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miércoles, 8 de agosto de 2018

TANTRA


                    Tembló mi piel, ella estaba cerca. Susurró el poro tanta belleza que se abrió todo, le dijo a su vello que estuviera quieto, al sudor que guardara su deseo. Hoy haríamos el amor sin tocarnos, nos miraríamos, nos oleríamos, descubriríamos ese interior que a veces en el fervor, es olvidado.
                    Despacito se desnudó, prendí dos velas, la dualidad a media luz se mostraba perversa, hombre y mujer, almas añejas suspirando gotas de un dulce poema. El viaje estaba listo, las miradas atravesaban, una pasión fluía apretada, poco a poco un profundo deseo supuraba, poco a poco se abría el alma.
                   La mente era blanca, no tenía recuerdos ni algo pendiente mañana, la religión era borrada, la educación por el momento preñada y el infinito tocado, en el corto espacio entre dos esencias enamoradas. Gimió el tiempo y se vistió de silencio, el ambiente era perfecto y el baile ya respiraba, sus primeros anhelos.
                   Danza de cuerpos sin tocar, amor ecléctico, sensación etérea,  un instante sin miedo, ese fundirse en lo ajeno sin importar historia ni defecto. Ese hermoso dar que te saca de tu carne y destella luz en cada lágrima de su sangre. Armonía, intimidad perfecta, miradas fijas, el comienzo de una masturbación sin pena, caricias que como látigo marcan emoción en piel,  besos escondidos que saben a miel.
                  Sus manos se tocaban, mis dedos ansiaban, su lengua se relamía y los dientes mis labios apretaban.  Escuchaba su latido y ella se abrazaba al mío, no eran diferentes, el destino era el mismo y ya una humedad goteaba, en cada libido. Adoración, máxima excitación, esa lectura del alma cuando se viste de cuerpo: su frente, su oreja, la mejilla, hasta la peca más pequeña, cada detalle, su delicado cuello, cada punta de su cabello, los hombros perfectos y la erección completa, en cada uno de sus senos.
                   Llegó el abrazo  tántrico, se sentó en mis rodillas, sus brazos me rodearon, el orgasmo quería, era ansiado, su fuerza lo contenía,  besó mi cara, cada sonrisa, cada pestaña, cada pedacito de mejilla, cada mirada y cada grieta, que a sudar se atrevía. Todo era magia, sentía que el cielo tocaba, que el Universo en mi explotaba, que era música y en sus manos, el arpa de un ángel con sus cuerdas tensas y muy excitadas.
                   Caminó dulce una melodía consentida, en cada caricia, entre su alma y la mía, en cada ternura escrita, en cada humedad atrevida, entre su mirada y la mía, en cada beso sentido, entre sus piernas y también, entre las mías.  Se desbarató el silencio, llegó el clímax perfecto, se desgarró el grito, exhaló su gemido el suspiro y nos sentimos tan dentro, que éramos uno y del amor, un hermoso infinito.
                 
MIRA EL VÍDEO AQUÍ: https://www.youtube.com/watch?v=Yf05nYiOl7I&feature=youtu.be