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sábado, 19 de mayo de 2018

TIEMPO, VIDA Y OLVIDO.



             ¡Qué largo es el olvido para el destino y que cercano cuando el sentimiento necesita ser escrito! El cansancio obliga a la mente a respirar distinto, en el silencio junta sus hebras el instinto y cuando el grito del pensamiento llega, no hay garganta que trague tanta hiel que una y otra vez, el recuerdo impregna. Suda la memoria porque en el ejercicio es exigida, sucumbe la idea porque entre las sienes no es permitida y un fuerte escalofrío aprieta la nuca hasta el final, donde termina el principio de un olvido que si no se da, puede ser fatal..
             Llueve impertinente la vida, derrama gotas en mi cabeza perdida, entre sus cabellos buscan una ternura pero de mi cerebro son escupidas, caen sus alfileres y se desparraman sobre mi columna, entre los muslos gritan vida y cuando mojan mis rodillas, un vello les explica que en sus manos serán exprimidas, que de mi cuerpo serán expulsadas, que se requiere silencio para que el olvido sea ejecutado y  por favor que en los pies no sigan chorreando, porque las huellas ya no deben ser las de antaño.

            Vida que te expresas en el olvido y olvido que si no te tengo, no expreso mi vida.

            Cae dulce la sombra de la primera Luna, la estrella no convence a su cielo para que la esconda, calla el grillo para que el silencio sea el que responda, traga dulces huesos en su noche una anaconda y mientras tanto, una espuma le pregunta a su mar si su marea es corta o solo tonta. Abrazo el olor de la nada, ya mis labios ni de sus grietas hablan, la soledad es perfecta, el pensamiento en un papel blanco piensa y la imaginación le pide al olvido, que sea solo un sueño malvivido. La lucha es feroz, la memoria se llena, los dedos en tintas la desechan y una vela en su cera la quema, el recuerdo explota, la fotografía se relame, la bestia del tiempo se expande, el duende de los sentimientos  habla infame y un gran sopor, de tu cárcel pierde la llave. El olvido late fuerte porque no quiere ser parte y débil te toca, porque quiere en el alma refugiarse.
             Habla el ego y te pide que seas sincero, que de valientes está lleno el infierno y que a veces la retirada es la mejor estrategia para que después, tu victoria sea anunciada. Decide si el olvido es necesario o solo una excusa para que la escribas en tu diario, si es menester de poeta o debilidad de hombre, si es párrafo o un simple corolario…si es perdón o algo más que necesitas, para vivir como humano. El tiempo tiene que darlo pero quizás es menester antes perdonar que esperar, en la dualidad es difícil la respuesta, ¿qué es primero, perdonar o dejar que el tiempo pueda juzgar y olvidar? Porque para perdonar hay que ser capaz, hay que tener ese don que al tiempo, de poder tiene que embriagar. En el perdón vive la generosidad y la necesidad para un día olvidar, vive ese abrazo que da la vida a los que son de verdad y vive el gran poder que de la humildad, da al tiempo toda su potestad.
             Tiempo, vida y olvido, la vía que explica al miedo cuando es confundido, la trinidad que a veces aparta al ser de lo divino, un infierno que esconde sus brasas en la necesidad de un perdón no exigido, una decisión que somete al alma y estremece al corazón, un silencio partido en tres: exhalar perdón hasta lo permitido, respirar vida y dejar que en el tiempo, se dé el olvido.


           

viernes, 18 de mayo de 2018

CUANDO SIENTO.



            Sentir es un placer, escucharte, merecerte y aún en la tristeza, saber que también de ella estás hecho. Sentir es abrazarte, besarte y arrullarte en ese sentimiento que desde lo profundo nace. Sentir es compartirte, amarte y abrigarte en esta naturaleza de la que somos parte… Sentir amor es el orgasmo del alma, que en silencio, eyacula lento en el fondo de tu corazón.
            Cuando siento mi alma estremezco, no hay corazón que en el latido me tenga preso y no hay verso que sea capaz de explicarme en silencio. Cuando siento en sudor empapo el sentimiento, dejo que la mirada no pierda su anhelo y en la ventana dejo al cristal, nadar en mi aliento. Cuando siento vibra el cielo, abrazo la musa que despacito nace dentro, exhalo el vapor que a la vida le debo y así cada noche escribo lo que siento.
            Siento en verdad y explicarlo puedo porque en el amor todo tiene valor, en el detalle siento su calor y en mis tintas dejo que cada verso desparrame todo su color. Porque del mar vengo y de su sal me pego, del viento no soy ajeno y en su aire rebozo todo lo que llevo dentro, de la montaña soy parte, del valle un lindo paisaje, de la estrella un destello y del cielo, una nube o quizás un pequeño abrazo de Universo. Siento profundo el aullido del lobo, el canto de la sirena cuando embravece espuma y el gemido de mi Luna, cuando su velo escurre desnuda. Siento porque merezco, porque en mi camino algo debo, el eterno me explicó que escribirlo destruye ego y así despacito, construyo un espacio lleno y sincero.
             Cuando siento, la blanca pared deshace su pintura, el vacío de mi existencia se convierte en eco de promesas hechas morusas, lo simple ya no es línea en mi mano, la rima destruye el miedo y la poesía muestra su verso, erecto y erizado. Sube la intensidad de mi música, la inflexión del acorde roba mi atención, la piel enchina su condición, siente una lágrima el párpado en su condición y el niño que llevo dentro le dice al sueño que en su frontera no hay sumisión. Se atreve el hombre y sin parar escribe el poeta, la dualidad es compleja y la dulce esquizofrenia parte en dos una vida completa. Se suceden las letras, las tildes arañan cada posesión, los puntos vibran en su espacio, las comas levantan presagio y el creado párrafo no entiende porque el sentimiento está cansado. Se aferra el dedo a su pluma, la tinta chorrea y una lágrima sigue su camino sobre la dulce ojera, el sentir quema, la voz espera, el pensamiento aguanta y la palabra muestra, una última mirada.
             La duda queda plasmada, el sentimiento expresado, el sentir busca ese cómplice que le de algo y el poeta arruga el papel que ahora yace entre su puño apretado. Será basura lo que había pensado, será eliminado porque en su sentir no encuentra un ajeno capaz de explicarlo o quizás esperará un año a que alguien le diga que ese sentimiento, él también lo hubiera comprado. Sentir es una condición del ser humano, es sufrir lo ansiado, cabalgar desnudo sobre el lomo de un profundo espacio y quizás, llorar cuando el sentimiento es demasiado. ¡Que se atreva la emoción a pedir su tiempo, el abrazo de la soledad a reclamar su vacío y esa mano que apoyas en tu frente a sentir que de repente, tienes fiebre!¡Que se atreva el poro a mostrar su sudor cuando el nervio lo abre, que se atreva el insolente presentimiento a esconder su intuición…que se atreva el hombre a gritar que es poeta, a gemir un orgasmo y también a decirle al viento que tiene miedo al fracaso, porque es humano!¡Que se atreva la letra a formar una palabra y ésta a vestirse de verso aunque su rima la escriba el latido o la música del cielo!¡Que se atreva la tinta a salpicar mi deseo porque de su negro color nace el alma que blanca, me expresa pleno!
            ¡Siento!¡Claro que siento! pero el amor de lejos debo entenderlo, porque si bien lo he vivido, sufrido y soñado, en este momento es un viaje demasiado osado. Porque de mi lo emborracharía, apretarlo cada día querría, poseerlo de noche no sería utopía, penetrarlo profundo sería rutina y amarlo, el oxígeno de mi vida. ¡No! No quiero asustarlo porque de mí quedaría prendado, ya no existiría poesía capaz de explicarlo ni poeta que osara retarlo. ¡Escúchame bien Amor! Porque solo una vez te lo diré: tu eres un terreno acotado, una senda que no viaja a mi lado, un deseo que quizás por demasiado anhelado, lo veo lejos y fuera de mis manos. ¡Amor! Te seguiré explicando porque ya te he probado, tus ubres he mamado, de tu aliento he estado alcoholizado, de tu piel abrigado, en tus brazos he soñado, pero debes saber que también me has causado mucho daño. Vete lejos porque el tiempo de mí te hizo compañero, en tus zarzas quemé mis infiernos, en tu lengua ahogué la saliva de mi silencio y en tus labios entendí que tú y yo, no somos eternos. ¡Siento! pero a ti no te debo el sentimiento, ni la razón ni la causa del profundo desasosiego, no te debo nada y nada (para que lo entiendas) es nada.
          ¡Siento!¡Claro que siento!...y la soledad escogí como mi convento, en sus pasillos camina mi alma entre sigilos, entre claustros lo que queda de mis miedos y en cada rezo, entierro un lágrima que por irreverente, es juzgada por ajenos infiernos. ¡Siento! Y cuando siento mi sonrisa desespero, un olor respira a madera intenso, mi corazón encela la sangre del viento porque es libre y sincero, los botones se caen lentos, mi cuerpo se desnuda al cielo y cuando abro los brazos, me siento parte total de este Universo.
         ¡Así siento! Y cuando sea grande así quiero ser. Capaz de explicárselo a mi niñez, llorarme cada vez que mi ánima necesite calidez, sentirme cuando el tiempo me llene de ingravidez y tocarme cuando no haya mano que se atreva a escribir caricias en mi palidez. ¡Así siento! Y cuando muera al Creador agradeceré, al primer ángel una caricia le daré, al cielo mi azul le pintaré y a la eternidad, un pedazo de mi le escribiré. Ya no hay lugar en este mundo que no haya sentido, las maletas están listas y lo vivido  bendecido, el tren está por llegar y yo, que de las letras soy mendigo, ya estoy listo para viajar.



miércoles, 16 de mayo de 2018

GEMIDO.




                   Suave, aterciopelado y punzante, vapor de ángel, nacido del alma, travieso y palabra exacta, compungido y poco escrito, a veces reprimido, del pecado consentido, en el amor exigido y siempre en el desamor , fingido y dolido.

                   Fluye el alma, el cuerpo estremece deseo y la piel suda, el espacio calla, la ternura viaja y el amor se pinta despacito en las entrañas. Un temblor camina, el pie sus dedos estira y poco a poco nace un suspiro que sale del alma. Abraza la mujer su libido y el hombre su cariño, el silencio esconde su verso, el mar le grita al río, el sueño es perverso, los impulsos están idos y una música es oída en el limbo de los sentidos.

                    Ven, dibujemos un gemido, ese momento de profundo destino, esa lágrima que en su gota no vive el frío, ese pedacito de miel que al abrazo da sentido, ese acorde por los dos consentido y ese instante en que lo humano, parece divino. Ven, dejemos que nuestras manos lo moldeen, que en el vientre viva pervertido, que en el poro se sienta abrigado y que en el último aliento, lo respiremos extasiados.

                    Ven, porque contigo quiero sentirlo, dormirlo, acurrucarlo, amanecerlo y entre tus brazos recordarlo. Ven porque contigo quiero gritarlo, escucharlo, poseerlo, amarlo y soñarlo cada vez que su eco, en mis sienes haga vibrar su orgasmo. Ven porque contigo necesito saborearlo, ensalivarlo, degustarlo y comerlo… y después, cuando en el tiempo parezca olvidado le pediré a mi corazón que lo lata, porque sabe que en su membrana, lo escribí con tintas de oro y plata.

                    Ven, porque contigo quiero hacerlo, estirarlo y penetrarlo sin tiempo ni condición,  sentir su contorsión, el olor de tanta seducción, la sensibilidad de su don y ese movimiento terso que funde anhelo e ilusión. Ven porque lo crearemos, le daremos sentido a nuestra pasión, lo sentiremos profundo, le daremos aliento y cuando el silencio nos abrace lento, lo sellaremos con un beso.




martes, 15 de mayo de 2018

LA LOCURA TAMBIÉN VISTE SEDAS.



                 Ayer por la noche salí a caminar: necesitaba respirar un poquito más allá, dejar que mi curiosidad imaginara otra oscuridad y dar un poco de libertad a un verso que yacía encerrado en el zulo de una escondida soledad, pero no sabía que con la locura me iba a topar. A tres cuartos de la primera esquina una silueta llamó mi atención, tenebrosa, encogida de hombros, delgada y sin sombra. A su lado iba a pasar y mi cigarrillo empezó a dudar, de mis dos manos hice un puño, una farola fundió su bombilla y una ventana cerró con prisa su cortina. Educado saludé y ni un hola escuché, despacio pasé, el humo guardado solté, cerré los ojos y ya en ella no pensé. De repente, una mano se posó en mi hombro, tembló mi escroto, giré mi cuello cual búho absorto y aquella silueta me preguntó si estaba sordo. Le dije que no, que mi saludo fue gratuito y espontáneo pero que al no tener respuesta, mis pies aceleraron un poco su cansancio. Me penetraron sus ojos, desorbitados y un poco ansiosos, su mano le daba frío a mi hombro y deduje que si fuera apretada, la sentiría helada. Su cara lucía seca, pálida y como puzle desmembrada, su lengua estaba llena de grietas y su boca olía a vientre de ajo y a cebolla morada. Deduje que el infierno estaría cerca pero no había un azufre que se oliera. Decidí enfrentarla, de pregunta puse cara y la reté para que se identificara. Me explicó que no sabía quién era pero que alguien le dijo que nació perfecta, que de niña fue mimada y ahora abandonada en calle ajena, que no entendía lo que sucedía y que lo último que recordaba, era un helado de chocolate con sabor a fresa, vainilla y pistache. Tenía un ojo rasgado y el otro ovalado como huevo a punto de ser quebrado, su nariz respingaba gravedad y sus mejillas lucían hundidas entre pecas y cicatrices que parecían mordidas. Sus orejas de punta caían y sus cabellos eran lacios entre rizos y varios chicles pegados. Era un esperpento hecho cuadro o un lienzo de óleos chorreado, parecía salida de un escrito de Quevedo o quizás era antítesis de cualquier mitología o un monstruo de cualquier cuento griego. Asustarme no debía pues lo más difícil venía: puso su otra mano sobre mi otro hombro, acercó su cara, el olor mareaba, el frío sobrecogía, mi aliento dudaba, los pies no sabían dónde estaban y mis ojos por grandes ya no cabían en mi cara. Susurró la maldita y chispas de su saliva sacudieron mi estampa, el asco deprimía, su hedor me sudaba y poco a poco apretaba mis dientes para decirle a mi mente que pensara. Y entre tanta patraña, soltó su discurso, la palabra era saña y pensé que la complicidad la convertiría en mansa. Y habló: “No se mi nombre ni mi apellido porque no tengo padre ni de madre he nacido, soy imaginada y deseada, oprimida, reprimida y a veces en el pobre medicada. En el rico soy ansiada, en el artista valorada y en el reo causa de perdón y muy amañada. Soy fea pero erótica, me desnudan con facilidad y siempre muestro mi sensualidad, soy bisexual, masoquista y sádica cuando entre colchones los tengo que amarrar. Me confundo entre los hombres y les doy de qué hablar, entre mujeres soy orgullo y vanidad, entre mares un Moisés capaz de abrirlos de par en par y en el espacio, ese asteroide que un día todo habrá que terminar. Los que bien conocen me llaman locura y me abrazan porque en mí encuentran libertad, el sabio en mi aprende porque en la rareza está el sublime pensar, el místico encuentra su refugio y el niño esa diferencia que de los demás lo puede apartar.  Muchos me respiran aunque no tenga oxígeno  que aportar, otros me idolatran porque soy otra manera de avanzar y los menos me juzgan porque sus dedos no tienen otra cosa que señalar. Soy de todos y de nadie, viento y aire, bandera y tristeza, melancolía y desastre…tímida pero también perversa. Tiento al poeta en sus escritos, le invierto las limosnas al mendigo, junto votos al dictador elegido y le miento al pecado para que no caiga en el olvido. Estoy loca, de alma hermosa, de corazón travieso, de piel tersa y también si quiero, visto sedas y no cualquier cosa.”
              Me quedé amarillo y sin aliento pero desnudo, en ella estaba dentro, ¿cómo fue el evento, que sentirlo se me fue sin saberlo?¿como sucedió la copulación, si no escuché grito ni gemido, solo esa sensación de haberme ido? Quizás preñé un vacío o las caricias en un segundo fueron olvido, quizás eyaculé en vano sin un orgasmo notado…quizás de ella prendado, vivía burlado y en una locura desatado. De repente me vi solo, desnudo, mojado y con un vaso de vino en la mano. Sentía mis ojos desorbitados, la acera se reía y había semáforos para las hormigas, una Luna sentada sollozaba y del parque salían grandes arañas que habían tejido con dulce lana. Un delfín volaba, la mazorca caminaba desgranada junto a un rocío que su ventana a lomo cargaba, el silencio gritaba, mis sienes estaban en la espalda, el cigarro me fumaba y el cielo de verde se pintaba. Seguro que no había magia pero la farola imaginaba, la pared se salía de su fachada, los portales yacían en el tejado y las chimeneas, en alcantarillas, su humo chorreaban. Regresé a mi casa, me tiré a la cama y me dio una patada, la mesita de noche soltó una carcajada, atónito vi como mi almohada abría la puerta y caminaba. Abrí el armario y los pantalones eran faldas, las camisas sin botones saltaban y entre las arrugas de sus mangas, cien polillas cenaban. Lo cerré y con la espalda en él me apoyé, exhalé, con mis puños mis ojos apreté y lo que vi después…Ciento treinta y tres libros de la estantería saltaron,  eran muchos y página por página me abofetearon, de la parte alta voló toda una enciclopedia de veinte volúmenes hecha, tomo forma de escalera y me dijo que la subiera. Obediente lo hice y un libro de Nietzsche me azotó las posaderas, en mi frente se pegó una Biblia y entera tuve que leerla mientras Cervantes y su Quijote me susurraban que aquellos molinos, de viento no estaban hechos sino de envidias y azufres de varios infiernos. Las letras me atosigaban, las frases golpeaban y las tildes con agudeza me fustigaban. Las tapas no eran blandas ni mucho menos les tenía confianza, la estantería se resquebrajaba y sus astillas ya en mi piel se clavaban. Era un ataque premeditado y con suma alevosía preparado, un verdadero atentado que me tomó en vigilia, desprotegido y en una profunda locura sumido. Pero lo peor estaba por llegar: desde el piso un pequeño libro mostró con vehemencia su filo, a la mesa subió, la lamparita sola se prendió, empujado por millones de letras… tanta fuerza me sentó y cuando asustada mi alma lo miró, el libro, totalmente en blanco, se abrió. De la nada una musa se pintó, y luego otra y otra…la más hermosa en mi cabeza sus manos posó y con brutal delicadeza del libro me enamoró, a él me fundió y me abrazó, respiré sus blancos y me leyó, olí ese perfume que del papel un día nació y cuando una lágrima de mi ojo salió, el cielo se sobrecogió, su verde por un hermoso azul cambió y la musa me besó. En mi cabeza vivía la música, el corazón latía y latía, la ventana con fuerza se abrió y cien viajeras  plumas desde cien tormentas se clavaron en todas mis venas. De mi sangre se llenaron, poco a poco todo me chuparon, la inspiración encendió mi legado, el sentimiento era grande como un lago y las letras en cascada llenaban cada espacio de blanco. Eran vocales, acordes, consonantes, bemoles, pequeñas leyendas y ardientes vestales, velos de novia, emociones y nostalgias, melodías y ceras perdidas, tintos y borracheras jamás escritas. Todo valía, el alma se abría y una luz desde mi interior chorreaba tanto amor que incluso la locura se rendía. ¡Ay amiga, le dije con osadía!¡Creías que no podría! Por mucho que me poseyeras, jamás en ti me vendría porque no fue tanta tu osadía, sino te diste cuenta andabas en tus días y por si acaso un preservativo siempre cargo.  ¡Locura mía! ¡No te atrevas a decirles que fuiste mía, que comí sandía o cualquier otra de tus mentiras! Porque la mona aunque se vista de seda, mona se queda y tú mi dulce locura… fue un placer conocerte, un honor obedecerte, un orgullo por un momento tenerte y un libro escrito que gracias a ti, por siempre vivirá en mi mente.



domingo, 13 de mayo de 2018

EXCUSAS PERDIDAS.



               Pasó un día, el segundo medio dormía, el tercero ya sabía donde caía y el cuarto, ya escribía tu osadía. Intentabas explicarme que el mundo sin mí no valía pero que de igual forma te irías, que no tenías valentía y que aún en mi regazo, a él olías. Solo te dejé en tu albedrío, en el teatro y en tu alevosía pero siempre fui consciente que me dejarías. Llegó el día y tus ojos miraban hipocresía, tus manos se daban vacías, el abrazo de frío se vestía y el último beso, mi mejilla sobrecogía. Sabías que como yo, nadie te amaría y te acordabas de la vez primera cuando te dije que serías mía, ahora tu  memoria vaga entre noches que de amor fueron vigilia y sabes bien que tu olvido jamás mareará el momento que de ti, nuestra hija nacía. Quizás cada instante fue parte de una melancolía escrita o quizás la melancolía no fue escrita ni fue parte de ningún instante, pero aún en la huída hueles  aquella música que nos identificó, aquella Luna que su reflejo nos tatuó y aquella espuma que su mar, en piel nos dibujó. Juntos vivimos una corta estancia, quizás muchos años pero  poco tiempo para el Universo sabio, a lo mejor nos pareció demasiado porque el amor hacía tiempo que se había acabado, a lo peor nos pareció corto porque el árbol que habíamos cuidado, no presento un solo retoño en nuestro abono mal sembrado. De frente me dijiste adiós y te agradezco la educación, de lado me engañaste tanto que por no saberlo mis vecinos me lo contaron, en tu espalda comprendí por fin tu engaño y en tu mirada por mucho que de reojo la respiraras, entendí que ya era parte del color de otra alma. La resignación fue vana, la sensación rasgaba y el odio procuraba. Una tristeza nació desde el fondo de mis entrañas, mi jardín secó sus ramas, cada pétalo guardado para ti encontró un camino hacia otra posada y el verso, desde mi poesía caminaba todavía perfecto y terso en busca de otra morada. Sudaba mi cielo, la Luna lloraba y en mis manos, solo un vacio incomprendido me explicaba… ¡Me explicaba que el viento no era cierto, que el aire no le cobraba a mi aliento y que las lágrimas no eran de un sentimiento cierto! ¡Me explicaba que el pensamiento no robaba, que mis ojos no necesitaban gafas y que el moco de mi alma era espeso porque nacía de mis entrañas!...Me explicaba despacito que la soledad era mi destino, que una puya de eternidad estaba clavada en el alma de mi corazón y que nadie se atrevería a quitarla sino tuviera una verdadera razón.
               Una tristeza se vistió de seda, la oscuridad de día y la pared de melancolía. Odié cada acera, cada bar y cada encimera, escuché trémulo cada chasquido de un  revolver en mi sien, el caminar de un cáncer que abrazaba mis pulmones, la mentira tocando tambores y la desconfianza diciéndome: “Por favor ya no escuches, porque tu vida la escriben ajenos temores, la traición no debe ser razón y quien ahora te señala, en su cobardía el dedo será espada y atravesará  profundo, su propia alma”. Y fue entonces que una alegría entró en mi mente, la dicha de saber que en el renacer no habían rencores, que el remordimiento es solo para deudores,  que un dador de vida no debe temer ajenas educaciones, que el gran sastre convirtió en traje este dulce pasaje y que es mejor el silencio, que convertir un deseo en un sublime desastre. Miró la Luna de reojo su oscura cara y le contestó el cometa que por verla era cara,  que quería saber de ella y contarle su hermosura a cada galaxia. Escondió por un día el Sol su flama y un nuevo horizonte le reclamó al mar su arrogancia, la tristeza navegaba, su niebla espesa abrazaba, su música en un jardín escondido reposaba y una alegoría que por nacer estaba, esperó a ser anunciada. Se afligió el hombre, derrotado por un momento de nada, silente al ver su pared blanca y oyente al sentir un grano de sal  cuando entre espuma blanca, una nota soltaba. Y el grano fue acorde y el acorde al pentagrama le dio fama, la música olvidó su fragancia y una cuerda estalló en el vientre de una guitarra. Se levantó el hombre, enarboló quijada y rizó natural su pestaña, olvidó que una traición hubiera sido su amada, que su vida por ella fuera explicada y que su corazón ya no comprara otros latidos que no fueran los de aquella mujer, que ahora era una extraña.
              ¡Maldito silencio¡ ¡Tiempo que en mi boca tus ubres pones y mamarlas no puedo!¡Espacio que te vistes de distancia y ni con el velo de mi Luna te hago dentro!¡Cielo que en mi azul te sostengo, haz que tanta tristeza toque sus teclas en el infierno! Porque entre dos acordes el vacío es eterno, el diminuto silencio es convexo y el espejo de mi realidad me reta pleno…Llora la poesía porque no hay lomo que a cuestas le ría, no hay mar que en sus letras sal derrita y no hay montaña capaz de regalar una sombra ni un matiz a ese pintor que diario la imagina, el que le da hermosura y el que un día si quiere, la detendrá entre sus propias penumbras. Viajaré en el tiempo y revertiré este largo y costoso averno, el destino será pensamiento, el deseo algo cerca de mi aliento y tu recuerdo…esa sombra que el otoño guarda para su invierno.
             No quiero ni debo mostrarte  sentimiento, la sociedad no deja que fluya mi lamento, pero en mi sencillez te muestro lo que llevo dentro, esa nostalgia que no se acaba,  ese beso que quería fuera perpetuo y este escrito que en mi aliento vive perfecto, en los límites del sueño, quizás en otra vida que espero atento o quizás, solo  en mi silencio.



sábado, 12 de mayo de 2018

TOMASTE UNA DECISIÓN.



                    Tomaste una decisión, como una abeja escoge su flor o quizás como una mermelada tienta su boca. Tomaste una decisión, esa que te involucra toda, que no deja duda, que no hay lengua que la escupa ni silencio que la esconda. Tomaste una decisión, esa que sola se viste cuando estás desnuda, la que cuando tiene frío encuentra un abrigo, la que enfrenta al juez y sabe su destino… y la que ahora, murmulla intensa en tu oído.
                    Te dijiste que sí, que no hay miedo, que si tiembla el nervio sabes que su abrazo es sincero, que si el dedo se arruga, tu puño es perpetuo, que si la piel suda él la empapa de lleno y que si tu lágrima resbala, en nube la convierte el cielo. Te dijiste que sí, que quiero y deseo, que antes de morir saborearlo quiero, que en su olor mi temor pierdo y que en sus ojos, una mirada es más que un verso. Te dijiste que sí,  que en su arrullo crearás un regazo, un hogar en las paredes de tanta soledad, un rasguño de calor entre las frías sedas de sus sábanas y un remanso de paz, en cada antigua huella de las que todavía habla su almohada.
                     Tomaste una decisión, porque tu alma sintió un latido capaz, una sangre que a ella  te debes juntar, una piel que de ti debes untar y unos ojos que deben dejar de ver, para mirar. Tomaste una decisión, cambiarás de mar, dibujarás un nuevo hogar, en otro jardín sembrarás y cuando dos cielos veas copular, sabrás que estás escribiendo una compartida  eternidad. Tomaste una decisión y no existe ir para atrás, ni eres cangrejo ni marea baja en su mar, sabes bien que para él eres realidad y que para ti su palabra ya dejó de ser verso, que le quitaste el antifaz, que su poesía ya tiene otro sentido y  que entre tus manos has sido capaz de abrir su libro, de par en par.
                      Te dijiste que si y sola te diste la oportunidad, te atreviste a ser como a pensar, a imaginar como a dibujar tu realidad, a besar de verdad y no solo en una pantalla llena de virtualidad. Te dijiste que si, te llenaste de él y del viento sus tijeras prestadas tomaste, la distancia recortaste, al tiempo silenciaste, al dedo que te señalaba le pusiste un falso anillo sin diamante y al reojo de tanta mirada, le vendiste unas gafas que al fondo de una botella les recordaba. Te dijiste que si y en tu aliento lo denotaste, tu contorsión aminoraste al caminar, tus palabras ya no eran tan amables y de tanto en tanto un pequeño desprecio, a tus secuaces regalaste.
                       Tomaste una decisión, esa que es parte y arte, la que tomas segura y elegante, esa que huele a fresas y azabaches, ¡Si! Esa decisión que solo una mujer enamorada está dispuesta a enfrentar, la que no teme ser leída pues muchas veces ha sido corregida, la que sabe a niña, la que explica una adolescencia en sueños sumida y la que expresa un valor, que solo una mujer madura sabe que por valiente, ha sido reprimida y después por él elegida. Tomaste una decisión, esa que en mi destino pondrá una condición, esa que en tu vida pondrá una ilusión, esa que en nosotros pintará un sueño, un camino y la eternidad de una hermosa pasión.


             

INTERIORES.



              Siento lo que creo no debo, en el viaje trasciendo, exhalé mis miedos cuando un alegre pezón abrió la ubre de mi silencio y ahora respiro calma, soledad y un profundo deseo. De mi mano hago un puño, se lo muestro al viento y el aire que respiro me dice que no es sincero; arranco el primer botón de mi anhelo, saco el hilo que me cose dentro y miro profundo el color de mi aliento. Encuentro una espina al norte de mi pensamiento, una chispa que me dice que no estoy dentro, esa ansia que despacito, ciega de palabras mis versos. Una melodía, una música, una poesía quería que fuera mía, pero ahora en la melancolía, solo una sombra me espía, la sombra que muerde mi desidia, la que muestra fugaz mi falsa valentía y la que rasga silente mis paredes, en cada uno de mis días. Verdad de vida o vida compungida en una realidad no querida, destino escrito o escrito vano y atrevido que en este camino me mantiene como ufano, osado y quizás un poco desconfiado. ¡Déjame ambiente!, déjame llevar, quiero jazz, un cigarro y una copa para llevar…¡déjame saber mi verdad!, esa oscuridad que debo penetrar y ese malestar que entre mis hombros no deja de apretar. Mira cielo porque soy de verdad, escucha Luna porque de mi reflejo te he de llenar, compite estrella porque mi alma de tus destellos está hecha, sufre Universo porque aunque sea gota de tus senos, de mi te he de embriagar. Dime gran mago de la humanidad, que te he hecho para que tu olvido sea mi ansiedad, que te he hecho para que tus ojos realcen tanta frialdad, que te hecho para que tu boca un beso no me pueda tatuar…que te hecho para que mis huellas no sean parte de tu eternidad. Explícamelo, razónamelo en tu inmensidad y con peras y manzanas te aseguro que entenderlo mi alma podrá. Dios, si existes dime como se vive la inmortalidad, dime que jardín envuelve tu paraíso y que flores olerán mi humildad, por favor dime cuándo podré descansar, cuando mi alma podrá viajar, cuando a tu lado podré mi aliento dejar y cuando por fin mis fuerzas no tendrán un lugar donde las puedan retar. Dime Dios si todo es verdad, si tanta intensidad es soledad o si tanta premura es destino o inseguridad…Dios, tú que sabes que el crear es amar, que el abrazar es dar y que el besar a veces solo es juntar…Dios tú que un día me pariste desde tu realidad, dime que no soy un juego ni un sueño, que no soy parte de tu virtualidad ni un pequeño suspiro más, en la boca de la eternidad. Dime por necesidad, dímelo por terquedad y dímelo porque me muero en la ansiedad. Dios, por favor, si eres creador, haz que mis manos sean dos puños, que mis ojos escuchen, que mis oídos vean y que mis labios le den sabor  a esa boca que desde mi sueño siempre me evoca.
                 No te pido otra cosa, solo silencio, amor, abrazo, cariño, caricia, ternura, fuerza, olvido, sueño, ilusión, deseo, pasión…y un poquito de ti,  porque todo tenerte no puedo, soy pequeño, grande en deberes y diminuto en quereres. Dime de una vez si amarme puedes porque sino buscaré hacer otros quehaceres, le preguntaré al averno si hay un espacio  entre sus sienes, al vaticano si inventó otra religión que quepa en mis bienes o a Mahoma si el Sol está en mi poniente. Por favor dime que me quieres, porque el orgullo  en la divinidad no aparece, de porqués la vida languidece y por muchos ojos que tengas,  la mirada no aprende. Por favor, dime que soy bello, que arras tengo, que la memoria me sostiene y que en el recuerdo no me mantengo, que cuerpo todavía tengo para amar cualquier ego y que si frente a mi mar el juez me quiere hacer eterno,¡ te digo que me dejo!, que mis cenizas en él andarán lejos y que mi sapiencia en cada burbuja será  sal, marea alta y una letra que cada vez que la ola se la lleve, escribirá una pequeña leyenda en su viento.



viernes, 11 de mayo de 2018

EL ÚLTIMO AQUELARRE.



                         Quise comprar al viento su silencio, me abrazó lento, de su brisa embriagó mi alma y un eco desgarró mi garganta. Atónito lo miré, en el horizonte una mirada fijé, no vi nada, solo la espada de un alba que ya despuntaba. Le pedí al sueño que no la viera, a la pesadilla que de un manotazo cerrara mis ojos, a la vigilia que fuera consejera y a la vida que mi locura viviera.
              …Y la locura se convirtió en baile y el baile en una danza desbocada, rugía el viento su rabia, el deseo sudaba, el poro abría su lágrima y un cuchillo entre dientes, blandía su estampa. En dos se partió la Luna, el bosque gritaba, el druida su marmita cuidaba y cien brujas desnudaban sin pudor sus almas. Prendió el eunuco una gran fogata hecha de leñas y antiguas carcasas, el destello fue intenso, brillaron las estrellas sobre piel blanca y las más bellas mostraron con música su elegancia. Una hechicera de violín estrecha se sintió llena, vibró sus cuerdas y entre sus largos cabellos, el acorde gimió al que lo oyera. Una mala pécora le robó al piano sus teclas y la más desnuda de todas ellas, sin un vello que la cubriera, se enredó golosa entre las fauces de un arpa con piel de hiena. Crepitaba orgulloso el fuego, el encanto retaba y el desenfreno olía a brasa de infierno, esperaba tranquilo el árbol su trueno pues el rayo ya lo había quemado por completo, transpiraba sangre el musgo y la espina crecía en cualquier hiedra, la noche era cómplice y la partida Luna siempre llena, vigilaba la vereda.
                Sentada, una gran gárgola miraba impávida el paso de los siglos, seres acuáticos ahogaban niños, unos lémures esperaban pacientes a que muerto poseer, un grupo de silfos meditaban en su cueva la gran memoria universal y unas  incipientes larvas navegaban extraños limbos sin encontrar un purgatorio por merecer. Lucifer afilaba sus uñas mientras leviatán esperaba al primer hereje que se dejase querer, un gnomo le preguntaba a su nereida si había plancton qué comer, el hada huía despavorida y un viejo elfo no sabía si lo que veía era noticia o un sutil resquicio del ayer.
                Aulló el lobo por vez primera, estremeció en escalofrío la bruja más vieja, se abrió la tierra, una nube cayó, el tiempo calló y el cometa fugaz pasó, el silencio dejó de ser y el espacio se fue, como el ave que una vez rapaz perdió su fe. Obró el druida un nuevo averno y en su pócima las brujas cayeron. Cien diablos de su marmita surgieron, cien lenguas de fuego que cien cuerpos hasta el éxtasis lamieron. Vomitó la gran olla a  oníricos eunucos y a terrenales vestales, llegaron en lluvia las estrellas y en sus gradas sentaron a los viejos más pervertidos y ancestrales. El teatro era inimaginable: brujas desnudas de piel blanca abrazadas por escamosas serpientes azufradas y de largas barbas, vestales  poseídas por eunucos que jamás lograban penetrarlas, viejas alimañas sentadas en los asientos más altos contaban sus hazañas y de lejos poco a poco el horizonte, sin decir nada, de una espesa y extraña niebla se llenaba. Escobas metódicamente alineadas, hechas de cáñamo y esperma del diablo para que entre sus piernas consumaran el embarazo y la estirpe siguiera dando y dando.
                La orgía estaba dada, el aquelarre bailaba, el deseo era danza y el pecado, una espada totalmente desenvainada. Llegó la razón en busca de un filón, la inteligencia se puso tersa, la sociedad habló y se puso en acción cuando vio a un juez sacudirse en su erección, el policía gemía y una farola apagaba sumisión cuando veía a la vecina mostrar su vagina en su húmeda condición sin pedir perdón. Todo era perverso y en la perversidad escribía el verso, miraba de reojo el converso y afligido un compositor no hallaba sus ideas en este Universo. Habló el druida y en su grito calló todo el averno, le preguntó al silencio y le contestó una aguja perdida en un pajar dantesco, pidió justicia al ver que un juez dormía y la bruma despacito en sus ojos escribió una legaña seca, de reflexión y letanía: ¿Quién juzga a los jueces? Porque son hombres (aunque algunos no lo sepan), por ende imperfectos, por raza pluscuamperfectos y por orgullo, de los dioses electos. Leen la ley, la piensan, la interpretan y la subjetividad en su risa se retuerce, una ambigüedad siempre permitida crece y se cree inteligente, una reprimida ansia reverdece entre laureles y al caer la sentencia…el reo su piel eriza porque no la entiende. Despierta el juez y ve como el condenado desde su cárcel le clavó el primer diente, como la conciencia ya jamás dejará que sea consciente y como la bruja más vieja lo tomó como escoba, como su verruga más fea o quizás como lágrima de serpiente, que colgará en un cuello que aunque arrugado, siempre camina caliente. Y el druida ya tenía para su pócima, el penúltimo ingrediente.
              El baile rima incandescente, el humo abraza besos nube por nube, el valle se muestra irreverente y la más alta montaña vende sus sombras al político más indecente. Del asiento lejano baja el corrupto más anciano, un dictador de los de antaño, uno de los que cortaban manos y se alimentaban del diario fracaso de aquellos  mundanos, aquél que en el genocidio basó su legado y el que de manos llenas dejó a sus nietos amparados. El druida le dio la mano y con un movimiento estudiado, de cabeza a la marmita fue enviado: la pócima del veneno se había completado. Lo sintió potente, lo dotó del sabor de la vainilla en vara y del más profundo cacao, lo bendijo en consistencia y con él llenó cien huecos cráneos. Una por una cada bruja lo tomó y el baile siguió. De lejos la luna lo vio, se tapó en su velo y se escondió. El cielo cambió su color, las negras nubes derramaron su bilis y de amarillo se pintó. Enardeció el Sol, la Tierra estremeció dolor, el volcán vomitó y una intensa y ancha lava despacito, muy despacito avanzó. Gimieron la brujas y de las últimas sombras nadie salió, ningún portal se abrió, el agujero negro se cerró y en la soledad de su desnudez solo de aquella lava, esperaban eterno calor.
                  Desperté sudado y asustado, con frío en los dientes y no sé qué en el puño de mi mano. La pesadilla había terminado pero el sueño todavía estremecía mis labios. Dejé que mi lengua `por ellos pasara, que mis dedos una saliva sacaran y que mis ojos le preguntaran a mis pestañas si todo estaba en calma. Pensé que sí y al saltar de mi cama, al lado de mi puerta una escoba estaba. De pie, bien peinada, de rasgos moderados y parecía lista para ser usada. No me atreví. Sola se movió. Me estremecí. Una vecina cantó…Y entonces entendí que mi sueño jamás acabó, que la pesadilla no las fundió, que siguen vivas y que quizás aquella lava antes de llegar a ellas, algún hechizo la congeló.
                  ¡Mira bien! ¡Presta atención! ¡Porque de haberlas, haylas! Quizás son mera ilusión o un montón, pero seguro una has de conocer y temer. Quizás se muestre desnuda  bajo la Luna o solo cantando una canción, quizás tenga diez verrugas, una o ninguna, quizás la veas en tu cocina o sea tu vecina, quizás aquella viejita sentada en un banco cuando sales de la oficina o quizás la falsa virtualidad de tu amiga. ¡Cuidado! Porque las fábricas de escobas cotizan en bolsa y cada vez menos mujeres barren y más hombres lo hacen. Amigo, huele tu escoba porque en su fragancia esconde el veneno de aquella pócima y si a juez y a político corrupto sabe su estampa, ¡Barre, barre y barre, hasta que la deshilaches, le quites su forma y no dejes que ninguna, entre sus piernas la ponga!


             

jueves, 10 de mayo de 2018

Pablo Neruda: LIBRO DE LAS PREGUNTAS

Pablo Neruda: LIBRO DE LAS PREGUNTAS: I Por qué los inmensos aviones no se pasean con sus hijos? Cuál es el pájaro amarillo que llena el nido de limones? Por qué no enseña...

lunes, 7 de mayo de 2018

ANCIANA TERNURA.



                 Me sentí abrigado por colores y promesas, abrazado por cien Lunas y un millón de estrellas, mimado por un susurro que era más que viento y callado por un silencio que en su piel, sudaba la eternidad de un profundo deseo. Quise escucharlo, oí un lamento en su acorde más alto y el caminar de una extraña huella en su pentagrama más bajo, olí la aspereza de una escama que una arruga dibujaba y solo cerré los ojos cuando la primera lágrima, por su cara bajaba. Era pequeña, anciana, viejita y muy cansada. Sentada junto a mí, su cara enseñaba su hermosa alma, sus dedos apretaban mientras sus manos entrelazaban, sus piecitos se juntaban y entre negras medias deshilachadas, sus piernas de frío temblaban.
                 La gran urbe perversa se mostraba, el metro viajaba, cuerpos hechos de nada se movían buscando su parada, unos hablaban, otros empujaban, nadie sonreía, la puerta se abría y las palabras se perdían, entre unas vías que solo su aliento rechinaban. Olores confundidos, sabores agrios, sentimientos perdidos, latidos vacíos y algún que otro mal nacido exhibiendo sus gritos.  Dedos robotizados a teléfonos pegados, auriculares en lo más alto a sus oídos adosados, miradas cruzadas que nada preguntaban y esa ternura hecha de mujer, solo miraba.
                  De tanto en tanto con un pequeño pañuelo sus ojitos secaba, no quería que aquella bendita agua sus arrugas llenara, no prestaría su tristeza al juicio de aquella manada y con disimulo escondía su carita, en una triste y gris bufanda. La miré, creí que era la hora para ponerse de pie, le ofrecí mi mano, la tomó, de ella no se agarró, solo la miró y de mis ojos se adueñó. Su pensamiento algo en mi movió, era tanta la tristeza que en mis gafas una emoción se empañó, puse mi otra mano encima de la suya y aquel frío me sobrecogió. En su regazo estaban las líneas de mi destino, en mi vientre se estremecían los intestinos y en su mirada entendí que la profunda soledad no tenía edad, que esta sociedad en el abandono basaba su egoísmo y falsa solidaridad y que más allá de esta vida, seguro un maravilloso paraíso, Alguien le tendría que dar. Me leyó y una atrevida sonrisa pintó, por sus delgados y secos labios susurró, me acerqué y un pequeño verso recitó y mi alma lloró, lloró y lloró, se anudó mi garganta, la saliva no pasó, mi quijada tembló y cuando mi corazón comprendió, de su boca un beso me tatuó. El puro amor alucinó porque desde la más perfecta ternura alguien le habló, desde la sublime experiencia de un alma anciana y perfecta le dijo que ahí estaba ella, de pie, siempre dispuesta, con una lágrima puesta y mirando de frente a una vida que por temida, ya le era impuesta. ¡Si! Le tuvo que explicar al amor que la ternura era ella, que palabra solo había una y que ese corto verso, el que esto escribe, jamás lo olvidará: “Gracias”.
                  Dedicado con todo mi amor a mi ancianita ternurita que hoy en mi viaje de metro me acompañó y yo también le digo: “Gracias”.


   

sábado, 5 de mayo de 2018

¡MAMÁ!



             Estabas relajada, parecías cansada, pero solo esperabas sentirte deseada. Absorbías del mar su calma, el viento desnuda te acariciaba y una dulce brisa mecía despacito aquella hamaca. De pronto una melodía cruzó tu mirada, un olor extraño le cambió al día su fragancia, el pincel esbozó el primer sorbo de una anhelada velada y aquella mano a tu sudor pegada, te dijo ven, porque hoy serás amada. Despacito, poquito a poquito, dejaste que aquel hombre de tierna estampa, tus pies besara. Entre tus dedos, sus labios, tu planta recorriendo las líneas de sus manos, tu piel entre sus ojos y un pequeño temblor en su mejilla viajando.
            No se atrevía el grillo pues aún el cielo no pintaba su ocaso, la ola esperaba su marea alta y el atrevido cangrejo para atrás caminaba en tu playa. De arena y sudor tu espalda se rebozaba, el aliento respiraba lento, el suspiro esperaba, la pureza de aquel amor por tus piernas se expresaba y tus brazos, ya su cabeza abrazaban. Lo sentiste latir, la imaginación no exageraba, su lengua trotaba y sus labios pellizcaban. Entre dientes una emoción salivaba, el deseo crecía, la pasión su irreverencia encendía, tu cuerpo más quería y aquella ola en su marea, ya rugía. Encendió el cielo sus estrellas y desnudó la Luna su belleza, una media sonrisa se abrazó al silencio y las miradas se detuvieron en el tiempo. La carne se fundió a la naturaleza, bailaron en exótica cadencia, la contorsión arqueó cada poro en aquella arena, explicó una lágrima el clímax de la conciencia y el sudor, su contenida impaciencia. Gritó dulce un eco en las sienes y corrió el beso ahogado en mieles. Desgarró el gemido las ubres del viento, los mares se abrieron, la montaña absorbió el silencio, y entre la lava de un pequeño universo, viajó una semilla, atrapada entre dos alientos.
              Era suya y la hiciste tuya, la abrazaste toda y la pegaste a tu vientre, abrigaste sus miedos y le dijiste que en ti estaría por siempre. Te miró el hombre y en tu beso supo que aquella semilla era su destino, que traía sus genes, que en amor germinaría, que jamás sería olvido ni tendría frío en su camino. Cerraste los ojos, te miraste dentro, te sentiste madre, mujer y un pedazo de cielo porque en ti, un angelito estaba creciendo. Te diste toda, sin condiciones, sin mirar la hora, le regalaste tus latidos y te respiró, lo envolviste con tu alma y a ella se aferró, por tu piel sudó, en tus lágrimas el mundo vivió, de cada sonrisa un sueño en él creció y por cada caricia, una patadita de su amor te dio.
              El día llegó, el milagro sucedió y el dolor, sólo se explicó. Un sentido diferente amarraba tu vida, nacía un ser que ya conocías suficiente, la duda vagaba en tu mente y le pedías silencio a cualquier atisbo de muerte. Las personas iban y venían, batas blancas con desparpajo te veían, el corazón de prisa latía y tu respiración tomaba un escrito que no leías. Intensa querías cuando ya de tu vientre salía, debías ser valiente para darle vida, sufrir lo indecente y amarlo con suma osadía. Tu cadera se abría, el espasmo sufría, la contracción mostraba alevosía y las miradas, ya no consentías. Las humedades se perdían, la sangre corría, nada oías y un extraño olor te decía que el milagro ya vivía. Cerraste tus pestañas, apretaste la quijada, tomaste el último aire, los puños se encogieron, se erizó tu espalda, exhalaste convencida y en ese último aliento, una luz fue parida.
               Mujer y madre, que no te pregunten de que está hecha tu sangre, que jamás intenten un dolor explicarte y no dejes que nunca osen con un dedo señalarte. No permitas que de amor te enseñen ni que los sacrificios te reten porque el milagro eres tú, la razón que da vida y el único ser capaz de germinar del hombre, su semilla. Ser mujer es un arte, ser madre es expresarlo, interpretarlo y dotarlo de toda la pureza en su significado. Que no te cuenten que al verte lloró porque tú sabes que no fue así, solo de frente te miró, el amor los llenó y cuando el abrazo por fin los tocó, su alma gritó: ¡Mamá!
              


           

viernes, 4 de mayo de 2018

SERES DIMINUTOS



                         Siento que ahí están, son pequeños, diminutos, tienen celos y quizás otros anhelos. Son seres pequeños, parte del cielo, vestidos de musgo y otros universos, traviesos, perversos y de rojos ojos que siempre te miran atentos. ¡No los ves! Es que son tantos, algunos entre tus dedos, otros enredados en tus vellos y los más pequeños rizando tus cabellos. Unos fuman, otros solo beben aguardiente y los demás nadan en aguas de otras fuentes. Son mágicos y si no los entiendes, quizás tu vida sea apática, aburrida y demasiado silente. Míralos, son como mascotas irreverentes, brincan, saltan y aún en la nostalgia, te retan y hacen que la sientas  diferente. Algunos viven de manera decente y otros caminan por tu cama mientras duermes, esconden sus intereses entre las sábanas y aunque no los veas, en tus sueños siempre aparecen.”
                           Mis hijas no entendían, mis yernos huían al escuchar tan oscuro suegro  y mis nietos, con los ojos bien abiertos, asentían que querían oír tal cuento.
                            Y les conté este cuento, el cuento de los seres diminutos que viven en donde quieren, en la sala, en el comedor, en la nevera o a un lado de la estufa en primavera. Son poderosos y en la enseñanza basan su estrategia, son listos, de alma regia y mirada traviesa, les gusta el chocolate pero no los caramelos de menta y les dije que cuando sean grandes, los podrán amar como a cualquiera: al pequeño gnomo del gran hongo, a una belleza del desierto o una campanita de la más lejana pradera, una pequeñita de rojos cabellos o una grandota hecha de pecas y deseos perversos, quizás una mujer leyenda vestida de hada, una sutil ninfa que nada en una lágrima o quizás una chispa nacida en aquella fogata, donde un elfo se bañaba. Y de ojos se llenaron mis nietos, de sonrisas sus bocas, de salivas sus dientes y sus caritas, de una emoción diferente. Frida me preguntó por el esquimal del hielo, Lucía por el payaso eterno, Julia quería saber cuál era el más travieso y Gerard, si le presentaba a las hijas de mis musas, las que no fueran del averno, las más bonitas del cielo y una que fuera suave como duna. Asentí, junto a una gran fogata empecé a escribir, en sus ojitos vi y mis labios empezaron a decir:
                           “Y era el segundo minuto del principio, el Universo estaba creado y el cielo gemía, pero aún la Tierra estaba vacía. Descansaba el gran Mago y en otras cosas pensaba, dejó su chistera a un lado y con sumo agrado dio albedrío a la varita que tanto había mimado. Ángeles, serafines y otras entidades desde lejanos mundos viajaron y la Tierra poblaron, hubo consentimiento, conquista y legado. De todo el Universo llegaron, para ellos éramos el gran laboratorio ansiado y de diferentes razas nos llenaron, pieles de colores, diferentes caracteres, distintas ilusiones, pero en el fondo, todos iguales. Nos dieron tiempo, demasiado y quizás en eso se equivocaron. Estábamos solos, nos reinventamos y jugamos a ser pequeños magos, de religiones por el miedo nos llenamos y dijimos que Dios es temor cuando es Amor, que el hambre es necesaria y que la guerra no debe ser explicada, que el sentimiento es para oprimidos y el dinero un legado divino… ¡Tantas veces nos hemos equivocado!, tantas que han tenido que regresar y decirnos ¡por aquí no!, es por allá, ¡por favor!(pero no hay más sordo que el que no quiere escuchar) Y siguen y dicen entre sus allegados, ¡es que no entienden!, ¡joder!, ¡vaya raza!, ¿tanto nos equivocamos? Pero en este laboratorio seguimos dando resultados, algunos buenos, otros no tanto y los más, entre dudas nadando. Nos creyeron perfectos, que el Mago no se había equivocado y cuando su tiempo casi había terminado por fin entendieron que nos habían sobreestimado, que no podíamos solos, que les faltó darnos un poquito más de su legado, que nuestro cuerpo evolucionaba mucho más rápido que nuestro cerebro y que por eso el aprendizaje era tan lento, que nuestra armonía respiraba otra música y que el aliento del Universo era demasiado, para nuestro entendimiento. Y fue entonces que de seres pequeños nos llenaron, diminutos seres que para quedarse llegaron. Nacidos en otros  Universos, pestañean polvo de estrellas, irradian pequeñitos destellos y a veces pintan  traviesas sombras cuando hay silencio, unos huelen a viento y otros a húmeda mazmorra, no todos son visibles pero siempre los notas y cuando el hombre duerme, arreglan todo, para que mañana no haya zozobra.
                            -¡Oye abuelo! ¿Tú los has visto?
                            “El otro día, mientras un bocadillo intentaba hacer, los vi entre el chocolate crecer. A ninguno en mi pan embarré pues con cuidado los aparté. Les expliqué que quería comer, que por favor a un lado se hicieran porque en el cuchillo podían perecer. No se inmutaron porque según me explicaron de la estrella de mar sus genes copiaron y me dijeron que de ellos me podían contagiar. Les pedí que lo hicieran pero que dejaran mi cuerpo en paz, que eran mis sentimientos a los que necesitaban contagiar y que en la batalla no dejaran detalles al azar. ¡Ok! Dijo el más grande y se pudieron manos a la obra. Con denostado ceño se pusieron a trabajar, como cualquier borracho en cualquier bar o cualquier cura en su altar  y yo con tranquilidad me dediqué a mi hambre saciar.
                           De repente sentí raro, como si alguien, algo en mi estuviera fabricando, como si alguna cosa creciera donde no debiera y como si lo que yo creía que tenía que cambiar no cambiara y todo lo demás se transformara. No sé si me explico pero tampoco me importa porque según dijeron nadie me creería aunque lo disfrazara de otra cosa. Lo importante es que empezó a crecer lo que no era debido porque ya estaba crecido (que no piensen mal los indebidos), crecía en su interior la inteligencia y me preguntaban si no pensaba más y yo les dije que por favor, ya no más, porque la imaginación me traspasaba y no la podía controlar. Fue entonces que llegaron al corazón y ahí se toparon con mi razón, me dijeron que la pondrían en otro lugar para que realmente pudiera amar, me dejé, la experiencia fue locuaz, de repente me abrazó un antifaz, la ucraniana de ojos azules me dijo lo que tanto me quería amar y una rusa venida del hielo, me cubrió de un fuego que no puedo explicar. ¿Me abrazó el amor de verdad? Porque diferente sentí, no había razón en mi corazón y en mi cuerpo habitaba una extraña libertad. Volvieron a mi cabeza, entraron sin piedad y entre mis sienes se pusieron a cantar. Sentí la memoria volar y encima de la mesa la desparramaron con inusitada intensidad. Con bisturí en mano empezaron a cortar, primero los miedos, después vestigios de infierno, de la derecha sacaron un pedacito de cerebro y dijeron que era la experiencia: la limaron, limpiaron y más le pusieron, hasta que quedó aprendida y completa. De la izquierda dos venitas arrancaron, la primera era el rio de todo lo leído y una enciclopedia le agregaron, de la segunda todo sacaron y seca la dejaron, pues estaba llena de rencores, remordimientos y malos sabores, falsas enseñanzas y odios pegados que diluían mi vida con suma alevosía. Me dijeron que de nada servía y de cuajo la arrancaron para que nunca se volviera a llenar de basuras, engaños o recuerdos que ni el tiempo ha llorado. Y ya cuando terminaban algo entre ceja y ceja me pusieron, que ahora los veo por todos lados, son tantos que sin darnos cuenta los pisamos, son tantos que cuando respiramos por nuestro cuerpo escriben su legado y son tantos que en el aliento exhalado, lo que en nosotros han aprendido, lo enseñan al primer humano que atrevido, los osa respirar en un catarro o en un simple resfriado. Ya cansado les pedí que me dejaran un tanto, que me quería sentir relajado después de aquel sufrido encanto y fue entonces que me sentí tan acariciado y tan amado que la Luna vino corriendo a sentarse a mi lado: de repente sentí que en mi pecho bailaban unos pequeños duendes, pelirrojos, de nariz respingada y barba bien cortada, corrían hasta mi ombligo, en él se desnudaban y desde ahí me cantaban. Aparecieron entre mis manos dos más pequeños de largos brazos y pies grandes, vestidos de verde y me recitaron una poesía llena de sarcasmo. Y yo reía, mi espalda lloraba de cansada que la tenía y un cúmulo de pequeñas hadas por mis vértebras caminaba.  Desde la fogata dos elfos miraban, un solitario gnomo me decía que me prestaba su hongo para terminar esta página alucinada y desde el tejado, una vieja estrella encantada, se relajaba y reía por tanta fantasía.
                     Y desde aquel día, vuestro abuelo es diferente, más irreverente, menos cansado y un poquito más insolente, un poco más poeta y menos creyente en la gente, más osado y menos escuchado, más silente y mucho menos obediente. Antes de dormir sacudo sábanas pues su compañía no es necesaria, en el sueño mi memoria los extraña y es ahí cuando mi alma les habla, el corazón les pide vida y mi cuerpo la energía por ellos prometida. Mírenlos porque ellos siempre los miran, los cuidan, los protegen, los entienden y cada vez que pueden se manifiestan: en un tropiezo, en un imán que cae de la nevera, en el hueso que le hurtan al perro o quizás en esa llave que nunca encuentras. Observen y mírenlos porque solo de este cuento se han ido.


                 



martes, 1 de mayo de 2018

MUÑECA ROTA.



               Llora el alma, el cuerpo encoge su aliento, ahoga la sábana y el aire huye de su viento, traga  saliva la garganta, la mano suda agria y un dedo firme, te señala. La noche es larga, el recuerdo emociona, la memoria pide pausa, escribe su ansia un olvido no permitido y una suave música abraza, lo que le da la gana. Sientes frío y pierdes dos miradas en la ventana, le sonríes al vacío mientras una pared se muestra, toda blanca. Le pides al infinito que no amanezca mañana, que en el reflejo de esta luna quieres que la pesadilla sea perpetuada y que no haya sombra que se atreva a desvanecer esa duda, tan trabajada. Llora el momento y el puño encoge cada pedazo de almohada, respira intenso el escalofrío y arqueas tu espalda, el sentimiento araña, la ternura es deseada y la caricia, reclamada y necesitada.
               Muñeca rota, desbaratada de tanta espera y deprimida cuando siempre olías a primavera. Trapo de emociones ahora deshechas, hacedora de sentimientos y nuevas lunas eternas, cautivadora de sueños y estrellas…muñeca rota que ahora lloras, porque vagas sumida en una tristeza, que solo añora. Ya no piensas, tu mirada no ve nada, sientes lejos esa brisa que te abrazaba en el alba, tu noche es callada, exiges coraje al ángel que te guarda y recuerdas sola,  el día que te leyó mi boca, esa noche que de mi te embriagaste toda y ese instante que amaste la pasión de un arte que en tu sueño, todavía late.
               Entrelazan su color el clavel con la gardenia, el río con su flor de loto y un copo de nieve le dice al cielo que está loco, que es primavera y que aún en la tristeza, él pertenece al invierno y quizás un poco, a un añejo otoño. Se arrastra el hombre por la playa del lugar y siente a lo lejos, su muñeca llorar. Se recuerda niño y busca una caracola a quien escuchar, a ese eco que le explique que la debe luchar, a esa ansiedad que en la distancia ve como su muñeca, llora de verdad. Le pide al horizonte que a su cielo deje en paz, a la nube que descargue ya y al rayo que muestre toda su luminosidad. El marco es perfecto y el ser incorrecto, cierra puños y espera atento un milagro en el firmamento. ¡Quien se lo iba a decir! ¡Quien se lo iba a preguntar! Si lo único que quiere es dudar, un caballo difícil de cabalgar, la respuesta a una hipócrita verdad y la explicación a una lágrima que puesta, resbala de verdad. Nadie ve, nadie entiende y nadie comprende, el ser se desprende, el alma se abre y el corazón siente lo que de verdad debe. El valle enmudece porque la montaña una sombra le ofrece, una pausa, un silencio, un deseo de paz que merece. ¡Tregua! Pide el compungido adolescente, el niño duerme y el adulto todavía no entiende que la vida es otra cosa y no solo un pañuelo de rosas, que nadie le sostiene. Y entonces ve como el pétalo se desprende, como el alce cae en las fauces de la serpiente, como el inocente es poseído por el indolente y como un verso se ha vestido de una rima silente. De la oscuridad nace la sombra que sabe que sin reflejo es otra cosa, el hombre sabe que su muñeca lo añora, que a ella debe llegar y la negra urbe cruzar, allí donde nace la tristeza, donde la melodía es estrecha, donde su historia es jueza, donde la experiencia lo explica, aunque sabe que por fuera, lo señalan siempre y a cada hora.
              A su tristeza encara e insolente le reclama: “Caminaste y caminas, quizás amedrentas y lastimas o a veces te escriben como yo: un sentimiento o quizás una alegoría de vida. ¡Tristeza! me da igual que me mires de lejos o estés cerca,  si en verdad existes, dime de qué estás hecha, de qué color es tu piel y a que huele el cabello en el que siempre me enredas…de que mimbres están hechas tus piernas y que tan anchas son tus caderas, de que cielo son tus ojos y que tan puntiagudos son tus senos porque le explicaré a mi alma que cuando estés cerca, agache la cabeza, que haga como que no te vea y que cuando te vayas, retire la escalera para que en mi altillo jamás aparezcas ¡Ay tristeza! Pregúntale a mi cielo porque ya no te creo, a mi alma porque aunque la abraces ya no te siento dentro, a mi cuerpo porque aunque vivas en su poro abierto no te tiene celo y a mi corazón, porque aunque respires a su son, tus latidos ya no son de su aliento.”
               Muñeca rota, pedacito de sueño que huiste del juego, silencio en pies y  manos sin deseo, gris pintado en el cielo y negro intenso en el profundo anhelo. Oscuridad de vida que entre sombras ya no la explicas, lágrima pedida en una ilusión que fallida, resbala desnuda, por tu mejilla…muñeca rota, algodón en hilo que desprendes el último suspiro, trenza preñada en seda que desbaratada yace casi muerta, ojos sin pestañas, boca cerrada, brazos cruzados, grito contenido que vaga entre la nada, en el fondo de tu garganta…muñeca rota, gotita de vida, ven y acércate quedita pero a nadie se lo digas, porque pondré tu alma en una burbujita, la llenaré de besos y caricias, coseré sus heridas, beberé sus lágrimas, escribiré en ella fantasía, la abrazaré toda y la vestiré de melodía, le susurraré al oído que esta vez por siempre será mía, que la distancia será vencida, que era otro el que verla no me permitía y  que por favor se abra, porque mi sueño dentro de ella acaba.


              


domingo, 29 de abril de 2018

PIENSA EN MI O NO.



                  Piensa en mí o no, porque te daré esa clase de amor que en su primer suspiro sentirás de verdad, ese que en su aliento me dirás que lo inventó la divinidad y ese que cuando lo tengas en propiedad, te explicará que ese deseo escrito en mí, es parte de tu inmortalidad. Piensa en mí porque soy hombre y te quiero en profundidad, de niño no quería muñecas y aún así te soñé desde mi inocente edad, de adolescente le dije a mi hormona que me dejara en paz y ahora que estoy listo para amar, eres tú la escogida, para ser parte de mi eternidad. No es fácil sentir y explicarle al cielo esta realidad, no es fácil abrir el poro y saber que quizás no lo llene tu humedad, no es fácil vivir cuando tú no estás ni respirar si en el oxígeno, no está un átomo de tu beldad.
                  Piensa en mí o no, porque ya mi piel se desnudó para recibirte en totalidad, mis ojos no ven más allá que la sal de tu mar, tus sentimientos y tu espontaneidad, mis dientes ya tus labios quieren apretar y mi lengua necesita con ansiedad, entre tus cabellos nadar. Desnúdate porque aun en el pensamiento tus senos quiero acariciar, de tu saliva me quiero emborrachar y entre tus piernas mis temblores cuestionar. Gírate despacito porque es mi pecho al que tu espalda se quiere pegar, es mi aliento el que atrevido te quiere respirar y son mis manos las que por tu cintura, te quieren abrazar. Mírame porque en ti quiero entrar, saber a qué sabe tu humedad, abrigarte del frío de mi escalofrío y de tu alma poder arrancar ese espíritu, que por siempre será mío.
                Sé que el camino no es fácil de andar porque no solo al pensar me vas a encontrar, no solo por cruzar el mar me hallarás y no solo por leer mis prosas en la oscuridad, me conocerás. Quizás de frente sea diferente pero de osada será atreverte, quizás de lado sea más cercano y tendido complaciente, quizás te parezca muy callado o quizás con un café en la mano te explique, lo que hay en mi mente. Pero jamás pienses que ya has llegado, porque sentirás que tu alma no esperaba tanto, a lo mejor te explicaron que mis brazos no eran tan largos o que mi boca no soñaba tanto como tus labios, quizás la espera te carcomió entera o quizás tanta vereda, te impidió ver la verdad o la cima entre tanta nieve espesa. ¡No me tientes porque todavía tocarme no puedes, sentirme creo que mereces pero la distancia no te obedece!
                Piensa en mí o no y mírate, escoge el más preciado espejo, el reflejo de cualquier luna o la tersa duna de un lejano desierto, deja que el agua resbale sobre el  río y quizás en su albedrío, me dibuje en tu destino. Quizás sea yo el que mirarte no merezca, el que poseerte no pueda o el que acariciarte no deba. Quizás sea yo el que pensarte deba, el que en la oscuridad te lea, el que pula ese espejo, el que invente un reflejo y el que suavice esa duna de tu desierto. Deja que sea yo el que anude el tiempo, el que desvanezca en la distancia el aliento y el que arrugue en el espacio tanto silencio. ¡Déjame serlo! porque en mi anhelo le pediré al artista del cielo que te pinte en cada burbuja, en cada gota y en cada piedrita redonda que el destino dibujó, en el dulce albedrío de aquel rio que en su creación, tanto amó. Y será entonces que en tus ojos me miraré y desde tu alma me poseerás, en tu boca aprenderé y tus labios me enseñarán, de mi saliva te mojaré, con mis lágrimas te explicaré y cuando una sonrisa nazca en mi cara otra vez, sabrás, que por siempre te amaré.



             

sábado, 28 de abril de 2018

AMOR, UNA PALABRA, UNA LÁGRIMA


              

                Se atrevió el pensamiento, vibró una cuerda, resbaló un sonido en la boca, lo atrapó mi lengua y una palabra sintió que era de a de veras: sus letras eran miel, no había tilde en su cielo ni coma en su léxico, vestida de luz con botones de sentimiento, era hombre, mujer y su piel, sudaba llena de Universo. Desnuda salió al viento, no pudo la garganta tragar tanto aliento ni la música explicar que ese acorde, no era un invento. Caminaba sola y entre sus dos sílabas se abrazaba toda, era terca, orgullosa y quizás un poco pretenciosa, eterna, tejida de sedas, de fragancia hermosa, cuerpo de diosa y a veces, un poco odiosa. Respiraba y exhalaba como virtud encelada, de lluvia y trueno se llenaba, poseída por la ternura a la envidia retaba, sonreía y lloraba, reía y en la carcajada se ruborizaba…era plena, mágica y siempre, más que una palabra. A mi labio se prendió y por más que quise darle libertad, un miedo la cautivó. Le dije que la tenía que sacar, que entre mis grietas no podía estar, que quería que la conocieran porque era mía en verdad, que la sentía, que en mi alma había soledad, que mi corazón de ella tenía necesidad, que en mi vida había vacío, que solo ella me podía llenar y que en mi camino, entre tanta piedra, ya me tocaba un poco de paz. Me miró, la miré, no entendió, la volví a mirar, creo que me despreció, pensé en mi inseguridad, me leyó, acercó su inmensidad, le presenté a mi mar, de su espuma me envolvió y me demostró que ella también es intensidad: de mis ojos se adueñó, cada mirada era soñada, cada gesto un suceso y cada palabra, un beso en mi alma. Frente a mí se arrodilló y me dijo que también era eterno, que ella me sintió en silencio, que en la soledad existió en mi aliento, que en la oscuridad siempre abrazó mi sombra y que ahora, el tiempo le contó que un espacio deshizo sus hojas, que el libro se encogió, que ya mi mano la tocó, que mi corazón latió, que aunque sienta seca lluvia, su aire me empapó y que aunque respire despacio, el ángel que la guarda, ya me poseyó. Y no entendí porque mis paredes seguían vacías y blancas, mis humedades solícitas y pidiendo batalla, en las miradas buscaba nada y en mis manos, el vacío todavía se encontraba. ¡Dame una caricia, una prueba de que estás viva, una enseñanza o quizás un pedacito de alegría!...Con alevosía le reclamaba, con ansias quería que fuera mía porque en mi guerra ya no quedaban balas, la paciencia fue barrida y en mi trinchera ya no quedaba comida. ¡Por favor! ¡Haz que sea mía! Te juro que la querré como mi vida, de caricias la llenaré, por doquier ternura le regalaré y en la enfermedad, su vena abriré para escribir en su sangre, todo lo que la amé. De su alma un libro haré, en cada hoja un beso tatuaré y no habrá segundo que un verso tuyo no la penetre, ni en su corazón, ni en su espíritu ni en su vientre. Se emocionó la palabra, salió de mi ánima, el escalofrío fue intenso, sudó la mirada, una emoción desgarró el alma, se llenó de saliva, ¡tanta!...que se convirtió en lágrima.

                Amor, una palabra, una lágrima…y en el desgarrado deseo escondo mi alma, en la magia de esa palabra mi silencio, en una lágrima la poesía que llevo dentro y en una vida, ese dolor desnudo en mi deseo, que llena espacios y se alarga eterno en el tiempo…profunda te siento…

               Siento esa pasión que te huele, el intenso estremecer cuando duele, la emoción de respirar cerca tu aliento, ese sonido que compone el alma y atraviesa la piel para ser tocado por el viento. Te siento toda cuando mi carne se abre en capas, cuando en una lágrima te muestro la saliva de mi garganta y cuando visto mi beso con el deseo más profundo que escribe por ti, mi ansia. Poseerte quiero y es necesidad del espacio saberlo porque aún en la distancia, el cielo sabe que te llevo dentro, la nube que en su vapor crepito lento, la estrella que sus destellos de tu mirada están hechos y la Luna que aún en su cráter más viejo, tiene tatuado tu reflejo. Escribiré lo que siento porque es la única opción que tengo de salir del silencio, te leeré el pensamiento y despacito te recitaré cada gota de mi anhelo. Le diré a mi cama que aparte las sábanas de su lecho  porque es tanto el amor que por ti siento, que si tú no estás, no quepo dentro. Le contaré al tiempo que sus manecillas ya no quiero, que se invente eterno y silente, que se encele del rayo al escuchar su trueno y que sea consecuente, porque todo lo que de él he perdido, lo quiero de vuelta, inmediatamente. Pasión y silencio, necedad por tenerla y esperanza, por no ser parte de un olvido. ¡Llora! Llora mi alma, se desgarra el ánima, las paredes arañan, las palabras se extrañan y las tintas corren y corren entre venas, papeles y sombras de negro pintadas. La vergüenza deshace sus murallas, húmedo me desnudo, nadie me abraza, el corazón me reclama y me siento lleno de una brisa que por rara, es amada, necesitada y soñada. El anhelo es vacío, exhala tupido entre las enredaderas de mi libido, la imaginación exclama que todavía no ha sido dibujada y poquito a poquito una emoción espera el alba para ser explicada. Del primer Sol me lleno y al horizonte en su infinito desafío, del mar su espejo me llevo y del viento, su cariño. Espero tenso que tanta humedad brote en pétalos sobre mi cuerpo, que tanto sudor huela perfecto, que la idea sea traviesa y que el sueño despierte cierto. ¡Llora! Llora hombre porque sentir pecado es penitencia para el humano pero no para el deseo en un cielo bien creado, es juicio para el pensamiento reprimido pero no para el amor porque nació de lo divino, es silencio para un espacio sin tiempo y pasión para un tiempo, que en el espacio se quedó eterno.
              Amor, una palabra, una lágrima…silencio de una pasión deseada.