https://publishers.propellerads.com/#/pub/auth/signUp?refId=Tilr HISTORIAS DE ITACA: LA LOCURA TAMBIÉN VISTE SEDAS.

martes, 15 de mayo de 2018

LA LOCURA TAMBIÉN VISTE SEDAS.



                 Ayer por la noche salí a caminar: necesitaba respirar un poquito más allá, dejar que mi curiosidad imaginara otra oscuridad y dar un poco de libertad a un verso que yacía encerrado en el zulo de una escondida soledad, pero no sabía que con la locura me iba a topar. A tres cuartos de la primera esquina una silueta llamó mi atención, tenebrosa, encogida de hombros, delgada y sin sombra. A su lado iba a pasar y mi cigarrillo empezó a dudar, de mis dos manos hice un puño, una farola fundió su bombilla y una ventana cerró con prisa su cortina. Educado saludé y ni un hola escuché, despacio pasé, el humo guardado solté, cerré los ojos y ya en ella no pensé. De repente, una mano se posó en mi hombro, tembló mi escroto, giré mi cuello cual búho absorto y aquella silueta me preguntó si estaba sordo. Le dije que no, que mi saludo fue gratuito y espontáneo pero que al no tener respuesta, mis pies aceleraron un poco su cansancio. Me penetraron sus ojos, desorbitados y un poco ansiosos, su mano le daba frío a mi hombro y deduje que si fuera apretada, la sentiría helada. Su cara lucía seca, pálida y como puzle desmembrada, su lengua estaba llena de grietas y su boca olía a vientre de ajo y a cebolla morada. Deduje que el infierno estaría cerca pero no había un azufre que se oliera. Decidí enfrentarla, de pregunta puse cara y la reté para que se identificara. Me explicó que no sabía quién era pero que alguien le dijo que nació perfecta, que de niña fue mimada y ahora abandonada en calle ajena, que no entendía lo que sucedía y que lo último que recordaba, era un helado de chocolate con sabor a fresa, vainilla y pistache. Tenía un ojo rasgado y el otro ovalado como huevo a punto de ser quebrado, su nariz respingaba gravedad y sus mejillas lucían hundidas entre pecas y cicatrices que parecían mordidas. Sus orejas de punta caían y sus cabellos eran lacios entre rizos y varios chicles pegados. Era un esperpento hecho cuadro o un lienzo de óleos chorreado, parecía salida de un escrito de Quevedo o quizás era antítesis de cualquier mitología o un monstruo de cualquier cuento griego. Asustarme no debía pues lo más difícil venía: puso su otra mano sobre mi otro hombro, acercó su cara, el olor mareaba, el frío sobrecogía, mi aliento dudaba, los pies no sabían dónde estaban y mis ojos por grandes ya no cabían en mi cara. Susurró la maldita y chispas de su saliva sacudieron mi estampa, el asco deprimía, su hedor me sudaba y poco a poco apretaba mis dientes para decirle a mi mente que pensara. Y entre tanta patraña, soltó su discurso, la palabra era saña y pensé que la complicidad la convertiría en mansa. Y habló: “No se mi nombre ni mi apellido porque no tengo padre ni de madre he nacido, soy imaginada y deseada, oprimida, reprimida y a veces en el pobre medicada. En el rico soy ansiada, en el artista valorada y en el reo causa de perdón y muy amañada. Soy fea pero erótica, me desnudan con facilidad y siempre muestro mi sensualidad, soy bisexual, masoquista y sádica cuando entre colchones los tengo que amarrar. Me confundo entre los hombres y les doy de qué hablar, entre mujeres soy orgullo y vanidad, entre mares un Moisés capaz de abrirlos de par en par y en el espacio, ese asteroide que un día todo habrá que terminar. Los que bien conocen me llaman locura y me abrazan porque en mí encuentran libertad, el sabio en mi aprende porque en la rareza está el sublime pensar, el místico encuentra su refugio y el niño esa diferencia que de los demás lo puede apartar.  Muchos me respiran aunque no tenga oxígeno  que aportar, otros me idolatran porque soy otra manera de avanzar y los menos me juzgan porque sus dedos no tienen otra cosa que señalar. Soy de todos y de nadie, viento y aire, bandera y tristeza, melancolía y desastre…tímida pero también perversa. Tiento al poeta en sus escritos, le invierto las limosnas al mendigo, junto votos al dictador elegido y le miento al pecado para que no caiga en el olvido. Estoy loca, de alma hermosa, de corazón travieso, de piel tersa y también si quiero, visto sedas y no cualquier cosa.”
              Me quedé amarillo y sin aliento pero desnudo, en ella estaba dentro, ¿cómo fue el evento, que sentirlo se me fue sin saberlo?¿como sucedió la copulación, si no escuché grito ni gemido, solo esa sensación de haberme ido? Quizás preñé un vacío o las caricias en un segundo fueron olvido, quizás eyaculé en vano sin un orgasmo notado…quizás de ella prendado, vivía burlado y en una locura desatado. De repente me vi solo, desnudo, mojado y con un vaso de vino en la mano. Sentía mis ojos desorbitados, la acera se reía y había semáforos para las hormigas, una Luna sentada sollozaba y del parque salían grandes arañas que habían tejido con dulce lana. Un delfín volaba, la mazorca caminaba desgranada junto a un rocío que su ventana a lomo cargaba, el silencio gritaba, mis sienes estaban en la espalda, el cigarro me fumaba y el cielo de verde se pintaba. Seguro que no había magia pero la farola imaginaba, la pared se salía de su fachada, los portales yacían en el tejado y las chimeneas, en alcantarillas, su humo chorreaban. Regresé a mi casa, me tiré a la cama y me dio una patada, la mesita de noche soltó una carcajada, atónito vi como mi almohada abría la puerta y caminaba. Abrí el armario y los pantalones eran faldas, las camisas sin botones saltaban y entre las arrugas de sus mangas, cien polillas cenaban. Lo cerré y con la espalda en él me apoyé, exhalé, con mis puños mis ojos apreté y lo que vi después…Ciento treinta y tres libros de la estantería saltaron,  eran muchos y página por página me abofetearon, de la parte alta voló toda una enciclopedia de veinte volúmenes hecha, tomo forma de escalera y me dijo que la subiera. Obediente lo hice y un libro de Nietzsche me azotó las posaderas, en mi frente se pegó una Biblia y entera tuve que leerla mientras Cervantes y su Quijote me susurraban que aquellos molinos, de viento no estaban hechos sino de envidias y azufres de infierno. Las letras me atosigaban, las frases golpeaban y las tildes con agudeza me fustigaban. Las tapas no eran blandas ni mucho menos les tenía confianza, la estantería se resquebrajaba y sus astillas ya en mi piel se clavaban. Era un ataque premeditado y con suma alevosía preparado, un verdadero atentado que me tomó en vigilia, desprotegido y en una profunda locura sumido. Pero lo peor estaba por pasar: desde el piso un pequeño libro mostró con vehemencia su filo, a la mesa subió, la lamparita sola se prendió, empujado por millones de letras… tanta fuerza me sentó y cuando asustada mi alma lo miró, el libro, totalmente en blanco, se abrió. De la nada una musa se pintó, y luego otra y otra…la más hermosa en mi cabeza sus manos posó y con brutal delicadeza del libro me enamoró, a él me fundió y me abrazó, respiré sus blancos y me leyó, olí ese perfume que del papel un día nació y cuando una lágrima de mi ojo salió, el cielo se sobrecogió, su verde por un hermoso azul cambió y la musa me besó. En mi cabeza vivía la música, el corazón latía y latía, la ventana con fuerza se abrió y cien viajeras  plumas desde cien tormentas se clavaron en todas mis venas. De mi sangre se llenaron, poco a poco todo me chuparon, la inspiración encendió mi legado, el sentimiento era grande como un lago y las letras en cascada llenaban cada espacio de blanco. Eran vocales, acordes, consonantes, bemoles, pequeñas leyendas y ardientes vestales, velos de novia, emociones y nostalgias, melodías y ceras perdidas, tintos y borracheras jamás escritas. Todo valía, el alma se abría y una luz desde mi interior chorreaba tanto amor que incluso tanta locura se rendía. ¡Ay amiga, le dije con osadía!¡Creías que no podría!¡Ja,ja,ja! Por mucho que me poseyeras, jamás en ti me vendría porque no fue tanta tu osadía, sino te diste cuenta andabas en tus días y por si acaso un preservativo siempre cargo. ¡Ja ja ja! ¡Locura mía! ¡No te atrevas a decirles que fuiste mía, que comí sandía o cualquier otra de tus mentiras! Porque la mona aunque se vista de seda, mona se queda y tú mi locura… fue un placer conocerte, un honor obedecerte, un orgullo por un momento tenerte y un libro escrito que gracias a ti, por siempre vivirá en mi mente.