https://publishers.propellerads.com/#/pub/auth/signUp?refId=Tilr HISTORIAS DE ITACA: ¿DÓNDE ESTÁ EL SOL?

sábado, 30 de junio de 2018

¿DÓNDE ESTÁ EL SOL?



                    Mira el niño su juguete perdido, el perrito aquel árbol que talaron, la música el acorde sordo de un reggaetón infame y vanidoso, la hebra un ovillo olvidado, el árbol sus hojas caídas mientras el sabio un pelo de su ceja arranca, un pedacito de sabiduría, una sombrita de sus ojos cuando al sol miraba, un recelo de viento que en sus manos ya dormita cansado. Camina el horizonte un ocre sábado, la palma abate un cielo osado, la piedra le dice al río que hoy no está tan mojado y el pasto a su tierra que le preste verde porque hoy el Sol no vino o estuvo de paso. Sienten las aceras que es verano pero no hay tanta luz como en el pasado, la pared descansa en su fachada, en su blanco no ve una sombra pegada, no hay reflejo, el gris la viste de cierto pecado, una niña explica que su abuelo vendió el Sol, que aunque mucho no le dieron fue lo correcto, que quien lo compró no venía del infierno, que no lo conoció en directo y que una mujer de suave velo fue su mensajero.
                    Y…¿Dónde está el Sol?...
                    Se lo preguntó el niño al juguete y éste no supo, le preguntó el niño a una sombra y ésta se desvaneció, le preguntó al mar y una pequeña espuma le regaló, le preguntó al sabio y con otra pregunta le contestó: ¿Por qué iba a vender el hombre el Sol? Pensó el niño, discurrió lo que de él decían, que todo lo sabía, que era un gran imaginador y por ende el más enorme soñador. Encontró un portal, en él sentó su inocencia, un perrito se le acercó, con caricias lo mimó, recogió su mirada y entre nubes la perdió. Quizás esperaba una respuesta del cielo o un atisbo entre las hojas de aquel árbol, una nota escrita volando a lomos del viento o una niña que lo viera con atrevido deseo. Nada pasó, el perrito a su lado se durmió, pensó.
                    De repente algo sobrecogió su mirada, su boca y sus hombros: un hombre caminaba con un gran letrero colgado a su espalda “Yo vendí el Sol”. Entró a una cantina, el niño lo siguió, pidió un doble de algo, el niño bajo su mesa se escondió, el primer susurro no lo entendió, llegaron lágrimas, murmullos y desahogos, comprendió: un gran desamor le había arrancado el alma y desbaratado el corazón, yacía el hombre sentado, en alcohol guardado, cantando entre dientes un amor traicionado, explicando a su vaso todo lo que le había pasado: “ la conocí lejos, en la virtualidad la encontré, toda la leí, incluso en mis humedades la hice mujer hasta que un día comprendí que de una falsedad me enamoré. Ni tenía la edad que decía ni su alma atravesó nunca sufridas nostalgias, su cabello era rizado y no lacio como la foto enseñaba, sus ojos no sabían de lágrimas pues aquellos sentimientos jamás pasaron de su garganta…
                   El vaso quieto y medio lleno, escuchaba. El niño, un poco asustado, esperaba.
                   …Ahora sé que en el viento no está su perfume, que el mar no me traerá sus caricias, que sus hermosas montañas no recibirán mi nieve ni sus palabras harán más travesuras en mi mente. Escribía que el Sol iluminaría nuestros días, que en su luz nuestro amor se explicaría y crecería, que en su calor nos desnudaríamos e inventaríamos atrevidas caricias…¡Me engañó!.- el vaso sobre aquella mesa azotó, el niño los ojos cerró, el vaso calló.- Ya no pertenece a mi vida, de mi sueño se cayó…jajaja…llegó su otoño..jajaja---se fue de mis días. ¡Vendí su Sol!...jajaja…-el vaso se estremeció, ya no quería estar en aquellas sudorosas manos-…¿Y ahora qué? ¿Con qué me iluminará?...jajaja…Y que ni se atreva a cruzar mi mar porque lo abriré y en él se ahogará…¡deja y embriago su recuerdo!, al fin que vivirla suspirando sería pedirle algo extraño a mi aliento ya borracho…jajaja…y vivirla pensando sería pedirle al tiempo algo demasiado mundano.-el vaso respiró-.
                      Se levantó aquel hombre, se dirigió al baño sin olvidar pedir otro trago, se envalentonó el niño, a escondidas lo siguió. Mientras aquel hombre desahogaba sus necesidades, el niño empezó a limpiar el espejo del lavabo. Imaginó, tomó un poquito de jabón en sus dedos y dibujó una gran luna, tomó un poquito de agua y de ella la salpicó. El efecto resultó, aquella Luna lloraba y poco a poco se desvanecía. Aquel hombre desde su necesidad, absorto lo miraba. De repente el niño encima del lavabo se subió, acercó al espejo su boquita y con su propio vaho aquella Luna secó. Aquel hombre le gritó que se iba a caer, el niño haciéndose el sordo de reojo lo miró, con sus ojitos fijos en aquella pálida Luna, susurró: “alguien  tu Sol vendió, bajo tu manto ya no habrá más amor, no tendrás reflejo ni ese velo tan bello, una mujer al hombre engañó y el hombre corrió, vengativo el Sol vendió, de alcohol se vistió, a un vaso reclamó y este niño bajo su mesa, de la sublime idiotez de la ignorancia aprendió”. Se quedó viendo al hombre, miró al espejo, “quizás mañana ya no habrá un aliento que te caliente con su vaho, quizás ese hombre de su tristeza aprenderá o a sus cavernas regresará, quizás el amor ya no existirá más y el desamor por doquier reinará, quizás el Creador un nuevo Sol nos dibujará o quizás el eterno frío, de la Tierra se adueñará. ¿Por qué el hombre se aferra siempre al mal recuerdo y no al hermoso futuro?¿Por qué vende el Sol si sabe que se quedará sin Luna?¿Por qué no aprende si la vida es la mejor escuela?¿Por qué no llora y olvida en vez de sentir su ego herido, recordar y emborrachar su vida?¿Por qué es tanta la ignorancia permitida que hasta en su depresión los perros se atreven a mear, en su pantorrilla?”.- tomó otro pedacito de jabón y en aquel espejo escribió: EL AMOR NO ES PARA COBARDES. REGRÉSAME MI SOL.
                    Serio, con el rostro de nervio atravesado, de la cintura bajó al niño de aquel lavabo, lo tomó de la mano, salieron del baño, pagó su cuenta, se disculpó con el cantinero y con el vaso. Se sentaron en el portal junto al perro que medio dormido y molesto los miraba. ¿Sabes?.-explicó aquel hombre- yo tengo una nieta, tiene 6 años, es más pequeña que tú, cada día la recojo de la escuela y en el camino a casa me pide que inventemos un cuento, siempre nuevo y cada vez con una imaginación más y más atrevida. Juntamos a los árboles chicos con los grandes y los convertimos en familia, pensamos nubes como piezas de un gran puzle y así entretenemos al cielo con un gran laberinto para que no llueva en nuestro camino, imaginamos águilas nadando en lomos de delfines y a ballenas escuchando grillos en un bosque que está cerca de su escuela. El viaje es divino y el final siempre incierto, pero acabamos el cuento, quizás ya en el ascensor o abriendo la puerta pero nunca dejamos que nos gane el olvido ni la pereza. Ayer no hubo cuento sino la historia de un desamor de hace años que todavía exprimía mi recuerdo. A veces necesitas contar esos recuerdos o para que se vayan diluyendo o para que alguien te dé una respuesta. Y así fue, se lo conté a mi nieta y ni dos segundos tardó en imaginar una treta: “Mira abuelo-me dijo-, hoy está nublado, el cielo muy gris y amenaza tormenta. Hagamos un gran letrero que ponga “Yo vendí el Sol”, cuélgalo a tu espalda, métete a la cantina más cercana, desahoga esas nostalgias y verás cómo te alcanzan las respuestas”. Y me alcanzaste, querido niño, tu eres mi respuesta, gracias, hoy aprendí más sobre el amor, si, sobre el amor que siempre te espera  tras un desamor, sobre esa Luna que no existiría sin Sol y sobre los sueños, que si no los crea un niño, lo son menos. Y tú, creaste un sueño en mí, un sueño que de nuevo he de perseguir: Amor. Y ahora iré a contarle lo que hoy viví para que sea ella quien termine este cuento.
-          ¿Puedo conocer a tu nieta?
-          ¡NO!






       
                   
                   
                  
                   

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