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sábado, 11 de febrero de 2017

CRUCE DE CAMINOS...


          La vida es un camino, un hermoso camino. Sendas de colores, paisajes de verde y agua, blancas montañas y desiertos inexpugnables, vigorosas selvas y multitud de atajos que decidimos vivir en nuestro dulce albedrío…Y en uno de ellos, pasaste a mi lado con total indiferencia. No hubo mirada ni olor, no vivió la pregunta y el aire se vació entre nuestras sombras. Cada quien salió de su atajo y abrazó otras lunas, cada quien luchó por sus sueños y en ninguno de ellos se reflejaban nuestros destinos.
          Cruce de caminos, inexplicable osadía escrita por las estrellas y recitada muy despacito por  nuestros ángeles, en el interior más profundo del alma. Alma que nunca muere, alma que día con día graba ese destino ante la impertinencia de nuestra ignorante sordera…Alma que noche tras noche nos regala sueños, escribe nuevos prólogos a nuestra vida y somos incapaces de arrancar la persistente ceguera de nuestra mente.
           Émbolo existencial que nunca comprenderemos, embrión de una naturaleza que poco a poco y a pesar de nosotros, evoluciona en su perfección. Casualidad, destino, magia del cielo o vidas marcadas. Temblor de magmas o discurso de sabios profetas, desafío religioso o nueva explicación de un origen y un final.
           24 horas antes de morir, te cruzaste en mi camino y esa vez no era un atajo, era la senda final de mi vida. Estaba sentado en el túnel de Luz, esperando esas manos que llenaran mi  confianza y deshicieran los miedos…Y te ví, te vi aprisionada entre retorcidos hierros, detenido tu corazón y tu alma en un hilo de plata. Esta vez, clavaste tu mirada en mi alma, tus ojos derramaron su última tinta y en ella escribiste: “Te donaré mi corazón y tendrás vida”.
           Dona vida y fluirás amor en la eternidad. Dona vida y sentirás como tu sangre da nuevas oportunidades…Dona vida y tu corazón seguirá latiendo después de tu muerte.

          Cruce de caminos, destinos en silencio…Vidas compartidas.