miércoles, 8 de febrero de 2017

UN LIBRO INCOMPLETO...


                  Vírgenes y trabajadas ceras se funden en una vieja botella que un día contuvo la miel de un añejo tinto. Vista cansada que lloras al ordenar los papeles de tu vida y terminas por estrujarlos y hacerlos simple basura. Vagan tus pies entre las estanterías del conocimiento y solo ven pieles leídas, sombras que acumulan polvo y maderas carcomidas por el tiempo. Esculcan tus manos las búsquedas de un sentimiento, agrietas ansias en tus dedos y sientes el rasguño de uñas al separar libro por libro. Perviertes tu imaginación en un sueño que no puedes  alcanzar porque tu libro aún no acaricia tu alma, fustigas de esperanza tu viejo corazón y dejas que el presentimiento guie tu razón.
                   Por fin tu perseverancia da fruto, mengua la ilusión y late con fuerza la pasión por leerlo. Preparas ambiente, desvaneces artificiales ruidos,  llenas una copa, prendes un cigarrillo y te sientas en su prólogo.  Gritas y esperas soledad, oras para que calle el grillo y arrodillas lo que te queda de fuerza,  para que el sueño espere. Bailan las letras en su difuminación, se esconden las comas  y reverberan ecos las tildes…La timidez de tus ojos esconde el infierno del tiempo, discute mente y vista, orgullo y edad, razón y realidad…Y surge la diosa inteligencia y viste de claros cristales tu mirada. Tu alma sonríe, tu corazón asiente y tu orgullo muere.
                   Vestida tu mirada, alma preparada y corazón perceptivo, te dispones a disfrutar una bendecida lectura. Viajan los capítulos y tu cielo se emociona, brinca el suspenso por doquier, viven dudas y poco a poco ves como mueren los desperdicios de la novela. La emoción no cesa, el tiempo es corto pero todavía hay muchas páginas, respiras intensos alientos de ansias, no puedes levantar tu mirada ni tu cuerpo, es un imán para tus sentidos pues parece relato vivido. Muerdes tus labios, prendes otro cigarrillo y ya ves el poso en el fondo de la botella de tu viejo tinto. Despacito, retiras con ternura las gafas de tu mirada, dejas que tus ojos se abran al cielo y respiras profundo…Tu exhalación  desdobla inquietudes y en tu primera respiración te das cuenta que el libro sigue abierto, que reclama tu atención y que no puedes moverte.
                   Te desnudas en la viciada lectura, ya no te importa si son la una, las dos o las cinco de la madrugada. Estás haciendo el amor con tu libro, lo estás poseyendo y lo estás acariciando y te está excitando. Sientes que tu Luna se llena, que las estrellas llueven por doquier y que la fantasía se desdobla en cada poro de su escrita piel. Vas llegando al final, presientes la muerte del protagonista pero su vida impone duda, su experiencia esperanza y  sabes que la fuerza de su alma esconde entre puños, su poder, en las últimas páginas. El presagio es intenso y el nudo de tanta pasión te enlaza en sus sentimientos. Vives similitudes, reconoces miedos, haces tuyas sus lágrimas y sonríes cada vez que sus palabras, copian tu pensar. Ya vas llegando al final, deshaces páginas, devoras letras y arrecia con fuerza el sopor de tu sueño. Quedan dos páginas y están en blanco. El editor no completó la obra de su escritor o el escritor, enmudeció su final.  Y en tu espesura,  intentas recordar el título del libro, porque quizás en él puedas presagiar el final, quizás en él surja una pista…Quizás en él obtengas una respuesta.
                     Tus ansias cierran el libro para que tu alma pueda leer el título. Pasta de polvo y miel, aterciopelada y cuidada vejez, brillo opacado por los años, olor a vida y a reliquia. Tiemblan tus manos al acariciar el relieve de un título marcado con oro, de un título que ahora sabes que nadie escribió, de un título que dice “EL LIBRO DE TU VIDA”. Un libro que te deja dos páginas en blanco para que las escribas, un libro que no tiene epílogo para que los que te vivieron,  un día lo escriban…Un libro que como tú, todavía no escribe su final, solo está incompleto.