https://publishers.propellerads.com/#/pub/auth/signUp?refId=Tilr HISTORIAS DE ITACA: TE VIVÍ EN MI SUEÑO Y NO SÉ QUIÉN ERES.

sábado, 2 de diciembre de 2017

TE VIVÍ EN MI SUEÑO Y NO SÉ QUIÉN ERES.


                   Espero no molestarte, pero acabo de tener un sueño, un sueño vivido en tus brazos, un sueño extraño porque te olí, y no sé quién eres. Tus facciones eran bellas, tu mirada tierna y tu boca esponjada, repetía en mis labios el dibujo de un hermoso beso. Tus cabellos doraban luz, mi palabra caminaba en tu cuello y tu mejilla se perdía en mi pecho. Corría sin sombras la noche y el día no salía de su ocaso, pintaba el aire exóticas esencias y el viento las mezclaba en cada poro de mi piel: vainillas y caramelos, resinas e inciensos, jazmín y canela, té indio y almizcle…
                   Sueño de ojos abiertos en el limbo del dormido amor, catarsis de sentidos en el umbral de un excitado sentimiento, sublime imaginación del pensamiento escrita en ternura y mágica seducción estelar, al sentir mis labios recorrer tu piel. Poseído por el dulce letargo del trance onírico, me sentí atrapado por tu cuerpo, absorbido por tu alma y envenenado por tu corazón: corría lenta la sangre por la membrana de mi espíritu, un intenso sudor fluía arrogante, la caricia picaba, el ambiente paseaba romántico y una tenue brisa bailaba sabores de poder y miel. Un deseo se filtraba constante en cada cruce de miradas, una seducción envolvía caliente el espacio, tu desnudez rebosaba cremosa almendra y mi mano no se atrevía a tocarla.
                  Sentía profundo la excitación y por servida se daba la mente de mi proscrito seductor. Una elegante sofisticación hablaba de prisas y pausa, de oro y diamantes, de pasión y erotismo, de sedas y terciopelo en piel. Exploramos el bosque lejano donde las orquídeas se vestían  con dulces vainillas, donde lo goloso era denso, el ámbar transparente resina y el grito de un eco, la suave sinfonía de un gemido. Y entonces temblaron tus piernas y el vigor se disfrazó con el color de un pétalo, el árbol se deshizo de su corcho y lo fundió en amaderado sabor a regaliz y sándalo, penetró el impacto del nuevo clímax, la sensualidad devino gourmet de los sentidos y el placer, un hipnótico sommelier de nuestras humedades. Desafiaba intrigante un escondido temblor, tu espalda se arqueó, una lágrima brotó y el orgasmo llegó mágico, afrutado, intenso, cálido, erótico, profundo y adorado.
                  Y el misterio abrió su teatro, el sueño la pesadilla de su despertar, el silencio jugó con el tiempo y el luminoso astro pegó de azul el cielo y su mar. Las incipientes arrugas se mezclaron con el olor de rubio tabaco en el espejo de un amanecer soñado, dos copas sedientas de sus tintos seguían vacías de añoranzas y las melancólicas velas del romántico anochecer, todavía esperaban quietas, una chispa que ardiera sus ceras.

                 Ahora te escribo convencido de que eres la mujer de mi deseo, porque te encontré en medio de la sencillez reconfortante de un bonito sueño y por eso te persigo, más allá de lo permitido. Te escribo e idolatro porque mis sábanas amanecieron húmedas, mi almohada empapada de tu olor, mis tintas dibujando tilde por tilde las gotas de tu sudor y mi alma reacia de lo astral,  buscándote fuera de mis sueños, porque todavía no sé quién eres.