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miércoles, 18 de julio de 2018

TAMBORES.

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             Habla la selva, reverbera aguas un rio, vomita espuma el mar, escupe lava el volcán y tú, duermes en silencio tu vida. ¡Despierta! Eres naturaleza, un plan perfecto del Universo, un ser único, un pedazo de lo mejor del cielo. Revienta el entorno, expande tu espacio, llora tus miedos, desahoga tus recuerdos, haz una fogata, escribe en cada leño tus infiernos y préndeles fuego.
             Deja que el sentimiento se escurra tierno de tu cuerpo, que tus lágrimas mojen mejillas hasta que las comisuras sonrían tus labios y después, deja que la carcajada ahogue tu garganta, hasta el fondo de tu alma. Escucha, son los tambores del alba, esa nueva, llena de luz, nuevos sueños y esperanzas. Descífralos, son para ti, su música vibra en tu pentagrama, te dibuja el mañana, tu día, como serán tus noches, de qué color quieres el ocaso o como saborearás cada rocío, pegado a tu ventana. Dile al tambor como tocar y te acariciará, explícale lo que necesitas y su melodía te abrigará, cuéntale tu historia y en leyenda cada memoria convertirá. No te asustes, solo es un tambor, una llamada, esa que viene del cielo y que sientes dentro, la que te mantendrá despierto, la que tocará más fuerte cuando la oportunidad llegue, la que sonará tierna cuando abraces una amistad y la que vibrará en otra densidad, cuando el amor te deba llegar.
              Fluye, porque de energía está hecho tu ser, transfórmate, cambia tu frecuencia, sintoniza la del tambor, abraza libertad. Expande tu conciencia, explícale al subconsciente quien eres de verdad, no dejes que la sociedad te limite, crece, puedes hacerlo, sabes que sí, adelante, cambia hábitos, deja vicios, que la televisión solo sea pasado, escucha música, respira sano, desnuda tus pies, pisa el pasto,  aliméntate diferente, háblate con la mente y de tanto en tanto, abrázate fuerte, muy fuerte. Pon un gran espejo en el suelo mirando al espacio, mira como se reflejan tus ancestros, regodéate con las semillas que traes dentro, disfruta de sus destellos, eres luz, parte de ellos, alguien que por único, decidiste aprender en la matrix de este  infierno. Concéntrate y te explicarás desde dentro, verás que la religión es límite de un humano invento, que el pecado no existe, que el miedo es impuesto, que las reglas son para un holograma para el cual no estamos hechos. La vida no muere, la muerte solo es el uno por ciento de los pasos que tenemos que dar, aprender duele más, crecer excita y amar es crear. Porque en el amor nos aproximamos a lo que somos, parte de la divinidad, agua de esa fuente de la que sale todo lo capaz: los sentimientos, todas las emociones y la verdad. Ese darnos todo, esa palabra que de ella nace, en el pensamiento crece y en nuestra mente, todos los idiomas habla y habla y habla. No somos tan diferentes a las estrellas, también tenemos destellos, nuestra vida es mucho más larga, la luz vive en nuestras almas y en los oídos, esos tambores que cada día nos avisan, que de ellas emanan y por eso lloramos, cuando en nuestros corazones tocan y vibran.



           
                

AMOR UNIVERSAL.

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https://www.youtube.com/watch?v=SZmpcXAtmC0


           Vi una resplandeciente luz en el cielo, vi lo que nunca me habían pintado. Era cálida, anaranjada y llena de amor. Me sentí transportado en ella, en su posesión, parte de su luz, como en el sueño de un amanecer extraño, como dentro del sueño, de un gran abrazo.
         Vi como la luna hacía el amor con el sol. Rodeados por las más brillantes estrellas y acostados en las más sublimes nubes. Viví el cariño entre sedas, velos y algodones, entre caricias estelares viví sus orgasmos y entre sus pasiones abracé el gran oleaje de sus espasmos. En su intensidad la música del cosmos logró sublimes acordes, le dió otra forma a la melancolía, lastimó la profundidad del rencor, dotó de vigor a la verdad, arrodilló al vicio en su repetida miseria, endulzó el honor y cobijó de sombras las sendas de la cobardía.
         Y llegó el gemido, aquel que recoge las mieles del momento ansiado, aquel que en su regazo los poetas sentimos algo más que un simple destino, aquel que insistimos en vivirlo y poco nos es dado... Y vi que la luna llenaba de caricias al sol, en ellas enardecía su calor, su luz renacía una y otra vez en tanto resplandor, la ternura quemaba, la contorsión era magia, la palabra era una, la mente explicaba y de dentro de mi Luna, una lágrima explotó hacia su cara, esa cara que oculta, miraba con amor tanta elegancia.
         Y en mi alucinación arranqué las pestañas al sol para que su luz fuera más intensa, hermosa y de su centro sacara toda su belleza. En mi desquicio limpié de cráteres mi luna para que la ternura pudiera leer en su manto aquellos versos de antaño, los de viejos amantes, los escritos por el romance, los que vienen de las estrellas y ahí los dejaron para que alguien aprendiera.
        Y llegó el infinito disfrazado como horizonte de amanecer, me condenó a mi limitado entendimiento otra vez, me apartó de tanta luz y en su pensamiento entendí que no solo somos un átomo de polvo en el Universo, que no todos venimos del mismo lado, que la vida es tan exuberante que en el espacio expande eternas sus manos, que el amor, de la Gran Fuente es un legado y que debemos aprender, que amar, no es don de solo unos cuantos.
        Y ese es el legado escrito, en cada gen, en cada cromosoma, en cada estrella y en cada poro del gran espacio. El legado cósmico del amor, esa pintura en el plasma de la ansiedad, ese lienzo que la pasión pinta con su deseo en cada alma, en cada cuerpo, en cada ser, con el trazo perfecto, con el color adecuado y con la mirada de alguien que siempre, nos está esperando. Ese es el Amor Universal, el  que no tiene tiempo y mucho espacio para caminar, el que no sabe de miedos ni pregunta a la soledad, el que es perfecto y se comparte mucho más allá, de nuestra pequeña densidad.







martes, 17 de julio de 2018

ALLÍ, EL AMOR TAMBIÉN LLORA.



                    El Universo es hermoso. ¿Lo sabías? También llora el agua en el río, la piedra su tierra, la luz el espacio, el trigo su grano y el amor su destino en un octavo sentido, en otra densidad que está en tu camino, en tanta pureza cuando deja de ser humano, para convertirse en parte de lo divino.
                    Siéntelo, vívelo, atrévete, fuiste elegido, medítalo dentro, deja que el Universo te lo explique, mira su luz, aparta miedos y sabrás que es fácil entenderlo. No te hablo de ese amor que solo da calor, de ese que es caricia pasajera, del que se firma en un papel o el que nace en la indiferencia. No te hablo de momentos ni de una pasión efímera bajo velas, tampoco de una mirada que quizás mañana será nada,  de un poema que en sus letras no expresa ni el amanecer de tu alba o ese beso que solo se viste con la ilusión de una utopía y  te llenará de  añoranza. Te hablo de un sentimiento mucho más allá, ese que no tiene nostalgia porque es eternidad, ese que el espíritu transporta de alma en alma y por sí solo tiene la capacidad de transformar, sacarte de la oscuridad y regalarte un boleto que solo de ida, debes tomar.
                   Mira las estrellas, respira su profundidad, cada destello, cada espacio entre ellas, cada halo que da color a sus alientos. Cierra los ojos y mira el cielo, ese azul intenso, ese cinturón de miedos que debes atravesar, esa inmensidad que ya nadaste con anterioridad, esa naturaleza que explica tu densidad y que debes superar. Tienes la capacidad, el amor eres tú, tu alma es luz, vibra alto, cambia tu frecuencia, déjate amar, deja que todo fluya…que te abrace el mar, que el viento te escuche, la montaña te venere, que la Luna sin sombras te refleje, que la soledad se aleje porque eres parte de un Universo que te ama tanto, que duele. Compártete, abre tu alma, desnuda tu cuerpo, contacta con tu Tierra, nada sus aguas, tiembla en su música, deja que ese escalofrío recorra despacito tu espalda, que en tu corazón anide la esperanza, que en tu vientre corran los besos de cada nueva alba y en cada mano, sustituye sus vacíos por  puños de emociones y aquellos sentimientos que recorren tu alma. Alcanza el sueño, lo tienes dibujado dentro, es una semilla de cielo, un pedazo de Universo, la razón primera y última, el principio y el fin, una fotografía de todos los recuerdos, una memoria creada por el polvo de millones de estrellas, esa historia que escribiste y decidiste tejerla, a pesar de todo, de todos, a pesar, de tus propios infiernos. Deja que germine su luz, que el amor para ti sea eterno, no dependas de un hombre o de una mujer sino del niño que traes dentro, expresa el sentimiento, emociónate en profundidad, conéctate y en ti, ese gran amor, se hará realidad. Lo sentirás, cada día y cada noche, será grande, tan grande, tan intenso que solo con lágrimas te lo podrás expresar. Dulce te abrigará, lo tendrás en tu piel, como beso pegado a tu boca, como caricia en tu cara,  un cariño que de ternura te habla, un aliento de poder que siempre te acompaña, una luz que abrirá por siempre la garganta de tu alma. Y lo llorarás ¡Sí! Porque es tanto, que a gotitas lo debes sacar y cada una de ellas en una pequeña estrella se convertirá, en esas estrellas que te explicarán que para amar, solo como parte del cielo te debes mirar.



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ALLÍ, EL AMOR TAMBIÉN LLORA.

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lunes, 16 de julio de 2018

Mensaje para Semillas Estelares: DESPIERTA! MANTEN LA FRECUENCIA!

AMOR ASTRAL.



               El giro es brusco, el estruendo me llena, sale el alma de mi cuerpo, viajo tan lejos como me lleve tu viento, cruzo mares, me reflejo en nieves, sigo cauces y desde arriba veo el enredo del venado en su serpiente, el dulce sifón de la ballena, dos ocasos cuando sus horizontes penetran y un amanecer que jamás creía que existiera.  ¡Sí!  Viajo lejos, donde me da la gana, el cordón no se tensa, la libertad es inmensa… ¡Voy por ti! ¡Te haré el amor! Vencí la paciencia, el ansia ya no es eterna, estás cerca, te huelo fresca, lista, como sonrisa hecha melodía a punto de ser besada, por mi poesía.
               Entro a tu casa, sé que sientes que algo pasa, tu mirada se pierde en la nada, esa nada que te ve desde la ventana, esa energía que destella en tu noche como pequeña luz de día. Te sientes extraña, de la cama retiras despacito la colcha, la sábana, acaricias tu almohada y de la mesita de noche prendes una pequeña lámpara. Te siento triste, un poco cansada, una añoranza se resquebraja. Parece como si un recuerdo te abrazara lento y sin pausa, como si me necesitaras tanto, como si el presentimiento por detrás te respirara, como si supieras que pronto serías amada. Entras al baño y veo como te desmaquillas, quitas con delicadeza tus arracadas, con suavidad tus dientes enjuagas, deslizas tu blusa, el sostén lo dejas a un lado y con ansia rascas esa marca en tu espalda. Tus manos te abrazan, bajas la cremallera, te quitas la falda, tus dedos acarician y con suavidad, caen tus bragas. De tus pies las sacas, ya el agua caliente el espejo empaña, disimulas miradas y esta vez cierras la puerta porque sientes que algo pasa. Resbala el jabón, por tus cabellos, en tu cara, por el cuello y entre tus senos, en tu vientre, entre tus muslos, por las piernas y en tus pies, por entre los dedos. Es la caricia del amor cuando es pleno, esa caricia que recorre una pompa de jabón y que un hombre quisiera tener entre sus dedos, esa caricia que viaja húmeda, que no tiene miedo, que escribe versos, que besa sueños y anhelos. Te hablo tierno, con la energía que me dejó el viento, con ese aliento que en mi astral huele a sentimiento, con esas palabras que son pensadas y en el plasma trasportadas. No me oyes pero sé que me sientes, sales de la ducha, hueles la toalla, el olor es diferente, algo la emana, de repente me imaginas, sabes que cerca me tienes, dudas, abres la puerta y miras tu cama, con deseo y un silencio ausente de nada. Te sigo hablando, deja que de la Luna sea su rayo, ese reflejo que me encarne a tu lado, esas gotitas de luz que te permitan ver mi cuerpo, el latido de mi corazón y la membrana de mi alma cuando te muestre el color de mi halo.
             Sé que me escuchas, tiras la toalla, divina y desnuda, esta vez no hay pijama, ni prenda ni excusa que tape nada, solo una delgada sábana. De reojo miras tu cama, te atreves y abres la ventana, la Luna se muestra toda, su reflejo te ama, respiras hondo ese aire, ese polvo que las estrellas nos regalan, ese canto del grillo que te dice que la noche, será la más larga. El astral me sobrecoge, entiendo que es hora, viajo lejos ¡Sí! A la primera estrella y le robo su destello, a la quinta densidad y me lleno de cielo, camino por siete lunas, a cada una le quito su velo para que mi piel absorba todas sus delicias y sedas, junto reflejos y le pido al más atrevido de los cometas que me lleve allí, donde tu ventana sigue abierta.  Tu espera es dulce, la imaginación crea fantasía, el cuento una leyenda y cada letra pensada, una intensa poesía que ya escribe tu mirada, porque sabes que de mi amor serás poseída. Soy luz, un cuerpo astral lleno de energía, encarnado en rayo de Luna, me miras, te miro, el reflejo es intenso, la sábana se quita, la pasión solicita, el deseo vibra, el sentimiento abraza y como energía aprendida, como pompa de jabón, te hago el amor en el fondo de tu alma, por tus cabellos, en tu cara, por el cuello y entre tus senos, en tu vientre, entre tus muslos, por las piernas y en tus pies, por entre los dedos. La noche es larga, muy larga, le compré al amanecer su alba, mi energía no se acaba. He visto tu astral, algo le ha preguntado a mi alma, siento que sale de tu cuerpo, te pido la mano… ¡Vámonos! ¡Hagamos el amor! ¡Mojemos Universos! Rebocémonos en nieve, en arena de dunas, en sales de cualquier mar, entre las lianas de cada selva, en las playas de un nuevo planeta, en las puntas de una estrella y compremos cada cráter de Luna, tendamos una cama eterna y besémonos sabiendo que el tiempo, jamás se acaba y en nuestro amor se hará viejo..



              

domingo, 15 de julio de 2018

SONRISAS ÍNTIMAS.



                     Cae la seda, se prende una mirada, el diente aprieta su labio, hierve el alba y una media luz a las sombras reclama, el aquelarre entre dos almas. El amanecer no se atreve, el rocío languidece, pide pausa la sábana, el café se detiene pues todavía la noche no desaparece. Hora cero, dulce receso, oscuridad robando luz, estrellas caminando cielo, Luna cansada de tanto deseo cuando un pequeño aliento brinca punzante y en silencio. El aliento tiene nombre, apellido y un verso tatuado en su pecho, es valiente y sincero, hombre y derecho, quiere, la mira y ella le regala, toda su sonrisa.
                    Se levanta el cartero, el que trae noticias, el que a veces solo moja y siempre salpica, ella suelta una pícara sonrisa, desabrocha su blusa, le muestra que es divina, que sus pezones también se erizan y que esperará tranquila al cartero, cuando amerite su visita. Le dice que no es su tiempo, que ella quiere llegar al clímax, que por favor todavía no descargue su mochila, porque no tendrá cartas que leer, cuando de verdad necesiten ser leídas. Entiende el hombre, reprime al cartero, le habla a sus dedos y le dice a las manos que muestren que él es tierno, que el cariño es sincero y ella rasguña sus labios, le sonríe y le pide que invente pecados.
                    Llega la primera humedad, como brisa del mar, con olor a piel y sabor a miel. Una mirada implica, un suspiro penetra, el calor llena, un vapor el ansia exagera. Es el preludio, dos acordes que exhalan juntos, el crepitar de dos hogueras, un tinto caliente que llena la copa entera, una cera que chorrea, una saliva que entre poros juega, esa sensación de que casi el orgasmo llega. Se miran, una sonrisa se roban, la pestaña cede, el latido es fuerte, la pasión diferente, es roja, ardiente, concupiscente, de cara dulce y complaciente.
                   Le pregunta el viento a su aire si hay espacio, le contesta el oxígeno que no esté cuestionando y el hidrógeno que no moleste porque ya está cansado de ser exhalado. Le pregunta el velo a su Luna si los cubre despacio, una estrella, la más vieja aconseja que los deje desnudos, que no hay frío entre sus mundos ni hielo entre cuerpos con tantos enredos y nudos. Le pregunta una nube al cielo si su algodón es necesario, le contesta el  azul que mejor lo guarde como paño, el cometa que mejor lo tenga para ella guardado y el planeta, que deje que el amor se mantenga libre sin ningún abrigo ni amparo.
                   Entienden que la hora ha llegado, el cartero toca la puerta, su erección es perfecta, la mochila está demasiado llena. Un pezón se desespera, una sonrisa amanece traviesa (es la de él), otra muestra ansia y vibra trémula (es la de ella), la primera recorre piel y se pierde entre sus piernas, la segunda tiembla, enseña sus dientes, despacito se cierra, se alarga, se moja, expande su comisura y le grita a su mejilla que casi de pasión está llena. Se abren los poros, unas gotitas escurren sudor, un escalofrío abraza sus espaldas, ella abre la puerta, el cartero entra, se mueve la cintura, los muslos se aprietan, ella es música, él todo un baile, el cartero trabaja, la mirada es verso, poesía y también, palabra. Ella gime, la mochila es descargada, la lee toda, cada carta, cada mensaje, cada sello y cada letra empapada. Él la mira, abre su boca, un orgasmo exhala, él grita que ya no hay palabra, el aire se ruboriza, la Luna se oculta en su cara. El cartero insistente sigue en su batalla, ella se encoge, él la sostiene, el abrazo es pertinente, el cartero recoge lo que queda de sus cartas y despacito se queda quieto y pendiente mirando un edén de poesía y dulce magia. Los alientos se hacen uno, se miran las caras y dos sonrisas les dicen que el amor en su mar, nada y nada y nada.



                  
             

BESOS SECOS.



                 Me decías que habían colores que contigo vería, promesas que juntos alcanzaríamos, un destino abrazado hecho con nuestra piel lleno de regalos. Me pedías y te daba, no había duda, solo ansia. Me vestía de caramelo y tú de boca te disfrazabas, te desnudabas, la fogata su crepitar callaba, la Luna su velo nos daba y entre tintos y ceras, nuestro amor chorreaba y chorreaba. Pero un día tanta magia perdió su varita, su hada y se convirtió en nostalgia. Conocimos lágrimas, el rencor cuando desgarra, el pensamiento vagando remordimientos, la caricia perdida en ese rincón que ya no tocabas, el beso seco cuando el alma compungida, poco a poco se desbarata.
                Me decías que aunque otros ojos te mirarían, yo siempre tus miradas atraparía, que serías atrevida, osada, pervertida, pero siempre en mí, a mi lado, encima, cuando llegara del trabajo, en la cocina, en la ducha, juguetona y jugosa,  un dulce terrón de azúcar y dentro de ti, siempre vanidosa. Pero ese día, tanta miel resbaló agria y temida, el miedo sufría, perderte no quería, tu decisión me respiraba maldita cuando el adiós acababa con mis días. Jamás sentiste el daño que me afligías, cuando con un beso seco en la mejilla yo lloraba y tú, de mí te despedías.
               Abriste un portal negro, un agujero sin regreso, macabra y siniestro, donde viven las mentiras y el desamor traicionero, una puerta a los infiernos donde los gusanos comen recuerdos, las hienas sonrisas y las cucarachas lamen tus pechos. Sé que ahora vives en el silencio, en un karma imperfecto, en el caos de los sentimientos, en el ansia por el deseo. Ese deseo que sentiste perfecto, ese que explicaba cada uno de tus momentos, tus abrazos y los míos, una mojada caricia o una tierna mirada, un verso o de una canción sus mimadas palabras… ese deseo quedó escrito en poesía  en ese pedacito de alma, que todavía traes dentro y no te atreves ni siquiera a mirarla. Es una muerte en vida, un error que te transpira, un camino lleno de piedras y espinas, un cementerio de seres posesos, un reino, el reino de los besos secos.
               Hoy todo ha cambiado, mi corazón se abrió, el tiempo lo puso en su regazo y poquito a poquito mi alma en él se expresó. También abrí un portal, es blanco, lleno de luz, colores, risas y vida. Es música en el día, tierno abrazo en el ocaso, un maravilloso reflejo de Luna en mis noches y un embriagador rocío en cada una de mis albas. Me siento poeta, escritor y pintor, dibujo el amanecer a mi antojo, el jardín con mi verde y si no me gusta,  lo pinto de oro. Jamás tiendo mi cama,  las sábanas beben café, mi almohada despierta borracha, desnudo barro mi casa y ni siquiera la vecina me mira extraña. Hago lo que me da la gana, me lanzo en cualquier parapente, nado en el mar hasta acariciar  su horizonte pegado, me cubro de nieve, camino sobre piedras de río, soy libre y hasta del pecado, me río. En mi mente corto los dedos que me señalan, me gusta ser envidia del amargado, el “buenos días” de un semáforo, el que cierra la cantina del al lado o el que escribe y no le teme a ser censurado. Soy yo, un ser aprendido, vivido, sufrido, llorado pero también sonreído. Siento que la vida todo me ha dado, quizás no dinero, tampoco regalos, pero sí un legado: un beso debe ser húmedo, sentido, largo, sincero, profundo, cargado en deseo y jamás seco…y mientras tanto llega quien lo quiera, seguiré mi saliva cultivando.



sábado, 14 de julio de 2018

LA SERPIENTE DE EVA.



                 Me sirvieron una copa, dos, tres…El acero era su alma, la música parte de su cuerpo, la oscuridad su refugio, el pecado intenso, el calor perverso y el dinero, trabajado y hasta cierto punto molesto. Comprar cariño era mi anhelo, esa caricia que cierra ojos, una expresión utópica del deseo, una búsqueda del alma sin recelo ni miedo. La noche tupía su velo, el licor sus hielos, el camarero su propina y una dulce seducción aquella bailarina. En la mente el pecado vivía, no de ella sino de mi memoria, no era fiesta ni una aquelarre asombrosa, era ella, suave, melodiosa, mulata, sensible,  casi una diosa. Iba y venía, en aquel acero toda se enredaba, una música la sostenía, sus brazos, sus piernas, toda como aceite resbalaba. Me miró y la miré, otra copa pedí, me miró otra vez, tenía sed, consentí, una copa le invité. Siguió el baile, Mis ojos y otros tantos se pusieron a su merced. Sensual, hermosa, bella, totalmente desnuda,  viajaba aquel acero entre sus piernas, miradas intensas, algún que otro grito pero siempre conmigo, su atención era sincera. El celo no existía, no la conocía, no había hablado con ella, el recuerdo no vestía mi vida, ni rencor ni remordimientos ni explicaciones cabían, solo su largo cabello, negro, rizado, casi encerado y en el viento, exquisito y perfumado. Abstracto me preguntó el camarero, pedí otra y una para la dama, la música se acababa, iría a su camerino y mientras se cambiaba disfrutaría el bailar de una rubia, alaciada y toda tatuada, ojos azules, mirada intensa y desorbitada, piel blanca, uñas de negro pintadas, quizás gótica o de vida amargada, cadera sensual y delgada.
                  Me sirvieron la quinta, la penúltima y la del estribo, mi morena no llegaba, había terminado la rubia, mi ansia estaba bajando. Por fin llegó y junto a ella la rubia. Cada silla era pecado, cada aliento olía a una mezcla de deseos, dinero, lujuria e infierno. Me dijeron que al dos por uno, que era invierno, que la fiesta no había terminado, que las copas se las llevaría el diablo y que mejor una botella para quitarme lo embriagado. La noche se convirtió en una gran licuadora, del tiempo fue presa, se juntaron vidas, mentiras,  alegorías, tamaños, pieles, manos, piernas sobrepuestas, sonrisas, carcajadas, algún recuerdo muy extraño y alguna risa que era parte del amaño. Hablaba la rubia, consentía la mulata, mi caballero medio sonreía, los ojos medio se dormían pero los despertaba una inesperada caricia. Iban al baño y venían, una y otra vez, la botella ya medio vacía, la mesa respiraba tanta hipocresía que ya el camarero ni hielos me ponía. En una de sus perseverantes idas, decidí pedir la cuenta, irme de allí y dormir tanta experiencia vivida. Se tardó el camarero, tanto que ellas regresaron. Me dijeron que me querían, que el trío estaba hecho, que de colores llenarían mi lecho, de rubios y morenos, del blanco de mi pecho y quien sabe que deseo que entre las dos me pondrían dulcemente erecto. Me dejé llevar, había dinero, estaba solo, con trabajo, sin cuentas por pagar y con mucho escondido anhelo. Tenía que probar, una rubia y una morena, quizás la fantasía perfecta.
               Se quejó el motel, no había donde aparcar y mis ruedas dibujaron su caucho sobre la acera, después me dijeron que había cochera y pensé en la falta de experiencia.  Solo una habitación quedaba, lo que me llevó a reflexionar. Era miércoles de maldad en toda la ciudad. Entramos, la habitación era más o menos vulgar, es decir dando un tono a cinco estrellas pero con fondo de motel de ciudad. Olía a lo de siempre, cortinas cerradas, una orgía en la televisión que no tenía visos de acabar y una recamarera que era tan lujuriosa que le costaba trabajar. Las dos entraron juntas al baño, para variar. Puse mi cartera a buen recaudo por si acaso. Salieron del baño, apagué la tele pues la orgía la tendría entre mis brazos. Se desnudaron, me enseñaron lo que ya había visto, eran hermosas, yo estaba un poquito apagado y reclamé su trabajo. La mulata se puso debajo, la rubia empezó por mis labios. De repente cuando ya sentía un calor agradable y extraño, ví como a la rubia su cara se transformaba, al mismo tiempo una suave mordida por ahí abajo susurraba, su piel se alejaba, dejaba ver unas tupidas escamas como verdes amarronadas, miré rápido a la mulata, sus ojos eran raros, como de reptil o lagarto, quizás de insecto pero no eran humanos. No sentí raro sino todo lo contrario. Sentí un miedo extraño y nada se levantaba. Me miraba la morena, la rubia llena de escamas pedía con insistencia mi lengua, la morena me enseñó sus manos y ya eran garras, mi piel se erizaba y no de pasión, sino de las almorranas que crecían en mi alma, todo era surreal, no me acordaba donde había dejado la cartera, pensé que dentro de mis calcetines, dentro de mis zapatos, fueron al baño, me vestí. Salí corriendo, no quería que mi alma fuera secuestrada ni que mi pene oliera a serpiente ni a cosas raras. Lo tenía desde chiquito, siempre lo cuidaba y quizás todavía me haría falta. Me subí a mi coche, cerré la ventana, lo prendí, esperé que subiera la puerta, puse primera y….alguien tocó mi ventana. Era la recamarera, la vi extraña, su cara era como de rata y  con bigotes de gata, sería la botella o estaba en la selva, me reclamó un pago, claro, los tres condones, solo me llevo uno, cóbreles a las muchachas o lo que sean. Esperé con ansias el cambio, me lo dio, sus dedos eran como de rana, viscosos, amarillos y con puntos verdes. ¡Joder!, la primera velocidad gimió y salí de aquella cochera. Me topé con la barrera, un paisano me sonrió, Venancio, un gallego que pocos veían porque siempre entre los espejos de su motel hacía guarida. Lo saludé, me saludó y aunque paisano, no le quise confesar lo que acababa de vivir. Le dije que luego le llamaba, que a ver cuando nos echábamos un dominó por si quería sentir lo que era perder y me fui.
               Desde entonces cuando veo una mujer me fijo en sus ojos, en sus manos y antes de darle un beso, le pellizco la mejilla, miro mis dedos y si no hay escamas, sigo derecho y sin miedo, porque al amor tengo derecho y mi pene sigue entero, gracias a…mí.





viernes, 13 de julio de 2018

ALGÚN DÍA.



              Algún día cuando el pensamiento no nazca de la nada, cuando la voz no reprima su palabra, los sentidos su reclamo ni la vergüenza su pálida cara, el dedo no señale ni la pasión sea juzgada, ese día, serás amada, poseída, con dulzura escrita, con pasión penetrada y con profundo deseo consentida.
             Algún día cuando la montaña se pegue eterna a su nieve, cuando la almeja respire burbujas de arena, el mar tu espuma y la playa mis huellas, el árbol sea talado de sus ramas y el cuerpo de tantas contenidas ansias, ese día, me atreveré a decirte que seas mía, que no hay excusa que tu mente decida, que hay memoria capaz de olvidar y un silencio atrevido, para amar.
            Algún día cuando el tinto se llene de copa, cuando las caricias sean de labios y no solo de manos, los versos de sentimientos y no solo de letras, el delfín vuele su aire y el águila tranquila nade, ese día, tu mirada escribirá poesía en mi espalda, en cada una de mis vértebras, en cada caricia que tus ojos le roben a mi cara, en cada sueño  ansiado, en cada lágrima que el deseo le robe, a un corazón ya extasiado.
           Algún día cuando la vela chorree saliva, cuando las sombras sean blancas y la media luz melodía, cuando no existan sábanas ni almohadas, cuando tu piel sea mi cama, mi sudor una gota de ansia y tu beso ese sabor que lame intenso mi alma, ese día, el abrazo desvanecerá por siempre al tiempo, las manecillas cambiarán su rumbo y los números del reloj, se quedarán mudos.
            Algún día cuando eyacule el alma, cuando el cuerpo le pida prestado el orgasmo, cuando el gemido grite su garganta,  cuando la contorsión baile su espalda, la seducción su erotismo y la excitación desgarre profunda cada poro de la palabra, ese día, amaremos en silencio, la distancia será recuerdo, el brillo eterno y el deseo se llenará de hadas, será un hermoso cuento y en su libro, por siempre viviremos.
              Algún día cuando el Sol le pida el reflejo a la Luna, cuando el horizonte se despegue del mar, las estrellas del cielo y el fuego de su volcán, ese día, el infierno pecará, no habrá confesionario capaz ni rodillas pidiendo perdón o su paz. Hoy, que tu cuerpo es de ángel, tu corazón late mi sangre y tu alma vive salvaje, ven a mi Universo porque lo puse al revés, perverso, tierno, húmedo, sin miedos, lleno de ti, de mí, de tus anhelos y de mis grandes sueños.




                         
             

miércoles, 11 de julio de 2018

EL JUEGO.



               Con la brisa llegó un pétalo, rojo, de terciopelo pintado, terso, de miel barnizado, sudado como un deseo erizado. El alba cambió su cara, amaneció la Luna, gimieron las sábanas, una humedad penetraba, era rocío, quizás una vieja ansia o quizás ese manantial de silencio, que en la contenida pasión mi piel desgarraba. Llegaste con el viento, cruzaste la ventana, no te importó atravesar el vaho de mi aliento, no hubo palabra, el verso era mirada, tus labios esa poesía que mi boca tanto anhelaba, tus cabellos ese manto que en tus hombros caía y mi pensamiento excitaba. Quise quitarte esa blusa que entre sedas tus pezones transparentaba, esos tacones altos como alfileres que mi espalda añoraban, me miraste, pediste una pausa, querías que me llenara de tinta y te escribiera primero, lo tanto que te amaba.  
               Ahora estoy listo, atraviesa el viento, sacude mi noche porque de tinta estoy lleno, ya mis dedos rozan lo perverso, la imaginación es cielo y mi alma ya mama, en las ubres del profundo deseo. Ven, cierra los ojos que empezaré el juego: me desprenderé en poesía, una luz suave y nítida, besaré tu aura, entre tus cabellos mojaré mis rimas y despacito recorreré con el primer verso, una caricia en tu cara. En tus ojos enamoraré miradas, esas que leen cada tilde de tus pestañas. En tu nariz respingaré mis ansias, esas que te huelen toda aún en la distancia. En tu boca imaginaré un caramelo hecho de azúcar de nube y miel de cielo, ese que saboreo cada noche enredado en mi lengua y explota erótico en la garganta de los miedos. En tus oídos susurraré el final de mi poesía, ese final que llenará tu piel de gotas para que empiece a resbalar mi prosa. En tu mejilla escribiré una elegía, esa que explica que un día por mi corazón fuiste elegida, la que cuenta como el destino maduró una utopía, rompió cualquier osadía, te convirtió en brisa y hoy, esta noche, sin manecillas en el tiempo, te hará mía.
               Resbalaré por tu cuello, lo llenaré de labios y besos, de lengua y gotitas de celo, de estremecimiento lo pondré tenso, dejaré que se arquee y encele tus cabellos, mi mano pondré en tu nuca, deslizaré mis dedos y despacito quitaré de los hombros tu blusa. Bajaré mis manos y la arrancaré toda, los botones llenarán la alfombra, tu suspiro mojará mi aliento, la palabra confundirá al verso y miraré con tentación cada uno de tus senos. Entre ellos soltaré el vapor de mi anhelo, besaré esa piel chinita que suda quedita y exhala cada sentimiento de mi poesía. El juego es perverso, tus pezones lo saben, me miran erectos, quieren el abrigo del jugo cuando es cálido e intenso, la travesura de una lengua de fuego, el sentir pasión más allá del quinto cielo, saber que sentirán el orgullo de tanto escondido deseo. El torso es perfecto, palpita tu ombligo, pide la caricia redonda de mi dedo y dejo que un trocito de mi sueño lo posea entero. Siento tu vibración más allá de cualquier etéreo,  tu aura pinta pureza y  de rojo escurre apasionada entre el polvo de mil estrellas, tu alma está inquieta, poquito a poquito se abre, pones tu mano en mi cabeza, pides una espera, quieres ser tú quien continúe el juego y con exquisita delicadez, pones los dedos dentro de tus pantaletas.
               Me miras, te miro, tus ojos el deseo confiesan, eres demasiado bella, la tentación se dibuja perfecta, no hay vellos ni queja, poco a poco resbala la seda, el cambio de color es cada vez más hermoso y sé que pronto morderé, la manzana de Eva. Respira el poro, el edén se muestra todo, tu contorsión lo pinta vigoroso, erizado, rasurado y mojado. Sentado acerco mi pecado, pienso un beso y lo marco, tus manos estiran mis cabellos, el suspiro es controlado, el toque acerado y el sorbo, una rica miel en mis labios. Se desprende una tinta, del viento robo sus rimas, de tus suspiros unas letras, del sentimiento un verso porque es húmedo y tierno. Escribe el poeta, la musa aguanta la espera, me levanto, te miro cerca, la miel de mis labios es recogida por tu lengua, te abres toda y mi alma ya escrita te penetra. El gemido grita, tu espalda se arquea, mis piernas tiemblan, tus muslos entre mis manos se aprietan, tus palmas en mis hombros seducen y abrazan mi cabeza, es cariño, pasión, ese amor que solo un alma es capaz de tejer, una poesía escrita con tinta de hombre en pergamino de mujer.
                 El juego no ha terminado, debo escribir un último verso para que la rima no perezca en el desahucio. Me miras, te miro, estoy relajado, me muestras tu abrazo y a tu cuerpo me pierdo pegado. Siento tu latido y en el mío duermes en el arrullo ansiado, tu olor es divino, mi cansancio extasiado, tu sabor dulce, mi sudor salado y el amanecer alargado, solo esperando ese café, que ya muele sus granos. Piensa el poeta, la mujer le regala su espalda, chorrea la tinta, el chocolate hierve, la vainilla se deshace de su vara, el café huele, la tierra mojada exhala y el verso penetra, hasta el fondo de su alma. Mujer y poeta terminan, de reojo se miran, saben que pronto llegará otro juego, será el hombre quien se desnude imperfecto y la mujer quien escriba en su piel, todo lo que lleva dentro.



               

martes, 10 de julio de 2018

VEN HACIA MÍ...



                   Ven hacia mí, con tu sonrisa por delante, con esa dulzura siempre elegante, con tus manos abiertas, con esa lágrima que seca escribe tu historia y con ese olor de piel, perversa y tentadora. Dime qué piensas, explícame tus huellas, desvístete completa, atraviésame plena y así mi alma comprenderá tus querencias, tus ansias, ese deseo que en tus ojos veo y esa ternura que en tus labios siempre leo. Ven hacia mí, pídele espacio al tiempo, azul al cielo, brisa al mar y viento a tu abrazo, silencio a tus besos y rima a tus anhelos, fuego a tus miedos y ponle hielo a mis pecados traviesos..
                   Ven hacia mí, con el corazón abierto, con tu sangre expuesta, con el latido firme y erecto, con esa decisión que solo una mujer lleva dentro, con esa caricia que  mece aire en tus cabellos, con esa religión que no es divina, sino parte de ese vapor que exhalas, cuando en mi fluye tu melodía. Ven hacia mí, no temas. Le pregunté el camino a la odisea, ya limpie cada vereda, se deshicieron las piedras bajo mis huellas, sembré pétalos, robé tallos a las estrellas, dejé las espinas en cada cráter de mi Luna y pinté la rosa perfecta, esa que ahora adorna cada poro de tu senda.
                   Ven hacia mí, con el alma hecha libro porque ya de mis dedos las tintas escapan, con ese aceite que lubrica tus humedades, con ese que te muestra seductora y extasiada, con ese sudor pegado, con ese vientre terso y marcado, con esas heridas de otras aguas, que en la memoria ya están cicatrizadas. Ven hacia mí porque te quiero toda, a cualquier hora, en la cocina, en la cama o en la cresta de la última ola. Ven hacia mí, no te arrepientas, vale la pena. Le compré al paraíso un pedazo de tierra, la sembré en la séptima Luna, en sus bosques viven musas y cometas, hay luz por donde quiera y cuando llega la noche, la caricia del amor es eterna entre velos de algodones y exóticas sedas. Hay cien cuevas y en cada una de ellas se hace el amor diferente, con imaginación nueva, entre gotas de lluvia, copos de nieve, junto a una hoguera, a un lado del mar en su arena, entre tintos y velas, con violines y olores de primavera, entre saxos y humos de una oscuridad perversa, con inciensos y varas de vainilla, siempre con besos y dando todo, hasta que nada queda dentro. Ven hacia mí, inventemos vida, convirtamos oxígeno en melodía, respiremos, exhalémonos, corrompamos nuestros miedos, desgarremos aquello que no es cierto, arranquemos su color al cielo y pintémonos de amor, hasta que nos encele el tiempo eterno. Ven hacia mí, atrévete, te prometo que sentirás distinta, entenderás la verdadera caricia, la dulzura cuando en su azúcar es divina, esa mano que te sostendrá en la duda, esos dedos que te escribirán profunda, ese beso que a tu boca pegarás y jamás tu mirada de él quitarás, este hombre que te habla, porque te siente de verdad. Ven hacia mí…



           

lunes, 9 de julio de 2018

ENTRE TÚ Y YO...



-          Oye mi amor
-          Dime
-          ¿Tú sabes cuantas veces he amado antes de tí?
-          No
-          Cuando era niño me decían que amar era abrazar, montarme en un columpio y besar el aire, coger mi bicicleta y acariciar con mi cuerpo aquella acera, tener en mi mano una mariposa y sentir que sus alas eran como de cera,  poner una canica en mis manos, subastar un cromo, conseguir ese regalo cuando buenas notas sacaba o meter un gol cuando en el colegio el recreo me dejaba. Amar no era parte de la poesía ni ese rincón que los adolescentes a oscuras respiran, no era algo que perseguía ni parte de mi vida. Crecí, las hormonas se soltaron en mí, no entendía, a veces la música me daba una canción que a pedazos comprendía, otras veces era la película quien despertaba cierta húmeda alevosía pero yo en mi mundo seguía. Siempre la gente hablaba de ciertos deseos, en el kiosko de mi esquina había siempre mujeres divinas, quizás hechas de papel pero siempre parecían urgidas de algo que no entendía. El amigo en mi hombro se reía porque mis preguntas eran chiquitas y grande la inocencia de aquella vida, una amiga un día me dijo que ya madurara porque era guapo y ella me quería pero que amarme no podía porque siempre mi niño con ella podía. Yo seguía, creciendo, jugando al futbol, sacando buenas notas, obedeciendo a mis padres…y un día, una bella niña me besó: tenía el pelo castaño, ojos verdes, piel de verano, olor a una frescura que llamaban chanel número cuatro, sus labios eran como un terciopelo tan bonito que me urgía besarlos, mi cuerpo estaba húmedo, había sudor, ansiedad, entre mis piernas una erección no mesurada, manos, abrazo, sus  pequeños pezones me rasgaban, lindura de niña y yo un ángel extraño, enamorado en un cielo demasiado excitado. ¿Sabes? Yo creo que si la amaba, porque necesitaba esos labios en mi boca, esa lengua traviesa que no tenía tregua ni pausa, esos ojos que atravesaban la mirada, ese aliento cálido que en mis humedades salpicaba, ese olor tan fresco que ni el mar se atrevía a soltar. Ese primer amor si era de verdad. Creí que eso era amar y que todo lo que me habían explicado, ahí estaba, que sería eterno, que nunca se acabaría, que el pecado era una falacia y que en mi vida jamás al amor preguntaría ni por su abrazo ni por su almohada. Y pasó lo que tenía que pasar porque por eso solo fue el primer amor, ese amor que no pregunta, que es niño y no reclama, que es niña y no tiene respuestas, que es el primero y no juzga ni siquiera la palabra.
-          Veo que te marcó ese primer amor.
-          La verdad es que sí.
-          ¿Y, yo?
-          Tú eres mi reina, quizás ella fue hada en un cuento que solo vivió una primavera, pero tú estás en mi trono y duras, una vida entera. Fíjate, acompáñame, veámonos en este espejo, tú y yo, a media luz. Desnudémonos. Mirémonos. ¿Ves esta arruga? Cuando te conocí, no era, llegó después, no es piel de una primavera, es partecita de un amor que en los años ha crecido despacito, un sorbo de esa pasión que juntos hemos escrito, la tilde de esa palabra que por merecida y osada nunca la lleva, esa palabra llamada “deseo” de la que solo tú y yo, conocemos su verso. Ahora en todos sus pliegos es hermosa, estira su poro cuando siente tu boca, te sonríe porque tú la provocas, a veces también te llora porque de ti es parte y un poquito de tu memoria. Mírala, tócala, estírala, siéntela toda porque entre los dos, le pusimos nuestra historia. ¿Te das cuenta? Ahora tienes más pecas, mis canas son más perfectas, tu caricia me rebosa eterna, mis besos cada día más te desean, tu mirada más tierna, mi poesía más profunda y serena, tu alma más añeja. Mi corazón solo late tu amor y cada una de mis arrugas de tu aliento toman su vapor, se estiran, se desnudan y cada noche en nuestra cama, solo esperan que seas tú quien las lea, las adore, las posea…que seas tú, quien les dé su dosis de dulzura. Ven, porque en todos estos años hemos conseguido algo que no se compra ni es prestado, ese silencio que entre tú y yo nos mira despacio, ese saber que la libertad de amarnos hemos logrado, ese pequeño espacio donde hacemos el amor cada vez que la gana nos abraza, ese minúsculo Universo que entre tú y yo, hemos creado.
-          MI amor
-          ¿sí?
-          Si pudieras volver a tener una vida conmigo, que cambiarias
-          Quizás decir lo que siento más a menudo.
-          ¿Y tú?
-          Olerte más profundo y despacito cada vez que me abras tu mundo.





sábado, 7 de julio de 2018

ELHA


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LA CAJITA DE MÚSICA.



               Guardo tu nombre en secreto, en ese aliento que parió el silencio entre mis labios,  guardo la ilusión de tu perfume cuando nada en el viento, la canción de tus palabras cuando bailan y crean versos, ese sudor que gotita a gotita recuerdo cuando mis poros se abrían y exhalaban tu deseo. Te guardo entera, desde tu mirada a ese  rinconcito hermoso que seduce tus piernas, desde tu cara a la curva más bella que dibuja la sombra de tus senos o la contorsión de tu cadera, desde tu cabello al último vello que suave rozó mi barba entera, desde tu suspiro al más profundo gemido cuando de mi, eras presa.
               Desenterré de mi jardín un tesoro, una cajita de música perdida entre hojas verdes y dulces retoños. Abierta la puse en mi pecho desnudo, le di calor, le presté un latido, un poquito de mi sudor, la primera lágrima que la nostalgia de ti recordó, la llené de palabras y le puse dentro, diez besos. La cerré, en mi mente te dibujé, te imaginé, en mi pensamiento te reencarné, te pinté, toda esa noche te soñé. Y llegó el alba provocadora, desnuda, seductora, vestida de rocío, con sabor a jazmines y amapolas. Abrí la cajita, entró un pedacito de brisa, arena de mi playa,  el olor de un cafetal que de la tierra sus granos erguía, el sabor mascado de mi poesía, el cariño de la mirada que te tenía, un sorbo de luz y del cielo de los ángeles, su melodía. La cerré deprisa no sin antes dejar del recuerdo, su melancolía. A un lado de mi cama la enterré entre sábanas, le puse una cobija y sus fríos corrieron de prisa.
               Pasaron los días, sentía que dentro de ella crecías, de tanto en tanto la abría y un pequeño verso hecho de besos, en lo más dentro le escribía. Llegaron tormentas, aciagos días, paredes blancas que miraban las sombras de mi vida, temblores que solo mi alma movían, ríos de tristeza que solo en mi corazón latían, versos que en tintas se perdían, inspiraciones jodidas porque mi musa, estaba dentro de esa cajita.
                Era única aquella lluvia de estrellas, tumbado en mi arena, preguntando a la Luna cuál de ellas era la más bella. Una pequeña espuma recorrió mis dedos, me dijo el mar que me fuera porque sería alta la marea, percibí el guiño de un cometa, el saludo de un cangrejo y el burbujear de cien almejas. Llegué a mi casa, abracé la almohada, como siempre pensé en tí, quité la cobija, deslicé las sábanas y la tomé en mis manos. Estaba caliente, la sentí enamorada, me pregunté si abrirla era su hora, ya no quería más distancia, necesitaba sentirla, acariciarla, adorarla, besarla toda, ver en que se convirtieron aquellas palabras, aquellos besos,  aquel pedacito de brisa, el olor del cafetal, el cariño de mi mirada, la melodía de los ángeles y mi poesía mascada.
               La osadía fue atrevida, abrí aquella cajita. Saliste de una luz exquisita, reventaste de la playa su arena, eras mujer y bailarina, desnuda, elegante, tersa, tierna, divina. Me miraste, te miré, eras melodía, un beso sin prisa, la sal de mi brisa,  olías a café y mascabas lenta los versos de mi poesía, sin duda la mujer de mi vida. Me miraste otra vez y otra vez te miré, en tu baile, en tu música, en tu cadencia, en tu hermosura, en tu alma de mujer. Los ojos dejaron de ver, me abrazaste y te abracé, me respiraste y te exhalé, me sedujiste y en mi piel te expliqué, me diste un beso y en ti entré. Fuimos uno en cuerpo, melodía, rima  y espíritu de una cajita de música, que por siempre en ella te guardaré.



               
              
              
              


martes, 3 de julio de 2018

¿POR QUÉ?



             ¿ Por qué tus caricias son tan frías, por qué tus palabras no me dicen nada, por qué escribes con tantas faltas de ortografía, por qué tus tildes no acentúan nada, por qué tus lágrimas parecen tan falsas?…¿Por qué ya no te siento ni me haces falta? ¿Por qué en tu silencio no me siento en calma, por qué en tu abrazo es la indiferencia quien manda,  por qué tu mirada la siento tan lejana, por qué mi almohada solo tiene mi huella dibujada?... ¿Por qué cuando te vas, mi alma no te extraña?
              Contéstame, que no sea el pretexto una artimaña, tu silencio una alarma o tu desfachatez ese cuerno que desgarra mi alma. Dime que eres diferente, que esa mujer de la que me enamoré todavía está presente, que es una confusión o el viento frío que me calla de frente. ¡Habla! No te escondas bajo tu vientre, en esa sonrisa que sabes que ya no es decente, en esa avaricia que sobre mí cae persistente, en esa melancolía que en tu olor está presente o en esa pasión que antes era consistente y ahora cae hecha pedazos cada vez que me sientes.
             ¿Por qué ahora me gritas cuando antes al oído me susurrabas, por qué tu piel no sabe a nada, por qué tus labios están secos cuando mis besos los abrazan, por qué tu cabello pinta colores de un tinte extraño, por qué tanto has cambiado?
             Dime en qué te he fallado, en que parte del pecado te he olvidado, en cual de tus silencios te he gritado, en que caricia he perdido a mi niño o quizás es que ya no te guste como anciano. Dímelo de frente porque así lo habíamos platicado, en la cama de lado, de la mano caminando o en silencio y atrevida como siempre, cuando otra gente estaba hablando. Que no te condicione el miedo, quizás de otro te has enamorado y no te atreves a sentirme lastimado, no pasa nada,  sé valiente porque tengo pretendientes, no me hagas perder el tiempo porque la vida con él no es decente. No me mires diferente porque libre te dejo en tus quehaceres, ya no me contestes, no tiene caso,  compré mi ocaso, mi noche, mi música y mi Luna, vendí nuestra cama, tus leyes, tus humedades y tus amarguras, alquilé tus sentimientos a una bruja, tus falsedades al elfo más anciano y tus cuernos a un extraño ente que encontré en la mesita de noche de tu lado. Me voy al mar a llenarme de nueva espuma y exquisita sal, de cielo y transparente humedad, de esa energía que me quitaste y  de la fe que de mi sangre, gota a gota chupaste. Adiós, que te vaya bien, que la fuerza te acompañe, ahí te dejo una maleta y parte de mi equipaje, una historia y unos ojos que siempre te miraron de frente, porque tengo mucha prisa por sentir esa caricia, que me diga que para ella soy exclusivo, poeta y diferente.
            Que sea divino tu camino y largo de mi, tu exilio. Que el amor te haga su protegida, que tu vida por otro sea compartida y jamás regreses como parte de mi destino, porque aunque esté escrito, ya le cambié cada rima, su estructura y también, su poesía.




lunes, 2 de julio de 2018

MI REFUGIO.



                Me refugié en mí, en esa cueva dónde el saxo toca mi jazz, donde la trompeta me grita, donde el piano me explica, donde el humo me respira, donde una copa en mis manos no tiembla, donde todo es distinto porque estoy sólo, atravesando las nieblas de mi destino. En mi soledad el dedo no juzga ni el tiempo expira,  el silencio no es compañía y la música te envuelve todo en su melodía. El cielo no me pregunta y el infierno no me deja dudas, la calle me sigue, el alba me moja, la Luna sonríe y mi almohada sin queja, siempre mis besos recibe. Me camino y me siento completo, no hay cansancio, las huellas son profundas, el aliento nace dentro, solo en el rocío confío y en esa palabra que pienso, escribo, leo y a mi paisaje con amor, le recito pleno.
                Cambié de color las paredes, dejo que cada día la imaginación las vista diferente, la cama jamás se tiende, a cada leño le pongo nombre, a cada copa su vino diferente, no traigo ropa, solo el viento me acaricia silente. La voz me perdona porque no sale de la mente, mis lágrimas no responden pues no hay nadie que las mire de frente, la mirada vaga sorda, a veces pensativa, otras perdida, siempre melancólica. El recuerdo es cilicio recurrente, el olvido un yugo que me forja valiente, el aire un oxígeno que prestado no pago, la herencia de mis genes un legado que de su memoria,  ya me ha borrado.
                 A veces de amor hablo, el cielo en su gris luce nublado, aparece el rayo, la paz del trueno sobrecoge mi árbol, el jardín esconde su verde, la rosa de su pétalo se desprende y siempre, siempre llueve. La tormenta callo, junto a la primera vereda reposo un silencio aciago, cuento las gotas en la tela de una araña, sigo al caracol despacito en su camino y le digo al grillo que ni se atreva, que su cantar no me interesa, que en mi dentro hay una bestia que dormida debo mantenerla, controlar esa humedad de la que su instinto me llena y esa fiereza que en la deseada pasión desgarra mi entereza. Dejarla seca, sin recuerdos, sin primavera, sin ilusión, sin sueño.
                Es un derecho del alma sentirse abierta, en una soledad preparada para que desnuda convierta en aquelarre todas sus dudas, en ese espacio natural donde no hay tiempo ni arraigo, la mente está en blanco, el poro cerrado. Debe sentir que solo mis ojos la miran, que cada grieta de mis labios son letras de sus tintas, que cada arruga también explica su vida, que cada latido existe para que también en ella el amor se escriba. Mi alma nació hermosa y bella, de siete colores abrazada, pura, con ojos de nieve y piel siempre húmeda en su membrana. Me resplandece en mi aura, frente a la Luna me delata, del bosque roba sus hadas y del cielo los ángeles que ya la extrañan. Del mar respira sus olas, las separa en espuma y sal,  con la primera abraza mi corazón, con la segunda diseña un cristal, con la primera llena mis manos para que puedan acariciar, con la segunda le da sabor a mis labios para que puedan besar.  No es ingenua, es mía, maravillosa y del Universo una pequeña diosa.  El gran Mago sabe de qué está hecha, que es de verdad, que no es quimera pero si un ave de paso que descansa y se expresa en mi soledad, un delfín valiente que cruza mi vida de mar en mar, el ala de un águila real que acaricia cada cielo en su volar, ese suspiro que a veces el aliento guarda porque enfrente no hay nadie que lo merezca exhalar, ese rincón en mi ser que me pide un refugio, para que podamos hablar.



               

domingo, 1 de julio de 2018

HUMEDADES,



                 La calle despedía su día, demasiado silencio, puso suave una música y dejó que la invadiera su melancolía. Bajo llave cerró la puerta, una cortina con elegancia recorrió, nadie vendría, el teléfono no sonaría, quizás esta noche solo el recuerdo la consentiría. Desnudó sus pies, se acercó a su pequeña cantina, disfrutó la transparencia de aquella copa, escogió entre maderas una botella de uva primorosa, la destapó y en su memoria una frase se dibujo: “Mi añejo tinto, descolgador en copa de imágenes y hacedor en piel de pasiones”. Era su frase, esas palabras que antes de hacer el amor, su hombre con deseo recitaba. Hoy tenía que recordar, su cuerpo sentía esa primera gota de humedad, ese deseo que escondido se atreve a ser bebido en soledad, ese calor que nace desde dentro y grita en cada poro su ansiedad. Ella lo sabía, esta noche rendiría pleitesía a esta soledad, esta noche sería suya y llenaría su  memoria de aquel hombre que siempre la tenía llena de tanta humedad. Se acercó a la cabecera y de la mesita de noche abrió su cajonera, dejó sus miedos, un pequeño espejo entre sus manos deslizó placentera, se miró perfecta, caliente, osada y perversa. Nadie le pediría que fuera sino que sería como ella quisiera, lo haría como en el sueño, siempre entera, como lo que sentía en las manos de aquel hombre, como un día le pidió al cielo que la poseyera. Se sirvió una copa, le pidió a la primera gota que descolgara, recordó una mirada en aquel poso tan divino, una sonrisa encantada de blancos dientes que ya necesitaba, mordieran su espalda. Olió su fragancia, la humedad avanzaba, desabrochó su blusa, cerró los ojos y dejó que despacito aquel sostén se desvaneciera, como aquel hombre en su elegancia lo hiciera. Se quitó la falda, con dos dedos sobre la cadera resbaló sus bragas, en su boca una gotita relamía entre labios, en su memoria todo era como había soñado. Dejó que la mano acariciara su hombro y despacito sus senos tocara, recorrió su vientre, sintió aquellos poquitos vellos que ya temblaban y entre sus piernas dejó que suave se quedara. Respiró profunda, exhaló un primer suspiro, movió su cuello, estiró sus cabellos y sintió profundo el abrazo del hombre cuando es sueño y ama en el viento.
                 Prendió una vela, la miró, un dedo tocó tibia aquella cera, dejó que una primera gotita chorreara, la tomó en su mano, lo convirtió en caricia, entre sus senos la  dibujó, sintió calor, se puso un hielo y sintió deseo, esa pasión húmeda que le dejó aquel último recuerdo. Abrió la ventana y se tendió en la cama, desnuda se miró, un reflejo de Luna toda la bebió, cerró los ojos, su imaginación bailó. Quería otra vez sentirlo, tocarse toda, sudar esas manos, ese beso del aire cuando del propio aliento se embriaga, ese pecado que ahora necesitaba su alma. Pidió tiempo al espacio y ternura a sus sábanas,  silencio al deseo y murmullo a su garganta, un pequeño suspiro a tanta ansia y miel, a cada poro que despacito tocaba. Dibujó la espalda una contorsión de escalofrío pintada, sus pezones se erizaron tanto que en su ombligo se pintaron dos espadas, el vientre encogió sus entrañas, los pies tensaron sus piernas hasta sentir profundo el sentimiento cuando nace dentro. Imaginó un recuerdo en blanco y negro, le dio color,  sintió las manos de aquel  hombre abriendo su espalda, apretadas en sus muslos, su boca en aquellos labios abrazada, la garganta gritando entre sus piernas y aquella convulsión tan extrema, que penetró húmeda cada una de sus vértebras. No hubo pausa, el tiempo esperaba, el espacio era brasa,  el aire crepitaba porque en aquel cuerpo moría, en vapor se convertía, en pegado vaho sobre aquella ventana. Los dedos mojaban saliva, el roce consentía, una mano tenía prisa y el brazo vibraba fuerte aquella húmeda melodía. El pensamiento era vago, la mente gemía blanca, el deseo recitó como juglar sus versos y aquella mujer gozaba empapada la memoria de aquel hombre, cada vez que lo deseaba y la penetraba. Sintió que era bella, hermosa y soñada. Azotó de par en par la ventana, el hombre era viento, besos, dedos y manos, toda la surcaban, las caricias preñaban, su mano aquellos genitales apretaban, el vigor se vistió de cielo, una erección rompió el himen del credo, lo sintió dentro, contorsionó su cintura para que la penetrará por completo. Le mostró su espalda y siguió el dulce infierno, por encima lo cautivó y jamás de ella se despegó, de lado un abrazó y siguió y siguió, el trueno desgarraba, el dolor destellaba, el placer ungía y la humedad preñaba y preñaba. Miró su cara al viento y él la miró, el momento llegó, la vela se apagó, desde dentro un pequeño alfiler sintió, una lanza que abría su vientre y atravesaba su espalda, el orgasmo era intenso, el gemido gritaba tierno, los ojos eran lágrimas y cuando lo sintió fue tan intenso, que aquel hombre por siempre, en el viento se quedó.
          Abrazó su almohada y supo que por siempre de aquella humedad, estaría preñada.