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martes, 7 de agosto de 2018

EL GRAN REGALO.



                 Respira profundo, siente el escalofrío del Universo, exhala tu vacío, cierra los ojos, aprieta las pestañas y siente rabia, esa rabia por ser lo que nunca naciste, por no tener lo que mereces y por sufrir lo que no debes. ¡Sí! ¡Mírate! Escoge una fotografía de tu niñez, la más sola,  hazla espejo de mente y verás, que eres diferente. ¿Qué te ha pasado? ¿Cuánto parásito has dejado a ti pegado? ¿Cuánto tiempo has perdido en un camino,  que no era parte de tu destino?
                 Abotonaste como camisa de fuerza tu alma, amarraste con sogas tu espíritu, te llenaste de tiempo y todavía, peleas su olvido. Te fajaste en cinturones de miedo, bebiste  vinagres de  extraños alientos, aprendiste que eras pecado en cada deseo y escondiste tu reflejo en duros sombreros, para que no respirara, ni tu cabello. Nunca te atreviste a cerrar los ojos, a verte por dentro, entender de qué estás hecho, hablarte sincero y responder a todo lo que en tu historia has sembrado y que ahora miras perplejo.
                 Le preguntas a cada poro por qué no ha sudado pleno, a cada cicatriz por qué todavía supura recuerdo, a cada atisbo de memoria el por qué naciste plebeyo y a cada hebra de aire el por qué, no sientes nuevos vientos. Le preguntas al mar por qué cada ola es nueva, al cielo por qué su color siempre es diferente, a las estrellas por qué no te miran de frente, a la Luna por qué no te muestra su cara oculta y a ti, sólo te preguntas el cómo, cargar tanta culpa.
                 Descubre el poder que traes dentro, ese regalo del Universo dado, esa vibración de tu alma, que está en silencio y apagada. Debes salir de tu convento, de ese claustro parido con paredes de miedo, de esos corredores largos y persistentes, de esas tinieblas que te encogen y te empapan hasta el fondo de tu vientre. Deja que tu alma regrese a sus orígenes, allá donde es parte de la Gran Fuente, dónde todo es vida y se respira diferente. Abre tus manos para que el vacío no sea lo consistente, absorbe en ellas la gran energía del todo consciente, imagina esa Luz cuando atraviesa tu semilla, desde los pies hasta la coronilla. Hazte Tierra, estrella y naturaleza.
                Camina descalzo por arenas y sentirás como tu piel destella, abrázate fuerte al árbol y regenerarás cada una de tus moléculas, escucha el sonido del mar y en cada caracola oirás un poema, diviértete con la lluvia y serás trueno en millones de planetas. Sube a la montaña más alta, abraza el horizonte y entra al mundo de las hadas. Sentirás como la dulzura te nada, como la culpa se desbarata, como la respuesta es distinta cuando no hay pregunta que inquisidora la señale, como el silencio es necesario y la soledad, el dulce presagio de que no naciste para solo llegar,  a ser un anciano. Pídele a la nieve que por tus pies resbale, a la piedra que despierte tus huellas, al río que te explique su cadencia y a la selva, toda su naturaleza.
                  Encuéntrate porque te dieron un regalo, te lo pusieron en tus manos y lo hiciste a un lado. Es hora de abrirlo, de quitarle tanto envuelto camino, esos lazos de dolor que has permitido y ese celofán que cada vez que lo tocas, te llena de escalofrío. Es el tiempo en el no tiempo, el espacio de la no distancia, ese verte por dentro y saber que eres un elegido, un pétalo de Universo, un pedazo de manto en la Luna, la dulce germinación de mil semillas y una brizna del polvo eterno de las estrellas.
                   Fúndete, porque en tu interior encontrarás solo belleza, esa ternura que explica al amor cuando es de a de veras, ese silencio que es maestro y de tus sentimientos el gran proxeneta, ese alivio cuando cada culpa se convierte en viento de duna, ese aliento que ahora fluye lleno de ti, por cada comisura de tu boca. Medítate, porque ese regalo tienes, conócete, entiéndete, escóndete dentro y cuando salgas verás, que todo es diferente.
                   Meditación, el gran regalo Universal.