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lunes, 8 de enero de 2018

SOLO, NECESITABA AMARLA.


                El silencio atrapó mi vida como el horizonte limita su mar, el cielo dibujó su brisa, el viento la pintó de rocío y gota a gota, empapó cada vello de mi cuerpo. Sufrió el amanecer y penetró mi sueño, el dolor fue intenso y un ansia lloró. El respirar se atrevió y un intenso frío, el corazón encogió. Sentí profundo el vacío, mi carne se contorsionó y la pasión contenida, toda te exhaló. Brotó rasgando piel la imaginación, me arañó la sensibilidad, una excusa enredó su distancia y el miedo a la soledad convirtió en cristales de sal, cada espuma de mi mar.
                El consuelo pidió permiso, poco a poco el pecado erosionó mis principios, fluyó intenso un calor entre mis piernas, sentí tu olor, la seda de tus cabellos en mi vientre, la esponjosidad de tus labios en mi pecho y tu sangre rozando mi alma. Arrodillé mi fuerza, cerré los ojos, pedí al viento que no te fueras, al rayo su fulgor y al trueno tu voz. Solté aquella lágrima que todavía desgarraba mi garganta, mordí de lujuria mis labios, la piel enchinó sus poros, el pezón erizó pasión y dentro de ti me fui. La sensación nadó su lava, tembló dura una emoción, las vísceras se abrieron, el corazón explotó,  el alma expandió su orgasmo y la profunda soledad gritó su gemido.
               Enloqueció el hombre en las ubres de su imaginación, cantó la música una última nota, deshizo el escalofrío sus agujas y despacito los dientes dejaron de morder sus labios. Llegó el corrosivo remordimiento, el frío y el silencio de la soledad. Castigó el viejo cilicio sus púas, el erotismo se desvaneció en su egoísmo y el poder de la mente atormentó sus miedos, entre las sienes de un flagelado pensamiento. Corrieron las lluvias sin nubes, los destinos sin escritos colores y los malditos recuerdos entre virtuales sensaciones. Cambió el cielo su dibujo, una vieja Luna tapó el ocaso y las sombras se robaron el destello de cada estrella.
               Le pedí al silencio su perdón, al mar su calma, a las paredes su abrigo y a mi memoria su olvido. Rompí en mil pedazos las hojas del libro de mi destino porque este momento no estaba escrito, regresé los miedos a cualquier infierno y quieto, volví a mirar mis vacíos. Temblaron las manos y sus dedos entre puños se escondieron, el nervio soportó una taza que no olía a café y mis latidos caminaban perdidos en un laberinto, que con dulce saña forjé. “¡Despídete invierno de los sentidos porque de otoño me abrigué, brinca Satanás porque del pecado te privé, desnúdate Luna porque me la trajiste envuelta en tu velo y dentro eyaculé… porque necesitaba sentirla, robarle mil caricias, despertar con su beso pegado a mis labios y arrullar su mirada hasta que traspasara mi alma. Necesitaba que su desnudez atrapara mi piel, que su aliento resbalara por mi sudor, que las sábanas por una vez la gritaran, que la sangre hirviera y que la profunda imaginación por fin, caminara tierna y húmeda. Necesitaba desearla, poseerla y abrazarla…necesitaba tenerla, sentirla y gozarla… la necesitaba tanto, que solo, necesitaba amarla!”