miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL MENSAJE


                     Pasa raudo el tiempo, la caricia es corta, el aliento prisa, el latido tiembla, la idea estremece espacio, sufre la seda y una mano se pierde entre botones. El placer pide paso, las vértebras se abren, enchina poros la piel, un beso relame consentido, el silencio pierde eco y un suspiro reclama espacio. La mirada penetra, el calor desea, la cera chorrea y resbala aceite de cuerpo una humedad. Escribe un sudor su ego, el olor perfuma, la excitación siente, el vestido se pierde, el alma sonríe pícara, el sentimiento vibra, la ilusión nada y comienza el sueño: destellan cien estrellas, una lluvia vuela, el cielo abre su lienzo y un aire envuelve sus matices, derrama miel la Luna, la nube pinta con algodón de azúcar su reflejo y un meloso viento baila rimas de mil versos en el clímax de una poesía.
                      La cama destiende su nervio, respira profundo su olor una almohada, otra se abraza en la última ternura y la cabecera, limpia despacito el vaho que empañó su atrevida mirada. Vive trémula la nota en su mesita de noche, a su lado una prendida lamparita le da espacio, el mensaje es leído, el café agota su impaciencia y el ansia empieza a robar día. El pensamiento cae en confusión, unas llaves pierden su propósito y la puerta se cierra sola. Gritan las pisadas, la imaginación punza la sien, el reloj se mira sólo, abre sus puertas el metro, sale y entra la manada, mira cerca un cantautor y el oxígeno respira quien sabe que fragancia. La calle se muestra, el mendigo pide, el perro posee su árbol, el ladrón espera, la farola duerme y la ilusión vacía razón.  Sucumbe agotado el trabajo en su primer minuto, los pendientes pueden esperar, el análisis cae por su peso, el desayuno se olvida y decides que todo el mundo te mira. Enfría su poso tu segundo café, fijas ignorancia en un punto del infinito y tu mente recorre una y otra vez, letra por letra, aquel mensaje: “esta noche será mágica, inolvidable y la más hermosa…te veo 9.P.M.”.
                     Pierde el horizonte su mar y se pega a un árido desierto, la boca seca, manos frías, un latido en la garganta y cosquilleo en la planta de los pies. No suena el teléfono, el plan sigue, la noche promete y la seguridad duda. No llega el aliento a tocar dientes, el cigarrillo es devorado y los vasos de agua colapsan. Todo sucede en cámara lenta, la ralentización es máxima, la urgencia apremia, las preguntas se suceden y la silla es lo única solidez que no se mueve. Relata una manecilla su paso y la otra no se mueve, todo se transforma, las cosas se hacen, escuchas risas, quejas, silencios e impresoras, se paraliza el ser y solo oyes aquella voz que escribió el recado. La tarde se escribe con su ton y sin tu son, por fin el Sol decide su ordinario destino y el horizonte se pega a su mar, muestra su dorado color, su majestuosidad y el aviso de que la noche está por llegar.
                    Se abre poderosa la imaginación, un viejo deseo abre la puerta y el ambiente es preparado con meticulosa ansiedad. Detalle a detalle, promiscuidad en saliva, fuego en ceras,   bohemios cristales en espera de su añejo tinto, chocolate negro en su fondue y una ensaladera con natas, fresas, nueces y almendras. Uvas brotando burbujas por doquier, caviar ruso y un ahumado salmón noruego, música de terciopelo y calor resbalando paredes. Suave olor a jazmín, sándalo y exótica madera, exquisitez, elegancia y sublimes fragancias con sabor a dulce  seducción. La perversión late espera, el nervio contorsiona su tiempo y el nudo abrocha con firmeza su corbata.
                    Puntualidad inglesa, firme convicción, tensión y desvergüenza. Belleza de mujer, pentagrama de sentidos, letras hechas sentimiento… verso vestido con sabor a poesía. “Hola” y desbaratas mis convicciones, la palabra se convierte en dulzura y el pensamiento en vacío, el beso pega mis labios, tu olor embriaga mi sexualidad y tu elegancia me vence. Despacito desanudas mi corbata, la mirada es intensa, te respiro cerca, un dedo recorre la incipiente barba y estremece mi oreja. Camina sin prisa tu caricia por mi cuello y tu mano desabrocha botón a botón mi camisa. Erizas mi vello, tu piel huele a orquídeas y satín de Luna, te desea mi pecho y tu lengua lo sabe, mueves tu cabello y en él se pierden mis ojos, sufre la música cada acorde, la ternura es cadencia, el ansia placer y la palabra, suspiro. El momento camina, poco a poco detiene tiempo, poco a poco posee…poco a poco sabe a ti y a mí.
                    Viajan los cuerpos pegados a cada pared, sienten las pieles que no hay amanecer, duerme el silencio entre gemidos y una extrema sensibilidad cristaliza los ojos del profundo amor: “sentirás mi profundidad de hombre, el poder de un desgarrado sentimiento en cada uno de mis músculos y te penetraré con toda la fuerza de mi alma”. Provócame y recuéstate porque necesito tu tatuaje en cada pétalo de mi cama, atrévete porque ya el deseo escribe a gotas mi pasión, desnúdate porque el chocolate quema, las burbujas están heladas y las fresas ya tiemblan en sus natas. Ven y siente mi caricia recorrer tu espalda, mi vigor erizando perlas y mis dientes besando cada uno de tus lunares. Te pinto de miel y chocolate, te absorbo de niña a mujer porque me excita cada chispa de tu sudor, quedito te como de cabeza a pies porque cada pliego de tu piel es sueño de placer, despacito te mueves, vibras y escucho tu aliento, contorsionas tu cuerpo, te miro de frente, quieres más, sentimos el escalofrío que viene y descanso tu espalda sobre la seda de mis sábanas. Te dibujo de natas, te adorno con fresas, nueces y almendras, te lleno de burbujas y completo, emborracho mi espíritu de ti. Y la odisea avergüenza pecados, lleno de caviar el cáliz de tu edén, la osadía inventa nueva imaginación, muerdo una fresa en tu pezón, mi lengua se llena de su nata y entre tus piernas sacio mi sed  de burbujas y escribo ternuras cuando tu caviar entre mis dientes se pierde. Esculpen mis manos tu cuerpo de mujer, entre natas y chocolates resbala mi aliento, arquea tu espalda el primer orgasmo y resbala húmeda cada caricia de placer entre tus piernas. El silencio es eterno, el abrazo se pega en miel y aquella ansiedad, aquel mensaje…vivió.


                    
                    
                 
                    

                     

lunes, 11 de diciembre de 2017

TENTACIÓN


                   Rescata el piano sus notas,  duerme la flauta en el susurro de su aire y apaga el puro del jazz un viejo saxofón. Se reinventa el éxtasis en el agudo violín y grita una trompeta su dulce melodía, se moja una piel y el verso se escribe despacito, suelta gotas de miel un gemido y la tentación camina de bar en bar.
                   Sentada, sin hablar, la copa a medio llenar, vestida con seda de ilusión espera la dulce tentación. Sirve el cantinero y de reojo la mira, un viejo verde la remira y un humo envaina su niebla y esconde ojos. Se prende el ambiente y medio oscurece el latido, sudan las manos y tiembla el hielo en su vaso. Un dedo recorre labio, la rodilla enseña sabor, el escote enchina deseo y un sereno guarda las llaves del pecado. La tentación solo escucha silencio, lee mente y absorbe ajenos cariños, calcula distancia y propone ternura, piensa poco y quema un último cigarrillo.
                   Abren aceras queditos pasos, saludan temerosas dos farolas y una fachada deshoja  parte de su pintura. Camina el poeta entre sombras, viaja su alma rasgando aquí y allá un atisbo de inspiración, un taxi educa las buenas noches y el mendigo se queda sin limosna. Entra el hombre a la calidez de aquel bar, bajo su piel un verso desahuciado y entre su incipiente barba, una vieja caricia luchada. Se quita el sombrero y retira la primera silla que le presenta una mesa, el abrigo cae en su respaldo y deja que el vaho de su aliento empañe el sucio cristal. Llegan de sorpresa unas aceitunas, enredan madera los palillos y el suave y negro vermouth engalana de un recordado sabor su boca. Viaja el poeta por sus miedos, la tentación lo espera y él lo sabe, mirarla no se atreve, el hielo no se deshace y la mesa le muestra tímida su cojera. De repente un olor embriaga el sentido, un sentimiento escribe alevosía y un pedazo de piel arde entre sus piernas. Se levantan los ojos y de frente miran, la tentación reta, un sudor exhala prisa, huye despavorido el romance y punza fuerte el deseo por un placer. Piensa el poeta y su mano tapa boca, huele su vermouth y lo absorbe poquito, recuerda aquella caricia regalada en su mejilla y compra tiempo. Se huele y la feromona lo excita, cierra sus ojos y parece sentir, la tentación se levanta y a su lado sienta la miel de su piel. Se miran, el suspiro no se atreve, una lengua recorre su labio y la otra por dentro acaricia sus dientes, un pezón asoma transparencia y el hombre sufre el disfrute, la mirada es cadencia y el hombro seducción, la respiración intensa y profunda la exhalación…la mujer pregunta y el poeta escribe una inventada respuesta, la tentación se acerca, una humedad crece tersa, la complicidad marca el mismo destino y a lo lejos una cama se imagina sin sábanas.  De la mano del bar salen, el poeta y su tentación, la inspiración y su sombra, la nostalgia de una caricia y la excusa por una eyaculación, la verdad de una estampa y la mentira de una sugestión mal pagada.
                   Llega el poeta a su casa, mira frío su cama y la historia se funde como utopía en sus manos. Llora el verso su incomprensión y el nervio tensa una inspiración, la tinta salpica y la pluma tiembla, el viento abre ventanas y llega la musa, el hombre siente, el poeta imagina, la tentación sirve ideas en bandeja de plata, los sentimientos colisionan, el corazón late, el alma se llena, la emoción crece y la poesía escribe sus elegancias. Descubre la tentación que nadie la poseyó, que el portal fue su umbral y que aprendió que una piel sin un sentimiento es como un corcho sin su vino, seco por fuera y sin alma por dentro.



                    

domingo, 10 de diciembre de 2017

...Y LLORÓ AMOR.



            …Y quiso el hombre que la montaña se cerrara, que el mar se abriera y que enmudeciera el viento. Por un momento con su dedo tapó el Sol, su mirada deshizo nubes, el vaho de su corazón pintó rocío, expuso el alma y el grito del trueno, desgarró su espalda. Gateó despacito su paisaje, arañó de uñas el viejo fango, sintió el temblor del miedo y cuando quiso llorar, cien miradas lo juzgaron. Se rompió su corazón, escamó su `piel, curtió alma, se levantó y el primer sendero caminó. Sudaba intenso el sentimiento, sediento apretaba labios, un temor izó bandera, la inseguridad besó tierra y aquellos principios educados, desbarataron una por una las duras lágrimas de tanto dolor.
              Caminaba sin llorar, deambulaba por un laberinto lleno de espejos, de profundos bosques y de ocultas sombras. Lleno de preguntas esquivaba indolentes respuestas, pleno de emociones vagaba en espíritu,  oliendo su propio vacío disgregaba pisadas en el aire y mientras tanto el hacha del autoconocimiento descuartizaba rencores y remordimientos sembrados en su pecho. Fue el primer día que respiró las heces de aquel desamor, vivió el odio del abandono y el frío de la profunda tiniebla.
             Y llegó el tiempo del gran celo, de la pregunta eterna, de la expansión umbilical y del nacimiento de una razón universal. Rasuraba el espacio sus confines, el viento sideral probaba una rara alquimia con su aire, mientras el gran motor del vacío se llenaba de nada. Latía un músculo sus primeras fibras, un sentimiento se atrevía a sentir y un pequeño haz de luz, poseía una mirada.
             Y el verbo se convirtió en voz, el suspiro en gemido, el eco en grito y la voluntad en fuerza. El Espíritu se llenó de soles, una a uno los posó en sus manos y apretó con furia los puños: la respuesta fue eterna, la explosión viajó infinitos más allá de la etérea frontera, cada reflejo era rayo y trueno, cada vacío un espacio hecho de rocas y piedras y cada nada se convertía en millones de cometas que dibujaban núcleos de fuego y acero. Respiraba la creación y germinaban universos por doquier. El alma lloró y por cada lágrima se creó un mar, la piel evaporó sudor y en cada gota una nube nació, un divino escalofrío recorrió su vertebral columna y vibró la oscuridad, se creó un negro universo paralelo, un espejo de poder y en él,  el hombre se miró: sintió vejez, arrugas sin vivir, heridas sin una cicatriz, un corazón lleno de parches y unas manos tan vacías que la nada de ellas huía.
             Oscureció su color el cielo, el laberinto se llenó de estrellas y aquellos  espejos bailaban destellos por doquier. El profundo bosque nadaba en resina de ámbar y cada espina rasguñaba una gota de sangre en su piel. El hombre resistía pero el tiempo exigía, respiraba pero el espacio sofocaba, pisaba y la hierba quemaba… suplicaba y el eco callaba. La razón expandió conocimiento y el tormento creció, la imaginación dibujaba un blanco lienzo y las respuestas no llegaban, la emoción contenía humedades y las manos se hacían puños de frío. Ardía saliva la garganta, los dientes estremecían un chirrido, la lengua secaba sus papilas y poco a poco el ojo cerraba su mirada. Todo era pesar, el poder del hombre había sucumbido por la falta de aquel amor que no se atrevía ni siquiera a llorar, atrofiado el músculo y reseca la piel, nariz cerrada y pecho sumido, espalda arqueada entre fangos y malolientes lodos caminaba una figura dibujando poca sombra en el ocaso de su laberinto.
            Los espejos se cerraban cada vez más… agobiado sentía el ahogo en su propia sangre. No podía salir, no descifraba brújula ni entendimiento, el frío era intenso, el juicio extremo, los dedos señalaban y la senda edificó un muro en su propia vergüenza. Se atrevió la tristeza y desmembró su alma, pedía una bala su sien y una muerte su vida, gemía cielo su corazón y otra oportunidad, lo poco que de hombre le quedaba. Exhausto cayó, poseído por aquel laberinto un oscuro sueño lo abrigó, adoptó forma fetal, se cubrió de ocres hojas y durmió.
            Y llegó el tiempo de la condición astral, del viaje etéreo, de la dimensión de otro cielo y de la realización del alma en su gran Universo. Blandió espada el sueño y decapitó de cuajo cualquier pesadilla, caminó la imaginación por la surrealidad consentida, bailó el sentimiento en sedas de emoción y el profundo deseo abrió poco a poco los puños del frío. Llegó del infinito el Gran Centauro del viento, de la eternidad el minotauro del rayo, de la Luna las vestales y del mar las sirenas de Ulises. Vivió un paisaje de grandes molinos de viento y vio a Don Quijote hablar con ellos, un mar lleno de rojo y a Moisés partiéndolo en dos, su nacimiento y unas tijeras cortar su primera razón umbilical, la pureza del amor y el brillo de su alma en la gran conexión sideral. El cielo era de oro, el espacio música, el aire miel, el tiempo beso y su cuerpo destello…y sintió como la mano del Creador abría en dos su pecho, como metía sus largos dedos y como uno por uno sacaba miedos, prejuicios, falsas promesas, juicios sociales, educaciones vanas, silencios compungidos y guardados en el aceite de sus nostalgias, cobardías sembradas en el albedrío de ajenas mentes y una por una cada brasa de sus consentidos infiernos.
            Despertó el hombre, el laberinto mostraba rotos sus espejos y la senda lucía verde, hermosa, viva y con chispas de cien mil pétalos. El aire olía amor, la brisa a mujer y el rocío a piel. Las estrellas caminaban y poco a poco soltaban algún que otro escondido destello, mostraba el mar plata en su espuma, silente un arcoíris pintaba en aceite de almendras su lienzo y despacito el Sol copulaba con su Luna. Terminó la senda su camino, el horizonte se despegó del cielo y tomó figura de mujer, el santo grial bebió su cáliz y el hombre arrodilló sus bruces ante el festival del amor. La desnudez era intensa, el alma brillaba, el verso sentía, la poesía vibraba y por fin aquel hombre, lloró amor.


                   


CREO SABER...



                    Creo saber la razón…el por qué te siento cuando te acaricias, el por qué abro la ventana y me lleno de extraños besos, el  por qué en mis silencios se dibujan tus versos y el por qué mi cielo siempre te mira. Creo saber lo que siente el agua cuando te duchas, lo que sueña el enjuague cuando no quiere salir de tu boca, el temblor de tus sedas cuando te cubren y la posesión de tus zapatos cuando tus pies miman.
                     Creo en la fugacidad del tiempo cuando te pienso y en su eternidad cuando te siento, creo en el vacío del espacio cuando mi pluma escribe y en su utopía cuando tu virtualidad toca mi piel, en el profundo sentimiento cuando pierdo mirada y en la soledad de mis labios cuando recito sus grietas. Creo saber que tus lágrimas son gotas de resina que guardan la intensidad del profundo deseo, que en tu sonrisa destellan las estrellas y que en tus caricias guardadas, vive el libro de mi destino.
                     Preservo tu humedad en la cárcel de mi cuerpo…ya he dibujado en mi vientre la alcancía de nuestros sentimientos porque entre el alma y el corazón vive el refugio de nuestro amor, bajo mi piel la sensación de tus mimos y en mi pecho el dulce tatuaje imaginado de tus senos. Creo saber la tristeza de tu portal, la esperanza de tu día y el frío de cada una de tus noches cuando la distancia impide el abrigo. Creo que mis pisadas nada marcan si no estoy a tu lado, que mi poesía no tiene sentido si el verso no es tuyo y que cada rincón de mi cuerpo está seco si en él,  no fluye tu sudor.
                     Amanece tembloroso el rocío en mi amanecer. Tenue, danza una pequeña brisa y el pensamiento me recuerda cada segundo de mi noche. Le reclamo al cielo porque no te tuve y al Sol su poquito calor,  a mis sábanas el contenido egoísmo de un solitario erotismo y a mi almohada el por qué no contuvo la fragancia de tu olor. Necesito que la distancia arrodille su orgullo, que una vez más sienta vibrar tu cuerpo en mis manos y que tu mirada explique de una vez,  tanto vapor en mis ojos. Le suplico a mi Luna tu reflejo, al mar que de tu marea me cubra, al cielo que pinte cada día tu color y al viento que me enrede para siempre entre tus cabellos.
                     Creo saber porque me dejó mi alma y de ti se enamoró, por qué solo el silencio explica la impaciencia y por qué cada uno de mis alientos te respiran.  Creo saber porque escondes tu mirada entre tus pechos cada vez que me sientes, por qué tiemblan tus piernas cada vez que te escribo y por qué tu piel enchina ternura cada vez que me imaginas. Creo saber por qué la historia la escriben los valientes, por qué el amor duele y por qué ahora mi sudor recorre frío las ansias de poseerte. Creo saber por qué el profundo deseo se convierte en pasión, por qué mis palabras esconden versos y por qué mis tintas se humedecen en tu sangre. Creo saber por qué vibra mi poesía, por qué canta el sentimiento y por qué grita el sueño. Creo saber el por qué la vida me recita una y otra vez tu amor, el por qué mi gemido explica tu religión y el por qué tu destino, se escribirá por fin en mi camino.



                      

sábado, 9 de diciembre de 2017

TE SIENTO PROFUNDA.


                  Te siento en cada una de mis mañanas, en la soledad de mis días y entre las ternuras de mis noches. Traspasan tus humedades mi piel, caminan silencio los pensamientos, una lujuria encoge mi espina dorsal y el dulce escalofrío, llega para quedarse. La emoción disfraza sus lágrimas, el alfil olvida su movimiento, la caricia se desea, el sentimiento se tensa y el beso muerde labios.
                 Abro mi alma y tu espejo le muestro, abrazo mi corazón y las venas empiezan a latir, el tiempo bombea fuerte, el espacio engulle su aire y la distancia se queda sin horizonte. Ven hacia mí porque descubrí una senda entre nubes y cien atajos en el cielo, te llama el viento y mi olor te posee, cierras los ojos y abres tus manos, siento cerca tus pisadas y de huellas se llena mi mar, se oculta el día y mi Luna te refleja porque eres mujer de ángel, la niña de un cuento de  hadas y el sueño que cose mi destino.
                Ya tu sombra me viste, tu desnudez me desprotege, el grito del rayo te muestra y tu figura enchina perlas en mi piel. El aire respira seda, el aliento desprende vaho, tiembla la emoción y la espera termina: en tu cabello entrelazo mis dedos, en tu espalda pego mi abrazo, en tu mirada mi alma y en cada latido un pedazo de mi corazón. Fluye el sudor y las bocas se abren, nada el deseo y las manos se llenan de ti y de mí, sonríes y te miro, suspiro y vive en tu dedo el mimo, te beso, se deshace mi camisa, mis labios se pierden en tu cuello y tus senos se atreven, erizan viento y se clavan en mi pecho. Una ilusión imagina, la caricia se reinventa, la ternura emociona, las lenguas son osadía, baila la saliva y habla profundo tu olor. Vive el éxtasis en cada pared, la excitación gime, la mirada consiente y el alma desea, se ralentiza el miedo, sufre el pecado y la tentación salpica pasión por doquier, eres mía y en la posesión te adoro, soy tuyo y la penetración exige el dulce clímax, el vigor presume, las piernas tiemblan y quedito asoma duro el orgasmo, se repite, fluye y grita, despacito desparrama el último sentimiento y poco a poquito nos eyacula juntos.

               Y la noche se hace eterna, en su rincón escribe la Luna, a un lado un hada se llena de reflejo y cien delfines se abrazan en nuestro mar. Una vela funde su cera y el viejo tinto se descuelga en dos copas. Se abren las sombras y entre gotas de lluvia el cielo muestra el gran abanico de su música. Nos llenamos de sus acordes mojados, de sus roncos saxos y degustamos cada tecla de su piano, la melodía envuelve y nos embriagamos en el baile de los sentidos. El hechizo se completa, el amor escribe sus versos y dos almas se juntan en poesía. Prende una fogata sus leños, viaja tierna una caricia, el ambiente perfuma pasión, sedas y vainillas, chocolates y jazmines, atrevidas miradas y sueños de niños. Inventa el viento un susurro y por mi boca lo habla, cierran mis labios tus pestañas y despacito te digo, que te siento profunda.


jueves, 7 de diciembre de 2017

¿ENAMORADOS?


               Nada ve la mirada cuando el alma duerme, nada llena el aire cuando el aliento es vacío  y nada se explica cuando la excusa vive. El ojo transparenta melancolía, el reflejo se pierde en la cóncava sombra y de lejos, un sueño pide permiso para sobrevivir.
               El abrazo se alarga en la utopía de un sentimiento que nace y crece, la lluvia moja su acera,  el cielo besa sus nubes, se abriga una rosa con sus pétalos, el pajarito come en su nido, el rocío acaricia su ventana y un niño llora su pelota, bajo las ruedas de su destino. Todo fluye, todo es como debe de ser, el hombre sonríe, la mujer acaricia, la palabra escribe sus letras y el verso se recita…y llega el error, todo se acaba, todo se olvida y  todo se rompe como una estrella se fractura en mil destellos, como grita una copa al caer o como desgarra  vísceras el amor cuando se va.
               La imaginación agota el juego, un escondite entre nubes se abre, un reflejo de Luna recorre despacito una piel, entre serpientes y escaleras baja el cielo, sube el mar y un horizonte perdido pega su dorado color, en cualquier portal. El hombre llora, la mujer esquiva caricias, la palabra enmudece y el verso se recita en silencio. La prisa busca un sentimiento, la desidia la excusa de una depresión, el perdón huye y ni siquiera el clavo aguanta su cuadro. Se abre la ecuación, las incógnitas se multiplican, las raíces se dividen y el resultado confunde por no ser el mismo, porque en los dos subsiste el error.
               Rebotan por doquier las preguntas, no se aceptan las respuestas, el orgullo da un manotazo a la sensatez, la mirada envenena su reojo, la mano que deshojaba botones ahora seca lágrimas, la cerrada barba que admitía ternuras ahora encanece sus arrugas y mientras tanto el mundo da vueltas, en el ocaso el mar alarga sus mareas y el Sol despunta su calor cada amanecer.
              El hombre escoge su norte y la mujer mira hacia el sur, la cuerda se estira, nadie ceja  su empeño, se vacía la calle y todos los miran. ¡Pasen y vean! El teatro de la destrucción abrió sus puertas: todos opinan, se buscan culpables, muchos ya sabían y otros callan su morbo, el vals es clásico y los desaparecidos “amigos” encuentran vida, todo se vale, todo se vende, baratos y por kilo los sentimientos, caro el respeto y obsoleto el rosario de la vigilante vecina de siempre.
             Y ahora de lejos se miran, comparten fotos y de tanto en tanto uno abre el baúl de sus recuerdos mientras el otro llora sus noches, uno camina cabizbajo su destino y el otro todavía persigue aquel olor en su almohada, el uno le pide amistad virtual y el otro lo niega, uno ama el ayer y el otro lo abraza, pero los dos todavía miran absortos al cielo buscando la verdad. Y el ser humano topa, cae, se levanta, aprende y se da cuenta que cuanto más pasa el tiempo, más difícil es el retorno, que la ignorancia no traiciona, solo avisa  y  que al final, el implacable juez de las manecillas pone a cada quien en su lugar. En el error aprende y se pregunta cuantos hacen falta para enamorarse del amor otra vez y no fallar…y se pregunta por él, por ella, por la ignorancia consentida y también por el espacio que llora distancia. Reflexiona y aprende, mira vacío en sus manos y enseñanzas en su frente.
             El que más sabio es,  menos se enamora porque menos se equivoca. Por eso hoy, que ya estudié vida, me siento cada vez más sabio.




              


























             

martes, 5 de diciembre de 2017

¿SABES QUÉ QUIERO?


               ¿Sabes qué quiero?...te quiero amar, besar, acariciar y sentirme dentro, muy dentro de ti.  Eso quiero, hacerte más hermosa de lo que eres, que tu ser me traspase con su ternura y que la mujer que llevas dentro me muestre de una vez, ese gemido capaz de morder mi alma.
                Quiero sentarme cerquita, recostarme en tu regazo, desnudarme en tus brazos y despacito, sentir como tus humedades empapan mi pecho. Quiero que mis labios te recorran toda, que mis dedos te caminen y que la caliente mirada de mi corazón te desvista. Quiero hacerte mía tan profundo que no exista aire ni aliento que separe nuestras pieles, quiero explicarte verso a verso lo que siento, letra a letra, y cuando la Luna le robe el día a nuestro cielo, cubrirte de pétalos y fresas, de chocolates y vainillas, de natas y fundidos caramelos hasta llenar la noche de gritos y nuestra cama de pasión.
               Quiero que me escuches porque te diré de donde vengo y a donde voy. Llenaré tu memoria con mis recuerdos y así cuando llore sabrás que mis lágrimas, tus mejillas mojarán. Sabrás que algunas de mis heridas están cerradas, que las cicatrices las pegué con mucho trabajo y que las que permanecen abiertas, son para aprender de ellas, para enfilar una aguja y que sean tus dedos quienes por siempre, las cosan.  Sabrás que de hombre me hicieron, que cuando sufrí callé, cuando gocé escribí, cuando sentí bailé, cuando me amaron me dejé y cuando escuché cantar la montaña, supe abrazar mi libertad.
               Quiero deshacer tus miedos, apagar una por una las brasas de tus infiernos y sentir como tu corazón se atreve, como tu cuerpo se viste con el profundo deseo de los viejos amantes, como tu respiración se agita, como tu sangre late y como tu piel se excita. Quiero olerte, saborearte, lamerte y beberte toda. Quiero atravesar tu mirada y ver lo que esconde tu alma, cruzar la frontera de tu más allá y dejar que tu sudor me empape todo, cambiar tu mundo y hacerte parte de mis sueños, desgarrar  sábanas y que tu almohada viva por siempre entre mis piernas, ser tu mago y sembrar en ti tanta ilusión que jamás una duda vibre.
               Quiero que sepas lo que quiero, porque está noche es nuestra. Las velas ya están prendidas, una suave melodía las envuelve y el ambiente se pintó de media oscuridad. El añejo tinto ya descorchó su tiempo e impaciente espera descolgarse en tu copa. Preparé la cena que tanto te gusta, la calefacción grita y el perro ya duerme. Inventé un juego de caricias que te sorprenderán, escribí humedades en cada pared, versos en el parquet y en la puerta, te recibirá desnuda mi dulce poesía. Cubrí la cama con un suave nórdico y mil pétalos, con sedas de Luna y algodones de cien nubes, con perfume de ternura y las mieles más dulces de mis sentimientos  para que de una vez sepas, lo que quiero.


               
              

         

domingo, 3 de diciembre de 2017

EL GENOCIDIO DE LA MENTE


            Piensa el aire su identidad, tritura el trueno la más profunda neurona, tiembla el cielo su presentimiento y arde la imaginación en los leños de cada infierno. La ilusión aterriza y muerde el fango del límite, una razón se atreve y ve como sus manos aguantan el acero de unos impuestos barrotes, la boca atenaza su lengua porque las palabras viajan exilios, la mirada corrompe su ojo y pinta de otro color el horizonte, el pensamiento rompe su silencio pero su acción calla, la libertad se muestra y tiemblan sus letras.
           Ya los `pueblos no pueden pensar, solo atesoran en sus manos el olor de sus tierras y aprietan los puños de tanto dolor y frustración. Las espadas blanden sus brillos y callan las bocas, ruge el dictador y sucumbe la democracia, la ley no se explica ni se vota, la orden es decreto y el cielo jamás cambia su color. El golpe no es al estado sino al corazón, la división de poderes se convierte en quimera y el imperio de la ley en carcelero de la razón. Las ideas caminan por los fangos de la utopía, las palabras entre las liendres de las sombras, los deseos de libertad encogen ansias y los pocos gritos desaparecen entre los ecos de una elegante y disimulada autocracia.
            El Gran represor vota lo que ya dijo que fuera y con un dedo extingue culturas, lenguas, tradiciones y educaciones. Sumerge tierras y encoge mares, entristece acorde por acorde el pentagrama de la sensibilidad, arranca páginas y desgarra libros, destruye sueños y quema versos, seca lágrimas y de cada comisura, la sonrisa roba. Y el hombre le enseña sus ojos porque esa mirada es lo único que tiene, la mirada que expresa el cohibido pensamiento de su mente y la última razón de su lucha, esa mirada que desafía todo y no mira nada, esa mirada preñada con la semilla del último sueño de su tierra, con el último suspiro de una añorada libertad…y el Gran Centauro mide su arrogancia, extiende la mano del genocidio, atraviesa con ella la mirada, posee su mente, aprieta el puño y le dice que está prohibido pensar, que las ideas son errores y que la razón, dejó de estar.
            Y el ser humano se recoge en su interior. En posición fetal se pregunta y se aferra a un cordón umbilical hecho de Universo porque solo así trasciende, piensa y deja que su alma nade en la imaginación de su propio poder, de ese poder que enchina piel cuando su himno escucha, de ese poder que no negocia lágrimas y de ese poder que explica siempre la sinceridad de una sonrisa. Se desnuda y siente, se mira y entiende, se besa y explica el sentimiento de tanta lucha embarrada en el muro de la intolerancia. Porque cuando la represión se atreve, las manos alzan elegancia…cuando el ruido de las espadas amenaza, el silencio rompe lanzas…cuando la negra historia se reescribe, el tintero se recarga con la sangre de los supuestos vencidos… cuando el inquisidor vive, todos somos brujas y cuando el dictador muere, todos bailamos el aquelarre, en una cálida noche de San Juan.
           Pero el fuerte deseo de libertad nunca muere, el luchador se reinventa y la mente se regenera. La energía de la tierra da razón, el profundo sentimiento recorre de norte a sur nuestro mar, la estrategia es paz, el hombre escribe y los libros se abren: cae la intolerancia, se pudren los barrotes, crujen en sus brasas las censuras, vomita su hiel el decreto, arruga sus líneas la mano represora y el gran juez, ese Gran Juez llamado Tiempo pone a cada quien en su lugar.
          …Y el ser se siente otra vez humano, el pensamiento libre, la razón estudiada y educada…las ideas fluyen, la tierra vibra, el mar dora su espuma y el infierno llora. Tiempo al tiempo, espacio a la espera, manos alzadas y puños abiertos: el genocidio es un delito y por ende cárcel, la libertad es un derecho y por ende, nuestra lucha. ¡LIBERTAD PRESOS POLITICOS, YA!



          

EL JUGLAR DEL VIENTO

   
                 Juega el viento y esconde sus ramas entre las rocas de cien montañas. Juega el libre albedrío con su libertad, el consumismo con la pobreza, el aliento con la desmesurada riqueza y el sentimiento con la dureza del corazón. Deshace el ártico sus hielos, desnuda el desierto sus dunas y llora un niño el frío de su calle. Abre el portal una soledad y pide permiso un indolente polvo a su ventana, las pisadas son cotidianas, la dirección no cambia y el rumbo de la vida permanece en el mismo escrito de siempre. Relincha su comida el caballo, sufre el delfín su contaminado mar y calla el grillo para no molestar el silencio de la noche.
                Se rebela la poesía en manos del poeta, las letras modifican tersuras, se cambian las tildes y los suspensivos puntos se pintan por doquier. Tiembla el libro, la pasta se endurece y la mente duerme en espera del equilibrado pensamiento que abrace una razón. Sufre la mano y el escalofrío quema el brazo, medita el alma y nace la utopía consentida, necesitada, añorada y esperada: espesa la nieve su cadencia, una suave niebla acaricia la mirada, el estremecimiento suplica una lágrima y la ilusión de un sueño la seca de su mejilla.
               …Y el hombre, ese hombre que siente y escribe, inventa un cielo donde pegar sus tintas, un cielo donde la libertad de expresión sea color, un mundo donde el volcán pida permiso a la montaña y un pedazo de Universo donde el amor siempre esté un paso más allá, un paso por encima de la soledad y siempre tatuando una huella marcada en cualquier playa de cualquier mar.
               …Y el alma se convierte en sentimiento, la imaginación en emoción cuando toca el umbral de un sueño, el pensamiento en un lienzo de caricias y el momento en éxtasis,  cuando todo el arte confluye en lo profundo del receptivo chakra. Baila intensa la música, enloquece el acorde su melodía y se desprende de raíz una nostalgia, un pincel pinta el gran deseo, el poeta quiere y el Creador lo deja a su antojo: crece la energía, exprime el aire todo su oxígeno, expande el águila su vuelo y se abrazan las nubes en su algodón, ilumina suave el relámpago sin trueno, resbala la miel su pureza en los corchos de mil bosques y un alud detiene paciente su ímpetu.
              …Y el poeta se transforma, entra al capullo de su utopía y ve cómo crecen sus alas, como su alma respira, como sus tintas transparentan amor y como late diferente su corazón. Se atreve el poeta y el viento escribe. Calla el tiempo sus manecillas, arruga el espacio cualquier distancia, los labios destilan plata en su saliva y los ojos inventan a cada segundo una nueva mirada. En su piel se dibujan escamas de mil colores, sus pies recitan huellas sin ton ni son, sus manos son memoria de mil sentimientos y en cada dedo nace un verso genocida de sombras. El viento lo acoge en su regazo y la exótica danza rompe risas, se llena de corales, destellos de mil estrellas y fugaces cometas en el arlequín paisaje de una celestial pasión. Adopta el poeta la fuerza del viento y éste su sensibilidad, acaricia su poder y el viento su ternura, muerde labios el poeta y el viento gime, los dos son uno y en la garganta del cielo una leyenda engulle su sabor, una historia nace y una utopía escribe amor, el amor de un poeta y su viento, la poesía de un nuevo ser, la poesía del juglar del viento.


               
                   

sábado, 2 de diciembre de 2017

TE VIVÍ EN MI SUEÑO Y NO SÉ QUIÉN ERES.


                   Espero no molestarte, pero acabo de tener un sueño, un sueño vivido en tus brazos, un sueño extraño porque te olí, y no sé quién eres. Tus facciones eran bellas, tu mirada tierna y tu boca esponjada, repetía en mis labios el dibujo de un hermoso beso. Tus cabellos doraban luz, mi palabra caminaba en tu cuello y tu mejilla se perdía en mi pecho. Corría sin sombras la noche y el día no salía de su ocaso, pintaba el aire exóticas esencias y el viento las mezclaba en cada poro de mi piel: vainillas y caramelos, resinas e inciensos, jazmín y canela, té indio y almizcle…
                   Sueño de ojos abiertos en el limbo del dormido amor, catarsis de sentidos en el umbral de un excitado sentimiento, sublime imaginación del pensamiento escrita en ternura y mágica seducción estelar, al sentir mis labios recorrer tu piel. Poseído por el dulce letargo del trance onírico, me sentí atrapado por tu cuerpo, absorbido por tu alma y envenenado por tu corazón: corría lenta la sangre por la membrana de mi espíritu, un intenso sudor fluía arrogante, la caricia picaba, el ambiente paseaba romántico y una tenue brisa bailaba sabores de poder y miel. Un deseo se filtraba constante en cada cruce de miradas, una seducción envolvía caliente el espacio, tu desnudez rebosaba cremosa almendra y mi mano no se atrevía a tocarla.
                  Sentía profundo la excitación y por servida se daba la mente de mi proscrito seductor. Una elegante sofisticación hablaba de prisas y pausa, de oro y diamantes, de pasión y erotismo, de sedas y terciopelo en piel. Exploramos el bosque lejano donde las orquídeas se vestían  con dulces vainillas, donde lo goloso era denso, el ámbar transparente resina y el grito de un eco, la suave sinfonía de un gemido. Y entonces temblaron tus piernas y el vigor se disfrazó con el color de un pétalo, el árbol se deshizo de su corcho y lo fundió en amaderado sabor a regaliz y sándalo, penetró el impacto del nuevo clímax, la sensualidad devino gourmet de los sentidos y el placer, un hipnótico sommelier de nuestras humedades. Desafiaba intrigante un escondido temblor, tu espalda se arqueó, una lágrima brotó y el orgasmo llegó mágico, afrutado, intenso, cálido, erótico, profundo y adorado.
                  Y el misterio abrió su teatro, el sueño la pesadilla de su despertar, el silencio jugó con el tiempo y el luminoso astro pegó de azul el cielo y su mar. Las incipientes arrugas se mezclaron con el olor de rubio tabaco en el espejo de un amanecer soñado, dos copas sedientas de sus tintos seguían vacías de añoranzas y las melancólicas velas del romántico anochecer, todavía esperaban quietas, una chispa que ardiera sus ceras.

                 Ahora te escribo convencido de que eres la mujer de mi deseo, porque te encontré en medio de la sencillez reconfortante de un bonito sueño y por eso te persigo, más allá de lo permitido. Te escribo e idolatro porque mis sábanas amanecieron húmedas, mi almohada empapada de tu olor, mis tintas dibujando tilde por tilde las gotas de tu sudor y mi alma reacia de lo astral,  buscándote fuera de mis sueños, porque todavía no sé quién eres.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

POESÍA EN ROSA


                Encontré una rosa en mi jardín, fresca, de suaves pétalos y rojos reflejos.
                Imantada por el rocío de mi amanecer, resbalaba en silencio, hermosas gotas por su tallo.
               Al verme desplegó su terciopelo, al sentirme sonrió y cuando mi mano la tocó, una música gimió.

                  Ante ella arrodillé mi tiempo y le conté de mí, de la vida y de mis sentimientos.
                  Le retraté aquellos viejos amores y las cicatrices de sus heridas.
                  Abrí mi alma y le mostré con elegancia el vestido de mi soledad.

                  Despacito, acaricié su tierra y aquella humedad tentó mi corazón.
                  Tatué un beso en mis dedos y poco a poco lo fundí en sus raíces.
                   Acerqué mi cuerpo y me senté para que oliera mi vientre
                   La miré, le regalé el vaho de mi primer aliento y un pistilo sonrió.

                   Le hablé de ternura y sus espinas erizó
                   La respiré en todo su olor y de su polen me llenó
                   La poseí con mis ojos y de su pasto renegó
                   Leyó mi amor y conmigo partió.

                   Pasaron los años y poco a poco su vida secó
                   Su tallo se arrugó y la última espina lloró, me miró y su muerte suspiró.
                   El cielo abrió el libro de un amor, el prólogo estaba escrito y el último capítulo vivido
                   Se abrigó la rosa en su epílogo, el pétalo lloró y de rojo, un sentimiento por siempre se tatuó.



                  
                  

                 


                 

                 


                 

martes, 28 de noviembre de 2017

PERDONAR ES LIBERTAD.


                    Es muy difícil hablar cuando alguien solo quiere responder, es muy complicado preguntar cuando alguien solo quiere pensar, es complejidad cuando alguien esconde su respuesta y es verdad cuando alguien tiene la respuesta y la esconde en la perplejidad de la pregunta. Es vomitivo el narcisismo apoyado en  letra, anarquía la locura literaria y canción de cuna,  la falsa autoestima de la timidez. El verbo yace, una letra subyace y el anacronismo muere en la sinrazón de la palabra. Amo la seducción del verbo, la contorsión de una frase y la sensibilidad de una estrofa, porque quiero dentro el sentimiento de quien la escribe, la enredadera de sus memorias, el sentir de sus anhelos y el devengar de sus sueños. Te pregunto y la respuesta muestra un existencial vacío, te respondo y tu aliento explica tu nada, te muestro un ser escrito y desgarras a tiras el papel por el miedo a tus propios infiernos.
                   Muéstrate,  desnúdate y háblame. Deja que tu cuerpo me sude, que tus ojos me expresen y que tus dedos me señalen. Disculpa mi anoréxico amor y perdona mis días de soledad,  mis noches de húmeda Luna y las sábanas manchadas de tu recuerdo. Excúsame de tus fiestas de sociedad, de tus fantasías de oquedad y de las masturbaciones compulsivas de tus dedos en mi sueño. Te pedí un día, te necesité esa noche, deshiciste mis sentimientos, prometiste a mi espacio una caricia y después, reclamé al cielo por haberte conocido. La historia se escribió y el Gran Sabio por mi voz, habló:

                  “Y el paje fue rey, el vasallo terrateniente y el rico lamió la vasija del pobre. Una ley se fundió, el agua en vino se convirtió, una lengua vibró, una piel se erizó, nadaron los pies y la palabra resucitó sus letras. Y llegó la inflexión, la emoción, el éxtasis de una música, el dolor de un alma y el perdón de una historia. Pero el cielo no quiso, el viento fue arisco, el trueno enmudeció, el alma se encogió, tembló el tiempo, el pensamiento gritó, una perdida ansia suplicó, el escalofrío llegó, una Luna se desnudó, el primer cometa gimió y la última estrella,  escribió en luz la poesía de un perdón…y el poeta perdonó, se arrodilló y abrazó de nuevo el eco de tanta soledad: rebosó un tinto por las paredes de su copa, esperó la vela que su cera ardiera para escupirla y en la quietud del hombre, una blanca pared exhibió su frío para que la poseyera. A ella pegó su cuerpo y su piel enchinó el yeso, la música tocó y recordó lágrimas en aquellos viejos acordes, le pidió una provocación al cielo y una tentación a la Luna, un consejo al trueno y una excitación a la estrella más joven. La prosa discurrió suave, una letanía corrompió el perdón de su alma, la memoria de una mujer irrumpió y rasgó la seda de aquella soledad con la espada de sus infiernos. Y pensó el poeta que no podría hacer el amor a la música, que por mucho que fuera el deseo nadie se atrevería, que si abrazaba el primer viento nada sentiría y que ni siquiera aquella Luna, una caricia le prometía. Con furia deshizo su cama, le arrebató las sábanas a su almohada y de una mirada, su mesita de noche de recuerdos vació. Desgarró su ropa y de jirones y botones el suelo llenó. Desnudo abrió la ventana, gritó al cielo su pasión, a las sombras tanto deseo y al mar reclamó la densidad de su sal. Y fue entonces que su alma gimió, atrapó con sus manos el despeinado cabello, sintió, la naturaleza lo poseyó y el grito profundo de su orgasmo, atravesó el último confín del Universo conocido. El amor se hizo, fue natural, intenso y mágico. Lloró el poeta tanto clímax, escribió una tinta su fuerza y desde entonces el perdón se da desde el corazón. El hombre la dejó ir, arrodilló su ego y de nobleza se vistió, fue generoso y su alma sintió el amor natural, perdonó y ahora es libre.”


                 
              

                 

                  

domingo, 26 de noviembre de 2017

OLIENDO A CAFÉ...


                 Crece un acorde en el extraño silencio del universo, el frío sideral encoge sus temblores, gritan los cometas en cada resplandor y mil estrellas relatan su epopeya en la maravillosa lluvia de sus cuerpos. Enrojece su manto la Luna, prepara el poeta sus tintas, el cielo expande su noche y un gemido grita su libertad.
                 Siempre despacito, oliendo ternuras, con elegancia aprendida y escribiendo cada verso como si fuera el último. La caricia exalta el método, el beso funde saliva en piel y la mirada penetra el alma. Viaja el exquisito placer por la frontera de los sentidos, enchina el vello su roce y se pudre el pecado entre los miedos de una educada represión sexual.
                 Transpira piel, abre tu poro y deja que entre mi caricia. Cierra los ojos y deja que te abrace mi sueño, humedece tus labios porque mi beso los desea, arquea tu espalda para que mi ternura te posea, exhálame profundo porque en ti quiero amar y regálame tu más preciosa mirada, porque en mi alma de colores se llenará. Pégate a mí y dibujaremos un silencio entre los cuerpos, un mar entre nuestros temblores y un poema que nade en nuestros sudores. Crece la intensidad, germina el deseo, la contorsión baila sedas y los alientos ya suspiran el calor de la excitación. Camina despacito la palabra y fluye la melodía, el lamido escucha su mejilla, el cabello eriza viento y la saliva hierve en cada lengua. Se desparrama fundido el dulce chocolate, una fresa posa elegancia entre natas y un viejo champagne encela sus burbujas entre tus pechos. Un satín sonroja su estampa, la Luna desvanece su velo y las humedades preparan su aquelarre: cruje leños de pasión una fogata, se abre el placer, vive un rico cosquilleo, se aprietan los muslos, la brasa envenena, el humo transporta y una exquisita sensibilidad, ejecuta la perfección de un baile de sentidos. Los dos somos uno, el abrazo engulle, el cuello exalta sus venas, las bocas se abren y el suspiro excita su aliento, fuerza y ternura, pausa y cadencia, desesperación y calma. Vibra el espacio y calla el tiempo, la emoción imagina más y más, un óleo derrite sus aceites y la tersa vela chorrea sus ceras por doquier. Gritan los cuerpos, los pezones endurecen su estirpe, crece intenso el vigor, jadea el oxígeno y late sangre la mirada. Me pides dentro y quiero sentirme pleno, me deseas intenso y quiero sentirte llena, me das más y la penetración funde, gimes y el cariño llora su clímax, gimo y el orgasmo alcanza su éxtasis,  te regalo amor y me das cielo, te doy un verso y escribes la más bella poesía, te doy un beso de buenos días… y amanecemos oliendo a café.



         

          

sábado, 25 de noviembre de 2017

OTOÑO EN SOLEDAD.

OTOÑO EN SOLEDAD


         Camina el otoño entre las veredas del nuevo frío
         Desprecia sus hojas y se cubre de ocres colores
         Llora una tiniebla por no mantener su mirada
         Y desde su garganta, ruge temeroso el silbido de un viento del norte.
  
          Pestañea una tristeza al sentir su noche preñada, el cielo roba a la Luna su cera y prende sus velas, grita el poeta su melancolía y un lobo busca en su montaña el aullido final de un silencio anunciado.

          Pierde el abrazo sus manos, el dedo su caricia y la mirada la ternura del alma. Se agrietan los labios y arden sus comisuras, esconde su rubor una mejilla y esboza una pálida sonrisa la dulce nostalgia.

          El atajo toma su forma, el miedo vibra y las huellas se pintan, pisando piedras. El bosque es profundo y oscuro, el musgo duerme sentimiento, el hongo alucina su humedad y el vacío desgarra sus escalofríos hasta las vísceras del vientre.

          La piel forma su coraza, una por una en cada poro se pega una escama, el pensamiento busca una luz y solo encuentra castigados recuerdos, se desbarata la conciencia, el corazón late despacio y el alma enreda su espíritu en la telaraña de la profunda depresión.

          Cae el hombre, sucumbe el sueño y muere la ilusión
          Duerme frío el anhelo, un ansia gime y la soledad respira
          Se prende solo el cigarro y resbala en la copa un agrio tinto
          Apaga la vieja vela su cera y llora el poeta su vergüenza.




         
         

       

viernes, 24 de noviembre de 2017

HOLA, ¿COMO ESTÁS?

ADÓPTAME

EN LAS PUERTAS DEL CIELO

MI POESÍA EN TU LIENZO

MUJER DE CARAMELO

POESIA EN PIEL

HOLA, ¿COMO ESTÁS?...


            Hola, ¿Cómo estás?

            Hoy amanecí pensando en ti y de pronto una ventana se abrió.

            Un amable rocío se apoderó de mí y la nostalgia devino sentimiento, la música tu recuerdo y una caricia de viento recorrió mi piel hasta el profundo escalofrío. De frío sudor empapé mi cama, de tu olor mi almohada y de tu seda mis sábanas.

            Hoy amanecí pensando en ti y sentí al cielo abrir su color.

            Pinte tu sonrisa en una nube, tus ojos en el horizonte y tu pelo en mi mar. Con el pincel de mis labios sequé aquellas lágrimas que explicaron aquel suspiro, aquel adiós que atravesó mi alma y aquella postrera mirada que lloró mi destino. Con el lápiz de mi tristeza, solo dibujé la sombra de un grito, un grito sin letras, un grito de rabia.

            Hoy amanecí pensando en ti y vi mi corazón latir en tu mano.

            Vibró fuerte un abrazo en la imaginación, un anhelo deseado y la promesa de un “hasta luego” que jamás se cumplió. Caminó despacito esa sensación de vacío, de sueños rotos y melancólica espera. Viajaste en el miedo y el infierno quemó sus azufres en el vientre del profundo desamor.

           Hoy amanecí pensando en ti y leí mi libro en tu regazo.

           Y cada página hablaba de ti, de mí y de los dos. Cada verso era una oda de amor y en cada estrofa salpicaba una pasión, nacían hermosas palabras y nuestras músicas bailaban solas en el abrazo de la seducción. De él fuiste prólogo y capítulo, de él fui tilde y rima, de él tu partida fue epílogo.

          Hoy amanecí pensando en ti, el alma se encogió y mi corazón lloró

          Despuntó el nuevo día, un sueño se desvaneció y una ilusión me regeneró: el cielo escribió una imagen en mis ojos, un verso a punto de ser poesía, una caricia a punto de ser tocada y un sentimiento a punto de ser sentido. El destino me vistió con su ternura, el cielo cambió su color y cada nube se disfrazó de Luna, el horizonte se despegó de su mar y por fin el sordo  trueno se divorció del relámpago.

         Hoy amanecí pensando en ti…pensando en el placer de mi libertad.




          

            

domingo, 19 de noviembre de 2017

APARIENCIA CONSENTIDA.


                  ¡Huíste! Trepaste tu vida sobre la línea roja de un surreal caparazón, te disfrazaste de apariencia y le compraste una máscara a la oscuridad. Caminaste sobre un alambre mientras sus púas sangraban tus huellas, cambiaste de piel, escondiste tu mirada y cuando un dedo logró tocar tus labios lo quemaste con la hiel de tus comisuras. En la virtualidad encontraste un desahogo, en el secreto una conquista y en aquella foto, una imagen que dibujó la última mentira de tu alma. En tu osadía propagaste el engaño, en tu falsa miel provocaste tentación, en tus copiados versos una ilusión y en tu pesadilla, sembraste ajenos sueños que dormían cada noche en la utopía de tu Luna.

                   Pero un día aquel hombre se atrevió y te cazó. El mar cruzó, un viento desafió y cien consejos desechó. De viejo desaliñado y cojo se vistió, compró un bastón unas gafas y un perro, en tu portal esperó y al ver que el tiempo en su contra apostaba, sentó un deseo en aquel parque, en un banco a la sombra del gran sauce llorón y a un lado de la quimera del último aquelarre de una pasión anunciada.

                   Una y otra vez repetía la impertinente nube su tormenta mientras el trueno se apiadaba de aquel pobre hombre. De mirada perdida y agrietados labios, solo esperaba que el espejismo de tu atracción  se mostrara contundente en aquel tradicional balcón. Las manecillas marcaban minuto a minuto su prisa mientras que sus latidos arañaban los segundos perdidos en cada gota de sangre. El portal abrió su puerta, tu moño de los lunes espantó aire mientras una absorta mirada, te leía, te pensaba y te imaginaba. Con normalidad, tiraste la basura, miraste el teléfono, recogiste de la calle un pequeño papel de ajena desidia, miraste tu buzón y cerraste la `puerta.

                    Sorprendido aquel hombre se llenó de preguntas, inquietudes y malos pensamientos. Imaginó su irreal apariencia en un espejo y comprendió una inmadurez que jamás había abrazado, una inseguridad que no tenía porque mostrar y una mentira que no tenía que prolongar. Él era como era y así se presentaría, pero presintió que algo andaba mal: ella no era la de aquella foto, su apariencia distaba mucho de la que cada noche dibujaba en sus sueños y tanta elegancia escrita, no correspondía a ese tipo de alma. Decidió tocar aquella puerta y así lo hizo.

                     Tocó vehemente el bastón la madera, las gafas perdían oscuridad y el perro sentado en aquel portal,  solo miraba el desenlace de aquel cuento. Por fin decidió salir y de frente olió la vergüenza de la sutil hipocresía: demacrada imagen sumergida en los dedos de sus propios infiernos, piel escamada de miedos y consentida soledad en el refugio de un profundo desamor. Y aquel hombre tuvo que hablar, tiró su bastón, plegó sus gafas y dejó correr al perro que terco en su averiguación,  siguió sentado en aquel surrealismo.

                     Penetró dura la mirada, los dientes apretaron labios, se preguntó y se respondió, reclamó y sumiso asintió, exclamó y lanzó su mano a la conquista. Dejó que sus uñas afilaran el desafío, poco a poco en tu cara las posó y lento rasguñó, rasgó y te humilló: la miel en costra se convirtió, tus lágrimas chorrearon cera, un temblor vibró y una comisura en tu labio se abrió. De tu mirada la tristeza arrancó, de tu piel cada escama quitó y entre sus manos ese moño de los lunes se desintegró.

                     La palabra silenció su voz porque en tu corazón una canción estaba naciendo, el ruido era intenso, el acorde perverso, el pentagrama lleno y la melodía, dulce cielo abrigando ternura de Luna. Cayó tu máscara, tu blusa, el sostén que escondía tus hermosos pechos, tu pantalón, tus bragas y el silencio de tanta hipocresía. Se rompió el espejo, los enanos crecieron, el horizonte se despegó de su mar, se abrió tu alma y en ella sus labios te absorbieron. Nunca por tus versos  preguntó, jamás tocó un pixel de tu autoestima pero en sus brazos nació lo que ahora eres, una poesía de amor, una melodía escrita por la ternura y una mujer que no necesita ninguna apariencia para explicar lo que siente, lo que es y lo que ama.


                     Aquel hombre cumplió el sueño de conocer el verso de esa poesía que noche tras noche excitaba su Luna y tú, rompiste por siempre con la tristeza, con el miedo, con tu inseguridad y  con tu apariencia, una apariencia consentida.


sábado, 18 de noviembre de 2017

VEN Y HABLEMOS...


               Ven y hablemos de nuestro amor, de cómo escriben tus besos, de cómo sientes mis caricias, de cómo se pegan tus pechos en mi piel y de cómo convertimos un silencio, en dulce gemido. Hablemos de ti y de mi, de tus lágrimas cuando recorren mi mejilla, de mi sonrisa cuando queda tatuada en tus dientes, de tus cabellos cuando entrelazan mis manos y de tus sueños cuando los visto de ilusión.
              Que no queden en palabras nuestros sentimientos, en verso nuestro deseo y en promesa lo que por ti yo siento. Necesito tu complicidad, estar cerca del brillo de tu mirada y sentirte tan cerca de mi corazón que cuando te vistas de mar sea capaz de ser el viento que te enchina, que cuando enceles el reflejo de mi Luna solo tenga ojos para ti y que cuando te empapes con mi rocío, el primer gemido sea el de mi alma.
              Ven y hablemos, dibujemos un nuevo amanecer, ese amanecer que nunca respira soledad, en el que la lluvia duerme en nubes de viejas nostalgias, en el que mi locura te viste de sedas y transparencias, en el que tus labios se pintan en mi taza de café y en el que el deseo se deshace despacito entre nuestras sábanas.
              Que se abra el libro del amor, que los latidos corran, que el beso suspire labios en cada rincón de `piel y que nuestras miradas se cierren en el profundo sentir. Escúchame porque ya mis tintas nadan en sudor, un sentimiento está creciendo, la música compone seducción y tu desnudez ya posee mi corazón. Tócame despacito que tu calor abrió mi alma y en sus papilas relame fuerte pasión, el profundo deseo por tu amor.
             Ven y hablemos, inventemos cada noche, cada Luna y cada momento. Descubramos que una rosa tiene mil pétalos, que un aliento se puede abrazar, que un beso penetra su lujuria hasta la garganta  y que cada una de tus caricias roba ternura de los ángeles antes de recorrer mi piel. Ven y hablemos porque el tiempo nos regala un espacio, la vida una oportunidad y el amor, un lazo eterno de libertad. Ven y hablemos porque en cada una de tus pisadas pinté mis huellas, en cada uno de tus besos dibujé mis labios y en cada una de tus caricias, escribí deseo en mi piel. Ven y hablemos porque el añejo tinto ya descuelga sus gotas en nuestras copas y la pureza del fuego ya crispa entre secos leños. Ven y hablemos de amor, de cómo se hace, de cómo se siente y de cómo se sufre…Ven y hablemos de nosotros dos.


           

              

EL MERCADER DE SENTIMIENTOS


                 Como cada otoño, dispuso el mercader su mesa. Deslizó el largo mantel cual aviso de una prometida elegancia y puso un candelabro en cada una de sus esquinas. Los vistió de rojas y blancas velas, de la brasa de un viejo leño sacó fuego, una por una las prendió y dejó que la sutileza de sus flamas crearan el obligado ambiente.  Un extraño frío afiló su aire y aquel viejo hombre, abrigó de una ajena piel su espalda. Árboles sin hojas y gris cielo, un río bajando en silencio sus piedras y nieve fotografiada en lejanas montañas. Sentó su cansancio y esperó.

                 El tímido Sol se atrevió y poco a poco un horizonte se reflejó en su espejo, un gran espejo a un lado de aquella vacía mesa.  Puso el incipiente día sus aceras y de ciegas farolas las llenó. Algunas fachadas vibraban sus pinturas y otras las lloraban. Algún portal se quejaba y otros barrían con esmero una querida soledad. Una ventana se medio abría empapada en helado rocío, otra bajaba su persiana y muchas lamentaban el constante acoso del impertinente polvo. Ya el sereno guardaba sus llaves cuando un elegante caballo detenía su medieval caballero en frente de la mesa de aquel mercader.  La respuesta no se hizo esperar:

-          Aquí no hay nada para usted mi distinguido amigo.
       No se inmutó y con detenida atención observó aquella mesa. Vacío sobre el blanco mantel, cansadas velas goteaban de color rojo y blanco, un mercader sin nada que vender y una triste mirada clavada en su apariencia.
-          Le dije que no tengo nada para usted amigo. No pierda su tiempo y no me haga perder el mío. Lo único que hay aquí son sentimientos, pero ya todos los vendí y solo me queda esta enorme tristeza.
Atónito el caballero acicaló su bigote, después la perilla y habló.
-          Quiero comprar su tristeza.
-          ¿Qué le hace pensar que la quiero vender?
-          Usted ya no puede con ella. Es demasiado grande. Y yo la necesito.
-          Es muy valiosa. No se la venderé. Ya es parte de mí.
-          Se la cambio por mi caballo. Es un pura sangre de realeza extranjera.
-          No
-          Tome mi mano
        Con sumo respeto aquel mercader tomó la mano de aquel gentil caballero y sintió una gran aspereza caminar por su piel, un sudor gélido se apoderó de su alma y mirando aquellos inertes ojos, le preguntó.
-           Con el debido respeto… ¿Por qué necesita tanta tristeza?
-          Porque necesito valorar tanta alegría, tanta felicidad y tanta dicha.
-          Pero entonces…
               Aquel gentil caballero no lo dejó terminar…
                 -     En cualquier momento mi alma extenderá su mano, el tiempo una lágrima me regalará y partirá. Veré el cielo del que nací, el viento del que un día me enamoré, aquella nube que de sonrisas mojó mi tierra y acariciaré las plumas de aquella águila que en su vuelo me llenó de paz. Renovaré el compromiso con la vida y dejaré que el verso se escriba sólo, más allá de la muerte.  Pero no lo haré sin haber conocido la tristeza, la profunda tristeza que usted tiene.
-          ¿Nos conocemos?
Asintió el caballero y no dio más información.
Puso el pie en aquel estribo, acarició su caballo y se marchó.
-          ¡Vaya usted con Dios! (gritó con educación el mercader)
El caballero con un gentil ademán contestó.
      Aquel mercader atesoró mucho tiempo aquel sentimiento. Fue una dura compra  que por años dio sentido a su vida. Todos los días aquel hombre su vacía mesa montaba. Sus candelabros, sus velas y el crujir de una fogata escribían la tristeza de una vida que jamás vendería porque cuanto más profunda, más amaba su felicidad cuando la tenía.
      Tres otoños después aquel gentil caballero pasó por enfrente, el mercader lo sintió desde antes y en medio de su camino se atravesó.
-          Disculpe amigo…
       Sus palabras temblaron. Aquel caballero era un quejido de vida encima de un caballo, su apariencia afable se había desdibujado en mil pedazos, su elegancia pintaba costras de un mal parido destino y su mirada, ni ojos tenía.
-          ¡Por Dios Señor! ¿Qué ha hecho con su vida?
-          Hace diez otoños, escondí sentada mi alma en aquel portal mientras a usted observaba. Lo vi cruzar este enorme espejo y lo seguí.
-          ¡Claro! Ahora lo recuerdo… ¡Usted me vendió esta enorme tristeza!
-          Lo seguí hasta aquella plaza, una plaza donde los sentimientos de miles de personas eran subastados. Gente de almas tristes y otras con corazones rebosantes de generosidad; personas que como yo, nos desprendimos de sentimientos que no queríamos en nuestras vidas, pero no entendíamos que esos sentimientos se complementan y que para tener alegría también hay que sufrir tristezas porque sino, en el camino esa alegría deja de tener significado, se convierte en rutina y tu vida deja de tener sentido.
-          ¡Qué bien habla usted mi gentil caballero! ¡Venga acompáñeme!

       Y aquellos dos hombres cruzaron una vez más aquel espejo: el moribundo caballero acicalaba tembloroso su incipiente barba y el mercader angustiado por su amigo, temblaba sus pasos en cada respiración. Llegaron a la plaza y un viejo sabio explicaba con verbal intensidad sus enseñanzas. Seguido con suma atención por los más jóvenes, hizo una pausa y con un sutil ademán, invitó al gentil y al mercader a sentarse junto a él. Y el sabio prosiguió:

               “Al principio ni el vacío existía. Sentado, un viejo silencio respiraba su aliento. El espacio era intención y el tiempo una ilusión. Despacito latía una energía en la nada, una energía pura y eterna. El silenció la poseyó y poquito a poquito en su regazo, dormida se quedó: empezó a imaginar y en cada caricia del silencio un nuevo sueño la penetró, se emocionó, lloró, tembló, sonrió y empezó a crear, a crear, a crear…
                 Creó todo lo que sentía, lo que en su sueño vivía y lo que su gran poder de sugestión le permitía. Sintió el silencio el profundo escalofrío de la primera creación, vibró potente la energía y ocurrió la gran explosión, el Big Bang creador, el todo imaginado y la gran expansión de aquellos sueños. Y esto es lo que somos, una pequeña parte de los sueños de una energía pura y eterna.”

                 Una vez terminado, se dirigió al gentil caballero y con tierna mirada le habló.

-          Usted también es parte de ese gran sueño, un sueño Universal, un sueño donde los colores de las emociones pintan los más profundos sentimientos, donde las caricias no se explican sino que están y donde la tristeza vive con la felicidad, la generosidad con la envidia, el odio con el amor, la pobreza del espíritu con la riqueza del alma y la ilusión con la depresión. Porque sin uno no existiría el otro. Usted vendió su tristeza y jamás pudo explicar su felicidad porque nunca la sintió. Es menester que los sentimientos convivan y así tomen su exacto valor, es menester que se complementen y así poderlos sentir en su intensidad…Es menester que ambos estén en el sueño y así poderlos explicar.

                Y dirigiéndose al mercader, le ordenó devolver aquella gran tristeza al gentil caballero y seguidamente sentenció:

-          Cruce el espejo y no se asuste: se romperá en mil pedazos y ya no podrá volver. Ahora será feliz, pues sentirá tristeza, una lágrima caerá por su mejilla y sabrá sentirla, un escalofrío recorrerá su espalda y podrá dibujar un sentimiento, su energía se regenerará y la próxima vez que se atreva a soñar, explicará la felicidad que por siempre ha tenido y que nunca ha sentido.

                Y así lo hizo aquel gentil caballero. El espejo se rompió en mil pedazos y por siempre comprendió que para sentir algo, debes haber sentido su cara oscura, que para gozar, antes hay que sufrir, que para ganar, antes hay que luchar y que para vivir, a veces hay que morir.