martes, 13 de junio de 2017

EL DÍA QUE CIERRE MIS OJOS...


                  El día que cierre mis ojos ya no leeré vida, solo asumiré la magia de un viaje que es parte de ella. Escribiré mis sentimientos en el túnel de luz para que me conozcan los ángeles, escucharé en silencio el espacio doblegarse y el infinito en su expansión, enchinará la piel de mi alma. No tendré corazón pero el plasma del cielo guiará mis latidos, no tendré posesión de razón pero la fuerza del sueño en el viento del Creador, explicará mi camino. No tendré miedo, no acariciaré dolor, no sonreiré pero tampoco lloraré, no habrá cicatrices ni una historia que contar, no sufrirá el límite y volará la libertad.
                 El día que cierre mis ojos, quiero que estés a mi lado porque solo así, mi vida habrá valido la pena. En tu abrazo dejaré mi último aliento, en tu piel mi postrera caricia y en tus labios escribiré el primer beso de nuestra eternidad. Jamás me olvidarás porque en ti dejaré mi espíritu, nunca me llorarás, porque sellaré cada una de tus lágrimas con el poder de mi Luna y cada vez que la veas, sentirás mis tintas tatuar su manto, de sentimientos y colores. Quizás anochezca para  siempre en Itaca pero en cada amanecer de tu vida, verás pintada la palabra “esperanza” en el vaho de tu ventana, escucharás al rocío cuando te recite nuestro reencuentro y desnudarás tus pies, para seguir sintiendo el frío de la Tierra que un día, contigo pisé.
               El día que cierre mis ojos, entenderé el profundo significado de la utopía, el fracaso de un mundo que no entiendo y el miedo de unos sentimientos que solo escribo en mi necesitada  intensidad.  Trascenderé y veré mi cuerpo en su yacer, me sentiré bien y abrazaré ese momento para sentirlo, para comprenderlo y quizás para poder explicármelo.  Porque siempre he querido cazar la pureza del amor, la ecuación de la auténtica libertad, la piedra filosofal que explique el “por qué, de dónde y el a dónde” de la raza humana y el silencio que exprime el pecado cuando lo abraza el rico, el poderoso y el ejecutivo religioso.
              El día que cierre mis ojos, llegaré a un nuevo mundo. Será el primero de siete o de mil, pero será mi nuevo mundo y en él te esperaré. Construiré nuestro hogar pero no de piedras sino de perlas, no tendrá cemento en sus paredes sino que las recubriré con la fuerza de la ternura, el suelo será virgen de siete pastos, los pastos más hermosos y suaves que hayas pisado, el techo lo forjaré con las más blancas nubes, entrelazaré sus hilos de algodón y ni un rayo podrá jamás atravesarlo.  No habrá oxígeno, solo olor a mar, no vivirá el frío sino el terciopelo de nuestro amor, no habitará en ella la distancia porque en mi nuevo mundo no existe, no recitará nada el silencio solo el eco de nuestra música, vivirá por siempre en ella.

              El día que cierre mis ojos, quizás comprenda porque te amo tanto, porque te necesito tanto y porque lloro tanto tu ausencia. El día que cierre mis ojos, derramaré la última gota de mis tintas en un blanco papel, escribiré la última intensidad de mi último sentimiento, apagaré mis ceras y beberé un cansado trago de mi añejo tinto, cerraré un capítulo en mi vida y entraré a ser parte del sueño Universal del Creador y no lo dudes, prepararé tu camino para que el día que tus ojos se cierren, sean mis manos las primeras en abrazar tu alma.