Adusta
montaña que hincas mis rodillas entre tus pastos, suspiro de dioses que
disfrazas el aliento del viento en brisa eterna, energía que vagas entre valles
y acaricias el eco de los ríos.
No sé a dónde voy, pero en el viaje perderé mis recuerdos, volveré a mis
principios y sacudiré de mi alma la tristeza del abandono. Sé que volaré
precipicios, rodearé volcanes y fundiré tormentas en cada osadía de mis pasos. Cada
noche sacaré punta a mis dedos, llenaré de tinta mis sentimientos y escribiré
el sentido de cada una de mis huellas.
Afrodisíaco rumbo que toman mis sentidos al luchar contra los molinos
del deseo, gigantes dormidos en la literatura de la nostalgia y que despiertan
en mis largos espejismos. Cálida luz que desvaneces amaneceres y llenas mis
ojos de resequedad, indómita senda que solo reflejas polvo en la consentida
miseria de mi vida.
Severo camino, durezas salvajes que humillan las plantas de mis pies,
cáliz de sangre que te bebo en el profundo dolor de mi corazón. Presento al
cielo las abiertas palmas de mis manos y solo las llenas de sol, te las doy en
mis noches y ni mi luna refleja un anhelo en ellas, leo sus líneas de vida y
cada vez se acortan más en mi piel.
Brújula que marcas rumbos que desconozco, ausencia de mi alma en la
soledad de mi corazón, complejo laberinto entre las arenas de mi
desierto…Instantes de lucha, confusión y desazón que solo llenan de cenizas un
posible hogar en el horizonte de mi muerte. Soledad que enfermas almas y atraes
sombras en cada intento por ser, pesado sudor que soportas dunas y glaciares en
mi cruzada por saber que seré.
Ley
de vida que me viste nacer, que exaltaste mi crecimiento, que leíste tanta vida
que ahora no sabes cómo escribir mi muerte. Destino indomable que aburres mis
ansias por conocerte porque día a día lucho contigo por saber quién escribirá
mi final.
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