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sábado, 30 de junio de 2018

¿DÓNDE ESTÁ EL SOL?



                    Mira el niño su juguete perdido, el perrito aquel árbol que talaron, la música el acorde sordo de un reggaetón infame y vanidoso, la hebra un ovillo olvidado, el árbol sus hojas caídas mientras el sabio un pelo de su ceja arranca, un pedacito de sabiduría, una sombrita de sus ojos cuando al sol miraba, un recelo de viento que en sus manos ya dormita cansado. Camina el horizonte un ocre sábado, la palma abate un cielo osado, la piedra le dice al río que hoy no está tan mojado y el pasto a su tierra que le preste verde porque hoy el Sol no vino o estuvo de paso. Sienten las aceras que es verano pero no hay tanta luz como en el pasado, la pared descansa en su fachada, en su blanco no ve una sombra pegada, no hay reflejo, el gris la viste de cierto pecado, una niña explica que su abuelo vendió el Sol, que aunque mucho no le dieron fue lo correcto, que quien lo compró no venía del infierno, que no lo conoció en directo y que una mujer de suave velo fue su mensajero.
                    Y…¿Dónde está el Sol?...
                    Se lo preguntó el niño al juguete y éste no supo, le preguntó el niño a una sombra y ésta se desvaneció, le preguntó al mar y una pequeña espuma le regaló, le preguntó al sabio y con otra pregunta le contestó: ¿Por qué iba a vender el hombre el Sol? Pensó el niño, discurrió lo que de él decían, que todo lo sabía, que era un gran imaginador y por ende el más enorme soñador. Encontró un portal, en él sentó su inocencia, un perrito se le acercó, con caricias lo mimó, recogió su mirada y entre nubes la perdió. Quizás esperaba una respuesta del cielo o un atisbo entre las hojas de aquel árbol, una nota escrita volando a lomos del viento o una niña que lo viera con atrevido deseo. Nada pasó, el perrito a su lado se durmió, pensó.
                    De repente algo sobrecogió su mirada, su boca y sus hombros: un hombre caminaba con un gran letrero colgado a su espalda “Yo vendí el Sol”. Entró a una cantina, el niño lo siguió, pidió un doble de algo, el niño bajo su mesa se escondió, el primer susurro no lo entendió, llegaron lágrimas, murmullos y desahogos, comprendió: un gran desamor le había arrancado el alma y desbaratado el corazón, yacía el hombre sentado, en alcohol guardado, cantando entre dientes un amor traicionado, explicando a su vaso todo lo que le había pasado: “ la conocí lejos, en la virtualidad la encontré, toda la leí, incluso en mis humedades la hice mujer hasta que un día comprendí que de una falsedad me enamoré. Ni tenía la edad que decía ni su alma atravesó nunca sufridas nostalgias, su cabello era rizado y no lacio como la foto enseñaba, sus ojos no sabían de lágrimas pues aquellos sentimientos jamás pasaron de su garganta…
                   El vaso quieto y medio lleno, escuchaba. El niño, un poco asustado, esperaba.
                   …Ahora sé que en el viento no está su perfume, que el mar no me traerá sus caricias, que sus hermosas montañas no recibirán mi nieve ni sus palabras harán más travesuras en mi mente. Escribía que el Sol iluminaría nuestros días, que en su luz nuestro amor se explicaría y crecería, que en su calor nos desnudaríamos e inventaríamos atrevidas caricias…¡Me engañó!.- el vaso sobre aquella mesa azotó, el niño los ojos cerró, el vaso calló.- Ya no pertenece a mi vida, de mi sueño se cayó…jajaja…llegó su otoño..jajaja---se fue de mis días. ¡Vendí su Sol!...jajaja…-el vaso se estremeció, ya no quería estar en aquellas sudorosas manos-…¿Y ahora qué? ¿Con qué me iluminará?...jajaja…Y que ni se atreva a cruzar mi mar porque lo abriré y en él se ahogará…¡deja y embriago su recuerdo!, al fin que vivirla suspirando sería pedirle algo extraño a mi aliento ya borracho…jajaja…y vivirla pensando sería pedirle al tiempo algo demasiado mundano.-el vaso respiró-.
                      Se levantó aquel hombre, se dirigió al baño sin olvidar pedir otro trago, se envalentonó el niño, a escondidas lo siguió. Mientras aquel hombre desahogaba sus necesidades, el niño empezó a limpiar el espejo del lavabo. Imaginó, tomó un poquito de jabón en sus dedos y dibujó una gran luna, tomó un poquito de agua y de ella la salpicó. El efecto resultó, aquella Luna lloraba y poco a poco se desvanecía. Aquel hombre desde su necesidad, absorto lo miraba. De repente el niño encima del lavabo se subió, acercó al espejo su boquita y con su propio vaho aquella Luna secó. Aquel hombre le gritó que se iba a caer, el niño haciéndose el sordo de reojo lo miró, con sus ojitos fijos en aquella pálida Luna, susurró: “alguien  tu Sol vendió, bajo tu manto ya no habrá más amor, no tendrás reflejo ni ese velo tan bello, una mujer al hombre engañó y el hombre corrió, vengativo el Sol vendió, de alcohol se vistió, a un vaso reclamó y este niño bajo su mesa, de la sublime idiotez de la ignorancia aprendió”. Se quedó viendo al hombre, miró al espejo, “quizás mañana ya no habrá un aliento que te caliente con su vaho, quizás ese hombre de su tristeza aprenderá o a sus cavernas regresará, quizás el amor ya no existirá más y el desamor por doquier reinará, quizás el Creador un nuevo Sol nos dibujará o quizás el eterno frío, de la Tierra se adueñará. ¿Por qué el hombre se aferra siempre al mal recuerdo y no al hermoso futuro?¿Por qué vende el Sol si sabe que se quedará sin Luna?¿Por qué no aprende si la vida es la mejor escuela?¿Por qué no llora y olvida en vez de sentir su ego herido, recordar y emborrachar su vida?¿Por qué es tanta la ignorancia permitida que hasta en su depresión los perros se atreven a mear, en su pantorrilla?”.- tomó otro pedacito de jabón y en aquel espejo escribió: EL AMOR NO ES PARA COBARDES. REGRÉSAME MI SOL.
                    Serio, con el rostro de nervio atravesado, de la cintura bajó al niño de aquel lavabo, lo tomó de la mano, salieron del baño, pagó su cuenta, se disculpó con el cantinero y con el vaso. Se sentaron en el portal junto al perro que medio dormido y molesto los miraba. ¿Sabes?.-explicó aquel hombre- yo tengo una nieta, tiene 6 años, es más pequeña que tú, cada día la recojo de la escuela y en el camino a casa me pide que inventemos un cuento, siempre nuevo y cada vez con una imaginación más y más atrevida. Juntamos a los árboles chicos con los grandes y los convertimos en familia, pensamos nubes como piezas de un gran puzle y así entretenemos al cielo con un gran laberinto para que no llueva en nuestro camino, imaginamos águilas nadando en lomos de delfines y a ballenas escuchando grillos en un bosque que está cerca de su escuela. El viaje es divino y el final siempre incierto, pero acabamos el cuento, quizás ya en el ascensor o abriendo la puerta pero nunca dejamos que nos gane el olvido ni la pereza. Ayer no hubo cuento sino la historia de un desamor de hace años que todavía exprimía mi recuerdo. A veces necesitas contar esos recuerdos o para que se vayan diluyendo o para que alguien te dé una respuesta. Y así fue, se lo conté a mi nieta y ni dos segundos tardó en imaginar una treta: “Mira abuelo-me dijo-, hoy está nublado, el cielo muy gris y amenaza tormenta. Hagamos un gran letrero que ponga “Yo vendí el Sol”, cuélgalo a tu espalda, métete a la cantina más cercana, desahoga esas nostalgias y verás cómo te alcanzan las respuestas”. Y me alcanzaste, querido niño, tu eres mi respuesta, gracias, hoy aprendí más sobre el amor, si, sobre el amor que siempre te espera  tras un desamor, sobre esa Luna que no existiría sin Sol y sobre los sueños, que si no los crea un niño, lo son menos. Y tú, creaste un sueño en mí, un sueño que de nuevo he de perseguir: Amor. Y ahora iré a contarle lo que hoy viví para que sea ella quien termine este cuento.
-          ¿Puedo conocer a tu nieta?
-          ¡NO!






       
                   
                   
                  
                   

miércoles, 27 de junio de 2018

NO LO DUDES, PENETRARÁ TU ALMA.



                    Frío, la palabra suda pero tengo frío, mucho frío. Abrí mi pecho, saqué el alma, no hubo mujer que osara tocarla, cerré los ojos, no sentí una mirada, dejé que mis venas se secaran, mi corazón gritó y desde entonces siento frío, mucho frío.
                    Mi destino en un gran laberinto había convertido, una mazmorra de humedades y sentidos, un camino lleno de atajos y veredas quijotescas donde los molinos eran de tiempo y las espinas nacían de las piedras. Los sentimientos corrían urgidos, en mi piel eran consentidos, en mis ojos llorados, en mi boca sonreídos y hechos vacío, en las palmas de mis manos. El paisaje me daba escalofrío, la montaña poco a poco se desgajaba, comprendí que no era el río quien la erosionaba sino el dolor de la memoria cuando regresaba y dolía toda. Entendí que el viento volaba rendido, que el aire abandonaba a su águila, la nube ni su lluvia extrañaba y hasta el cielo de tanto en tanto, su color amañaba. Me quedé sin alma, era blanca, hermosa,  transpiraba magia, asumía retos, explicaba al corazón nostalgias, corregía mis versos y a veces, hasta un beso me soltaba. La puse en venta o alquiler y nadie preguntó que tanto valía o si tenía liquidez, quien era el que no la quería, de qué servía o por qué sus acciones estaban a la deriva. Solo el chatarrero de la esquina se preocupó, la pesó, me miró y me dijo que ni por kilo la quería.
                   Fue entonces que de lejos una exquisita mujer me atrapó, anciana y sabia, elegante y poco sofisticada un libro me regaló. Era el libro de las almas, el libro que explicaba porque la mía por nadie fue atrapada: “…ella vive en el corazón de tu espíritu, ese espíritu que a tu aura está pegado. Observa bien sus colores porque no hay arcoíris que pueda copiarlos ni pintor que los refleje tan exactos. Ellos explican tus grados, tu crecimiento, tu dolor, la enfermedad, la tristeza, tu madurez, la verdad. Y cuanto más cerca de esa verdad estés, más blanca será tu aura, más puro el latido y más hermosa tu alma. Llegará el momento que ya no querrá estar cerrada, se abrirá toda, esperará, estará preparada, llegará de fuera esa caricia tan ansiada, su membrana temblará y ese abrazo por siempre abrigará. Ya no lo dejará, en su pureza escrita estará, el espíritu leerá y un gran amor en ti, poco a poco crecerá.”
                   A veces creemos que tenemos el alma abierta, lista para ser amada pero lo cierto es que permanece cerrada, asustada, en nuestro espíritu escondida, solo esperando que seamos dignos de ella algún día. El trabajo es exhausto, a veces una vida entera se tarda, unos antes, otros después y muchos, nunca. Crecimiento, madurez, cuerpo sano, tristezas alejadas, sueños y sobretodo verdad. Ser auténtico, libre, no hay miedo ni pecado, no hay celos ni enfermedad alguna del infierno, no hay mentiras ni falsos egos, solo esa generosidad que te da todo sin pedir a cambio un solo gesto. El libro me lo explicó, en la última de sus páginas, antes del epílogo, un pequeño párrafo mi atención llamó. Era como una oración, ese rezo que entre almas es perfecto en su condición, eso que debes pedir cuando estés listo, con tu alma en la mano, a punto de ser penetrada:
                   “Ven a mí, aquí está mi alma, entra en ella, saca sus añoranzas, envuélvete en su membrana y besa profundo ese espíritu que en ella vive y te ama. No sientas vergüenza, entra y poséela con fuerza, atrévete, te la doy entera, no temas porque toda esta humedad es sincera, brota de su poro, es ella en esencia, es el deseo cuando la pasión es intensa, es la verdad de mi vida entera.”
                  No lo dudes, será penetrada.




TÚ, NO VALES NADA.



               Puse en tus manos una caricia, un verso, una rima, un sentimiento querido, un pedacito de vida que en tus tintas no fue poesía. El papel era demasiado blanco, quizás tu corazón estaba vacío, tu cuerpo para mi prohibido o quizás tu alma, el aliento había perdido.
               Estaba confundido porque en ti había creído, pero estabas lejos, muy lejos cuando en mis brazos mentías tus deseos,  cuando en mi boca olía tus falsos besos,  cuando tu mirada jamás atravesó ese amor que por ti llevaba dentro. Viví tu distancia, la nostalgia cuando no es sincera, tu música cuando no era para mí qué estaba hecha, la palabra cuando no expresaba nada, mi tristeza cuando en tu frío me daba y me daba.
               Llegó el día en que me dijiste que no me merecías, te sonrió la hipocresía, mi vida soltó una carcajada, querías ver una lágrima y lo que mis ojos te dieron, fue el vacío que por ti sentía mi alma. Te creías divina, quizás por Zeus parida, del espejo su cómplice y del amor, una barata poesía, del orgullo su bandera y de lo espiritual, una vida que solo arrastraba sus penas, aunque tú ni cuenta te dabas.
              Quise explicarte, rescatarte y medio abrazarte pero tu amor propio era tan grande que ni la cabeza volteaste. Emprendiste tu viaje, en tu espalda no cargaste nada porque incluso mi último ruego despreciaste. La inmadurez a ti me arrodilló, te recordé una y otra vez que de mi hogar eras parte, que sin ti el destino no tendría sueño, el frío sería eterno y mi soledad un oscuro encierro. Equivoqué mis ansias porque lo que sentía era cierto, pero jamás me di cuenta que tu libro solo para otros estaba abierto, que era viejo, que sus páginas no tenían número, que sus tapas olían a rancio cuero y que su epílogo estaba a punto de ser escrito por el infierno.
             La noticia llegó tarde, alguien me contó que una sombra había perdido su maquillaje, que ahora vivía a una pared pegada, que estaba seca y arrugada, que era mendiga de almas y el amor con rutina vagabundeaba, que entre sus dientes nada era blanco, que vivía entre telarañas, que su libro yacía cerrado y en su contratapa solo una leyenda rezaba “Tú, no vales nada”.  Como siempre la inmadurez venció mi alma, me dirigí a la biblioteca más vieja y lejana, encontré su libro y dejé que sobre él, una lágrima se derramara. Despacito se hidrató, se abrió, una lucecita en destello asomó, una oportunidad me pidió, pero esa vez la madurez, de mi alma se adueñó. Había sido demasiado el dolor, difícil el olvido de aquel desamor, ya mi vida estaba llena de otro calor, de una mujer tan increíble que en su ternura, aquel libro por siempre cerró: lo puso en mis manos, me abrazó, de besos me llenó y ella con todo el amor, en aquel estante lo posó.
             Ahí terminó su historia, entre polvo y viejas manos, sin música, sin espejos, con olor a rancio, de años pegado y con ese epílogo tan leído y cansado “Tú, no vales nada”, para que algún inmaduro lo leyera cuando equivocado lo abriera y quizás de aquella vida,  aprendiera.



             
             

martes, 26 de junio de 2018

LA MUJER DEL MAR.



                 Lamía sus notas una flauta entre el eco de las montañas, esperaba el león su presa, miraba de lado una jirafa, el valle extendía verde su sábana mientras un río despacito, cada pedazo de pasto mordía solícito. Era ese, el cuerpo de una mujer extraña, una mujer que cada noche salía del agua, una piel acechaba, de amor la llenaba, generosa su alma abría y una poesía en ella escribía. Un mar de mujer, un pedacito de espuma, un cristal perfecto de sal, el silencio de un bello horizonte y del Universo su santo grial. Amor puro, deseo generoso, pasión en piel bordada, esa humedad que revienta en alta marea cuando siente verdad, ese cantar que huele a gitano y cada nota a eterno verano. Cada ocaso aquel río remontaba, sabía lo que buscaba, esa necesidad que su alma gritaba, ese calor que la vida una y otra vez le negaba, esa mano que extendida su corazón acariciara. Hoy no sería diferente pero algo anormal azotaba dentro de su frente, un presentimiento hecho de hoguera y madera, un silencio distinto que veía nadar entre aquellas piedras, una noche de fuego y quimera, la noche de San Juan.
                  Juntó el poeta sus ideas, aquellos papeles que día con día llenaban papeleras, medios poemas sin rima, letras que noche tras noche escribió y ya quedaron obsoletas. Salió a la calle, las hogueras se multiplicaban entre aceras, buscó la adecuada pues no en cualquiera quemaría viejas ansias. Pensó en separar las más húmedas de aquellas, que ya estaban secas y arrugadas, las más extrañas las juntaría con las de sus mujeres amadas, las más eróticas con las perfumadas, las que eran cuentos las guardaría por si algún día una imaginación se atreviera y los acabara. No vio ninguna que le agradara. A lo lejos un puntito rojo divisó, pensó en una hoguera extraña pintada en el valle de aquella montaña. Meditó que si existía sería la adecuada, quizás alguna desnuda bruja lo esperaba, no sabía porque pero sentía que el viento lo llevaba y cuando se dio cuenta, por la falda de aquella montaña decidido caminaba.
                  Bajo el brazo sus poemas, frente a sus ojos una gran hoguera, en sus pies el agua de un río que tranquilo lo acariciaba. Se acercó a la fogata y en una gran piedra sentó sus posaderas, organizó sus letras archivadas, con cuidado hizo montoncitos, de tanto en tanto una olía para recordar cierta mujer deseada, a la vez de reojo a sus lados miraba y entristeció al no ver bruja alguna que en su aquelarre lo esperara. Los miraba, en silencio recordaba cuando fueron escritos, había olvidado el por qué nunca los había acabado, sonreía alguna falta de ortografía, desarrugaba los más apretados y se sorprendió cuando vio que más de uno le mostraba su blanco. En uno encontró destellos de chorreada cera, en otro huellas de gotitas de su añejo y querido tinto, en ninguno un carmín que le recordara cierto deseo y tampoco un número de teléfono. La noche se cerraba, la hoguera crepitaba, se quejaban las ramas,  su mirada por el intenso fuego había sido comprada, su aliento soledad respiraba…cuando de repente un dulce olor sintió que lo exhalaba.
                Se sintió su presa, se dejó, se lo llevó, aquellos papeles volaron hacia la hoguera, una hermosa hembra le decía que quería que de ella fuera, el poeta soñó, cerró sus ojos, todo desnudó, calló.
                Despacito, poquito a poquito, el primer sudor dibujó nuevos poros en su piel, ella con su boca cada uno abrió, sintió unos dedos en él respirar mientras unos cabellos lo invitaban con ella a nadar. Lo llenó de perlas, corales y madreselvas, la imaginación dio color al sueño, el silencio abrazó tiempo y no lo dejó caminar, el horizonte se acercó, el instante fue olor, gritó el mar, el primer suspiro en pegada medusa se convirtió, el roce de labios de ternura cada vientre preñó. La exhalación pintó una nota, el deseo la interpretó, la caricia con arte la tocó, la marea hirvió, una extraña sangre lo latió y en ella su cuerpo fundió. La fantasía los desbordó, el cielo se abrió, en hermosas desnudeces las musas de eros cruzaron su dimensión, erizaron sus pezones los sentidos, el momento vistió tanta pasión que cada humedad, en suave vapor voló. Penetró el cometa su Universo, diluyó ansiedad el deseo, la caricia suave apretó, el gemido impuso su grito, un delfín saltó y el abrazo eternidad respiró. Nadó el silencio en las entrañas, el músculo distendió su vigor, cantó el grillo a la distancia, se cerraron las miradas, una ternura los abrigó, la Luna ya no se atrevió a mover su mar, una brisa empapada de roció esperó su alba y el dulce amor, hecho se mostró.
               La mujer del mar, esa hermosa hembra hecha musa de la poesía que explica al poeta cómo el amor se hace de verdad, cómo el amor se ama con tan solo dar, cómo se desea, cómo se siente, cómo se escribe y cómo se lee. Mujer de suave espuma y perfecto cristal de sal, alta marea y beldad, del Universo su santo grial.




                 
                

domingo, 24 de junio de 2018

EL GRAN BRUJO NEGRO.



                Era el Gran Brujo, un hombre de alma negra y corazón seco, un ser de oscuridades y tinieblas, un ente perverso que vivía en silencio a todos ajeno. Era un druida con canas hechas de grises ceras, pupilas de cebra y labios afilados que olían a podridas cerezas. Sentado, con los pies hundidos en lodo y harapos embarrados de quien sabe que extraños fangos, con los dedos entrelazados de mugre y sarna de años, le rezaba al infierno porque quería dejar de ser brujo y convertirse en un Gran Mago. Se abrió la tierra y un intenso olor azufrado lo mareó, apoyado con su bastón se levantó, sintió exceso de calor y en su frente vio como Satanás se mostró. Con él negoció, su alma le vendió, vomitó su negra sangre y una nueva, teñida de rojo granate,  el diablo le dio. Miró al cielo y al Creador retó, juró y perjuró que él de vida sería el gran dador, en su gran capa se escondió y hacia su cueva caminó.
              De noche y durante meses en el hospital del pueblo vivió, cada nuevo cordón umbilical nacido robó y en macetas los sembró. Creó su pócima, mandrágoras, tréboles y salivas de venenosas serpientes, savia de viejos claveles, ámbares de grandes robles y hojas trituradas de nenúfares, polen de lirios y podridos musgos de inertes ríos. De cada maceta creció un niño, un ente malvado, una carroña hecha vida, piel con escamas, ojos de reptil, pies de tritón y manos con dos dedos, que eran tenaza para sus presas. Llegaron a la mayoría de edad y aquel pueblo en un nuevo infierno se convirtió, aquel brujo no envejecía pues al diablo su alma vendió, fue tanta la perversidad, que aquel pueblo desapareció y aquellos seres del inframundo, por doquier sembraron su maldad. La Tierra se convirtió en una gran sombra y se vivieron siglos y siglos de oscuridad y una gran crueldad.
              Dos ángeles afines a la divinidad reportaron al cielo tal adversidad y el Creador después de pensar a quien mandar, decidió una orden ejecutar:
              Del norte llegó el Gran Centauro, hermoso caballo blanco, cuerpo alado con barbas de hombre sabio, espada envainada y lanza calada en un puño lleno de garra. Desde la constelación Alfa Centauro viajaba por mundos y galaxias, inquisidor del mal y exterminador de falacias, del Gran Creador hijo estimado y líder de ángeles, arcángeles y serafines. A su paso todos se arrodillaban, los mares se abrían, las estrellas parpadeaban, cien Lunas lo reflejaban y el cometa más rápido, de perdidos meteoritos lo guardaba. Su misión estaba dada y uno por uno persiguió a los engendros de aquel brujo negro que se creía gran mago. Fueron siglos y siglos de una Tierra oscura, no hubo tregua, la lucha fue dura y uno por uno fueron decapitados y desmembrados, quemados y en el último planeta conocido, enterrados en cenizas que olían a cerezas podridas. Enfrentó valiente al gran brujo negro, le abrió el pecho, sacó sus vísceras y todavía con los ojos abiertos lo quemó hasta que su grito desgarró las entrañas del infierno.
             Cuentan que del averno un día salió, que al último planeta viajó, que todas las cenizas de sus engendros juntó, las sembró, con su pócima los regó y que hoy están aquí. Viven en la oscuridad para que el Gran Centauro no los pueda encontrar, se alimentan de nuestras sombras y son perversos de verdad. Vigila y huele, porque cuando una cereza podrida su fragancia te cede, es que uno de ellos te sigue y quizás de cerca te posee, porque tu alma quiere para deshacerla y venderla al infierno donde el Gran Brujo Negro te convertirá en un engendro con piel escamada y  ojos de serpiente, serás diferente, vivirás en las sombras, en la oscuridad persistente y tu aliento exhalará cerezas podridas eternamente.
             ¡Cuidado! Son muchas y muchos los que así huelen, lo notarás en sus besos, en el amanecer o quizás en un susurro… ¡Vigila! Porque no son humanos sino engendros del inframundo por el Gran Brujo Negro sembrados, LOS NOTARÁS CUANDO A PODRIDAS CEREZAS TU AIRE SABRÁ.




              

TÓCAME AQUÍ...



               Despacito caminó hacia fuera.

               Sintió como el tiempo sus manecillas afligía, que era el momento, el instante correcto, quizás la hora de decirle al destino lo que era cierto, quizás ese día en que le diría a la vida que había llegado su invierno. Sola, por nadie bendecida, abandonada a su suerte por una decisión, por una natural equivocación, por culpa de un cielo que sembró en ella un infierno lleno de sumisión. Su historia era su gran secreto, su memoria un quebrado olvido del recuerdo, su tristeza una desgarrada nostalgia que noche tras noche lloraba en su alma… su mayor ilusión, una noche que empezaba desde el profundo miedo a tejer porque había nacido hombre pero su cuerpo, olía a mujer.
             Siempre en silencio, comprando tiempo, deshebrando miedos, desafiando ajenos celos porque su belleza era de princesa, viajando lejos porque de su tierra ya nunca más era. Lloraba el recuerdo de cuando era niño y quería vestir muñecas, de cuando en el colegio le decían mariquita o en la iglesia la regañaba un cura porque su caminar era un pecado que debía siempre confesar. Nunca su corazón tuvo un latido exacto sino el sentimiento imperfecto, una dualidad siempre señalada con el más miserable de los dedos: ese que impone la sociedad cuando le teme al miedo, ese que explica profundos silencios y juzga el dolor ajeno. ¡Si! Señalada, juzgada, de su ciudad abandonada y de ajenas culturas preñada. Una vida desecha, una lucha constante contra ella y a favor de nadie, un cáliz bebido gota a gota en cada atajo de un impuesto camino, un calvario donde esa cruz tan pesada hace tiempo que dejó de ser divina para ser humana.
             Quizás convertiría esta noche en alba o sería la oscuridad la que por siempre su destino preñara. De él era sueño, el mayor deseo, ese amor que fluye poderoso y lento, esa música que compone el ansia cuando el acorde de la pasión baila, esa melodía que la boca derrama cuando el beso despierta el alma. Ella lo sabía, lo sentía, frente a él se desnudaría, lo rezaría, sus ojos despacito cerraría y con el primer susurro todo le diría o quizás antes lo pensaría, más tarde con él reflexionaría o desde un principio la vida le rompería. Se lo diría o dejaría que todo fuera melodía, no lo notaría, fue perfecta la cirugía, era mujer y como ella sentía, su identificación jamás la evidenciaría. ¿Estaba preparada para la mentira? Era mujer pero nunca madre de su propia sangre sería, era mujer, hermosa, del amor mendiga y su más silenciosa amiga, del deseo la gran fuente de sus versos y del abrazo sincero, la esencia de la ternura cuando de la Luna toma su velo y se pega desnuda.
             Despacito caminó hacia dentro, una media luz meditaba un raro incienso, olía a jazmín con gotas de madera y suaves destellos a caramelo…Ocho velas la esperaban ardientes con sus rojas ceras, treinta y tres pétalos en el camino mostraban que la noche quería ser perfecta, la cama descolgaba tersa sus algodones y sedas, dos copas reflejaban sus ansias porque de aquel añejo tinto querían estar llenas, dos manos extendidas requerían su presencia porque ya una música los envolvía lenta, suave, seductora, cariñosa, con sabor a cielo, regalo y mimosa.

-          Tócame aquí…

              Y ahí llevó sus labios. Descubrió un pequeño lunar en su cuello y otro tras la oreja. Ambos los llenó de besos y una ilusión desplegó sus alas. Ella suspiró.

-          Tócame aquí…

              Dejó que sus cabellos lo acariciaran, que aquella nariz perfecta lo respingara, que sus ojos lo miraran y despacito tocó su boca, le dibujó caricias, le pintó pecados, abrazó sus dientes, nadaron en sus mares y un deseo explotó en cada garganta.

-          Tócame aquí…

             Entre sus senos pidió el deseo que no hubiera tregua, dejó que suave resbalara un viaje soñado a través de cada poro hecho estrella, la caricia alargó sus manos, la lengua sus huellas, la mirada se perdió en el dulce ombligo de su amada y cuando ya la saliva hervía, ella abrazó su cara, del cielo tomó valentía y al viento le robó, una última palabra.

-          Mi amor, tócame aquí…

              Y entró en su alma, toda la abrió, la penetró con su vigor y toda la leyó. Ella se confesó y él siguió, sin importarle nada. El gemido fue tan intenso que el Universo entero lo lloró, cada Luna puso una lágrima, bajó Dios y por siempre todas secó.
              La historia mil veces se repitió, ni siquiera la muerte los separó. Cuentan que bajo sus tumbas a veces se dan la mano, que en el otro lado no hay pecado, no hay dedo que los señale ni juez que ose tocarlos y que cuando la tierra tiembla es que hacen el amor, ese amor dulce y apasionado, ese amor libre, abierto y soñado, ese amor que en el libro del destino, los escribió pegados.





miércoles, 20 de junio de 2018

QUIERO SENTIR COMO ELLA...



                Quiero sentir como ella para saber que hay pegado en su alma, quiero sentir lo que ella sonríe, lo que llora y lo que grita.  Quiero saber cuando su gemido es verdadero, como siente el orgasmo desde dentro y que parte de su corazón a veces olvido sin quererlo. Quiero sentir cuando necesita mi verso, cuánto pesa el amor que de ella traigo dentro, como despliega el sudor su piel cuando a ella me pego y que tanto sus ojos me miden, cuando la miro en silencio.
                 Necesito sentirla más allá de lo permitido, de lo que está escrito y de lo que ella me deja. Necesito sentirla de cerca, saber a que huele cuando está seca, si las palabras las inventa o de si de su alma son presas. Quiero sentir sus letras, sus puntos, sus comas y hasta sus tildes incorrectas. Quiero sentirla como nadie antes creyó en ella, como la Luna tiembla cuando la refleja y como el mar encoge su espuma, cuando ella lo besa.
                Quiero sentir su tiempo, el espacio correcto entre sus senos, la humedad que nada entre sus piernas, lo tenso de sus pies y la curvatura de su espalda cuando en ella estoy dentro. Necesito saber lo que siente cuando prueba mi beso, lo que habla cuando el silencio amaga, lo que susurra en su suspiro y lo que hierve su saliva cuando su garganta me traga. Necesito y quiero cada momento que me regala, sentirla cuando da y cuando doy sin que me exija nada, cuando en su emoción llora a carcajadas y cuando cada alba le roba un pedacito de rocío a mi cama mojada.
                La necesito más que nunca y por eso sentirla es parte de mi cruzada, pero debo  sentirla en la plenitud de mujer y no en la falsa esperanza, sentirla cuando le cocino y desnuda huele mi espalda, cuando destella sus dientes en la fogata y me enseña un pezón entre humos, copas y atrevidas nostalgias. Sentirla como mujer y no como falacia, sentirla siempre cerca y no esperando ajenas paradas. ¡La necesito! ¡Claro que la necesito! Y sentir como ella quiero, porque es un derecho saber de que está hecho el cielo, como es el polen de cada pétalo, que escucha en el averno un violonchelo y que siente el dedo de mi ángel, cuando la toco y exhala profundo su hermoso aliento.
               Quiero sentir como ella porque no hay mago que saque ese sentimiento de su chistera, no hay ocaso que explique el color de su piel cuando se siente plena, no hay nube que sea capaz de exprimir su algodón como lo hace ella, cuando llora perversa. No hay trueno que rete eco cuando ella está tensa y no hay cielo con más estrellas hechas de miel que sus ojos cuando sienten amor y me miran pegados a mi piel. Quiero sentir como ella porque ya la necesidad es deseo, la pasión un sueño, la ternura un inquieto verso, sus besos esa poesía que late húmeda y distinta… y su amor, ese anhelo que si no estoy dentro, no comprendo.




domingo, 17 de junio de 2018

EN LA CUEVA DE NUESTRO JAZZ (PROSA ERÓTICA).




El hombre tuvo un deseo, la mujer lo respiró.
El hombre tuvo un sueño, la mujer lo soñó.
La mujer se desnudó, el hombre la olió.
La mujer de Luna se dibujó, el hombre de viento se vistió.
El hombre acarició el cielo y la mujer lo reflejó.
La mujer era Luz y el hombre, en sus brazos se fundió.

                Nos deseábamos pero en aquella calle no éramos nada, las paredes estaban demasiado blancas y la luz cegaba. Un sentimiento nos hablaba, el deseo tu cara ruborizaba y la pasión que traíamos dentro ya era una dulce y traviesa humedad, que el alma penetraba. Despacito el instinto nuestro animal despertaba, el tiempo no corría, las manos se entumían secas sin una piel que las acariciara, calentábamos aire con las miradas y la palabra recorría mojada nuestros labios y tensaba fuerte la quijada. Estábamos frente a una gran muralla, hecha de pared y nostalgia, de reprimidos deseos y telas de viudas arañas. De repente el cielo ennegreció su estampa, se abrió todo y mandó todo el poder del rayo más grande, se desmayó aquella engreída fachada, perforó aquel muro blanco y abrió una cueva que sería más, que una simple cama.

                El tiempo ya no era necesario y el espacio estaba dado.

                De la mano entramos y entre humos nos amamos, mi mano en tu seno, tus dedos jugando con mi aliento, el acorde sereno y el saxo gritando un ronquido misterioso, erótico y lleno de un pecador deseo. Tu falda no era nada, entre tus `piernas una suave desnudez jugaba, el piano tocaba, la trompeta una pasión lloraba y despacito entre copas, en tus labios un puro flameaba. Mi lengua se atrevía con tu mirada, un temblor mojaba, mi camisa se abría y tu mano, con mis pezones se divertía. Versos arrancados de la noche, poesía viajera en melódicas tinieblas, respiración intensa, caricias perversas que entre sedas te erizaban toda y completa. El ambiente se vistió de rojo y turquesa, la música fluía dulce y espesa, el ansia recorría profunda aquella mesa  y le pedimos al infierno más humo, para que nadie nos viera. Te levantaste y de espaldas sobre mí te sentaste, mi pantalón desabrochaste y tus muslos calientes pegaste, te poseí con mis óleos hechos arte, penetré tus labios vaginales, se arqueó tu figura y un estremecedor suspiro recorrió mi cintura. Era tu piel, del cielo una nube,  sudada, suave y aterciopelada, candente y de mis besos extasiada. Te diste la vuelta y entre tus pechos caminé tanta ansia hecha de lengua, labios y una saliva jugosa y salada. Cerré los ojos, estiraste tus cabellos y me emborraché de tu cuello, querías más, me deseabas, mis dedos recorrieron con fuerza tu espalda y dejé que todo mi vigor en ti entrara.  Con dulzura desde dentro lo acariciabas, lo abrazabas, lo introducías y lo sacabas, con tu lengua me penetraste hasta el fondo de mi garganta mientras tu mano mi pene fuerte sujetaba, para que todavía no eyaculara. La sensación era ansiada, necesitada, extraña y controlada. Bajo la mesa te arrodillaste y en tu boca todo mi poder succionaste, entero me tragaste, en tus manos mis muslos fuerte apretaste y todo olía a rosas y fresas salvajes. El instinto desgarraba, el animal era palabra, el verbo carne y el suspiro, aquella piel que del alma quedaba.  Todo era magia, tus piernas temblaban, el escalofrío gritaba, tu cuerpo se abría, mi poro sudaba, la música nos poseía, el piano con el saxo hablaba y el profundo gemido nacía tan dentro de nuestra ánima que en tu garganta vibraba, en mis labios se expandía y entre tanto humo, aquella trompeta gritaba, gritaba y gritaba. Una locura sacudió firme lo que de mi aura quedaba, crucé tu cuerpo y bebí cada gota, cada sabor, cada fragancia, cada lágrima que salía de tus entrañas. Entre tus muslos lamí miel y vainillas en vara… entre tus piernas, cielo, miedo y cada acorde que el ángel en su arpa tocaba… en tu espalda supe porque el infierno pecaba y en tu boca, conocí a Dios y me dijo que aquello era eterno y no una falacia.
               Después regresé a mi casa, prendí mis ceras y escribí esto que tanto necesitaba, ese profundo deseo que dentro de mí con nadie copulaba, esa pasión animal que en el instinto era soñada, ese momento de un éxtasis llorado en el orgasmo  de un corazón demasiado solitario, que todavía no encuentra su alma.



             

sábado, 16 de junio de 2018

VEN Y ENCIÉRRATE CONMIGO...



               Caminas despacio con las pisadas en tus manos y las maletas preparadas, la mirada vaga, tu lengua entre dientes sufre apretada, el torso desnudo y la música del cielo tocando cuerdas en tu espalda. Las piernas están firmes pero tu aliento te delata, el deseo es intenso, la pasión ansiada y tu determinación…ya escribe poesía, en las ubres de mi alma.
               Ven y enciérrate conmigo, deja que el mundo gire que te llevaré más allá de lo permitido, súdame y deja que tus poros se abran porque de mis besos serán ombligos, contorsiona tu alma porque ya mi cadera desvistió su ansia, escríbeme tus caricias porque cada rincón de mi cuerpo es una hoja pálida, cada vello un testigo y cada suspiro esa palabra que le reclama al divino, más y más cariño. Ya la poesía baila en la cadencia de los sentidos, la pasión araña y el profundo deseo, nada y nada… y nada.
               Ven y enciérrate conmigo, porque tu calor convierte en atrevidos hilos el caramelo de mis besos, tus senos son fresas mordidas y comidas en cada uno de mis deseos, tu piel esa alfombra en la que descansa mi desnudez y tu mirada ese verso nítido y transparente, que suelta su lágrima cuando la fuerza de mi vigor penetra el himen de tu alma. Atrévete y deja que la cortina recorra su ventana, que la media luz absorba nuestra cama, que los puños griten cada rincón, cada pedazo de sábana y expriman las humedades que de tí y de mí, empapan estas almohadas.
               Ven y enciérrate conmigo, enséñame de cerca tu pentagrama, ese edén que ansía en mis dedos sus acordes, en mi lengua sus mojadas notas, del sentido orgasmo mi grito, del cariño su melodía y del amor esa canción que escucharás tan dentro, que siempre en tus noches vivirá de mí preñada. Enséñame porque quiero ser capaz de tocarte, de amarte, sentirte y hacerte mía hasta que la ternura nos abrace, hasta que la música nos envuelva por todas partes y hasta que el último piano le robe sus notas, al más viejo ángel.
               Ven y enciérrate conmigo, inventemos un suspiro, un baile lleno de sentidos, el erotismo del cuerpo cuando es consentido, ese verso que nadie ha escrito, ese que nace de lo más profundo de cada gemido… ese verso vestido de magia y destino. Mírame porque de lo más dentro te miro, ha llegado el momento, el beso camina fundido, las espaldas se arquean, el aire es divino, la caricia perfecta, el olor un néctar que sabe a paraíso, el deseo proyecta, la pasión tiembla erecta, el espacio se pega, el aliento eriza y una gran eyaculación nos envuelve intensa y densa.
               Ven y enciérrate conmigo, porque no es el mar quien grita sino tu cuerpo que suelta toda su poesía, no es la Luna la que se desnuda sino mi alma que se refleja en cada una de tus comisuras, no es el cielo quien cambia de color sino tu mirada al verme tan dentro y respirar mi calor, no es el viento quien silba esquinas sino ese latido que de mi corazón salió, el que en tu sangre nadó y el que en tu alma, su amor enredó. Ven y enciérrate conmigo porque prometí amanecer de amor pegado, robarle su rocío al alba, encelar cada pétalo sembrado en mi cama, contener el aliento hasta que el tiempo escriba su cábala y dejar que fluya despacito el aroma de un café mojado, en granos de una tierra amada y bien labrada.



             

viernes, 15 de junio de 2018

¿POR QUÉ ME ABANDONASTE?



              El afilado hielo del tiempo desgarra la garganta, el silencio da miedo, la saliva ni aire traga y una profunda melancolía desvanece la mirada. Es la soledad no querida, ese abandono que la infidelidad castiga, ese frío profundo y maldito que junto al árbol de siempre ahogo sin abrigo. Te lo di todo, mi compañía, mi calor, mi alegría y mi cariño, te vi llorar y callé mi hocico, te ayudé en la sonrisa y compartí mi ladrido y ahora tú en tu egoísmo, juegas con mi destino. Sabes bien que en la tristeza nunca he vivido, que no estoy acostumbrado a beber de un sucio río, que jamás un hueso he pedido y que siempre fui tu amigo. ¿Qué te debo? ¿Qué te he hecho? Este abandono duele en mi pecho, mi corazoncito late lento y los nudos anidan en mi hermoso pelo. Ya no son tus manos las que me dicen que esté quieto ni tus palabras las que tiran esas pelotas en nuestros juegos, ya no son las sobras de tu comida las que me mantienen atento ni encontrar tus zapatillas reta mi aliento…ahora, todo es incierto, son los insectos los que en mi ponen sus huevos, no hay pelotas ni sobras que huelan a palabras o a nuestra casa y mi aliento solo exhala el humo negro de esos coches, que ahora  llevo dentro y que de tristeza llena mi alma. ¿Por qué me dejaste solo? ¿Por qué no me enseñaste a caminar en soledad? ¿No me extrañas? En el viento me pierdo, el día se junta con la noche, las sombras ya son parte de mi alma y solo miro quien pasa, si está borracho, dormido o tiene corazón de niño y quizás me adopte y tenga un mañana. Necesito ese abrazo, ese que tú me dabas cuando en tu regazo descansaba, esa caricia que recorría mi espalda y esa noticia que juntos en la tele veíamos y que nada importaba. Necesito sentirme vivo, saber que a mi lado alguien me extraña, sentir de nuevo ese calor que despacito ama, esa fragancia que me decía que ya llegabas y ese leve ronquido que en tu cama me decía que seguías vivo y me llenaba de esperanza. Me acuerdo tanto de ese día que la música iba y venía, tu bailabas, yo te seguía, en pasos de cerveza te caías  y yo te daba pequeñas mordidas, te levantabas, conmigo jugabas…ese día que la lluvia inundó tu casa y te ayudé a sacar los cojines de la sala, ese día que llorabas porque te había dejado tu amada y me convertí en pañuelo para tus lágrimas…ese día que un amigo necesitabas y yo estaba a tu lado, junto a ti, con mi calor, sin palabras. Y ahora a veces te veo pasar y ni tu reojo se atreve a mirar, porque sabes que un pedacito de vida junto a este árbol fuiste a dejar, un amigo que te quería de verdad y que ahora en tu olvido solo es parte de un profundo frío, de un hielo que en cada uno de sus filos me dice que mi muerte ya está por llegar. Jamás me volverás a mirar porque ya mis ojos quiero cerrar,  mi lengüita guardar y mis patitas acurrucar, mi alma debe viajar porque estoy seguro que en el más allá, alguien me adoptará.




jueves, 14 de junio de 2018

EL BUFÓN DE LAS ESTRELLAS.



                Miró lejos y una frialdad recorrió su espalda, vagaba silente una eterna oscuridad, todo era nada y las estrellas dormían apagadas. Pasó la mano por el aire y en su puño lloró ese vacío que huele a espacio y olvido, decidió respirar infinito y se llenó de un perdido verso que nadie había querido, lo sintió dentro, bailó atrevido en su seno, lo abrazó de alma y vio un pequeño destello en su dentro. De ilusión lo vistió, de fresas y guirnaldas lo decoró, lo maquilló, en cada mejilla un diamante pintó, en su frente un tercer ojo valiente y en sus labios el poder del beso cuando profundo siente. Escribió en su libro, letras y albedrío, danza y gemido, sonrisas y mirar atrevido, alegoría y poesía, mano tendida y capaz de unir destinos.
                Le dijo que saltara, que el Universo lo convirtiera en danza, que con los astros se juntara, que fuera destello en cada estrella y que cuando viera una Luna apagada, se convirtiera en espejo, abriera su gran capa y le diera el reflejo del primer Sol que despuntara en el alba. Su palabra era melodía en una voz dulce y aterciopelada, sus cabellos el viento mecían, sus piernas eran largas y sus botas terminaban en punta entre cascabeles y cien campanitas hechas de virgen lana. Su rostro era bello y su sonrisa jamás terminaba, sus ojos miraban café, valle, mar y alguna ensenada, sus oídos eran tan grandes y puntiagudos que hasta el silencio escuchaban. Era amor en un sideral baile de galaxias, luces y sueños que nacían en millones de almas y él, de lograrlos se encargaba.
                 Era el Bufón de las estrellas, sublime creación del Gran Mago, un verso perdido que en el Universo encontró su regazo, un hacedor de sueños que no distinguía por sexo, razas o pecados. ¡Túmbate sobre el pasto, sobre la arena de tu playa, encima de una montaña o donde quiera que tu sueño te lleve a la nostalgia!, ese día en el que todo es imposible, esa noche en que la sombra es espesa y no sientes tu alma, ese momento en que respiras perdido un aire que no tiene nada…Mira al cielo y verás un destello, y otro y otro y otro…es el bufón que no deja de bailar, esa ilusión que entre las estrellas se atreve a nadar, esa música que se divierte y canta sin parar, esa idea que fluye, ese sentimiento que siente verdad, ese sueño que en sus manos, vas a lograr. Míralo, no deja de saltar, jamás se va a cansar, es bufón, poeta y juglar, un hacedor de sueños de todo capaz, hermano del viento y del Universo su aliento, es el gran Bufón de las estrellas, ese ser que te dirá lo grande que eres de verdad, el que logrará que una y otra vez no pares de amar, de soñar, de volar y a veces, que dejes de llorar. Admíralo porque con él debes brincar, de estrella a estrella, de la montaña a cualquier mar, del primer viento al último pesar hasta atravesar toda la oscuridad, de tu cielo a ese gemido que te espera abierto, de aquella ilusión que tenías de niño al sueño que te espera escrito en tu destino…esa luz hecha Universo y que debes abrazar siempre  despierto, hasta besar la eternidad.



             

miércoles, 13 de junio de 2018

BÚSCAME...



               Búscame donde duerme el horizonte, donde acaba el mundo, allí donde las olas pierden su espuma y las nubes tienen otro color. Búscame y no dejes de hacerlo, porque mi olor ya es del viento, mi piel de la gran playa del Universo y mi boca, ese volcán que llena de estrellas tu cielo. Búscame cerca y lejos, a tu lado y en el recuerdo pegado, como parte de una quimera o quizás de una utopía completa, en cada hoja de tu libro, en cada tinta de tus dedos y allí donde la poesía, descubre sus versos. Búscame, huéleme y saboréame en cada parte de mi vida, en cada huella sufrida, en cada humedad reprimida, en cada lágrima caída y en cada beso de un ansia que por nadie fue leída.
              Marca su territorio la tristeza, comete error el espíritu cuando respira bajeza, la noche es perversa y el día una gran tiniebla. Corren los sentimientos y huyen las fresas, la calma deja de ser serena y el nervio deshace cada poro de una ilusión que se quedó,  en aquella última mesa. Grita el eco porque nadie lo escucha ni entre montañas es repetido, suspira el aliento entre dientes porque no es capaz de explicar de la vida su sentido, llora el alma porque de este corazón no puede sacar un pequeño latido  mientras el búho en la oscuridad deja de mirar, porque ya su cuello no puede girar.  Se detiene el río porque no quiere llegar a su mar, la nube deja de  llorar porque no tiene un párpado que exprima su intensidad, languidece el rayo, el trueno se apaga, el cobarde envaina su espada, el valiente no la levanta y se esconde el grillo, porque la noche debe ser callada. Exhala profunda el alba y su vapor no sabe a nada, el vaho no se pega ni a piel ni a ventanas, el dolor viene de dentro, la máquina del tiempo no para y el café ya no huele su grano, ni a tierra mojada. Se desnuda el alma y pierde su membrana, ya de sus hebras están llenas mis entrañas, la imaginación seca la palabra, el sueño me quiere dejar y mi voz ya no puede ni siquiera, un suspiro rimar. Sumido en la gran enredadera de las decisiones, unas arrepentidas, otras jamás comprendidas pero todas asumidas con valor y por ley de vida, ahogado en el gran mar de un olvido, quizás por sangre merecido, quizás nunca buscado ni querido…quizás por mí dibujado a base de esfuerzo y cariño. Tiendo la mano y te siento, lejos pero con la maleta hirviendo, callada y abrazando mi silencio, cerca, muy cerca, de lo que queda en mi alma de tu aliento..
              Búscame porque camino solo y perdido en una extraña vagueza, en el ocre ocaso de mis sentidos, entre el silencio de unas memorias que se perdieron en ajenos olvidos, entre las redonditas piedras de cien ríos y entre la gran masacre de una soledad, que me desgarra más allá de lo permitido. Búscame y jamás te rindas, despierta de una vez ese día que junto a mí tendrás una hermosa vida, abraza esa noche que tu Luna copulará con la mía, mira de frente a ese rocío que nos empapará dulce y consentido, siente como escribirá el alma cuando estemos en el regazo de una eterna alba y cuando me encuentres, recuerda que del cobarde es lo arrepentido, del valiente afrontar lo vivido, del soñador creer en un nuevo destino y siempre del poeta, escribir lo sentido.



         

martes, 12 de junio de 2018

EL MENSAJE.



           Piensa la idea que el mensaje pesa, la palabra carga sus letras y la tilde suda esa tinta que por ajena, viste discreta. La carta se arruga porque el sentimiento la llena, tiembla el papel y escurren locas dos comas, se cierra el sobre para que nada escape, el buzón es demasiado grande, el destino incierto, entre diez manos desliza su estampa y por fin un cartero, en su morral la guarda.
           Fue una emoción quien aquel mensaje escribió, nadie lo meditó, solo fluyó y rápido se deshizo en el primer papel que encontró. Una emoción hecha de ilusión, de atrevido sueño, con sabor a una rara sensación, llena de color, de dentro, desde lo más profundo del corazón. Aquellos dedos lo sabían y decidieron seguirla, darle forma en tinta, de poesía vestirla y de tanto en tanto darle un toque de maquillaje, para que no se viera tan atrevida. Se escribía y de aquellos ojos no se perdía, a veces un beso de aquellos labios salía y veía como la rima, cada vez más,  a su alma olía. Y aquella emoción fue escrita, tal cual, perfecta y bien parida. Era como la sentía, ni más ni menos, esencia de melodía, caudal de un sentimiento que de las entrañas partía, clave de un mensaje lleno de amor y poesía.
            Le pregunta el cartero a la calle y no hay portal que aquel escrito número reclame. Una vecina se muestra sorprendida al sostener la carta, es muy pesada pero delgada y le comenta el cartero que quien la escribió puso en ella todo su amor o quizás trae tintas extrañas. La dirección no existe y jamás existió, no hay nombre pero al mirarla sabe que la debe entregar, está seguro que alguien la debe esperar y que jamás en su vida dejó una carta por entregar y no sería esta la primera, que pusiera en duda su trabajar. Volteó la carta, miró el remitente y sorprendido leyó: “emoción”. Se puso a pensar, sentó su cansancio en un banco del parque y con la carta en sus manos perdió la mirada, rogó al cielo un destinatario, la carta vibró y un raro letargo lo durmió. El sueño lo abrazó, entre luces corrió como película toda la galaxia, atravesó túneles, se vio dormido entre rosas y margaritas, un color lo abrazaba, otro lo sacudía, el más pálido lo llenaba de caricias y cuando sintió que un rojo lo desvestía, vio a una mujer que de la Luna salía: anciana, hermosa, bellísima, canas derrochando plata, arrugas de vida que solo sonreían, lo miró con extrema dulzura, la miro como niño y la escuchó: “Soy la madre de la Luna y esta carta es mía, esa emoción me pertenece porque de mi es la preferida…la Emoción es hermana de la Luna y de mi, la más pequeña de mis hijas. Fue un verdadero placer parirla y dejar que por cada ser fuera sentida, un orgullo ser su madre y abuela de su hija, la poesía”.
           Con gran sobresalto se despertó aquel cartero, la carta en sus manos estaba abierta, ya no pesaba y un papel asomaba. Lo tomó el cartero, lo leyó y desde entonces su vida cambió:
           “Soy mujer, la primera que hice el amor y el Universo en mí siete semillas sembró, una por una las parí sin dolor: El horizonte, el ocaso, la noche, la Luna, la osa mayor, el rocío y la emoción. ¡Si! El Amor me hizo el amor y de cada gemido uno de ellos nació, en cada suspiro el sentimiento los vistió y en cada grito, un nuevo viento,  de poderosas alas los llenó. Cuando estés solo, siéntate y al horizonte mira de frente, llénate de su ocaso, abraza la noche, deja que la Luna te refleje, mira la más brillante estrella, empápate de rocío y la emoción poseerá por siempre tu alma, escribirás poesía… y sentirás diferente.”
           Y desde entonces, aquel cartero cada vez que se siente solo y vacío, se sienta, ve al horizonte y lo mira de frente. Ya no carga cartas en su morral, ahora solo escribe poesía y se siente diferente.




domingo, 10 de junio de 2018

DÉJATE EN MI MAR...Y HAGAMOS POESÍA.



                  Deja que el aire hecho sombra envuelva tu alma, que las luces de la gran ciudad compongan latidos, que el verso fluya en el viento,  que el narciso estalle en tu espejo, siéntete parte, pequeño, diminuto y también perverso. Déjate ir, baja del avión y abraza el cielo, abre tu boca y prueba una nube, deja que el rayo te posea y déjate llevar tan lejos como el sonido del trueno pueda. Desnúdate y se naturaleza, alma de ella y el largo silencio que camina sus veredas, verde bosque y escurridiza agua de ríos, bambú de cañadas y pentagrama de aquellos eternos gritos, que desde el mar las sirenas emanan, los tritones envainan y las olas en su baile, cien lunas abrazan. 
                  Se tú, se diferente, que no te importe lo que piense la gente, carga tu mochila, tu ajuar y tu vida, que para eso eres persona, independiente y bien nacida. Sé tú y déjate ir porque tu ser es único, tu sangre es luz, tu corazón el latido del Universo y tu alma un pedazo de cielo… ¡Mírame!, hagamos poesía y verás que la tuya y la mía son distintas pero siempre divinas, cierra los ojos, mira dentro tus estrellas,  déjalas que en la oscuridad te amanezcan y que el paisaje te posea: ¡imagina! ¡Santorini te divisa!¡Hermosa isla!¡Cuna de griegos y osados dioses!...Míralas, ahí están las vestales jugando a un amor imposible con el eunuco señalado, Dionisio ya está borracho y Hermes ya luce muy viejo y cansado, ahí sentada esta Gea, de seno descubierta porque es Tierra y alguien tiene que mamarla y absorberla toda hasta que la leche ceda, hasta dejarla extasiada y mujer  completa, espera paciente a  Eros pero Afrodita lo aparta y con él se acuesta cada mañana, Hércules como siempre batalla y batalla…y en el fondo un anciano Zeus solo nubes recopila para hacerse una última cama mientras su esposa Hera ya con un joven y atrevido Apolo galantea a escondidas en una mitología tan pervertida, como la vida misma. De cualquier parte llegan ninfas, sátiros, nereidas y medusas, el trance te duerme y te sientes en un gran viaje de mi mano pegada y desnuda, en una gran odisea que completará nuestra Ilíada, en un mar de sentimientos que por todo el mediterráneo nos llevaran a nuestra maravillosa Ítaca. ¡Sí! seremos los grandes argonautas de este mar hecho Universo y cuando lleguemos, allí nos sentaremos, haremos el amor como adolescentes en celo, nos divertiremos, le diremos a la vida que yo seré Ulises y tú la perfecta Penélope, que ya no comeremos pan sino carne de versos, salsita de humedades hechas cerezos y chuparemos huesitos, llenos de sentimientos.
                   El gemido será tan grande que confundirá las lunas de mil cielos, el abrazo tan intenso que el mar ya no se sentirá inmenso y la mirada tan dentro, que no habrá luz que viaje tan lejos en el nuevo y creado Universo. Y será entonces el momento en que la poesía saldrá del verdadero dentro, tu sentimiento encogerá tu vientre, el mío recorrerá mis venas, tu aire será espeso y el mío denso, tu espalda vivirá intensos escalofríos y mis dedos el temblor de tantos sentidos… y crecerá el verso, su rima, las Pléyades pondrán su música, la imaginación de Orión su color, el cielo de Umo su lienzo, la vida un papel y la fuerza del destino una tinta, esa tinta que no es negra ni azul, ni gris ni roja, ni tiene la punta rota…esa tinta que es blanca, de un blanco tan divino que solo la lee quien la siente y la toca.
                Pegaremos manos, cruzaremos dedos, cerraremos ojos y escribiremos…lo que somos:
               Somos Universo, lienzo y gota de cielo, lagrima de amor cuando es eterno, caricia de invierno, mar de verano y copa de un tinto añejo, en cualquier estación del año. Somos del libro una página que nunca duerme blanca, de la estrofa su cierto  sentido, de la frase sus comas, sus espacios y aquellos puntos que la respiran despacio, del verso su rima, de la palabra su magia, de la letra su nota divina y del sentimiento, ese manantial que nace dentro, fluye sangre e imagina pensamientos y exóticos paisajes. Somos nuestros, tú de mí y yo de ti, pegados en piel, guerreros en alma y fusionados en el gran poder secreto que nos emana, somos uno y condición eterna del gran karma, somos uno, átomo del gran todo y molécula de la nada, silencio y eco de un vacío que nos ha hecho soldados de una guerra en la que solo el ansia gana. Somos nuevos y viejos, amantes y enamorados, adolescentes y a veces parte del ignorante pecado…somos uno y parte de algo mucho más grande, que jamás la sorda humanidad podrá escuchar… ese algo que solo la poesía cuando expresa un sentimiento de verdad es capaz de explicar, ese algo que nace dentro, muy dentro del ser y lo hace capaz de reir y llorar, de abrazar a quien no conoce y ayudar, dar la mano con generosidad…`porque hay que ser capaz, capaz de  decirle al mendigo que ese dólar no es de verdad, sino una excusa para de largo pasar, que al músico del metro una dádiva merece su cantar y que al perrito que a la calle fue a dar, también merece un hogar.…¡Porque no vale! No vale  que las lágrimas sequemos con pañuelos que huelan a seda, sino hacerlo con dedos secos,  agrietados y con el alma en sus huellas. ¡Amor, tu y yo somos de verdad! Poesía y paz, verbo y poder, etiqueta de Universo, saliva de nuestro erotismo y esa caricia que solo bajo la piel pinta escalofrío. ¡Somos!, ¡dejémonos llevar! ¡Qué importa el dinero si no existe en la eternidad!¡Qué sentido tiene la distancia, si el espacio no podemos comprar! ¡Por qué le escribimos tanto al tiempo si en nuestro amor, lo podemos parar!... ¿Por qué no te dejas ir?, tus miedos puedes dormir, agárrate fuerte a mi mano y escribe poesía en mí… Mi vida es un libro y la mitad está en blanco, sus hojas ya marchitan sombras y sus tapas cuando las abres, huelen a `polvo de alas de cien mariposas. Me abro y espero quedito tu tinta,  esa gota que abra de una vez mi vida, ese sentimiento que me tatúe y ese beso que de mí te haga por siempre mía…¡Déjate…y hagamos poesía!