https://publishers.propellerads.com/#/pub/auth/signUp?refId=Tilr HISTORIAS DE ITACA: febrero 2019

lunes, 11 de febrero de 2019

NÉCTAR.



                Han pasado los años, de tiempo nos hemos llenado, de arrugas y espacios en blanco, contando distancias y escribiendo versos, que nadie nos ha explicado. Vivimos con las miradas perdidas en el pasado, con el vientre de recuerdos preñado, con la memoria en aquellas ilusiones que de niño soñábamos y que hoy vemos como se escurren, entre los dedos de nuestras manos. Nos han regalado caricias, quizás las tuyas diferentes a las mías, algunas queridas, otras necesitadas, pocas odiadas y muchas, por el pecado reprimidas.
                 Pero ahora es distinto, junto a mi tinto desnudas tu albedrío, pegada a mis leños sabes que en el frío no hay paraíso, que mi regazo te respira ofrecido y que sigo perdido en tu fragancia hasta el más profundo de los suspiros. Así te quiero, hermosa y madura, con tus labios llenos de travesuras, inteligente y ardiente, sabia y diferente, con esa mirada que no pregunta cuando en mis brazos, valiente te desnudas. Me cuentas que del miedo has sido víctima, de un cariño vacío en sabiduría, también del escalofrío cuando te afligía, del amor y sus espinas, de cada etapa de ajenas vidas y de cada silencio que en soledad, de la esperanza era, una hermosa vigilia.
                 Cruzamos palabras, el sentimiento nos acerca sin pausa, un pequeño temblor recorre nuestras espaldas, las manos se abrazan, tu mirada habla y entre dientes es mi aliento el primero que te ama. Se cae la copa, se eriza la alfombra, crepita el fuego en leñas primorosas, un beso deshaces en mi boca, entre tus senos mi ternura se vuelve loca, el cuerpo se moja y chorrean las ceras, despacito en sus gotas. Con dulce cariño se abre el libro, un sentido escrito te penetra como destino, gime tu alma, también mi sangre en su río, cada poro es querido, cada rincón por nuestras salivas bendecido, te lleno de suspiros, me bebes como jugo maduro recién exprimido, te toco en la memoria de todo lo permitido y sonríes la blancura de tus ojos cuando en ti me desparramo vivo.
                  El silencio no es elegido, es la opción del amor cuando es sentido, esa pausa que toma el alma cuando el pensamiento descansa, el tiempo de un sueño cuando la imaginación lo para. Ven, una cama nos espera, no te pediré traviesa, solo tierna, con el abrazo de tu mujer entera, con esa piel envidia de la primavera, amada por este hombre que te desea, ungida por mi amor de los pies a la cabeza y bebida sin pausa ni medida, en cada gota de tu néctar.




sábado, 9 de febrero de 2019

ATARDECER ROBADO.



           Dibujado y distinto, noble y variopinto, ocre en azahares, dorado en grosellas y atrevido entre agaves, almizcle soñado, un poema por el cielo recitado y dulce sobre tu cuerpo, como almíbar aterciopelado. Atardecer robado, un regalo a tu lado, saboreado en la brisa del océano, olido en arena dentro de cada grano, vivido y a tus cabellos enredado, probado por mis labios, siempre a tu sudor pegados.
           Caliente nadaba sobre un horizonte difuminado, cada ola encelaba de aquel atardecer su color deseado, oro sobre tu espalda, granate en tu sangre, rosado sobre tu cara y blanco en el primer gemido, que tus dientes respirara. Ya las gotas de su brisa entre tus senos relucían, un atrevimiento pedías, quizás una osadía, ser tocada con la inquietud de mis caricias, sobre tus pies y entre los dedos, por tus piernas y en tu vientre con pasión ardiente, dentro de tu boca y por todo tu cuerpo, hasta que aquel atardecer, se durmiera por completo.
           Gimió un viejo viento acicalado por tu cara, también un rocío pegado de una antigua mañana, aquel geranio que dejó su balcón y caminó ermitaño, el vaho de mi aliento tocado entre tus labios y la humedad de mi cuerpo cuando sentiste su cálido abrazo. Despertaste una mirada, una profunda ternura, el cariño de un hada y la sonrisa más deseada, cuando mi suspiro te susurró al oído que en aquel atardecer, serías amada.
            Viajó la nube más cercana, deshizo su algodón sobre nuestra playa y desplegó el lienzo de una ilusión, que en sueños nos acariciaba: el caballito de mar caminaba, una vieja caracola escondida nos miraba, una almeja se sentía reina, la estrella de cinco puntas volaba y todo el paisaje se relamía, con aquella dulce marea que desnudos nos abrazaba.  Copos de sal imaginaciones cristalizaban, en tu regazo mi espuma una y otra vez salpicaba, entre besos nuestras bocas poesía recitaban, el cuerpo se erizaba, el alma cantaba porque en el sentimiento eran tus ojos quienes mandaban, en el deseo mi lujuria y en la pasión el arte esculpido, de una ternura.
            Queríamos más, necesitábamos amar, rebozar en aquella arena cada poro de nuestra beldad, exprimir cada lágrima que del deseo era mar, copular amor sin parar, estremecer el espíritu más allá de la eternidad, escribir esa pasión que nos fundiría en ansiedad y sembrar una semilla, que germinaría por siempre viva en el recuerdo de un atardecer, que nos atrevimos a robar.


          

sábado, 2 de febrero de 2019

ÁMAME


          Te pienso a través de la palabra, te sueño etéreo, sin pausa, dormido y despierto, confundido en el viaje de los alientos, atrevido por tocar en el tiempo un deseo, poeta al cortar en el espacio de la distancia cada letra y hombre porque de ti, mi carne está llena. Te medito al tocar mi silencio, al mirar la noche del cielo, al responder las preguntas de mi ego y también cuando una imaginada caricia, desviste de la Luna sus brumas y su velo.
          Ámame como nunca se ha inventado, con esa fuerza que tanto extraño, profundo en tu regazo y con ese sentimiento que en mí has enamorado. Deja que tu deseo se convierta en vaho, que impregne mi piel más allá del sudor ansiado, que juegue encendido en cada rincón acariciado y se pierda mojado dentro de cada poro por tus labios erizado.
          Ámame con ternura, con la desfachatez de la lujuria, con la cursilería de la exquisita locura, con la inocencia de una niña disfrazada de luna y con toda tu mujer, hasta el límite de la dulzura. Ámame por dentro, sobre mi espalda, como sentimiento y el color de un momento, fundidos en el abrazo intenso, seductora en la contorsión de tu alma, amada en esa lágrima que del orgasmo es lanza, húmeda desde la cintura hasta lo más profundo de tu mirada… excitada cuando mi terso miembro entre como baile, por cada rincón de tus entrañas.
          Te pienso a través del amor, en el sueño perfecto, con el tiempo detenido en el sabor de tu cuerpo, confundido en el velo del celo, lleno de tu olor y abrigado intenso cuando en el invierno del espacio, te siento lejos. Dibujemos nuestro viaje, pintemos el tocar de caricias salvajes, esos besos que nadan suaves, esas gotitas que entre salivas escriben traviesos maridajes, esas miradas que en el deseo se cierran y en la pasión abren nuevos paisajes.   
           Ámame porque ya quité de mi vida cada amor sufrido, a la vieja música esa melodía preñada de gemidos fingidos, a las esquinas sus comprados suspiros, a mi cama las manchas que cada noche desgarraban mi libido y  al pensamiento cada momento, que en soledad viví perdido, en un maldito laberinto. Ámame porque hacerlo es destino, en el cielo está escrito, sobre cada estrella y por cada senda que recorre el cometa, en cada Luna y dentro de cada planeta, también en nuestras almas y en cada gota de tu sangre, que hoy recorre caliente, cada una de mis venas.

MIRA EL VÍDEO EN YOUTUBE AQUÍ. APÓYAME Y SUSCRÍBETE A MI CANAL. GRACIAS.



viernes, 1 de febrero de 2019

ERÓTICO ROCÍO.


           Tostaba un pedazo de pan sobre la brasa de una vieja leña, le pedí a una oliva que exprimiera su jugo en cada migaja, a un ajo que las acariciara y a mi boca que las ensalivara, como delicioso manjar de hadas. El tinto hizo el resto, desde aquel porrón me atravesó erecto, en su mosto saboreé el cielo y con la mirada perdida en cada viga de aquel techo, dejé que un sueño me absorbiera por completo. Se desparramó la noche entre las sombras de un humo perfecto, gritó mi soledad su postura más irreverente, abrí la ventana, también la cortina que tapaba su persiana y caminé despacio por un aire que me envolvía caliente y lleno de una extraña ansia. Tanta oscuridad desvaneció mi mente, el recuerdo cayó, la memoria cada neurona tiró, solté riendas a la imaginación y entre tanta bruma, una calle apareció.  El pensamiento la abrió, con ganzúa pues la llave no encontró, mi corazón aquel hermoso paisaje latió y fue entonces que un atrevido deseo, le pidió a mis huellas que no fueran cobardes y que en aquel extraño camino, plantaran sus pies y también su coraje.
           Abrí la puerta del tiempo y en su portal senté mi silencio, estaba lleno de relojes y manecillas cubiertas por un polvo cansado y quizás algo viejo. De repente me cautivó un reflejo, un espacio sin pliegos gemía su distancia a lo lejos, una extraña niebla lo llenaba denso, no había maderas taladas en invierno, tampoco crepitaba ningún leño, solo una espesa resina que lo resbalaba por la espalda y que ahora se pegaba como ámbar, sobre la palidez de mi cara. Enfrente se abrió un parque, lleno de hojas y bancas, de otoños caídos, de pacientes viejos divinos y  de algunos niños, que ahora no jugaban ni mostraban sus gritos. Aquel parque pensaba sus olvidos, aquellos vacios que entre sombras una y otra vez lo habían recorrido, esas miradas que un día lo respiraron verde y que ahora lo tenían sentenciado, en un retiro ya jubilado.
             Y despertó el amanecer, a un rocío estaba pegado, sus labios eran de agua, su piel tersa como mármol de carrara, su mirada tierna como nube pintada y su fragancia algo traviesa pues olía a rosas, jazmines y también a dulces manzanas. Era un rocío extraño, un tanto humano, a la vez vestido y desnudo, seguro y despistado, por el viento acompañado y con un aliento abrazado en cada puño de sus manos. En cuanto me vio una sonrisa dibujó, giró su cara y detuvo mi saludo con una prisa que salía de su alma, dejó caer sus gotas sobre cada árbol, suspiros sobre cada portal abierto desde temprano y con una sutil elegancia, cruzó los brazos en su espalda y sobre aquella vereda, caminó erguido y en calma.
             Desde el parque nos miró una vieja banca, rodeada de palomas blancas, algunos celofanes que todavía respiraban a caramelo de anciana, un par de colillas bien exprimidas y entre sus forjados hierros, un pequeño caracol  recorría despacito aquel frío, con toda su baba. Estaba limpia, no tenía heces tatuadas ni hojas secas sobre su estampa, tampoco pedacitos de caídas ramas. El momento se mostraba tenso, le pedí al rocío que a mi lado sentara su trasero, de reojo preguntó, de mi aliento salió un gesto, de su boca un mojado silencio y con el primer viento a mi lado sentó, su olor más travieso.
              No habló, tampoco yo. Sentía que una humedad me vigilaba, que desde otro cielo alguien me observaba, abrí mis manos y se llenaron de nostalgia, de cada poro salió una lágrima y en su sal se cristalizó dulce una gota de agua, también en mis ojos y con la mirada empañada comprendí, que aquel rocío me amaba. El tiempo pasó página, el deseo rasgó tiras de piel en aquella banca, aquel rocío en mujer poco a poco se transformaba y mi hombre, erotizado por aquella seductora fragancia, tenso despertaba. El sueño se desvistió en mujer, su latido desnudó cada miedo, la caricia me prendió perverso y en el primer suspiro arrancó de mí, todos los pecados que de ajenos infiernos, guardaba muy dentro. En su aliento la gemía, en el vaho mis dedos una pasión escribían, cada una de sus prisas en mi pensamiento eran lamidas, también esas humedades que apenas contenía y cuando la mano atrevida desabrochó mi camisa…le ofrecí mi cama, mi vida, los besos que ya destilaban mi saliva, también algunos versos y toda, toda mi poesía. De ella tenía ganas, de su hermosura y de cada curva, también de su boca y de cada gota que de mí, hoy caminaría erecta por las entrañas de un rocío, que era mujer y de mi música, la más erótica de las notas.
             Y en aquel parque la hice mía, dentro, muy dentro, abrazado por su caliente melodía, poseído por aquellos labios que un día fueron guardianes de su virginidad y  besado por esa miel que solo mi cuerpo en su piel, era capaz de libar.  Surcaba su cielo mi mar, chorreaba ardientes chispas la cera en cada deseo hecho ansiedad, sufría el sentimiento porque en la carne se quería expresar, también el latido cuando en su sangre quería caminar, mis pestañas porque en cada mirada  una poesía querían recitar y toda mi alma,  porque en su historia quería escribir ese capítulo, que jamás, iba a olvidar. Dentro, muy dentro, perdido en lo perverso de los sentidos, como parte de su cariño, niño y cautivo de su ritmo, de la Luna y el destino, de esa pasión desbocada que me atrapaba en su paraíso…de ese sudor que en el amor era una y otra vez, bebido y permitido.
              Su contorsión era suave y perfecta, la recorría completa, caían tullidas las hojas de mil ramas sobre aquel parque proxeneta, aquella banca gritaba, cien ventanas cerraban cortinas y persianas, solo estrellas nos miraban  y entre cien lunas, diez mil cometas humedecían sus estelas y también se desnudaban. Dentro, muy dentro, irreverente, perdido, libre y completo, sin miedos ni falsos vientos, con toda la energía del hombre que despertó tenso, disfrutando a esa mujer que fue capaz de desnudarme en su cariño, con un solo dedo.
               Nos mostró el silencio un atrevido sigilo, lleno de gemidos y gritos, de orgasmos y eyaculaciones permitidas en traviesos escalofríos, de eróticas trampas que como río recorríamos sin pausa en nuestra piel y también sobre cada sentido. Lloraba profundo cada aliento, me sentía abrazado por puños de sentimientos, por ese intenso fuego que recitaba su cuerpo, por tanto cariño que me mantenía inquieto y perverso, por esa suave dulzura que exprimía con ternura hasta la última gota de mi erecto miembro. Dentro, muy dentro, con toda su vagina abierta, mojado desde mi vientre hasta la cabeza, ungido por tanto jugo que de ella era un precioso néctar, erotizado hasta lo más profundo…amado y deseado como nadie jamás, se había atrevido en mi mundo. Dentro, muy dentro, no me quería salir, en ese abrigo quería vivir, en ella todo erizado quería morir porque no habría otro amanecer, que un rocío clavara, tanta huella en mí. Con dulzura la vestí, que me acompañara le pedí, toda se empapó en mí y camino a casa le expliqué que su destino, siempre estaría en mí. El parque nos miró, el otoño en su ocre se despidió, el viento se deslizó y nos dijo adiós, un arrugado celofán en caramelo otra vez se convirtió, me sonrió la banca y no pudo aquel caracol, ya que de tanto calor,  yacía hervido en su propia baba.               
              Le ofrecí una taza café, con duda me miró, lo probó, pero era tanto el calor, que en ese vapor, toda se desvaneció. Solo una gota dejó, la más tierna y clara, esa que es sudor en cada alba, entre mis brasas una chispa de añoranza, en mi taza la memoria de un erótico sueño en aquella banca y en mi alma una lágrima de amor, que desde entonces cada mañana,  recorre sin prisa el cristal de mi ventana.