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viernes, 23 de junio de 2017

DULCE MELANCOLÍA...


               Árbol de mi jardín, que escondes dorados colores entre tus hojas, en el ocaso de mi atardecer, amenaza de nube que quieres darme un poquito de tu lluvia y te dejas empujar por el viento quien sabe hasta dónde, aliento del sur que llenas de romanticismo mi alma, nostalgia de tierra preñada de tradiciones, castillos de fuego y hermosos recuerdos en mi “nit de Sant Joan”.
               Hoy, el pensamiento no tiene lugar para nada más, cualquier música me viste de melancolía y cualquier pasaje de vida, revive punzante y atrevido en mi mente. Hoy no respiro, solo exhalo el aire de mi infancia y mi juventud. No siento, solo lloro el blanco y negro de cien fotografías, los rieles de un tren que me llevaron al no regreso, las caricias de un mediterráneo que abrigaron mi primer nado y guiaron mis pasos, al exilio del corazón.
               De niño a joven y de joven a viejo. Se me olvidó ser adulto, porque jamás creí que debía serlo. Junté juego y osadía con experiencia, inmadurez con sapiencia y así en mi destino,  escribiré un nuevo nacimiento en mi muerte. Porque hoy es la noche de San Juan, la noche de la renovación,  del vómito espiritual de añejas cuentas en la hoguera del equinoccio…Es la noche en que las brujas bailan desnudas su aquelarre, los poetas imaginamos versos en las chispas de una fogata y los inmaduros, los que jamás nos hemos caído del árbol porque día a día estamos aprendiendo, solo nos cambiamos de rama, a la más fuerte, para seguir soñando y soñando.
               El cielo se viste de rojo en mi añorada Tierra, en el reflejo de las fogatas se pierden las estrellas, silban los cohetes y truenan viejas maderas. El aire huele a pólvora, a húmeda sal de mar y a esperanza. Abren sus ojos los niños, visten emoción los ancianos, miran por la ventana los enfermos y desesperados, ladran los perros. Las fachadas esconden su color y el portal llena su bienvenida de cenizas. Llega el turista y no entiende, solo abre la boca y la mosca no se atreve con otro idioma, la fiesta abraza sin preguntar clase o raza, la multitud espera y el castillo arde, grita, baila y ensordece. Es la noche de san Juan, esa noche que parte el año en dos, en un antes y un después, la noche en que el corazón entona otro latido y los sentimientos besan alma.
              Y amanece el silencio del rocío y quedito posa sus gotas en cada rincón del nuevo paisaje, ya las brujas solo recuerdan su aquelarre y se confunden entre los clientes que piden churros con chocolate, las máquinas limpian los últimos vestigios de quemadas maderas y la ciudad, empieza a trabajar un nuevo día. Todo vuelve a la normalidad, pero los “Buenos días”, saben diferente, los “Hola” huelen a sinceridad, el “cómo estás” sabe a inquieta esperanza y el abrazo,  es de verdad. Porque la renovación existió en quien se lo permitió, su actitud le dio ventaja y casa noche de San Juan, sus sueños seguirán brincando de rama en rama, cada vez a la más fuerte, para seguir soñando.
            ¡Noche de San Juan! Dulce melancolía de mi Catalunya, tan añorada.