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viernes, 15 de diciembre de 2017

DESENAMORADO...


                   Se desenamora la nube de su cielo porque las estrellas lo llenan, camina celoso el cometa porque no tiene tierra que lo abrigue, entristece el Sol su calor porque su Luna mengua y no lo refleja, siente dolor el amor porque la distancia no acorta ternuras.
                   Cabizbajo sufre el sentimiento porque no hay piel que toque su alma, no hay verso que explique sus vacíos ni música que calme su ansiedad. Despacito mueve el corazón sus latidos,  el río de la esperanza ya no erosiona sus piedras y el pacto, cansado rompe el contrato. Desde lo más profundo atraviesa cuerpo la lanza de la decisión, el nervio se apodera de la membrana del aura y en las entrañas de los miedos bailan nuevos demonios. La incerteza vive, la seguridad desaparece entre principios y viejas educaciones, la estabilidad corroe, el atrevido deseo se apaga y el increíble ser humano, dibuja un nombre en su playa, clama alta marea y deja que la blanca espuma lo borre para siempre de su memoria.
                  Cree en el olvido, en la destrucción de un recuerdo, en el colapso de los sentidos y en la reinvención de los sentimientos. Pinta de blanco y negro su mente, arranca a jirones los pedazos de piel que un día sudaron aquella pasión y poco a poco escribe en su libro la añoranza por un nuevo amor, por un amor que pueda tocar. Se desviste la tragedia, la imaginación cierra su telón y la noche se pega al día en la rápida rutina de un desamor. Desnuda su cama, cambia sábanas y almohadas, nada huele, nada sabe y nada se atreve porque en aquel lecho vivió humedades, apretó entre piernas sus ansiedades y secó los deseos carnales de sus lágrimas.
                  Pero un día el destino le recordó la condición etérea de sus sentimientos, la magia astral de su áurea, los sentidos que brotan del alma y perforan sudor en cada poro de piel, los deseos genéticos de su sangre por latir en otro corazón y el vacío de una mirada, cuando no penetra amor. Durmió y en su posición fetal soñó. Abrazado por la imaginación se llenó de luz y viajó, la distancia dejó de ser palabra y se convirtió en un pequeño número, el tiempo dejó de ser señor y se momificó, cada verso rimaba, la ilusión fluía, la emoción desgarraba infiernos y el contacto llegó.

                  Olió la nube su cielo, el cometa se pegó a un planeta, se llenó de reflejo la Luna y el Sol expandió todo su calor, vibró el arpa porque el amor estaba cerca de tocar ternura y el majestuoso río de los sentimientos, volvió a rodar y  a erosionar sus piedras. Se abrazaron los cuerpos en su astral condición, bailaron dos almas y la pureza de la sangre embaucó las áureas. El pacto selló una eternidad, los demonios durmieron en sus propios miedos, la certeza mostró razón a la mente y el deseo se atrevió a ser destino. Despertó el sueño, corrió el ser, llegó a su playa, gritó al mar que fuera baja su marea, recogió con sus puños aquel nombre escrito de arena,  absorbió la blanca espuma con toda su alma, se abrió el pecho, abrió sus manos y dejó que cada grano de nombre se tatuara por siempre bajo su piel.