miércoles, 22 de febrero de 2017

EL SABIO Y LA MOSCA...


          Una vez había un viejo y anciano sabio que estaba inmerso en unas letras, en esas letras que algunos llaman poesía y otros prosa poética. En sus comas, advertía pausa y en sus puntos, solo pedía que la inspiración siguiera llenando espacios. 
         Inmerso como siempre en la intensidad de su tarea, algo lo distrajo. Algo llamó su atención de una manera tan poderosa que dejó a un lado su pluma, entornó los ojos y sintió que el poder de la impotencia estaba pegado en uno de sus ´preferidos cristales: Era una mosca, una mosca estaba volando en su ventana. Iba y venía, no encontraba salida y la luz era su pecado, porque en ella poco a poco moría.
          Y pensó el sabio: “Pobre mosca, no tiene salida. Puedo abrir la ventana o terminar con su corta vida, puedo hacer que vuele o que acabe como una mancha en el suelo o puedo jugar con ella hasta que sus alas se cansen o esperar que duerma en el olvido de mi noche.” Arrepentido de sus malos sentimientos, se levantó y poquito a poco se dirigió a la ventana. Con esfuerzo y desafiando el intenso frío la abrió, pero la mosca no entendió. La ayudó con su mano y la mosca no quiso. Sopló, manoteó otra vez, abrió y cerró y la mosca seguía empeñada en guardar su ventana.
           Ya la inspiración había abandonado sus versos, ya la paciencia juzgaba su espalda y el entendimiento estaba en un verdadero juicio por una mosca. Cansado de abrir y cerrar, de soplar y de manotear, decidió sentarse y fue entonces que la mosca le guiñó uno de sus dos grandes ojos y se fue por una rendija, por la rendija que el sabio nunca vió en su puerta de madera y por donde el frío cobijaba su casa.

            Al día siguiente, el sabio mandó reparar su puerta y ya el frío no entró a su casa. Le dio gracias a la mosca y se dio gracias a él por no haber terminado con una vida que solucionó el frío de su hogar. “Arrieros somos y en el camino andamos”…Nunca desprecies ayuda de nadie… Aunque sea,  una simple mosca.