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martes, 5 de noviembre de 2019

DE COPAS...CON "EL TIEMPO"

   
               Era invierno, un verano incierto, quizás un otoño de caídos retoños, una primavera con el alma preñada en pena o quizás no era lo que uno espera.  Era lo que era, no importaba si a de veras o una quimera, tampoco el color de cualquier acera y mucho menos quien te veía detrás de una ventana que era asomo de cualquiera. El cielo con elegancia soportaba su esfera, no se atrevía el cometa pero si ayudaba la  más hermosa de las estrellas. Era Mayo y lluvia, esa que no hace daño ni empapa amaño, la que sombra no dibuja, la que no moja, la que es chispa de abrazo y de tanto en tanto  disimula un trueno y quizás, un pequeño relámpago.  
               Caminaba mi corazón con pocas piernas, con los sentimientos hechos pedazos, con la memoria llena de embargos, quizás con una ilusión que solo era chistera de algún perdido mago...quizás con ese presentimiento aciago, que recorre la espina como escalofrío medio humano. Quería una cantina, el recodo escondido en una esquina, puertas blandidas en armonía, humos escondidos en poesía…ese refugio que mi alma necesitaba y quería.
               ¡La canción me sostenía! La una, las dos, las tres. No quería del alba una caricia sino de la noche su alegoría. Las cuatro estaba a diez, las cinco pintaba lejanía, mis ojos ni una lagrima tenían y mi verso buscaba una última letra, a su cansada agónica. Se pintó una esquina, una farola me llamo erguida, se dobló la acera, la pared escurrió su vil pintura arrocera, el cochambre de cien frituras saboreo mis ceras y entre extraños olores blandí aquella puerta y escurrí mi alma entera, en ella. Siempre le grite soledad a mi mar, explicaciones a un viejo andar, respuestas a las sonrisas impuestas, costras a heridas perversas pero esa noche solo le pedí a ese bar, que me abrazara con suma clemencia.
               Y el vacío se vistió de sigilo, la barra de aperitivos, de berberechos saltando en su marinado albedrío, de cinco aceitunas en escabeche baldío, de un boquerón sin destino y de un añejo jamón, que esperaba ser cortado por algún don divino. Una silla se recorrió suave, una mesa se limpió hasta mostrarme que de madera era su sangre, un viejo camarero me deslumbró con su pluma de antiguos azabaches cuando un aire me lleno de sueño en un viento que no tenía, padre ni madre. El arte era parte, ese pincel que se cuece aparte, sin dueño ni falsos anclajes…solo esa inspiración, en un irresponsable viaje. Y fue entonces que un viejo compañero se sentó. Si era viejo, diría que muy viejo, conocido, irrespetuoso y pendenciero…pero al fin, de mi camino, un compañero: el tiempo.
               ¡Camarero, dos copas! La mía con un hielo, la de mi amigo, ese viajero que cuenta mi vida con minutos y  segundos regalados, con tres para que se le enfríe el estrés. Lo mire de frente, no se inmutó, de lado y no se afligió, por la espalda y mudo siguió…le di una palmada, ni un músculo grito, una cachetada, ni la quijada movió, una palabra y su atención me dio como don, de quién sabe qué  Dios lo despertó, con sumo tesón.
               ¡Muéstrame tu cara! Despacito sonrojo su estampa, alzó la mirada, puso el puño izquierdo junto a una vieja araña y sin decir nada con su lengua desafío mi labio, en una vil distancia. No sería fácil, esa historia pesadilla pintaba, canas en una pesada barba e inquietud en un pensamiento que me ahogaba en palabras. 
               ¡Confiesa tanta elegancia! ¡Contéstale a mi alma! ¡Atrévete a mi constancia! 
               ¿Sabes? Fingiré tu falacia, tu silencio interpretaré sin saña, tú mal gusto lo sacudiré de mi áurea pero deberás escucharme porque hoy te tengo de frente y baja guardia. Te perderé el respeto, también la distancia, tanta arrogancia, la prestancia de tu nostalgia y olvidare cada vez que de mi, hiciste un pliego de esa tela que tejiste desde tu ignorancia. Debes saber que vengo de un buen nacer, que tú no tienes madre que puedas reconocer, que mi padre me lloro al nacer y que tú, jamás a un nido podrás pertenecer. ¡No me mires con extrañez! ¡No te atrevas a juzgar mi niñez, tampoco mi madurez y mucho menos esta incipiente vejez! ¡Eres tétrico, pusilánime, obsoleto, cretino y perverso, quizás de la historia su predilecto pero de mi…solo el ser más imperfecto! 
               Te llaman tiempo y no lo tienes, te muestras eterno y eres solo un invento, mírame de frente, no rehuyas la mirada, te lo digo con lo que tengo, con mi palabra, con esa condición que me da cada alba, con esas letras que de mi pensamiento emanan…con esos genes que de las estrellas son semilla y de la Tierra, simientes que día con día, de ella, maman. Explícame tu verdad porque no entiendo tanta audacidad, explícame quién eres porque no creo tus relatos de ansiedad, cuéntame tu realidad porque sé que la  historia fue cruel en tu necedad, dime tu poder porque no entiendo que todavía seamos ancla de tu pobre saber.
               ¡Camarero dos copas mas! La mía con un hielo, la suya solo con dos porque el pensamiento con afonía es memoria de falsas alegorías.
               Te conocí sincero, de verdad compañero, en mi viaje necesario, quería que fueras más rápido en mis biberones de quién sabe de que vaca  llenados,  de tanto en tanto cansado, viejo, denostado, lúgubre, en Navidades juez de una religión que era epopeya del pasado,  en mi cumpleaños con pocas velas soplado, en mi santo lleno  de artificios y fuegos con finos pinceles pintados,  pesado en la escuela, amañado con extraños pactos en la discoteca, fugaz en la Universidad cuando aprendía en cualquier biblioteca, lento cuando conocí a una novia imperfecta y veloz en el primer beso que ahora dibujo, como mi primera y siempre soñada  quimera. Eras sordo en las reprimendas, voraz cuando asomaba el burro en primavera, tremendo juez cuando en el error esquivaba aceras, acariciador en el silencio pero siempre cumplidor en el entierro del que yo era, preciada descendencia. ¡No te equivoques¡ Conmigo estás mal, la muerte no es un final aunque tú la pintes tal cual, tampoco el nacer parte de un equipaje ni la vida un falso viaje…todo es lo que tú no sabes, un magnífico bagaje que sin ti, no tiene peaje. Escúchame de frente y sin miedo porque contigo o sin ti no hay frío ni falsos alientos, solo un espacio que debemos llenar para ser dignos del infinito eterno. Gracias tiempo, por existir y por no creer en ti.
               Le preste mi reojo, lo vi medio dormido pero no detenido. Me dije que casi lo conseguí…pero no!
               ¡Camarero, dos copas…la de mi amigo doble y sin hielo, la mía igual!
               Llegaron las copas, no eran las diez ni las once aunque la canción nos brindará su tozudez, más bien eran las cinco y más las seis. Mi amigo disimulaba medio dormido, mi alma lo quería detener, mi compañero no quería mi querer pero tanta sinceridad estaba a punto de su alma torcer. Yo sabía que podía y lo iba a intentar otra vez.
               ¡Despierta que las copas piden bocas! 
               Intenté ser educado contigo, respetuoso, condescendiente y hasta amigo. Pero a ti te vale lo que yo piense, diga o haga. De acuerdo. Te explicaré de una vez que aquí no eres bienvenido.
               El tiempo medio se despertó.
               Para mi eres como un ovillo, una lana llena de segundos y minutos con falso albedrío, hilos e hilos de ovejas que su vida han perdido por darte a ti un pobre infinito. No nos convences, tu discurso no es coherente, te falta lo vivido, te conviertes siempre en juez de seres que reencarnan en el olvido mientras que tu memoria siempre es cascada de siglos y siglos bien convenidos. De una vez dime quién te invento, quien es tu madre o si tu padre está perdido, dime si eres parte de este sistema tan elegido o si sólo formas parte de su laberinto. No te entiendo, te duermes como político elegido y ni caso haces a lo exigido, tienes tus leyes y a tu dictadura nos sometes, pones reglas y no podemos desobedecerlas, no naces, no mueres, tampoco reproduces tus genes…¿quién eres?  
               El tiempo callo como era su costumbre, yo seguí hablando, el camarero nos preguntó, ya iban a cerrar, el aire huyó,  la puerta cerro, el humo llego, la gente se fue y mi copa poco a poco lloro. Me desahogue, quería más,quizás no había un por qué pero mi alma se vació: 
               Yo no sé de dónde vienes, quien eres, de que cuna naciste o si de embrion tenias dientes, no sé tu edad, si te cortas las uñas, si te bañas en el mar o si afilas fauces en la mediocridad. Sé que no me convienes, que de ti un segundo en mi piel es liendre, un minuto un huevo de serpiente y una hora, el nacimiento de una escama en mi alma, entre sus dientes. 
                 Eres patético, obsoleto, viejo y esquizofrénico, valiente entre políticos y demagogos sobresalientes, corto para los presos, demasiado largo para los hambrientos, eterno para los que suspiran su último aliento, limitado para el beso y demasiado longevo para un mundo que en su naturaleza, es Universo. No mientas, eres dictador de plebeyos, cómplice de malos viejos, hipócrita entre espacios, hacedor de distancias, mago negro de fragancias y siempre, siempre, un contador de vidas sin alma. Pero te equivocas porque la noche está hecha de luna, el alba de rocío, la mañana de olvido y el ocaso de esa libido que solo el mar pega al cielo sin tiempo, con amor y mucho infinito.
                 Se levanto mi amigo, no pago, supuse que al baño echaría su olor…pero no fue así, bajo su copa (todavía llena), dejó una media hoja, un mensaje que pagaría tanta platica sorda, ese monólogo que quizás soñé y que en mi mesita de noche hoy encontré:
                “ puedes detenerme cuando quieras: en el beso o en el amor cuando es hecho, también el suspiro puede ser eterno,  como la caricia tatuada en piel y el orgasmo perfecto. Solo debes sentirlo y yo estaré para perpetuar lo conseguido. Siente el sentimiento, emocionalo y créalo..entonces solo seré de mi un tímido viajero, un espectador quieto, un ser que te dará mi corazón para que tú lo latas a tu tiempo.”
               
               
                

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