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lunes, 11 de diciembre de 2017

TENTACIÓN


                   Rescata el piano sus notas,  duerme la flauta en el susurro de su aire y apaga el puro del jazz un viejo saxofón. Se reinventa el éxtasis en el agudo violín y grita una trompeta su dulce melodía, se moja una piel y el verso se escribe despacito, suelta gotas de miel un gemido y la tentación camina de bar en bar.
                   Sentada, sin hablar, la copa a medio llenar, vestida con seda de ilusión espera la dulce tentación. Sirve el cantinero y de reojo la mira, un viejo verde la remira y un humo envaina su niebla y esconde ojos. Se prende el ambiente y medio oscurece el latido, sudan las manos y tiembla el hielo en su vaso. Un dedo recorre labio, la rodilla enseña sabor, el escote enchina deseo y un sereno guarda las llaves del pecado. La tentación solo escucha silencio, lee mente y absorbe ajenos cariños, calcula distancia y propone ternura, piensa poco y quema un último cigarrillo.
                   Abren aceras queditos pasos, saludan temerosas dos farolas y una fachada deshoja  parte de su pintura. Camina el poeta entre sombras, viaja su alma rasgando aquí y allá un atisbo de inspiración, un taxi educa las buenas noches y el mendigo se queda sin limosna. Entra el hombre a la calidez de aquel bar, bajo su piel un verso desahuciado y entre su incipiente barba, una vieja caricia luchada. Se quita el sombrero y retira la primera silla que le presenta una mesa, el abrigo cae en su respaldo y deja que el vaho de su aliento empañe el sucio cristal. Llegan de sorpresa unas aceitunas, enredan madera los palillos y el suave y negro vermouth engalana de un recordado sabor su boca. Viaja el poeta por sus miedos, la tentación lo espera y él lo sabe, mirarla no se atreve, el hielo no se deshace y la mesa le muestra tímida su cojera. De repente un olor embriaga el sentido, un sentimiento escribe alevosía y un pedazo de piel arde entre sus piernas. Se levantan los ojos y de frente miran, la tentación reta, un sudor exhala prisa, huye despavorido el romance y punza fuerte el deseo por un placer. Piensa el poeta y su mano tapa boca, huele su vermouth y lo absorbe poquito, recuerda aquella caricia regalada en su mejilla y compra tiempo. Se huele y la feromona lo excita, cierra sus ojos y parece sentir, la tentación se levanta y a su lado sienta la miel de su piel. Se miran, el suspiro no se atreve, una lengua recorre su labio y la otra por dentro acaricia sus dientes, un pezón asoma transparencia y el hombre sufre el disfrute, la mirada es cadencia y el hombro seducción, la respiración intensa y profunda la exhalación…la mujer pregunta y el poeta escribe una inventada respuesta, la tentación se acerca, una humedad crece tersa, la complicidad marca el mismo destino y a lo lejos una cama se imagina sin sábanas.  De la mano del bar salen, el poeta y su tentación, la inspiración y su sombra, la nostalgia de una caricia y la excusa por una eyaculación, la verdad de una estampa y la mentira de una sugestión mal pagada.
                   Llega el poeta a su casa, mira frío su cama y la historia se funde como utopía en sus manos. Llora el verso su incomprensión y el nervio tensa una inspiración, la tinta salpica y la pluma tiembla, el viento abre ventanas y llega la musa, el hombre siente, el poeta imagina, la tentación sirve ideas en bandeja de plata, los sentimientos colisionan, el corazón late, el alma se llena, la emoción crece y la poesía escribe sus elegancias. Descubre la tentación que nadie la poseyó, que el portal fue su umbral y que aprendió que una piel sin un sentimiento es como un corcho sin su vino, seco por fuera y sin alma por dentro.