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domingo, 3 de junio de 2018

LLUEVE TANTO...



            Llueve, llueve tanto que ya el cuerpo no siente, solo el alma se moja, el aire huele a gotas y el corazón casi no late, la mirada se pierde y el vacío abraza. El incienso de la vida te lleva a ninguna parte, el viento solo nubes atrae, el cielo esconde su color y la Luna teme que en su reflejo, se quemen los sentimientos en cualquier maldito  aquelarre. En tu libro el destino es una hoja en blanco, sufre el ansia, el prólogo es olvidado, no tocas de nadie su fragancia, poco a poco tu memoria de los miedos se contagia y una inseguridad te dice que no lograrás nada.
           Llueve, llueve tanto que la sangre fluye como nata, espesa y blanca, ciega y sin esperanza, las manos se refugian en sus puños y el aliento de su boca no escapa. El nervio arde y desgarra su dolor entre tus entrañas, el vientre se apelmaza y las piernas entre temblores de la silla se levantan. Y gritas porque solicitas una ayuda necesaria, esa comprensión que dilate una emoción, ese vapor cálido que se pegue a tu ventana, ese abrazo solidario que detenga tu lágrima y esa mirada que sea cómplice en ese tiempo, donde no hay nada.
           Llueve, llueve tanto que ni la soledad acompaña, el silencio daña, las personas pasan, el espacio se agranda y tu pecho encoge profundo ese último suspiro, que queda en el alma. La realidad es resistida y la religión reprimida, tu historia deja de tener sentido porque de lo vivido solo hay olvido, los semejantes de ti son errantes, el entorno es cárcel, el sueño perdió su ángel, la ilusión no tiene montura ni caballo que la cabalgue y tu piel se vistió con la escama más grande, para que tanta lluvia no la empape.
           Llueve, llueve tanto que los ríos ya desbordaron su cauce, las piedritas ruedan locuras sin ir a ninguna parte, las montañas ahogadas perdieron sus valles, el mar no encuentra una ola grande que lo abrace y no hay nube en el cielo que sus lágrimas aguante. Se desmorona la vida, el alma poco a poco se deslava, tiembla el corazón porque no encuentra una sangre que lo lata y despacito las sombras escriben una oscuridad tan profunda, que hasta la intensidad de ella escapa.
           Llueve, llueve tanto que no hay espacio para la palabra, la tinta se diluye blanca, el pensamiento se queda en nada, la mente está cansada, la idea es nostalgia y cualquier música, un acorde vano  sin pentagrama. Llueve, llueve tanto y sobre mojado, sobre cada poro dibujado, sobre cada grieta y cada comisura de mis labios, sobre cada anhelo y condición de mi ser humano, sobre cada letra, sobre cada ilusión que un día había respirado, sobre cada canción que me habían dedicado, sobre mi…llueve y llueve demasiado.