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jueves, 8 de marzo de 2018

EN EL VIENTRE DE MI ALMA...


                                      


                          Brilla el Sol porque de ti nació, deshace la nube su vapor porque un día de tu olor se llenó mientras nuestra Luna muestra orgullosa su cara oculta, porque una noche tu mano, sus lágrimas secó. Me acaricia el mar con su espuma porque lo nadaste y excitaste hasta embravecer la piel de sus olas, me seduce el sabor del aire porque de ti bebió y se embriagó,  robo cada gota de su brisa para no sentir tan profundo el dolor de mi alma y dejo que unos tristes ojos pierdan en el limbo su mirada, porque entre amados rocíos, hoy, te escribo a solas. Quiero y deseo sentirte, besarte, acariciarte y amarte, hablarte y escucharte, olerte y saborearte, guardarme entre tus brazos, llorarme en tu regazo, gozarte sin medida ni descanso y cuando el gemido cierre tus ojos, gritar tu orgasmo.
                          Diluye pintura el ansia, se desmorona la pared, la cama no resiste y el sueño  estremece.  El pensamiento es irrelevante, la imaginación recorre todos los colores, el escalofrío por no tenerte es intenso y el deseo tan profundo, que no hay sudor en mi piel que no sepa a tu miel. Ya mis manos enseñan las durezas de tanta pasión, los dedos caminan húmedos entre las burbujas y algas de tu mar, nuestras miradas sufren deseos, los brazos anhelos, la piel respira perdida en un cielo que desgarró sus nubes para esclarecer la distancia y el tiempo,  enardece su fuego al recordar el día que abriste mi ventana y aquel viento sembró tu polen en el vientre de mi alma.
                         Llora el deseo porque no es acariciado en su poro, sufre la nostalgia porque no encuentra música que la baile, lucha la letra por ser escrita y el sentimiento por ser, solo una letra. Piensa el aire que de tu olor se debe llenar, medita la Luna cual velo debe portar, seduce la estrella con su destello y late sangre el corazón del cielo al verte pasar. Repasa la mano su mejilla y acicala cabellos de ansiedad, sucumbe el cigarrillo a su ceniza y una vela recoge su cera para enseñarle como chorrear. Tiembla el añejo tinto en una copa que no es de verdad, sus gotas no descuelga por miedo a ser bebido y el mosto esconde el olor de su historia en el frío crujir de un templado cristal,  que reposa amable sobre mármol travertino.
                        Habla el silencio entre el murmullo del consentido vacío, desprende su eco la montaña, ruge una ola y embravece el aire su viento. Viste elegantes sedas el pecado, aviva el infierno su fuego y la brasa grita. Exhala su gemido el deseo entre salivas y agua de rosas, acaricia el diente su labio y una lengua muestra tersa su ternura. Suelta el orgullo su poder, ese poder que ama en la oscuridad, ese vigor que se mueve entre sombras y rasguña quedito, sábanas de soledad.
                        ¡Mujer que robas el oxígeno de mi sueño y pintas almohadas de angustia en mis noches! ¡Mujer que de ti nací, que de tu mano caminé, que en tu lecho amar habré y que en tus brazos, seguro moriré! ¡Mujer que explicas mi vida, que das sentido a una mirada, ternura a mi abrazo y labios a mis besos!¡Mujer que un día abriste la ventana y aquel viento sembró tu polen en el vientre de mi alma!