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jueves, 7 de diciembre de 2017

¿ENAMORADOS?


               Nada ve la mirada cuando el alma duerme, nada llena el aire cuando el aliento es vacío  y nada se explica cuando la excusa vive. El ojo transparenta melancolía, el reflejo se pierde en la cóncava sombra y de lejos, un sueño pide permiso para sobrevivir.
               El abrazo se alarga en la utopía de un sentimiento que nace y crece, la lluvia moja su acera,  el cielo besa sus nubes, se abriga una rosa con sus pétalos, el pajarito come en su nido, el rocío acaricia su ventana y un niño llora su pelota, bajo las ruedas de su destino. Todo fluye, todo es como debe de ser, el hombre sonríe, la mujer acaricia, la palabra escribe sus letras y el verso se recita…y llega el error, todo se acaba, todo se olvida y  todo se rompe como una estrella se fractura en mil destellos, como grita una copa al caer o como desgarra  vísceras el amor cuando se va.
               La imaginación agota el juego, un escondite entre nubes se abre, un reflejo de Luna recorre despacito una piel, entre serpientes y escaleras baja el cielo, sube el mar y un horizonte perdido pega su dorado color, en cualquier portal. El hombre llora, la mujer esquiva caricias, la palabra enmudece y el verso se recita en silencio. La prisa busca un sentimiento, la desidia la excusa de una depresión, el perdón huye y ni siquiera el clavo aguanta su cuadro. Se abre la ecuación, las incógnitas se multiplican, las raíces se dividen y el resultado confunde por no ser el mismo, porque en los dos subsiste el error.
               Rebotan por doquier las preguntas, no se aceptan las respuestas, el orgullo da un manotazo a la sensatez, la mirada envenena su reojo, la mano que deshojaba botones ahora seca lágrimas, la cerrada barba que admitía ternuras ahora encanece sus arrugas y mientras tanto el mundo da vueltas, en el ocaso el mar alarga sus mareas y el Sol despunta su calor cada amanecer.
              El hombre escoge su norte y la mujer mira hacia el sur, la cuerda se estira, nadie ceja  su empeño, se vacía la calle y todos los miran. ¡Pasen y vean! El teatro de la destrucción abrió sus puertas: todos opinan, se buscan culpables, muchos ya sabían y otros callan su morbo, el vals es clásico y los desaparecidos “amigos” encuentran vida, todo se vale, todo se vende, baratos y por kilo los sentimientos, caro el respeto y obsoleto el rosario de la vigilante vecina de siempre.
             Y ahora de lejos se miran, comparten fotos y de tanto en tanto uno abre el baúl de sus recuerdos mientras el otro llora sus noches, uno camina cabizbajo su destino y el otro todavía persigue aquel olor en su almohada, el uno le pide amistad virtual y el otro lo niega, uno ama el ayer y el otro lo abraza, pero los dos todavía miran absortos al cielo buscando la verdad. Y el ser humano topa, cae, se levanta, aprende y se da cuenta que cuanto más pasa el tiempo, más difícil es el retorno, que la ignorancia no traiciona, solo avisa  y  que al final, el implacable juez de las manecillas pone a cada quien en su lugar. En el error aprende y se pregunta cuantos hacen falta para enamorarse del amor otra vez y no fallar…y se pregunta por él, por ella, por la ignorancia consentida y también por el espacio que llora distancia. Reflexiona y aprende, mira vacío en sus manos y enseñanzas en su frente.
             El que más sabio es,  menos se enamora porque menos se equivoca. Por eso hoy, que ya estudié vida, me siento cada vez más sabio.