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sábado, 24 de febrero de 2018

MIEL


                 Miel, sudor ámbar que envuelves mi alma, caricia de abeja que penetras dulce en el beso de mi piel, humedad de labios y deseo de mirada, sentimiento escrito en las ubres de una pasión y dolor estremecido en cada latido de la distancia.
                 Vibra profunda la erótica imaginación, corrompe piel y estira sentimiento, exhala aliento el deseo y entre espacios…confunde tiempo. ¡Cariño! Dame tu abrazo, tu caricia en mi vida y tu esperanza en mi sueño, cierra los ojos y que sea tu alma quien me mire,  que tu corazón lata y desparrame en mi tu sangre, que tus dedos suturen las  grietas de mis labios y que mi codicia por tu amor sea encerrada en el calabozo de tu sueño.  Escucha el inquieto silencio de mi deseo, piérdete entre el humo, que la niebla de mi calor sea tu excusa y esta cueva nuestra cama…Bailamos?
                 Cadencia, sensualidad y erotismo, manos pegadas, cuerpos siguiendo la dulce música, contorsión de almas y grito de piano. Vive el gemido en mi aire, el olor en tu sudor y el sabor ya nada en el raso de tu piel. Explícale a mi mano como quieres que te toque, pídeles a mis labios que se atrevan y a mis besos que te caminen. Móntate en la imaginación de la sublime ternura, en el caballo blanco que galopa en arenas de pasión, en el vigor de un hombre que ya gotea ansiedad y profundo deseo…en el alma de un poeta que necesita que estires la rienda de su amor por tí.  Afila tus uñas y desgarra la garganta de mis miedos, tapiza de humedad la blanca soledad de mi pared y arranca beso a beso, tanta aspereza en mis mejillas.
                Miel, gota de mujer, saliva que lubricas mi mar, fantasía de vida que escribes mi destino, tiempo detenido en el goce del placer supremo, espacio robado entre mi caricia y tu piel, distancia perdida entre tus ojos y la mirada de mi alma. Inflexión de canción que erizas mis noches, exquisita turbulencia en el éxtasis de tanta excitación, querencia y poder, determinación y abrazo del ser, soledad rota y pedazo de mi vida que sabe a ti.
                 Ven porque ya la brasa crepita entre añejos tintos y chorreadas ceras. Pon tu cabeza en mi pecho, tu mano en mi cara y cierra los ojos,  que te explicaré mi sueño. Escucha como respira mi corazón porque en cada uno de sus latidos te roba gotas de tu sangre, siente su aire, su armonía y su rima, su elegancia y la generosidad de un viejo amante, el reclamo de su amor y la lluvia de sus lágrimas cuando no siente la caricia de tus pestañas.  Siénteme y deja que tu mano se pegue a mi cara, que tus dedos se mimen de mi piel y que sean tus ojos, los que expliquen el paisaje de mi alma. Permíteme sentirte, deja que mi aliento desabroche tu blusa y que la mirada del hombre se pierda entre tus senos. Acaricia mi suspiro, recoge su vaho y deja que te bañe toda hasta que el dulce escalofrío nade en tu ombligo, hasta que su ternura enchine tu piel y hasta que tus pies se tensen de placer. Siénteme profunda porque estoy dentro de ti, llegó mi río a tu mar y el rayo se deshizo en cien truenos, enceló el cielo su viento y el aire se llenó de ángeles, entrelazaron mis dedos tus cabellos y sufrieron dulce pasión desde ellos, contorsionó la cintura el espasmo y la poesía escribió el epílogo de nuestro orgasmo.
                 Miel, empapados de tu miel y mi miel, ahogados en el limbo creado por dos almas pegadas, simbiosis etérea de sentimientos escritos a besos…catarsis subliminal de dos cuerpos fundidos en la pureza del amor, abrazo sin tiempo ni distancia, vigor de hombre y miel de mujer.



viernes, 23 de febrero de 2018

UN GRANO DE SAL.



                   
                     Cuentan que un niño con él te quería llevar. Tan grande era el sueño que lo dibujó eterno y cercano a tu horizonte, llenó de piel su insomnio y de caricias una ilusión. Cada amanecer sentaba sus bruces frente a ti, pintaba sus pequeñas huellas bajo tu espuma y despacito te recitaba el primer verso de su día. Poco a poco te fue conociendo y aprendió a escucharte entre el susurro de tu baja marea, empezó a quererte cada vez que una de tus leyendas le contabas y supo explicar tus lágrimas cada vez que el hombre, tu pureza acechaba. Sus noches marcaban soledad y solo el bravo rugir de tus rocas alimentaba una esperanza entre tanta oquedad: abría su pequeña ventana y tu brisa lo envolvía, cubría sus sábanas de sirenas y tritones, de vivas almejas y retraídos cangrejos…de caricias de ola y ternuras de blanca espuma.
                     Creció el niño y el destino de ti lo separó. Vivió el hombre y en tu recuerdo alimentó promesas, en su aliento escribió el deseo olido de tu  reencuentro y en su cara pintó el dibujo de cada una de sus sonrisas, con el pincel de tu ola besando aquellas pequeñas huellas. Noche tras noche el sueño lo perseguía y se dio cuenta que su piel sudaba lágrimas, esas gotas de alma con sabor a sal…esa nostalgia que recorre escalofrío por la columna vertebral. Abría su ventana y tú no estabas, el murmullo era de otro silencio y las aceras no se vestían con tu brisa. La Luna ya no tenía su espejo y las estrellas se perdían entre otros destellos, sus sábanas yacían perdidas entre viejas leyendas y cuando su piel era tocada, gritaba y se encogía entre las escamas de recordadas sirenas. Le recitó al cielo su desgarrada poesía, al viento el gemido de su anhelo y al rayo, le explicó el poder perdido de su trueno. Sonrió el gran espacio y entre sus puños tomó un pedazo de distancia, detuvo el tiempo su arrogancia, el aire su oxígeno y la vida se envolvió como regalo del destino. Aquel hombre regresó a su mar, la promesa encarnó deseo y una leyenda se escribió.
                     Y llegó el día que te quiso poseer, ese día que el amor por ti era tan intenso que cada latido de su gran corazón suspiraba con tu sangre, que cada rincón de su alma te respiraba en silencio y cada mirada de sus ojos no tenía otro color que tu azul. De frente te sintió y sudó, te nadó, te besó y de caricias te llenó…tomaste su cuerpo y lo absorbiste todo, te atreviste entre sus dedos, mojaste sus cabellos, peinaste su piel y atrapaste sus miedos. Fluyó dulce  la energía del Universo, el cometa fue brasa y el viento convirtió cada chispa en una estrella.
                  …Y sentiste que eras inmenso, que tu azul se pintaba intenso, que cada caricia de cielo en brisa la convertías y que en tu fuerza, reinventabas día con día nuevas olas y sublimes sueños.  Amigo del viento y juglar encelado del trueno, espejo de Luna y libro de la historia, cuenco de vida y transparente mármol esculpido por la saliva del Universo. Se contorsionó tu cuerpo y te llenaste de arena y playa, cerraste los ojos y se imaginó tu olor, abriste los brazos y encogiste cada poro del hombre, sudaste…y un grano de sal se cristalizó, esa sal que huele a sueño de niño y sabe a mar.




viernes, 16 de febrero de 2018

EL GRAN SILENCIO DE UN DESEO



                                          Salta una lágrima, la recoge la mano, despacito la regresa a su ojo y recorre su camino al alma. Cree el nervio que la soltó, quieto mira el músculo e irreverente la adopta el corazón. Vive en él, juega comba, esconde sus humedades y entre ventrílocuos se abriga. De piel se viste, de sudor se adorna y entre vísceras vive. De repente surge un espasmo, nadie sabe, nadie oye, nadie opina, vibra, se siente sola, la empujan, se queja, grita, no quiere, se agarra con afiladas uñas a la garganta ,la llaman “deseo”, se llena de iris…Y cae.
                         Envejece un deseo en el tiempo y permea profundo su espacio, eriza la piel su poro, expande el beso una caricia,  la mirada pierde sentido y explota imaginación. Juega el pensamiento en el gran vacío de la mente, se atreve una ilusión a ser sueño, abre el corazón su puerta y llora el alma a través del ojo de una distancia. Crecen raíces en lo más profundo de la pasión, brotan ríos en el deseo erótico de un escrito contenido, una mano se llena de espuma y la otra aplaude con el aire, no se atreve la voz con la trémula palabra y deja que la tinta escriba sangre en el papel de una esperanza.
                        Se abre el gran libro y las leídas páginas de una existencia, se lloran, se acarician, se recuerdan y se juran no volver a repetir sus versos. Es tanta la intensidad, es tan orgullosa la promesa de ser amado y tan grande el silencio, que el solitario abrazo, grita y grita, gime y araña paredes, arranca del viento sus olores y rasga cada hilo de sábana que cubre su cuerpo. Reclama el eco de las montañas su ruido, el trueno su aterrizaje y el huracán su devastación…Exige el tiempo su destino, la última carta su firma, la ventana su empapado rocío y el hombre, su mujer.
                       Camina despacito la niebla sobre piel, sus calles están vacías, sus aceras húmedas y los portales limpios. Despuntan su vigor los rasurados vellos de ayer, esconden su avaricia las viejas arrugas y el lunar reclama una caricia. Aprietan los dientes sus labios y la lengua le recuerda a la imaginación que un día nadó en otra piel, que le dio saliva de otro sabor a su garganta y que otros labios abrigaron el dulce frío, que sintió profundo aquel beso, que se enamoró de aquella boca y que aún en su sueño, lo busca papila a papila. Desciende el fuego y toca dulce el pezón del corazón, late duro el pecho, ensancha el músculo su coraje y el hombro encoje bíceps a bíceps su fuerza. Cruje la brasa en el vientre y nace un escalofrío en el ombligo, un temblor retuerce los intestinos, recita la cadera la contorsión de su cintura y las piernas se tensan, los pies se alargan y el deseo sufre…El silencio estremece, el vigor crece, se prenden las ceras de los sentidos, la mirada se cierra, la boca ensaliva su garganta, la mano empuña, el tinto gotea y la vela chorrea suave, intensa, tersa, húmeda y valiente. El deseo le ganó al silencio, el aire grita y el suave viento de un recuerdo, gime en piel.
                      Amanecen las desgarradas sábanas entre las blancas paredes de una maldita soledad…amanecen con ansiedad, manchadas de recuerdos y ávidas de verdadera humedad. Le explica el rocío a la taza, que su café no es de verdad, le cuenta la brisa a una ansiedad que no viene de su mar, recita un verso el juglar y nadie sabe a qué poeta gracias dar. Revienta el tiempo su capacidad de pasar y se detiene para que este gran deseo tome su silencio, su mochila de sentimientos y empiece a viajar. Dar es amar y es menester una compañía tener, no hay peor silencio que la intensa y solícita verdad, no hay mejor deseo que poder el alma regalar y no hay verdadero amor que no sea entrenado antes en soledad. Dice el sabio que es animal el placer, de humanos entender y de ángeles amar, que una gota no es lluvia pero su humedad puede explicar un sentimiento, un sentimiento que escribe deseo y en su silencio aprendemos que amar, es parte de la soledad.


         

sábado, 10 de febrero de 2018

EVA Y ADAN...



                Gira brusca la tormenta en mitad del bosque, sacude el trueno un viejo aire, grita el cielo y la densa lluvia clava sus alfileres sobre algodón de niebla. Tiembla el árbol, supura ámbar su corteza,  la rama cruje y un rayo, su raíz de cuajo arranca. Mueve la Tierra su eje, cambia la Luna su reflejo, se funde el iceberg y el Sol se inmola en su esencia. La glaciación somete paisajes, pinta al hombre de nieve y el gran témpano del tiempo lo guarda.
                Viaja una naturaleza virgen desde el confín del principio: tersas, suaves y afiladas montañas, suculentos valles y hermosos ríos, brisas y pintados rocíos, oxígeno puro, nieve hecha musgo en piedra, lienzo de cielo en azul supremo y ocaso enamorado de rojo carmín. Suda el verde su miel de azahar, absorbe el volcán su lava, despacito se dibuja tierna la perfecta imaginación y descubre el sueño que duerme en brazos de la ilusión. Suspira la sublime creación, abre su garganta la Tierra, grita el cielo y llora el mar su sal, esponja sus labios y le pide al viento que la llene; poco a poco engulle sabiduría, belleza, arte, viejos versos y nuevos colores, ternura y paciencia, sensualidad y religión…Y lanza el primer gemido; traga dorados barros, el polvo de mil estrellas y el reflejo de cien lunas…Gime otra vez,  intenso y querido, fuerte y sentido, come redondas piedras de río y contorsiona, bebe el tinto del fuego y el espíritu arquea su alma. Gime por tercera vez, el universo estremece su espacio, la espalda se abre y el orgasmo natural esculpe su obra de arte: la mujer.
               Descansa la nueva Tierra, madre suprema, creadora y tierna. Y la mujer la mira, la llora, inventa una sonrisa y ama su piel. De su calostro bebe, de su fuego embellece y de sus raíces aprende. Suspira al cielo un deseo y una legión de ángeles cabalga y crea sentimientos. Uno por uno son enterrados en cada molécula de alma, uno por uno son sentidos y necesitados…Uno por uno son queridos y recitados. Descubre el rayo su poder y con una suave caricia  desvanece la plata umbilical de su ser. Camina la mujer, sola y perfecta, hermosa y desnuda, oliendo a tierra y sudando mar. Viaja la historia y las huellas envejecen al caminar, el deseo no se escribe en soledad y nace una ansiedad, esa ansiedad que duele por no amar, por no tocar, por no besar. El idilio es imperfecto en el vacío, el abrazo entre sus pechos es insuficiente y la mirada roba letras en el libro de una incipiente vida. Suelta cabellos en cada hombro, eriza cada vello y valiente adentra su estampa en busca del hielo. Brilla el gran témpano, el suspiro ilusiona, el hombre espera y la mujer se atreve.
             Se acerca y deja que corra su aliento en caliente vaho, quema con su dedo cada arista de hielo y le `pide al Sol una tormenta de fuego. Desnudo el hombre la mira, la desea y le pide que de él sea.  Gota por gota el deshielo araña su cuerpo, caen los vellos y se aprieta la quijada, el silencio muerde, la piel abre cada poro, se contorsiona el vientre, la mujer lo mira, lo entiende, lo ama, lo desea y lo tiene. El espacio se contrae, frente a frente, los senos hundidos en su pecho, cosquilleo entre piernas, un suspiro compartido, un aliento comido y un beso sincero escribe su osadía y ya roza labios. Escurre sus dedos entre cabellos, la mano aprieta su muslo, el corazón late, el alma siente, el sentimiento nada y una ilusión permea el sueño de un deseo.  El calor es intenso, el témpano cae, desmorona el hielo su agua, embravece el mar, los cubre de espuma y deja que sus pieles se marinen de arena y sal. Besan las bocas y comen las lenguas, huelen los labios y las miradas acarician, desahoga el instinto su animal y el universo vibra, enreda la serpiente su árbol, penetra dulce el veneno y la mujer absorbe todo el jugo de aquella suculenta manzana. Se reinventa el ser, se imagina el dibujo, fluye puro lo erótico y el cuerpo desparrama sus óleos. Son uno, música y canción, manos y guitarra, maple y violín, cálido humo y ronco saxofón.
           Se preguntan y no se conocen, se sienten y miden respuestas. Entienden que una caricia no admite cuestión y que un beso empieza la canción, que una mirada descubre el alma y que un aliento vestido de suspiro, es un deseo permitido. Saben que un vals se puede bailar acostado, que el mejor viaje es cuando su cuerpo te reservó habitación, que un reflejo de Luna es promesa de sentimiento y que un abrazo desnudo, es absorber por completo el alma ajena.
           Esconde el tiempo su prisa, arde despacito el crujir de la brasa, la ternura pega piel y el beso se pierde dulce en la espalda. Los miran del cielo y desde la Luna los aman, los funde en melodía el músico y el pintor los retrata en su aceite, talla el escultor su desnudez y los escribe el poeta. Son complemento y verso, historia de amor y leyenda de viejos amantes, un Adán y Eva no conocidos antes, una Eva y Adán que así no nos explicaron.
              

              

              
              
                

viernes, 9 de febrero de 2018

VIDAS ETERNAS...



                            Cruza el amor la frontera del alma, viaja el espíritu disfrazado en la ternura del eterno deseo, encoge el infinito su distancia y se atreve `profundo el eco del universo. Llueven cometas entre miles de años, alarga piel la Luna en su sensibilidad y seduce una sonrisa, el placer por amar.  Se adentra mi mar en el bosque de los sentimientos, busca el alma el amor que la cruzó y revienta sombras la inquieta soledad, entre musgos y sentida humedad. Rompe la osadía su edad, corre el niño y busca llenar sus puños de ansiedad, rompe una lágrima un sueño, emerge tersa la ilusión en el pensamiento y cruje su rechinar la esperanza, cuando el corazón abre la vieja puerta de su soledad. Trasciende el hombre, en el espacio se desnuda y abre sus brazos, sabe la memoria que su plateado umbilical no tiene principio ni fin, escribe el amor su leyenda entre vidas y busca el alma la condición gemela de su existencia, entre el polvo de mil estrellas. Viajeros somos y en la música del universo bailamos, de pasión nacemos, en oxígeno crecemos y en el amor escribimos el porqué,  de la existencia del alma.
              Recoge la mujer su belleza en el fetal abrazo de la tierna fuerza, acaricia vacío en sus manos y las llena de miradas, siente latir el corazón en sus palmas y cuando recoge puños de sueño, siente el gemido que jamás se acaba. Se toca y comprende, eriza su piel y suave arquea su espalda, respira intensa y exhala deseo, muerde labios y su garganta humedece miel, cierra los ojos y la imaginación pinta de colores y rimas la poesía de su alma. Espera, despacito lo ama, en silencio posee su mirada, con piel lo desea, de sudor se baña, huele su mar, le regala sus cabellos al viento, desnuda sus miedos y jura eternidad. Contiene el grito, aguanta el gemido, leve sostiene la calidez de un suspiro, abre sus brazos y se funde en dorados hilos de plasma que visten de cielo y seda la pureza del amor.
              Desgarra un violonchelo el aire entre sus cuerdas, suena tenue el cálido violín y se atreve a latir despacito la tecla de un lejano piano. Perfora al alma su nube, un aliento invade el espacio y el tiempo extiende su acorde hasta el no límite del infinito. Sueña el cielo y se abriga de Lunas, siente el viento un escalofrío en su piel, ruge su arcoíris el Sol y suda un paso más,  la profunda humedad del amor.
              En la eternidad te conocí porque de ella estamos hechos, en añejas vidas te amé, en diferentes espumas te disfruté, con distintos colores te dibujé, entre mis besos te imaginé y de tu espíritu clavado en mi alma me embriagué. Rascan las uñas de mi cielo cada una de tus nubes y deshebran despacito cada hilo de sentimiento, tu suspiro escribe mi historia, en tu grito vive mi deseo y en el gemido nuestros nombres vibran. Dame tu mano y escalemos la montaña más alta, conquistemos la cumbre y miremos la nieve en nuestras manos, robemos al mar su más tierna ola y dejemos que nos arrulle de arena y sal, pintemos otra línea en el  horizonte y quizás el viento le robe espacio a la distancia. ¡Sueña! Porque el tiempo jamás existió, el espacio es utopía y la eternidad, nuestra vida…¡Sueña! Porque soy artista y te convertí en ángel, eres melodía y en ti transforme deseo en poesía, soy aire y tu el rayo que me traspasa, eres mujer y yo el hombre que la eternidad, dibujó a tu lado.
               Abrázame y deja que el eco te repita una y otra vez en mi piel, háblame que con atención mi alma escucha, explícame las gotas de tus lágrimas porque mi corazón late fuerte en el silencio de mi holocausto, acaríciame porque pintaré tus dedos en la imaginación del cielo y los envolveré de río, bajando por la mejilla y tocando mi pecho. Ámame generosa porque mi suspiro es tímido y quiere gritar, poséeme y déjame entrar porque tu contorsión consiente mi deseo, tu espalda me pertenece, tu vientre seduce y tus pechos ya recorren las grietas de mis labios. Me atrevo y arrodillo todo el instinto porque la música ya hizo el amor con tu mirada, el fuego de mi alma dejó sus brasas en cada poro de tu cuerpo y la eternidad conjuró su tiempo en las raíces de  nuestra historia. Vidas eternas que se dan la mano, vidas eternas juradas en amor…vidas eternas, escritas en el universo.


               

sábado, 20 de enero de 2018

DE TI GANAS TENGO


              Escuchar tu voz no puedo porque fuerte estremece el dulce deseo.
              Pintar mi sudor en tu piel no debo porque me desvanezco en el sueño
              Sentir tu alma es besar mi cielo, guardar tu mirada es llenar mi Luna de celo
              Dibujar con mi lengua la curva de tu seno, es vibrar olas en el mar de mi viento.

              Porque comer tu cuerpo satisface la sed de mi aliento, dejar que mi saliva nade entre  tus labios es mecer pecados en el columpio del infierno y ahogarme en tus humedades, es pintar de miel el profundo gemido de mi deseo.
              Mujer que naciste imaginada entre las ubres de mi poesía, letra soñada que estremeces el erotismo de mis versos, rima seducida y cantada, estrofa de vida que me llenas de sangre y tinta, pasión que arrancas hilo por hilo las cicatrices de mi cama…mujer, destino y fragancia de mi alma.
              De ti ganas tengo y merecerte es mi destino. Escribirte es necedad de poeta y amarte, necesidad de un hombre que adorarte quiere. No hay óleo más hermoso que tu sombra pintada en mi Luna ni dibujo con más carbón que una pestaña de tus ojos tatuada en mi pecho. No hay silencio más profundo que el suspiro abrazado en tu garganta ni piel más mimada que la que toca tu dedo cada vez que me amas.
              Júrame tu amor porque de ti necesito estar lleno, imagíname despacito en tu sueño porque ya le robé prisa al tiempo, recítame con tu sentimiento porque de él enamorarme quiero y déjame un lugar en tu pensamiento porque entre tus sienes abrigarme quiero. Mujer mía y de nadie más, ternura de amor y nostalgia de mar, velo de Luna y erótico viento de mi soledad, dime cuándo, dónde y cómo te he de amar.
              De ti ganas tengo y reto espacio a mi soledad, por ti de amor muero y reto al cielo su eternidad,  junto a ti un beso deseo y reto imaginación a tanta humedad, a ti amarte quiero y reto de amor, los mil colores de tanta ansiedad. De ti ganas tengo y si puedes escríbeme, siénteme, tócame, desnúdame, poséeme y ámame en profundidad, siente conmigo el intenso gemido y cuando tu alma exprima su último jugo, te juro que este hombre de su mar te llenará.



viernes, 19 de enero de 2018

LA CARTA.


                 No se atrevió el cartero y aquella carta caminó sola a su casa. Abrió la puerta un viejo perro, la tomó en su boca y como periódico envuelto la dejó entre las zapatillas de su amo. Cantó  el amanecer un ocre y cansado canario, el gallo miró de reojo una Luna y acarició su gallina mientras un gato buscaba desahogar sus fantasías en cualquier pecera. Se preocupó el tiempo, el cielo pensó, una vieja nube encogió su algodón y lloró generosa un manto de  lluvia. Permeó en alto porcentaje la humedad, empapó de gotas aquella casa, el Sol se atrevió y mostró incandescente sus destellos de fuego, un intenso vapor llenó el aire, abrazó con fuerza aquella alfombra… y la carta se abrió.
                  Olió el perro aquellas letras, el canario calló, el ambiente se abrigó y la gallina, de frío cacareó. Impaciente por sus zapatillas, arrugó el amo aquel papel extraño, empapado y ensalivado por su consentida mascota, con él su basura llenó, anudó la negra bolsa y a un lado de su puerta la dejó. Exhaló su amor aquella carta y en la pretensión de ser leída, dejó que su firma, un grito soltara.  Sonó un dulce eco entre las paredes de aquel portal, un mendigo se acercó en busca de un seco pan, abrió la bolsa y la carta a sus manos brincó, se pegó a sus dedos y por más que de ella se quiso deshacer, no lo consiguió. De ella salieron una por una sus letras, sus puntos, sus tildes, sus comas y sus versos, también sus razones, sus deseos y aquellos sentimientos que por intensos un día la escribieron. Sintió aquel hombre que estaba poseído en un romance que no era suyo, en unos deseos que jamás había tenido y en una pasión tan incontrolable que toda su espina dorsal se arqueó en un alucinante escalofrío. Caminó calles, miró su norte, abrió una mano al cielo y la otra se hizo puño, no entendió, no supo respirar tanta delicia, no quiso mirarla de frente…porque nunca a leer, aprendió. La sintió profunda, pensó sus emociones, soñó  aquellas escritas imaginaciones, desgarró uno por uno sus anhelos y la vivió…deseó, amó, pero no pudo recordar. Su vida siempre respiró soledad y quizás aquel portal, que un día fue cuna, hoy sería una oportunidad.
                  Miró con desafío su cielo, comprendió que del vacío nació y que aquella carta estaba desnudando su vida interior, una vida estudiada, meditada y jamás comprendida. Se desbarató la ceniza en la inconsistencia de un recogido cigarrillo, fundió ceras una vecina vela y caminó sus prisas el tiempo en el espacio de su alma. Voló intenso un sentimiento entre las sábanas de aquellas letras y crujió el dedo su hueso en el puño de la esperanza. Se diluyó el bosque en su noche y resurgió el maldito laberinto de las emociones, despechó la soledad su silencio, fluyó quedito el caliente aliento entre sus labios y un suspiro siguió esculpiendo cada grieta de su alma. Arrancó una tristeza pedazos de insomnio, no se atrevió una lágrima y la mejilla tembló, el ojo se cerró y nadó la mirada entre los blancos y tibios grises del sueño. Sudó la piel su nostalgia, abrió el poro su deseo, escribió sus tildes el miedo y un oscuro frío abrigó de hiel su corazón errante.
                 Cicatrizó una perdida melodía de calle la recordada música de aquel escrito amor, el aire envidió caricias, las ventanas olvidados rocíos y una imaginada almohada, el olor de aquellos descritos cabellos. Creció intenso el deseo, se desbarató dulce el sentimiento y la ternura se llenó de sueño. Del interior sintió correr su niño por una ilusión, la vida necesitaba reescribir su historia, el sabio destino poder comprender aquellas letras y aquel hombre, firmar en su libro, que fue leyenda de un amor perdido. Sonó lejano el violín de un estremecedor pasado, gritó ronco el saxo en su cueva de alcohol y tabaco, olvidó el piano su playa y se perdió la dulce flauta entre las alas de cualquier ángel. Gimió profunda su alma, latió su rutina el corazón, lloró el anhelo aquella ilusión mientras el fundido chocolate bailaba espeso en una espalda dibujada, en quien sabe qué esperanza.
                 Poseído por aquellas letras, renació virgen el himen de su espíritu, contorsionó la sensibilidad cada vello de piel y entre melosas sombras, cabalgó desnuda, el ansia por sentir un abrazo. Discutió olor una añorada fragancia y una seca saliva derramó un pedazo de vida entre las comisuras de la nada. Aquel hombre sintió sin poder leer una carta que no le correspondía, un amor que el destino no le había escrito y un calor de portal que desde su cuna no había conocido. Durmió y al Universo se pegó, soñó y su alma se abrió, vió, su corazón de luz se llenó y una sensación vivió: le pidió el cielo al escultor que de piedra lo hiciera, la Luna al pintor que de aceite la mimara, el mar al viento que de olas lo llenara y la Tierra a su horizonte que de ilusión se le pegara. Encendió la musa una pequeña luz, un hada lo cuidaba y un viejo leño lo abrazaba. Respiró el animal y sufrió el hombre, el alma lloraba y desvanecido, perdido en sus latidos, su corazón sollozaba. Gritaba la rosa porque había perdido su último pétalo y corría el jardín en busca de un nuevo paisaje. Se abrieron sus manos y entre puños amarraron aire, soltó la garganta un intenso vaho, tembló su lengua ese sabor a mujer y escupió su miel, el calostro de una sentida humedad. Vagó perdido entre el más dulce de sus secretos, arrancó sus costras la cosida intimidad y desmayó su hambre interior, el verso de tanta profundidad.               
                 Se despidió la carta de aquel hombre, pero en él sus letras dejó. Convertida en blanco papel, se arrugó y despacito en la negra bolsa murió. Despertó sus ojos el mendigo, levantó su historia del portal y decidió amar. Dejó que un extraño leyera el remitente tatuado en su mano y le contó cómo llegar. Imaginó y su barba rasuró, se llenó de río y su alma limpió, frotó su cuerpo de pino y hojas de jazmín, le pidió al cielo una nube prestada y con su algodón vistió su estampa, mascó granos de café y una varita de vainilla, robó unas gafas y una pluma de fina ave, caminó elegante y tocó suave la madera de aquella puerta. El amor abrió, el hombre tembló, la poetisa entendió y lo escuchó: “un deseo quemó mi portal, vibró el ansia y cada molécula comió de tu verdad. Soy lo que conozco que fui, explico lo que siento, sin saber leo lo que escribes y recito solo, el sentimiento que hay en mí. Robé aliento a la vida y en un suspiro de tiempo te imaginé, dejé historias que el albedrío se llevó y cuentos que en mi mesita de noche, jamás nadie me leyó. Juzgarme se atrevieron y ninguno de mis dedos los señaló, golpearon mi cara y mi otra mejilla los tumbó, fui presa de un cazador y de la jauría nació, mi libre pensador. Me refugio en el pensamiento, en el dulce pesar, viajo en mi interior y respiro vida y profundidad. El destino, el amor por años me negó, fui mendigo y un gran imaginador, pero siempre hombre y soñador. Sentí tu carta como nunca la hubiera leído su destino, deshebré cada hilo de cada sentimiento, besé cada uno de tus alientos y viví cada uno de tus sueños. Solo te quiero amar en verdad, sentirte y poderte tocar”.
               La poetisa abrió su alma, desnudó su cuerpo, arrancó la camisa de aquellas letras y dejó que sus besos llenaran de caricias cada vello de aquel ávido pecho. La poesía se llenó de vainillas y fundidos chocolates, de fresas y cálidos azabaches, de erizadas pieles y queridas humedades… tocó el violín una caricia en cada dedo, la pureza prestó su pincel, el deseo pintó de sueño aquella pasión, el sentimiento goteó en cada poro y el sudor se convirtió en miel. Las miradas perseguían un te quiero dentro, los labios besos, la ternura su cielo y el orgasmo su escondido y añorado anhelo… Y aquel hombre amó, tocó y por una carta que jamás nadie le mandó…por fin, sintió. Desde aquel día, la poetisa escribe y el mendigo lee su alma, el hombre ama y la mujer es acariciada, la Luna guarda sus noches y el cielo los tapa,  fluye pura la esencia del sentimiento y el amor, ya no viaja en una carta. 


  
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
               
                  
                

                 

lunes, 15 de enero de 2018

MUJER, LA CARICIA DEL VIENTO.


                   Estaba un viejo sonido componiendo notas en un piano enterrado en la playa de su mar.  Caminaba su mirada perdida en un irrelevante horizonte, un oscuro vacío lo envolvía y la tinta  de su melodía, no dibujaba expresión alguna en el pentagrama del cielo. Era tanta su tristeza que la disfrazó de lluvia y dejó que resbalara por sus mejillas: lágrimas densas y transparentes, mordidas  en cada grieta de labio, deseos cubiertos de hiel que arañaban cicatrices hasta el fondo de su garganta…velo de viejas ansias que cubría poro a poro, la membrana de su alma.
                  Imaginó un regazo y de sus gotas lo llenó, de sudor las envolvió y un atrevido viento, en caricia las convirtió…y era dulce y suave, brisa y rocío… nadó mar, se atrevió y de su espuma se llenó, en aquella arena rodó y dejó que unas manos de mujer, la moldearan en una suave duna de triste amor. Encogió la playa su ocaso, la Luna se mostró y una estrella bajó. Un destello brilló y la duna se desnudó, era tanta la caricia que erizó grano a grano su temblor, era tanto su cariño que aquella mujer su piel le pegó…era tanto el sentimiento que el cielo, cambió de color y la tristeza, voló.
                 Y la caricia era mujer y la mujer, caricia. Era tocada y sentida, deseada y peinada, escrita y de brisa mojada, preñada de ternura y leída en el fondo de su alma. Caricia y mujer, sencillez y desnudez,  poesía y hambre de sed.

                Fundió la noche sus sombras en la nostalgia, el piano dejó de tocar y el viejo sonido soñó, se partió en eco y suave música, en vibración y dulce gemido, en grito y suspiro. Imaginó el destino de aquella musa, de fina seda la vistió y dejó que la traviesa transparencia caminara excitación en cada pliego del hombre. Cosió su piel con mil gotas de cien fragancias, pintó su espalda con los pinceles de soñados azahares y rizó sus cabellos con los aceites de mil aceitunas. Le pidió al rayo que su cuerpo depilara para que ningún vello se atreviera a transgredir su figura y al mar que esculpiera cada uno de sus dedos para que sus caricias latieran como corazón de mimo. De un reflejo de Luna dibujó sus ojos y le pidió al cometa que arrancara pedazos de mar, de verdes valles, de cafetales y de grises cielos, para darles color. Era tanta la hermosura que la caricia la enceló en toda su posesión, la llenó toda y la penetró hasta besar sus entrañas: escribió ternura en sus ojos, suavidad en sus manos y deseo en sus labios…tatuó el sudor de la pasión en su vientre, humedad entre sus muslos y escalofrío en cada pecho…pintó de calor sus piernas, de seducción sus caderas y de sensibilidad sus brazos…arrodilló su música, desgarró su eco y despacito le habló: le explicó que el erotismo sería un hermoso fuego, que su palabra rendiría estrellas, que ante su mirada aullarían mil Lunas y que su elegancia escribiría deseo en las mieles de cada poesía. Mujer y caricia, caricia y mujer…Mujer, la caricia del viento.




sábado, 13 de enero de 2018

EL VIEJO AMANTE.


                   Se contorsionaba el árbol en su viento, una madriguera le preguntaba al frío y el hongo se arrastraba en ajenas humedades. Aquella vieja casa ya sudaba siglos, sus paredes nostalgias y sus lámparas, olvidados petróleos. Pintada de niebla y años, admirada por el cielo y el musgo, guardada por cien arañas pendientes de sus telas y con cerradas puertas, protegía al espectro de un viejo amante: un ser que no era hombre ni mujer, un espíritu libre, un pétalo de luna y un alma poseída por el corazón del amor. Era esencia y aroma, fragancia de tierra y ternura de lluvia, deseo de mar y pasión de trueno…fantasma y amante. De blanca pureza y pálida semblanza en la soledad, caminaba despacito sus jardines, quedito olía el paso del tiempo, de tanto en tanto un suspiro susurraba y muy a menudo, perdía su mirada en el reflejo de una Luna que ya era añoranza. Escribió su vida en la fuerza del abrazo, su libro en la esperanza de un último beso y arrodilló el postrero deseo de su incipiente muerte, en la pasión por conocer una vez más, el intenso gemido de su alma.
                   Olía la noche a pino mojado y el aire a congelado olvido, rechinó el portón como mazmorra inquisitoria, las ventanas temblaron y medio se abrieron, el espectro se materializó y una dulce voz, arrulló la cuna de aquel amante. La vio doncella y él jamás una virginidad desbarató, la sintió hermosa, cauta, con el miedo de la duda y con sabor a ignorancia. La miró y lo miró, el destino imaginó, un sueño apuntaló cimientos y la vieja casa se dejó. El aire se volvió luz y el suave abrigo del amor, envolvió a la doncella. Oscureció el cielo cualquier camino y tapó la nieve cualquier huella marcada, lobos en manada aullaban y pequeñas estrellas enfilaban las agujas de sus destellos, entre grandes cauces de ríos y lavas.
                   El día fue marcado por el esotérico llanto del destino, la espera había terminado y aquella noche abrió de par en par, la última poesía de aquel viejo amante. Él lo sabía y ella presentía que algo pasaba, sus ojos hablaban de un último deseo y ella no los ignoraba, la lengua humedecía sus labios y ella quería, una pasión sudaba en su piel y ella ya lo deseaba. Se abrió el alma y la doncella desnuda la bailó, el amante vibró y fue hombre y mujer, pezón y vigor, fuerza y ternura, caricia y explosión, espalda y seducción, erección y contorsión, sudor de hombre y dulce humedad de mujer. El viento atrapó el vaivén de las ventanas y habló en nombre del Creador, entró la nieve y el rayo fulgurante aquel comedor atravesó,  la espesa miel de la energía cósmica todo lo lleno: resbaló paredes, pintó muebles, aterciopeló fuego, de pétalos recubrió cada poro de suelo, de saliva cada gota de aliento y de exótica vainilla cada copo de nieve. El amante se retorcía y gritaba su animal, la doncella su cuerpo arqueaba y respiraba suspiros en lo más profundo de su garganta, las uñas rasguñaban, los dedos corrían, la piel brillaba, despuntaba oro el rizo de un cabello, trascendían los besos a sus labios y las almas mordían, juraba la ternura sus tatuajes y en medio del aquelarre de todos los sentidos conocidos, el amor se desnudó, el cielo reivindicó su color y la Luna rasgó su manto de seda y cubrió a la doncella y al viejo amante.
                     Reventó el amanecer aquella encelada poesía, las montañas secaron ríos y empujaron sus lavas, el calor fue divino, el fuego intenso, desapareció la nieve, la senda, la vieja casa y el viejo amante. Refugiada la doncella en un iglú de cielo, acariciaba la desnudez de su vientre, la soledad de su alma y la incipiente preñez de su amante. Caminó entre los escombros y cuando lo sintió, recogió sus cenizas. Con ellas llenó sus manos, apretó puños, sintió fuerza y una lágrima lloró. A lo lejos un aullido escuchó, la Tierra se movió, el Sol corrió, una joven estrella inventó noche, una Luna con nuevas sedas sonrió, por doquier brotaron ríos, el mar embraveció, la doncella cerró su mirada y dejó que sintieran los ojos del alma. El cuerpo absorbió su embarazo, se percibió diferente y atravesó el espejo de su desnudez: era hombre y mujer, un espíritu libre, olía a pétalo de Luna y su alma estaba poseída por el corazón del eterno amor. Depositó aquellas cenizas entre las raíces del árbol más joven, las regó con gotas de lágrimas y sudor, besó aquella tierra y esperó…esperó que aquel viejo amante soltara la última fragancia,  el beso que mordiera su alma y el epílogo que cerrara el libro de su poesía. Una leyenda se escribió y la vieja casa por siempre olió amor. El portón se cerró, el camino abrió la senda y el lobo aulló, un espectro se materializó y el viejo amante escribió: el amor es  energía y siempre es, no es creado ni destruir se puede, solo se transforma, se vive y se sufre.


                  


                   

viernes, 12 de enero de 2018

ESPEJO DE AGUA...




A través del espejo veo tu alma, te miro entre aguas, mis labios se mojan y mi piel te reclama.
El suspiro inventa un sonido, el aire una nota, el cielo la escribe y el viento la toca.
Amor has de ser si de sufrir se trata, hada en mi destino y musa escrita en los telares de mi añoranza.

                  Mujer que me atraviesas sin ton ni son, seductora e imaginada música para mi vieja canción, hermoso cáliz inventor de besos y hacedor de caricias, escrita ternura que tatúas  deseos, tinta de sangre que nadas en mis venas…romance bailado entre las ubres de mi existencia.
                 Mujer y agua, espejo y fuego, brasa incontenible y dulce sabor en mi cuerpo, celofán de caramelo, azúcar mascabado, piano escuchado en cada dedo de tu elegancia, locura perversa que confundes sentidos y abrazas querencias, lágrima de miel que resbalar no dejas ni mi dolor ni una caricia del alma en mi pena.
                 Mujer de luz que arrancas sombras y desvaneces pecados, seducción hecha de cielo y mar, tentación encelada entre mi pecho y mi alma, viaje de los sentidos al más allá, nostalgia arañada entre las sábanas de mi humedad, éxtasis  de pasión que recoges puños de tiempo para poder pintar tu cara en mi aniedad.

Espejo de agua, carita de miel, latido de perfección y sueño de la imaginación.
Amor que lloras distancia, lágrima de río y lejano horizonte en mi mar.
Amor que siembras deseo en mis entrañas y  fluyes despacito en cada uno de mis sentimientos.
Espejo de agua, caricia del alma, piel de mujer y Luna de hadas.









           

lunes, 8 de enero de 2018

SOLO, NECESITABA AMARLA.


                El silencio atrapó mi vida como el horizonte limita su mar, el cielo dibujó su brisa, el viento la pintó de rocío y gota a gota, empapó cada vello de mi cuerpo. Sufrió el amanecer y penetró mi sueño, el dolor fue intenso y un ansia lloró. El respirar se atrevió y un intenso frío, el corazón encogió. Sentí profundo el vacío, mi carne se contorsionó y la pasión contenida, toda te exhaló. Brotó rasgando piel la imaginación, me arañó la sensibilidad, una excusa enredó su distancia y el miedo a la soledad convirtió en cristales de sal, cada espuma de mi mar.
                El consuelo pidió permiso, poco a poco el pecado erosionó mis principios, fluyó intenso un calor entre mis piernas, sentí tu olor, la seda de tus cabellos en mi vientre, la esponjosidad de tus labios en mi pecho y tu sangre rozando mi alma. Arrodillé mi fuerza, cerré los ojos, pedí al viento que no te fueras, al rayo su fulgor y al trueno tu voz. Solté aquella lágrima que todavía desgarraba mi garganta, mordí de lujuria mis labios, la piel enchinó sus poros, el pezón erizó pasión y dentro de ti me fui. La sensación nadó su lava, tembló dura una emoción, las vísceras se abrieron, el corazón explotó,  el alma expandió su orgasmo y la profunda soledad gritó su gemido.
               Enloqueció el hombre en las ubres de su imaginación, cantó la música una última nota, deshizo el escalofrío sus agujas y despacito los dientes dejaron de morder sus labios. Llegó el corrosivo remordimiento, el frío y el silencio de la soledad. Castigó el viejo cilicio sus púas, el erotismo se desvaneció en su egoísmo y el poder de la mente atormentó sus miedos, entre las sienes de un flagelado pensamiento. Corrieron las lluvias sin nubes, los destinos sin escritos colores y los malditos recuerdos entre virtuales sensaciones. Cambió el cielo su dibujo, una vieja Luna tapó el ocaso y las sombras se robaron el destello de cada estrella.
               Le pedí al silencio su perdón, al mar su calma, a las paredes su abrigo y a mi memoria su olvido. Rompí en mil pedazos las hojas del libro de mi destino porque este momento no estaba escrito, regresé los miedos a cualquier infierno y quieto, volví a mirar mis vacíos. Temblaron las manos y sus dedos entre puños se escondieron, el nervio soportó una taza que no olía a café y mis latidos caminaban perdidos en un laberinto, que con dulce saña forjé. “¡Despídete invierno de los sentidos porque de otoño me abrigué, brinca Satanás porque del pecado te privé, desnúdate Luna porque me la trajiste envuelta en tu velo y dentro eyaculé… porque necesitaba sentirla, robarle mil caricias, despertar con su beso pegado a mis labios y arrullar su mirada hasta que traspasara mi alma. Necesitaba que su desnudez atrapara mi piel, que su aliento resbalara por mi sudor, que las sábanas por una vez la gritaran, que la sangre hirviera y que la profunda imaginación por fin, caminara tierna y húmeda. Necesitaba desearla, poseerla y abrazarla…necesitaba tenerla, sentirla y gozarla… la necesitaba tanto, que solo, necesitaba amarla!”
              


              

                

sábado, 6 de enero de 2018

DATE LA VUELTA.


                                                    Quise aprender como cazar una ilusión y el cielo te dibujó en mi sueño, quise que la imaginación te siguiera  y sentí el peso de mis lágrimas cuando atravesaron el corazón,  quise robar tiempo, engullir espacio, expandir mi piel para que la tocaras y cerrar mis labios para que jamás nadie les diera sabor a beso…y las campanas del trueno repicaron tristeza en mi alma, mi Luna desvistió su velo y una añoranza escribió su verso. Me dejaste solo, con una abandonada suerte recorriendo mi espalda, con el grito desgarrad , y abriendo surcos en las líneas de mis manos. Y entonces le robé al primer portal un pedazo de soledad, a la pared su maltrecho blanco y a la lluvia sus tintas de barro. Corté de tajo las venas de mi brazo, escupí de mis labios la hiel de un mal trago y borré de mis ojos el color de ajenas miradas. De rabia llené dedos, de coraje mi alma y con el puño del corazón escribí la pasión de una razón:
                                 “El deseo aprieta, siente lo profundo la desmedida pasión, grita el verso por ser escuchado y mira el hombre un triste vacío en sus manos. Se funde el cariño con las ganas de tocar, apresura el pensamiento una idea, la imaginación posee al sueño y la esperanza no se atreve a ser ilusión. Camina lejos una silueta, un velo de Luna acaricia su desnudez y el suave viento entrelaza sus cabellos entre dulces cristales de sal y mar.                              
                                  Date la vuelta y mira porque son mis huellas las que pisan tu sombra, son mis caricias las que arrastran ternura de arena, son mis sentimientos los que entre espumas quieren mojar tus labios y es mi destino el que vive atrapado en la brisa y escribe ilusiones en tu espalda. Date la vuelta y respírame,  porque mi fragancia la envolví con tu viento, mis deseos nadan entre las burbujas de tu mar y la dulce mirada de tu alma ya se atrevió a robar mi aliento.
                                 Siénteme cerca, deja que mis manos te toquen, que mis dedos caminen despacito  sobre tu elegancia, que mis labios se llenen de tu sudor y que mi piel se desgarre a jirones cuando no estés. Siénteme tan dentro que tus deseos germinen humedades en mi pecho, que cuando estreches mis brazos, escuches el latir de mi poesía y que cuando el beso pegue nuestras almas, mi corazón robe tu sangre.
                                 Date la vuelta porque soy escalofrío en tu nuca, el que tapa tu sombra y el que escribe tus pisadas. Date la vuelta y escucha el dolor de mi ansia, el temblor de mis labios y el sudor de mis lágrimas por no tenerte. Date la vuelta porque mi alma se abrió, mi cuerpo vive desnudo y mi poesía deshace sus tintas entre la soledad de cada portal. Date la vuelta y mírate, porque soy tu espejo, el reflejo de tu alma y el tesoro oculto al final de tu arcoíris. Date la vuelta y escucha el gemido de mi amor, el grito de una pasión, el aullido del poro cuando suda mi llanto, el eco de las grietas al romper la tersura de mis labios y el profundo latido de mi sangre, en el seco corazón de un viejo y cansado amante.”
                                 Ya las venas secaban mis brazos, el vacío me abrigaba frío, el portal de reojo se alejaba y la lluvia pintaba de rojo carmín aquella calle. Se atrevió una Luna a mostrarse plena, las sombras entumían un silencioso baile de sentidos y mi vida la buscaba en un ápice de media luz. El sentimiento noble surgió, una silueta apareció, hincaron las rodillas sus bruces y una ilusión recorrió solícita mi espina dorsal. Desvaneció el sueño a la incipiente muerte, olió mi cuerpo toda su fragancia, escuchó mi corazón cada tilde que un día escribí en su alma, junté mi vida toda y saqué de lo más profundo, el grito más estremecedor del espíritu: ¡Date la vuelta!..y todo se repitió en el juego del amor y el deseo, la pasión y el desamor, un alma que ama y una piel que no siente, un corazón que late y un cuerpo que jamás...se da la vuelta.






                          
           

                                 

miércoles, 3 de enero de 2018

UN SUEÑO ETERNO





                  Desgarra mi garganta el grito de un sentimiento, confunde la sombra su agonía de luz, mira el pensamiento su historia, suelta el puño su mano y lloran mis labios el recuerdo de un beso que por más que arrancarlo quiero, todavía dibuja miel en sus grietas.
                 Pinta lágrimas de olvido la soledad, se atreve  quedito el nervio, fluye frío el sudor, la mirada se cierra y no encuentra el alma un refugio en mi suspiro. Se desbarata el hombre, gime el poeta, se ríe el silencio, el aliento quema,  aquella fragancia duele y las tintas ya secan  su sangre sobre el papel de la vida.
                 Cae tensa la oscuridad, el ocaso germina, el viento arde, crece el mar su marea, la Luna aguarda y el abrazo no llega. Piensa el cielo en sus estrellas, la montaña esconde su paisaje, aúlla el lobo, gira el cuello un búho y rechina el asfalto un prepotente caucho. Una lamparita prende su constancia, la mesita su noche, el libro se abre, las sábanas tapan, cruje una almohada y el escritor lee: ajenos sentimientos se arremolinan en su pesar, las letras saben a música y los versos a coñac, liman asperezas las páginas en sus manos, camina tembloroso el vaho, sueña el pensamiento y el poeta prende un cigarrillo.
                  Deshace despacito su piel la ceniza, los ojos se cierran y la mirada vuela.
                  El loco amante se convierte en luz, su corazón en cometa, los dedos acarician todo y  sus manos tocan estrellas. El alma se abre y desnuda habla, no respira y siente, en el vacío desea y en el reflejo de su Luna se mira. Lo consiente la nube y de su azucarado algodón come, lo reta el rayo, lo desbarata con la mirada y cae como trueno de mil luciérnagas. De muy lejos ve su Tierra y le pide que lo alcance…y ella se muestra, baila, lo rodea, lo abraza, lo seduce y en su astral condición, lo posee. Lo ama y le dice que la penetre. Grita la Tierra, gime el poeta, se abren los valles, las tintas corren, los ríos se parten, giran musas y duendes, el volcán explota y el hombre vibra en el escalofrío universal.
                 Despierta en los brazos de su mar, con espuma de cielo pegada a su cuerpo y dorada arena caminando por su espalda. Sus pies están llenos de caricias, sus manos de ternura, su mirada de luz y su deseo de pellizcos,  abrigados por una extraña pasión. Lo ve un cangrejo y se ríe, burbujea una almeja y suave la besa, el horizonte pega el cielo a su mar y el poeta escribe: no hay soledad, solo infinito, no hay límite, solo poder, quizás no hay vida ni  muerte, solo un sueño eterno que cambia de colores.
                
                
          

            

lunes, 1 de enero de 2018

2018

                Hoy empieza un año, un tal 2018 que llegó para quedarse, que se desprendió del cielo para que un sueño empezara de nuevo, para que una imaginación creciera y para que una caricia se inventara en cada una de nuestras pieles. Un año todavía virgen, lleno de música y colores, de promesas y juramentos, de visiones y emociones…de viento y de lluvia.
                Lo trajo el cometa desde su infinito, lo llenó de besos la Luna de la eterna ternura, lo arrolló en su regazo el Sol del Creador y lo llenó de estrellas el paraíso del Universo. Nació entre sedas y algodones de la nube más joven, mamó pechos y comió dulces calostros entre alas de ángeles, bebió de la ilusión de los mares, creció despegando cien horizontes y caminó solo, apartando las ramas del cosmos.
                 Llegó a la Tierra a la montaña más alta, lo esperó el más sabio, soltó su manita y un pequeño cabello de barba le quitó, en su puño lo vio y entre sus labios lo besó: el año ya era humano. El sabio de frente lo miró y su aliento le dio, dos mil dieciocho exhaló, tragó, suspiró y entendió: el año pensó. Se cruzaron las miradas, un alma se abrió, el sabio se encogió, una tinta escribió y el año de sabiduría se llenó: dos mil dieciocho aprendió. Mostró el anciano sus manos, el vacío gritó, el precipicio saltó y el eco gimió: el año sintió. Abrió su mente el sabio para que la historia se mostrara, rugió la leyenda, sonrió una anécdota, vibró la nostalgia, lloró la vida no hecha y se convirtió en dulce mimo la expresión de una libertad: el año adivinó, abrió sus brazos y en su regazo de ternura arrulló a su sabio.
                 Bajó de la montaña el año, raudo piso piedras, con su coraje atravesó ríos, nadó mares, escaló edificios, pisó cien playas y le pidió al viento su tiempo, al espacio su vacío y al hombre que convirtiera el aire en artificiales fuegos…y las luces quemaron cielo, los colores truenos y los rayos sombras, bailó la melodía con su piano, el jazz con su saxo, el juglar con su flauta y un violín con una tristeza:  sentaba un niño el portal, tejía una anciana bajo ceras y un mendigo mostraba vacías manos al resplandor de una farola…caminaba la soledad de casa en casa, desequilibraba una balanza su comida y un cura repartía sermones que un estomago no llenaba. Viajaba el político en su jet mientras un hombre sus zapatos pulía, lloraba un bebé porque harto de comer tenía sueño y gritaba una boquita porque el pan no conocía, mentía el pobre sus kilos mientras su vecino aparentaba lo que no tenía, anhelaba la calle un sueño pero el sereno guardaba sus llaves, el amante fingía su amor y el deseo su pasión…el violín tocaba y estupefacto, el nuevo año miraba y miraba…y miraba.
               Se rebeló el año, el cielo absorbió fuegos y castillos, paró el tiempo sus manecillas, se perdió el espacio en el primer negro agujero y el hombre se paró, vió, se preguntó, se abrazó y no se encontró, reflexionó, arrodilló sus bruces y cambió: la soledad dejó de abrazar su pared, el niño compartió, el pan se conoció, el frío se tapó, el político viajó en burro y un perro lamió sus zapatos, el cura mejor calló, el pobre abrió sus puños y el vecino tocó su puerta porque dejó de aparentar. La calle reinventó su elegancia, el sereno compartió sus llaves, el amante no fingió, el deseo humedeció su pasión  y el violín tocó esperanza.            
              Dos mil dieciocho cerró sus ojos, creyó que todo era verdad, que todo sucedió, que todo cambió y se atrevió. Entre nosotros nació, nos abrazó, nos besó y nos preguntó: ¿en realidad, habéis cambiado para merecerme?



       

viernes, 29 de diciembre de 2017

LA CARICIA DEL ALMA


           La mira y entiende, lo mira y consiente. Complicidad, celo en éxtasis, fuerza de hombre y calor de mujer, poder y ternura, deseo y ansias…el momento escribe, la pluma cede, detiene el tiempo su instante y respira codicia la Luna. Destella su imaginación una estrella, traga el espacio su música, sufre el río su nervio y se deshace en dos, se abre el mar y un sueño lo camina…el cielo siente y el violín de la musa, despacito toca un verso.
           Le pide el cielo al viento una caricia, una prueba de amor profundo, una ternura suave y tensa, la raíz de un gemido y la pausa del grito cuando desea. Se arrodilla el amante, el poeta deja de escribir para sentir, un pétalo se desprende de su rosa, la piel se llena de rocío y el sentimiento se viste  de suspiro. Despierta sublime un silencio entre hombre y mujer, se transforma la palabra, una voz jadea trémula, una garganta excita su trago y unos labios, tiemblan sus ansias. Recorre desnuda la imaginación, desprende el cielo sus óleos, dibuja un gran lienzo el viento, los cuerpos se hacen uno, se pintan de colores y aceite… y ruedan y ruedan…y ruedan.
            Calma tensa entre mareas de mar, inquietas burbujas bailan entre suaves espumas, arena perdida entre manos y dedos, sumidos ecos en caracoles y horizontes sellados en dorados ocasos. Desnuda el bosque sus leños, el desierto sus dunas, la montaña su volcán y una brisa se llena de chispas. Prende la fogata el cielo, arde el aire, el viento se llena de nubes y el aliento del trueno, de gritos y gemidos.  El alma decora de luz una vela, deja chorrear su cera, recoge cada gota en un pequeño hielo, espera que se abra, espera que nazca y corta de tajo, el umbilical cordón de un gran deseo.
            Camina el deseo en silencio entre erizados vellos, el poro abre su memoria, una mano atrapa su puño y la mirada cristaliza pasión. Despliega el alma toda su elegancia, el cuerpo eriza  sedas y algodones,  el corazón del viento excita a besos su aire, recoge sus alas un ángel y toda la intensidad,  concentra su cariño entre las vértebras de una arqueada espina.  Empina la columna su vertebral condición, enchina la nuca las puntas de sus cabellos, imagina un pezón su lengua, muestra el cielo su carne, contorsiona la cintura, lo surca erecto el rayo y la lluvia  del cometa lo posee. El abrazo es  salvaje, el beso profundo, penetra miel, la fragancia suda, la mirada toca y el tintero de la erótica  sensualidad,  desparrama por doquier ternura y sensibilidad.          

           Se convierte el deseo en caricia, en esa caricia que entrelaza cabellos, que recorre la nuca, que resbala por la espalda, que aprieta muslos, que eriza piernas y tensa el músculo hasta la planta de los pies. Esa caricia que arrulla párpados, posee mejillas, surca labios y moja lenguas…pellizca suave entre senos, funde ternura en el ombligo y se pierde en el dulce limbo del edén…esa caricia de placer entre dedos, de sudor pegado, de humedad consentida y de jarabe sabor a vainilla y reflejo de Luna… esa caricia viajera de lo profundo, sabia y preciosa, intensa y tierna… esa caricia llamada orgasmo…la caricia del alma.


¡QUIÉN LO SIENTA QUE LO ESCRIBA!



                                 Si el amor vive en la cima, la montaña escalaré, si nada en la fosa más abisal en ella me sumergiré y si gotea en el pétalo de una rosa, en cielo me convertiré, de ternuras la primera nube llenaré y envuelto en rocío lo amaré. Quizás sonría si mi boca lo besa, quizás cierre sus ojos si es mi alma la que lo abraza, quizás tiemble si mi corazón lo late y quizás me entienda, si mis humedades en su piel se pegan. Cada vez está más cerca y lo respiro despacio para que mi vaho no empañe sus ojos, porque ya siento el roce de su miel, la caricia de su mejilla resbalando por mi pecho y el suspiro  de su alma cuando su mirada recito. Lo pienso y me observa, lloro y su mano me seca, sonrío y mis comisuras se llenan de su cálida saliva. En la tristeza pinta de luz mis sombras, abre mi boca y entra…y cuando su alma me pide, mi corazón profundo lo penetra.
                                ¡Ay, amor! Enséñame y aprenderé, muéstrate y me mostraré, desnúdate y me desnudaré. Atravesaré tu noche para entenderte, cogeré en mi puño tu ilusión y abriré mi vientre para que tu deseo permee. Le diré al infierno que soy tu arcángel, a tus pozos que soy  aire, a tu mirada que soy iris de cielo y a tus alas que soy libertad. Ya  cubrí tu hermosura con seda y algodón, la nube enceló cielo, el rayo su trueno, la Luna encogió el destello de su Sol y mi piel…mi piel solo esperó la ternura de tu caricia, copió un hilo de miel y expandió su dorado terciopelo. Mira, ve esa Luz, es mi alma que se abre, mi corazón que rasga su sangre, la mente que juzga su pensamiento y la idea que juega con su imaginación. No detengas el sueño, abrázame en tu  ilusión, detén tu corazón y deja que tu latido traspase profundo en mi sueño.
                       Mil veces has visto mi mano sobrecoger mis piernas, has sentido mi tocar y mis dientes apretar, la cuerda de una guitarra vibrar, el grito de una trompeta y el suspiro de mi mar…y sabes  que la que grita es mi soledad, que el gemido es profundo, que el deseo es profano y que mi orgasmo está lleno de confusión. Me dejas ir y raudo te extraño, caigo vacío, desmorono cada pared de holística montaña, cada muro de confundido pesar y cada valle de maldito paraíso. Y en tu oscuridad, siempre suena un saxo en el viento de mi bosque, un piano entre ramas salpica y grita erecta una trompeta: no me dejes ahora porque empieza el juego, un juego sin reglas, un juego de atrevimientos…un juego que escribirá de colores mi destino.
                      Te busca el enamorado y encuentras fuerza en el desahuciado, penetras en sentimientos de corazones equivocados, respiras escondites entre las esquinas del pecado y te diluyes cálido entre los senos de la proscrita amante. Envuelves cuerpos con celofán y caramelo, transparentas miradas en tu éxtasis y caricias en tus escalofríos, explicas deseos en tu huída y pasión en tu posesión. Amor que estás hecho de viento y cielo, de algodón de nube y seda de Luna, de voz y música…de cautivas lágrimas y seductoras sonrisas.
                     ¡Despierta viento y  pinta de nubes mi cielo! Enséñate en la pureza de tu virtud y muéstrame la erección de tu alma,  haz que suene profundo el bajo, que lata pisadas un piano, que respire ronco el saxo y que la  guitarra prenda su acorde en el sublime ocaso del horizonte. ¡Qué dance  su voz el coro!, que la soprano enchine cada membrana de sus notas  y que el silencio retarde su agonía en la dulce melancolía de tu verso. Amor que confundes sentimientos y arrancas esperanza en cada una de mis vísceras, amor que despacito esperas recostado en tu ventana y ves como sufre un payaso su espesa lágrima, como un viejo cabestro relincha quieto su comida, como el vagabundo arranca su horizonte y como el bandido susurra un hurto en los oídos de su amante. Danzas con brujas sus aquelarres y provocas que la nieve abrace fuego, que un frío recuerdo enrede nostalgias y  que el viento del norte arrodille sus brazos a una intemperie que jamás buscó. Grita el sueño y una ilusión lo quiere, el poeta gime y el Amor no se deja. Se deshace el laberinto y muestra sus salidas, el amor se enamora sin querer, sin saber, con ilusión y agarrado a los vestigios de un utópico sueño…se enamora de él y derrama lágrimas, llora sangre y suda caricias. El milagro viste disfraz, se atreve, huele y surca los cuerpos que humedecen su ansiedad. ¡Quién quiera que lo compre! Grita la prostituta ¡Quién se atreva que me abrace! Grita el amor ¡Quien lo sienta que lo escriba! Grita el poeta.