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domingo, 3 de diciembre de 2017

EL JUGLAR DEL VIENTO

   
                 Juega el viento y esconde sus ramas entre las rocas de cien montañas. Juega el libre albedrío con su libertad, el consumismo con la pobreza, el aliento con la desmesurada riqueza y el sentimiento con la dureza del corazón. Deshace el ártico sus hielos, desnuda el desierto sus dunas y llora un niño el frío de su calle. Abre el portal una soledad y pide permiso un indolente polvo a su ventana, las pisadas son cotidianas, la dirección no cambia y el rumbo de la vida permanece en el mismo escrito de siempre. Relincha su comida el caballo, sufre el delfín su contaminado mar y calla el grillo para no molestar el silencio de la noche.
                Se rebela la poesía en manos del poeta, las letras modifican tersuras, se cambian las tildes y los suspensivos puntos se pintan por doquier. Tiembla el libro, la pasta se endurece y la mente duerme en espera del equilibrado pensamiento que abrace una razón. Sufre la mano y el escalofrío quema el brazo, medita el alma y nace la utopía consentida, necesitada, añorada y esperada: espesa la nieve su cadencia, una suave niebla acaricia la mirada, el estremecimiento suplica una lágrima y la ilusión de un sueño la seca de su mejilla.
               …Y el hombre, ese hombre que siente y escribe, inventa un cielo donde pegar sus tintas, un cielo donde la libertad de expresión sea color, un mundo donde el volcán pida permiso a la montaña y un pedazo de Universo donde el amor siempre esté un paso más allá, un paso por encima de la soledad y siempre tatuando una huella marcada en cualquier playa de cualquier mar.
               …Y el alma se convierte en sentimiento, la imaginación en emoción cuando toca el umbral de un sueño, el pensamiento en un lienzo de caricias y el momento en éxtasis,  cuando todo el arte confluye en lo profundo del receptivo chakra. Baila intensa la música, enloquece el acorde su melodía y se desprende de raíz una nostalgia, un pincel pinta el gran deseo, el poeta quiere y el Creador lo deja a su antojo: crece la energía, exprime el aire todo su oxígeno, expande el águila su vuelo y se abrazan las nubes en su algodón, ilumina suave el relámpago sin trueno, resbala la miel su pureza en los corchos de mil bosques y un alud detiene paciente su ímpetu.
              …Y el poeta se transforma, entra al capullo de su utopía y ve cómo crecen sus alas, como su alma respira, como sus tintas transparentan amor y como late diferente su corazón. Se atreve el poeta y el viento escribe. Calla el tiempo sus manecillas, arruga el espacio cualquier distancia, los labios destilan plata en su saliva y los ojos inventan a cada segundo una nueva mirada. En su piel se dibujan escamas de mil colores, sus pies recitan huellas sin ton ni son, sus manos son memoria de mil sentimientos y en cada dedo nace un verso genocida de sombras. El viento lo acoge en su regazo y la exótica danza rompe risas, se llena de corales, destellos de mil estrellas y fugaces cometas en el arlequín paisaje de una celestial pasión. Adopta el poeta la fuerza del viento y éste su sensibilidad, acaricia su poder y el viento su ternura, muerde labios el poeta y el viento gime, los dos son uno y en la garganta del cielo una leyenda engulle su sabor, una historia nace y una utopía escribe amor, el amor de un poeta y su viento, la poesía de un nuevo ser, la poesía del juglar del viento.