiado sentía el ahogo en su propia sangre. No podía salir, no descifraba brújula ni entendimiento, el frío era intenso, el juicio extremo, los dedos señalaban y la senda edificó un muro en su propia vergüenza. Se atrevió la tristeza y desmembró su alma, pedía una bala su sien y una muerte su vida, gemía cielo su corazón y otra oportunidad, lo poco que de hombre le quedaba. Exhausto cayó, poseído por aquel laberinto un oscuro sueño lo abrigó, adoptó forma fetal, se cubrió de ocres hojas y durmió.
            Y llegó el tiempo de la condición astral, del viaje etéreo, de la dimensión de otro cielo y de la realización del alma en su gran Universo. Blandió espada el sueño y decapitó de cuajo cualquier pesadilla, caminó la imaginación por la surrealidad consentida, bailó el sentimiento en sedas de emoción y el profundo deseo abrió poco a poco los puños del frío. Llegó del infinito el Gran Centauro del viento, de la eternidad el minotauro del rayo, de la Luna las vestales y del mar las sirenas de Ulises. Vivió un paisaje de grandes molinos de viento y vio a Don Quijote hablar con ellos, un mar lleno de rojo y a Moisés partiéndolo en dos, su nacimiento y unas tijeras cortar su primera razón umbilical, la pureza del amor y el brillo de su alma en la gran conexión sideral. El cielo era de oro, el espacio música, el aire miel, el tiempo beso y su cuerpo destello…y sintió como la mano del Creador abría en dos su pecho, como metía sus largos dedos y como uno por uno sacaba miedos, prejuicios, falsas promesas, juicios sociales, educaciones vanas, silencios compungidos y guardados en el aceite de sus nostalgias, cobardías sembradas en el albedrío de ajenas mentes y una por una cada brasa de sus consentidos infiernos.
            Despertó el hombre, el laberinto mostraba rotos sus espejos y la senda lucía verde, hermosa, viva y con chispas de cien mil pétalos. El aire olía amor, la brisa a mujer y el rocío a piel. Las estrellas caminaban y poco a poco soltaban algún que otro escondido destello, mostraba el mar plata en su espuma, silente un arcoíris pintaba en aceite de almendras su lienzo y despacito el Sol copulaba con su Luna. Terminó la senda su camino, el horizonte se despegó del cielo y tomó figura de mujer, el santo grial bebió su cáliz y el hombre arrodilló sus bruces ante el festival del amor. La desnudez era intensa, el alma brillaba, el verso sentía, la poesía vibraba y por fin aquel hombre, lloró amor.


                   


CREO SABER...



                    Creo saber la razón…el por qué te siento cuando te acaricias, el por qué abro la ventana y me lleno de extraños besos, el  por qué en mis silencios se dibujan tus versos y el por qué mi cielo siempre te mira. Creo saber lo que siente el agua cuando te duchas, lo que sueña el enjuague cuando no quiere salir de tu boca, el temblor de tus sedas cuando te cubren y la posesión de tus zapatos cuando tus pies miman.
                     Creo en la fugacidad del tiempo cuando te pienso y en su eternidad cuando te siento, creo en el vacío del espacio cuando mi pluma escribe y en su utopía cuando tu virtualidad toca mi piel, en el profundo sentimiento cuando pierdo mirada y en la soledad de mis labios cuando recito sus grietas. Creo saber que tus lágrimas son gotas de resina que guardan la intensidad del profundo deseo, que en tu sonrisa destellan las estrellas y que en tus caricias guardadas, vive el libro de mi destino.
                     Preservo tu humedad en la cárcel de mi cuerpo…ya he dibujado en mi vientre la alcancía de nuestros sentimientos porque entre el alma y el corazón vive el refugio de nuestro amor, bajo mi piel la sensación de tus mimos y en mi pecho el dulce tatuaje imaginado de tus senos. Creo saber la tristeza de tu portal, la esperanza de tu día y el frío de cada una de tus noches cuando la distancia impide el abrigo. Creo que mis pisadas nada marcan si no estoy a tu lado, que mi poesía no tiene sentido si el verso no es tuyo y que cada rincón de mi cuerpo está seco si en él,  no fluye tu sudor.
                     Amanece tembloroso el rocío en mi amanecer. Tenue, danza una pequeña brisa y el pensamiento me recuerda cada segundo de mi noche. Le reclamo al cielo porque no te tuve y al Sol su poquito calor,  a mis sábanas el contenido egoísmo de un solitario erotismo y a mi almohada el por qué no contuvo la fragancia de tu olor. Necesito que la distancia arrodille su orgullo, que una vez más sienta vibrar tu cuerpo en mis manos y que tu mirada explique de una vez,  tanto vapor en mis ojos. Le suplico a mi Luna tu reflejo, al mar que de tu marea me cubra, al cielo que pinte cada día tu color y al viento que me enrede para siempre entre tus cabellos.
                     Creo saber porque me dejó mi alma y de ti se enamoró, por qué solo el silencio explica la impaciencia y por qué cada uno de mis alientos te respiran.  Creo saber porque escondes tu mirada entre tus pechos cada vez que me sientes, por qué tiemblan tus piernas cada vez que te escribo y por qué tu piel enchina ternura cada vez que me imaginas. Creo saber por qué la historia la escriben los valientes, por qué el amor duele y por qué ahora mi sudor recorre frío las ansias de poseerte. Creo saber por qué el profundo deseo se convierte en pasión, por qué mis palabras esconden versos y por qué mis tintas se humedecen en tu sangre. Creo saber por qué vibra mi poesía, por qué canta el sentimiento y por qué grita el sueño. Creo saber el por qué la vida me recita una y otra vez tu amor, el por qué mi gemido explica tu religión y el por qué tu destino, se escribirá por fin en mi camino.



                      

sábado, 9 de diciembre de 2017

TE SIENTO PROFUNDA.


                  Te siento en cada una de mis mañanas, en la soledad de mis días y entre las ternuras de mis noches. Traspasan tus humedades mi piel, caminan silencio los pensamientos, una lujuria encoge mi espina dorsal y el dulce escalofrío, llega para quedarse. La emoción disfraza sus lágrimas, el alfil olvida su movimiento, la caricia se desea, el sentimiento se tensa y el beso muerde labios.
                 Abro mi alma y tu espejo le muestro, abrazo mi corazón y las venas empiezan a latir, el tiempo bombea fuerte, el espacio engulle su aire y la distancia se queda sin horizonte. Ven hacia mí porque descubrí una senda entre nubes y cien atajos en el cielo, te llama el viento y mi olor te posee, cierras los ojos y abres tus manos, siento cerca tus pisadas y de huellas se llena mi mar, se oculta el día y mi Luna te refleja porque eres mujer de ángel, la niña de un cuento de  hadas y el sueño que cose mi destino.
                Ya tu sombra me viste, tu desnudez me desprotege, el grito del rayo te muestra y tu figura enchina perlas en mi piel. El aire respira seda, el aliento desprende vaho, tiembla la emoción y la espera termina: en tu cabello entrelazo mis dedos, en tu espalda pego mi abrazo, en tu mirada mi alma y en cada latido un pedazo de mi corazón. Fluye el sudor y las bocas se abren, nada el deseo y las manos se llenan de ti y de mí, sonríes y te miro, suspiro y vive en tu dedo el mimo, te beso, se deshace mi camisa, mis labios se pierden en tu cuello y tus senos se atreven, erizan viento y se clavan en mi pecho. Una ilusión imagina, la caricia se reinventa, la ternura emociona, las lenguas son osadía, baila la saliva y habla profundo tu olor. Vive el éxtasis en cada pared, la excitación gime, la mirada consiente y el alma desea, se ralentiza el miedo, sufre el pecado y la tentación salpica pasión por doquier, eres mía y en la posesión te adoro, soy tuyo y la penetración exige el dulce clímax, el vigor presume, las piernas tiemblan y quedito asoma duro el orgasmo, se repite, fluye y grita, despacito desparrama el último sentimiento y poco a poquito nos eyacula juntos.

               Y la noche se hace eterna, en su rincón escribe la Luna, a un lado un hada se llena de reflejo y cien delfines se abrazan en nuestro mar. Una vela funde su cera y el viejo tinto se descuelga en dos copas. Se abren las sombras y entre gotas de lluvia el cielo muestra el gran abanico de su música. Nos llenamos de sus acordes mojados, de sus roncos saxos y degustamos cada tecla de su piano, la melodía envuelve y nos embriagamos en el baile de los sentidos. El hechizo se completa, el amor escribe sus versos y dos almas se juntan en poesía. Prende una fogata sus leños, viaja tierna una caricia, el ambiente perfuma pasión, sedas y vainillas, chocolates y jazmines, atrevidas miradas y sueños de niños. Inventa el viento un susurro y por mi boca lo habla, cierran mis labios tus pestañas y despacito te digo, que te siento profunda.


jueves, 7 de diciembre de 2017

¿ENAMORADOS?


               Nada ve la mirada cuando el alma duerme, nada llena el aire cuando el aliento es vacío  y nada se explica cuando la excusa vive. El ojo transparenta melancolía, el reflejo se pierde en la cóncava sombra y de lejos, un sueño pide permiso para sobrevivir.
               El abrazo se alarga en la utopía de un sentimiento que nace y crece, la lluvia moja su acera,  el cielo besa sus nubes, se abriga una rosa con sus pétalos, el pajarito come en su nido, el rocío acaricia su ventana y un niño llora su pelota, bajo las ruedas de su destino. Todo fluye, todo es como debe de ser, el hombre sonríe, la mujer acaricia, la palabra escribe sus letras y el verso se recita…y llega el error, todo se acaba, todo se olvida y  todo se rompe como una estrella se fractura en mil destellos, como grita una copa al caer o como desgarra  vísceras el amor cuando se va.
               La imaginación agota el juego, un escondite entre nubes se abre, un reflejo de Luna recorre despacito una piel, entre serpientes y escaleras baja el cielo, sube el mar y un horizonte perdido pega su dorado color, en cualquier portal. El hombre llora, la mujer esquiva caricias, la palabra enmudece y el verso se recita en silencio. La prisa busca un sentimiento, la desidia la excusa de una depresión, el perdón huye y ni siquiera el clavo aguanta su cuadro. Se abre la ecuación, las incógnitas se multiplican, las raíces se dividen y el resultado confunde por no ser el mismo, porque en los dos subsiste el error.
               Rebotan por doquier las preguntas, no se aceptan las respuestas, el orgullo da un manotazo a la sensatez, la mirada envenena su reojo, la mano que deshojaba botones ahora seca lágrimas, la cerrada barba que admitía ternuras ahora encanece sus arrugas y mientras tanto el mundo da vueltas, en el ocaso el mar alarga sus mareas y el Sol despunta su calor cada amanecer.
              El hombre escoge su norte y la mujer mira hacia el sur, la cuerda se estira, nadie ceja  su empeño, se vacía la calle y todos los miran. ¡Pasen y vean! El teatro de la destrucción abrió sus puertas: todos opinan, se buscan culpables, muchos ya sabían y otros callan su morbo, el vals es clásico y los desaparecidos “amigos” encuentran vida, todo se vale, todo se vende, baratos y por kilo los sentimientos, caro el respeto y obsoleto el rosario de la vigilante vecina de siempre.
             Y ahora de lejos se miran, comparten fotos y de tanto en tanto uno abre el baúl de sus recuerdos mientras el otro llora sus noches, uno camina cabizbajo su destino y el otro todavía persigue aquel olor en su almohada, el uno le pide amistad virtual y el otro lo niega, uno ama el ayer y el otro lo abraza, pero los dos todavía miran absortos al cielo buscando la verdad. Y el ser humano topa, cae, se levanta, aprende y se da cuenta que cuanto más pasa el tiempo, más difícil es el retorno, que la ignorancia no traiciona, solo avisa  y  que al final, el implacable juez de las manecillas pone a cada quien en su lugar. En el error aprende y se pregunta cuantos hacen falta para enamorarse del amor otra vez y no fallar…y se pregunta por él, por ella, por la ignorancia consentida y también por el espacio que llora distancia. Reflexiona y aprende, mira vacío en sus manos y enseñanzas en su frente.
             El que más sabio es,  menos se enamora porque menos se equivoca. Por eso hoy, que ya estudié vida, me siento cada vez más sabio.




              


























             

martes, 5 de diciembre de 2017

¿SABES QUÉ QUIERO?


               ¿Sabes qué quiero?...te quiero amar, besar, acariciar y sentirme dentro, muy dentro de ti.  Eso quiero, hacerte más hermosa de lo que eres, que tu ser me traspase con su ternura y que la mujer que llevas dentro me muestre de una vez, ese gemido capaz de morder mi alma.
                Quiero sentarme cerquita, recostarme en tu regazo, desnudarme en tus brazos y despacito, sentir como tus humedades empapan mi pecho. Quiero que mis labios te recorran toda, que mis dedos te caminen y que la caliente mirada de mi corazón te desvista. Quiero hacerte mía tan profundo que no exista aire ni aliento que separe nuestras pieles, quiero explicarte verso a verso lo que siento, letra a letra, y cuando la Luna le robe el día a nuestro cielo, cubrirte de pétalos y fresas, de chocolates y vainillas, de natas y fundidos caramelos hasta llenar la noche de gritos y nuestra cama de pasión.
               Quiero que me escuches porque te diré de donde vengo y a donde voy. Llenaré tu memoria con mis recuerdos y así cuando llore sabrás que mis lágrimas, tus mejillas mojarán. Sabrás que algunas de mis heridas están cerradas, que las cicatrices las pegué con mucho trabajo y que las que permanecen abiertas, son para aprender de ellas, para enfilar una aguja y que sean tus dedos quienes por siempre, las cosan.  Sabrás que de hombre me hicieron, que cuando sufrí callé, cuando gocé escribí, cuando sentí bailé, cuando me amaron me dejé y cuando escuché cantar la montaña, supe abrazar mi libertad.
               Quiero deshacer tus miedos, apagar una por una las brasas de tus infiernos y sentir como tu corazón se atreve, como tu cuerpo se viste con el profundo deseo de los viejos amantes, como tu respiración se agita, como tu sangre late y como tu piel se excita. Quiero olerte, saborearte, lamerte y beberte toda. Quiero atravesar tu mirada y ver lo que esconde tu alma, cruzar la frontera de tu más allá y dejar que tu sudor me empape todo, cambiar tu mundo y hacerte parte de mis sueños, desgarrar  sábanas y que tu almohada viva por siempre entre mis piernas, ser tu mago y sembrar en ti tanta ilusión que jamás una duda vibre.
               Quiero que sepas lo que quiero, porque está noche es nuestra. Las velas ya están prendidas, una suave melodía las envuelve y el ambiente se pintó de media oscuridad. El añejo tinto ya descorchó su tiempo e impaciente espera descolgarse en tu copa. Preparé la cena que tanto te gusta, la calefacción grita y el perro ya duerme. Inventé un juego de caricias que te sorprenderán, escribí humedades en cada pared, versos en el parquet y en la puerta, te recibirá desnuda mi dulce poesía. Cubrí la cama con un suave nórdico y mil pétalos, con sedas de Luna y algodones de cien nubes, con perfume de ternura y las mieles más dulces de mis sentimientos  para que de una vez sepas, lo que quiero.


               
              

         

domingo, 3 de diciembre de 2017

EL GENOCIDIO DE LA MENTE


            Piensa el aire su identidad, tritura el trueno la más profunda neurona, tiembla el cielo su presentimiento y arde la imaginación en los leños de cada infierno. La ilusión aterriza y muerde el fango del límite, una razón se atreve y ve como sus manos aguantan el acero de unos impuestos barrotes, la boca atenaza su lengua porque las palabras viajan exilios, la mirada corrompe su ojo y pinta de otro color el horizonte, el pensamiento rompe su silencio pero su acción calla, la libertad se muestra y tiemblan sus letras.
           Ya los `pueblos no pueden pensar, solo atesoran en sus manos el olor de sus tierras y aprietan los puños de tanto dolor y frustración. Las espadas blanden sus brillos y callan las bocas, ruge el dictador y sucumbe la democracia, la ley no se explica ni se vota, la orden es decreto y el cielo jamás cambia su color. El golpe no es al estado sino al corazón, la división de poderes se convierte en quimera y el imperio de la ley en carcelero de la razón. Las ideas caminan por los fangos de la utopía, las palabras entre las liendres de las sombras, los deseos de libertad encogen ansias y los pocos gritos desaparecen entre los ecos de una elegante y disimulada autocracia.
            El Gran represor vota lo que ya dijo que fuera y con un dedo extingue culturas, lenguas, tradiciones y educaciones. Sumerge tierras y encoge mares, entristece acorde por acorde el pentagrama de la sensibilidad, arranca páginas y desgarra libros, destruye sueños y quema versos, seca lágrimas y de cada comisura, la sonrisa roba. Y el hombre le enseña sus ojos porque esa mirada es lo único que tiene, la mirada que expresa el cohibido pensamiento de su mente y la última razón de su lucha, esa mirada que desafía todo y no mira nada, esa mirada preñada con la semilla del último sueño de su tierra, con el último suspiro de una añorada libertad…y el Gran Centauro mide su arrogancia, extiende la mano del genocidio, atraviesa con ella la mirada, posee su mente, aprieta el puño y le dice que está prohibido pensar, que las ideas son errores y que la razón, dejó de estar.
            Y el ser humano se recoge en su interior. En posición fetal se pregunta y se aferra a un cordón umbilical hecho de Universo porque solo así trasciende, piensa y deja que su alma nade en la imaginación de su propio poder, de ese poder que enchina piel cuando su himno escucha, de ese poder que no negocia lágrimas y de ese poder que explica siempre la sinceridad de una sonrisa. Se desnuda y siente, se mira y entiende, se besa y explica el sentimiento de tanta lucha embarrada en el muro de la intolerancia. Porque cuando la represión se atreve, las manos alzan elegancia…cuando el ruido de las espadas amenaza, el silencio rompe lanzas…cuando la negra historia se reescribe, el tintero se recarga con la sangre de los supuestos vencidos… cuando el inquisidor vive, todos somos brujas y cuando el dictador muere, todos bailamos el aquelarre, en una cálida noche de San Juan.
           Pero el fuerte deseo de libertad nunca muere, el luchador se reinventa y la mente se regenera. La energía de la tierra da razón, el profundo sentimiento recorre de norte a sur nuestro mar, la estrategia es paz, el hombre escribe y los libros se abren: cae la intolerancia, se pudren los barrotes, crujen en sus brasas las censuras, vomita su hiel el decreto, arruga sus líneas la mano represora y el gran juez, ese Gran Juez llamado Tiempo pone a cada quien en su lugar.
          …Y el ser se siente otra vez humano, el pensamiento libre, la razón estudiada y educada…las ideas fluyen, la tierra vibra, el mar dora su espuma y el infierno llora. Tiempo al tiempo, espacio a la espera, manos alzadas y puños abiertos: el genocidio es un delito y por ende cárcel, la libertad es un derecho y por ende, nuestra lucha. ¡LIBERTAD PRESOS POLITICOS, YA!



          

EL JUGLAR DEL VIENTO

   
                 Juega el viento y esconde sus ramas entre las rocas de cien montañas. Juega el libre albedrío con su libertad, el consumismo con la pobreza, el aliento con la desmesurada riqueza y el sentimiento con la dureza del corazón. Deshace el ártico sus hielos, desnuda el desierto sus dunas y llora un niño el frío de su calle. Abre el portal una soledad y pide permiso un indolente polvo a su ventana, las pisadas son cotidianas, la dirección no cambia y el rumbo de la vida permanece en el mismo escrito de siempre. Relincha su comida el caballo, sufre el delfín su contaminado mar y calla el grillo para no molestar el silencio de la noche.
                Se rebela la poesía en manos del poeta, las letras modifican tersuras, se cambian las tildes y los suspensivos puntos se pintan por doquier. Tiembla el libro, la pasta se endurece y la mente duerme en espera del equilibrado pensamiento que abrace una razón. Sufre la mano y el escalofrío quema el brazo, medita el alma y nace la utopía consentida, necesitada, añorada y esperada: espesa la nieve su cadencia, una suave niebla acaricia la mirada, el estremecimiento suplica una lágrima y la ilusión de un sueño la seca de su mejilla.
               …Y el hombre, ese hombre que siente y escribe, inventa un cielo donde pegar sus tintas, un cielo donde la libertad de expresión sea color, un mundo donde el volcán pida permiso a la montaña y un pedazo de Universo donde el amor siempre esté un paso más allá, un paso por encima de la soledad y siempre tatuando una huella marcada en cualquier playa de cualquier mar.
               …Y el alma se convierte en sentimiento, la imaginación en emoción cuando toca el umbral de un sueño, el pensamiento en un lienzo de caricias y el momento en éxtasis,  cuando todo el arte confluye en lo profundo del receptivo chakra. Baila intensa la música, enloquece el acorde su melodía y se desprende de raíz una nostalgia, un pincel pinta el gran deseo, el poeta quiere y el Creador lo deja a su antojo: crece la energía, exprime el aire todo su oxígeno, expande el águila su vuelo y se abrazan las nubes en su algodón, ilumina suave el relámpago sin trueno, resbala la miel su pureza en los corchos de mil bosques y un alud detiene paciente su ímpetu.
              …Y el poeta se transforma, entra al capullo de su utopía y ve cómo crecen sus alas, como su alma respira, como sus tintas transparentan amor y como late diferente su corazón. Se atreve el poeta y el viento escribe. Calla el tiempo sus manecillas, arruga el espacio cualquier distancia, los labios destilan plata en su saliva y los ojos inventan a cada segundo una nueva mirada. En su piel se dibujan escamas de mil colores, sus pies recitan huellas sin ton ni son, sus manos son memoria de mil sentimientos y en cada dedo nace un verso genocida de sombras. El viento lo acoge en su regazo y la exótica danza rompe risas, se llena de corales, destellos de mil estrellas y fugaces cometas en el arlequín paisaje de una celestial pasión. Adopta el poeta la fuerza del viento y éste su sensibilidad, acaricia su poder y el viento su ternura, muerde labios el poeta y el viento gime, los dos son uno y en la garganta del cielo una leyenda engulle su sabor, una historia nace y una utopía escribe amor, el amor de un poeta y su viento, la poesía de un nuevo ser, la poesía del juglar del viento.


               
                   

sábado, 2 de diciembre de 2017

TE VIVÍ EN MI SUEÑO Y NO SÉ QUIÉN ERES.


                   Espero no molestarte, pero acabo de tener un sueño, un sueño vivido en tus brazos, un sueño extraño porque te olí, y no sé quién eres. Tus facciones eran bellas, tu mirada tierna y tu boca esponjada, repetía en mis labios el dibujo de un hermoso beso. Tus cabellos doraban luz, mi palabra caminaba en tu cuello y tu mejilla se perdía en mi pecho. Corría sin sombras la noche y el día no salía de su ocaso, pintaba el aire exóticas esencias y el viento las mezclaba en cada poro de mi piel: vainillas y caramelos, resinas e inciensos, jazmín y canela, té indio y almizcle…
                   Sueño de ojos abiertos en el limbo del dormido amor, catarsis de sentidos en el umbral de un excitado sentimiento, sublime imaginación del pensamiento escrita en ternura y mágica seducción estelar, al sentir mis labios recorrer tu piel. Poseído por el dulce letargo del trance onírico, me sentí atrapado por tu cuerpo, absorbido por tu alma y envenenado por tu corazón: corría lenta la sangre por la membrana de mi espíritu, un intenso sudor fluía arrogante, la caricia picaba, el ambiente paseaba romántico y una tenue brisa bailaba sabores de poder y miel. Un deseo se filtraba constante en cada cruce de miradas, una seducción envolvía caliente el espacio, tu desnudez rebosaba cremosa almendra y mi mano no se atrevía a tocarla.
                  Sentía profundo la excitación y por servida se daba la mente de mi proscrito seductor. Una elegante sofisticación hablaba de prisas y pausa, de oro y diamantes, de pasión y erotismo, de sedas y terciopelo en piel. Exploramos el bosque lejano donde las orquídeas se vestían  con dulces vainillas, donde lo goloso era denso, el ámbar transparente resina y el grito de un eco, la suave sinfonía de un gemido. Y entonces temblaron tus piernas y el vigor se disfrazó con el color de un pétalo, el árbol se deshizo de su corcho y lo fundió en amaderado sabor a regaliz y sándalo, penetró el impacto del nuevo clímax, la sensualidad devino gourmet de los sentidos y el placer, un hipnótico sommelier de nuestras humedades. Desafiaba intrigante un escondido temblor, tu espalda se arqueó, una lágrima brotó y el orgasmo llegó mágico, afrutado, intenso, cálido, erótico, profundo y adorado.
                  Y el misterio abrió su teatro, el sueño la pesadilla de su despertar, el silencio jugó con el tiempo y el luminoso astro pegó de azul el cielo y su mar. Las incipientes arrugas se mezclaron con el olor de rubio tabaco en el espejo de un amanecer soñado, dos copas sedientas de sus tintos seguían vacías de añoranzas y las melancólicas velas del romántico anochecer, todavía esperaban quietas, una chispa que ardiera sus ceras.

                 Ahora te escribo convencido de que eres la mujer de mi deseo, porque te encontré en medio de la sencillez reconfortante de un bonito sueño y por eso te persigo, más allá de lo permitido. Te escribo e idolatro porque mis sábanas amanecieron húmedas, mi almohada empapada de tu olor, mis tintas dibujando tilde por tilde las gotas de tu sudor y mi alma reacia de lo astral,  buscándote fuera de mis sueños, porque todavía no sé quién eres.