jueves, 16 de febrero de 2017

AMOR BAJO PRESIÓN: DIÁLOGOS


SITUACIÓN: DESPUÉS DE UNA INTENSA NOCHE DE AMOR…SÓLO PARA UNO DE LOS DOS.
      Ella:  Mi Amor, que rico te quedó el café. La verdad es que eres único, qué buena mano tienes.
      Él: Si claro. Tengo buena mano…
      Ella: Huele rico. ¿Será la mezcla que pedimos?
      Él: Quien sabe, pero tengo buena mano…De eso estoy seguro y…¡ buena mano para todo!.
      Ella: ¿Qué quisiste decir con eso?
      Él: ¡Nada! Solo que mi mano es buena, es más,¡ diría yo, que excelente!
      Ella: Creo que no me entendiste. ¡Estoy hablando del café!
      Él: Yo también
      Ella: ¡Si, claro! ¡Pues si hablamos del café, acuérdate que nos lo recomendó mi mamá!
      Él: “ ¡Ajá!”
      Ella: ¿Qué quieres decir con “¡Ajá!”?
      Él: Que sí.
      Ella: Qué si…¿Qué?
      Él: Que ella nos los recomendó, que sabe mucho de café y que es la mejor gourmet que he conocido en mi vida.
      Ella: ¡Ya estuvo!...¿Que tienes en contra de mi mamá?
      Él: Nada mi amor, solo es que…..
     Ella. Es que…¡Nada! Nunca la soportaste y ahora no puedes reconocer, que eligió el mejor café.
Mientras tanto, Él se perdía en las transparencias de sus sedas, veía entre fuego cruzado como se erizaban sus pezones, como se dilataban sus pupilas y cómo se movían sus manos.
     Él: Reconozco el poder de tu mamá en la elección del café, entre tantos, escogió al mejor. ¡Que sublime aroma!
     Ella: No seas mentiroso. Jamás vas a reconocer un acierto de mi mamá.
     Él: ¡Claro que sí! Su textura es única, el cielo se acostó en él.
     Ella: Si, tienes razón. Quizás también, la cafetera que nos recomendó mi papá , tiene algo que ver.
     Él: Por supuesto, la cafetera es maravillosa. ¡Se enseñó sola!
     Ella: ¿Qué quisiste decir?
     Él: Nada, que la cafetera es muy buena.
Y Él sentía la calentura natural de ese dulce amanecer, oliendo a café. Tenía ganas de un abrazo, de romper transparencias, de saltar encima de la mesa y poseerla…Pero…¿Cómo lo haría?
     Ella: Bueno, ya veo que sigues igual que siempre, odiando a mis padres…Pero aprovechando sus consejos, sin querer admitirlo…Ya me voy a vestir, tengo cosas que hacer.
    Él: ¿Sabes?, creo que le falta un ligero aroma a chocolate y vainilla a nuestro café y….
   Ella: ¡Ya vas a empezar otra vez! ¡Ya me dijiste que este café no sirve!
   Él: ¡Yo nunca dije eso!, solo te estoy dando una idea de sabor, de algo diferente, de algo excitante.
Y comprendió que la palabra “excitante”, devolvió sentido a ese café.
   Ella: Hummmm, ¿Crees que le daría un tono diferente?
Y el erotismo hizo mella en su mente…
   Él: Mira, primero fundo chocolate y lo acaricio en tu espalda. Dejo que mi lengua, absorba el exceso y lo deposito en el fondo de tu taza de café…Deshago una varita de vainilla, tomo una gota en la punta de mi lengua y la deposito en tus labios…Y cuando me beses, tomaré una gota de tu saliva y la pondré con mucho cuidado en el borde de tu taza de café, por donde tus labios tomarán el primer sorbo.
Obnubilado en su ataque final, no se había dado cuenta que las sedas ya no existían, que enfrente suyo estaba una piel ardiente y un cuerpo deseoso de ser poseído.
   Ella: ¡Ven!
   Él: ¡Joder!, Son las ocho, no llegaré al trabajo.
   Ella: Siempre igual, trabajo y más trabajo…¿Por qué no un día eres puntual conmigo? ¿Por qué no me dedicas más tiempo a mí que a tu trabajo? ¡Ya vete!...¡No sé a qué hora llegaré en la noche, voy a salir con mis amigas!
   Él: ¿Y los niños?
   Ella: Los dejaré con mi mamá
   Él: ¡Joder!...¿Los mandará a comprar más café?