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lunes, 12 de junio de 2017

UNA CARICIA, QUE LLEVE TU NOMBRE...


                 Quizás el Tiempo sea cruel, quizás el olvido no sea suficiente, quizás existe el momento de la dulce necesidad, el instante en que las ansias espinan tu piel, ese minuto en la noche en que tu vida solo pide, una caricia.
                 ¿Quién es mi Luna para negármela, si en su sonrisa veo que la quiere? ¿Quién es la oscuridad para esconderla, si en su vehemente color respira ternuras entre mis ceras? ¿Quién es el silencio para encubrirla si en mi poesía, lo respiro cada vez que tarda la inspiración?¿Por qué el destino es incapaz de arrancarla de tus manos y pegarla en mi cuerpo?¿Por qué debo cerrar mis ojos para imaginarla, dejar que mis dedos recorran mi cuerpo para sentirla y esperar que toque mi puerta hasta la llegada del alba?
                No quiero una caricia que venga del recuerdo, sino de tus manos.  Quiero sentir ese sentimiento enredado entre tus dedos que explique mi primer escalofrío, quiero desear una y otra vez el suave pegamento de tu ternura en mi piel, la caliente sensación de que estás a mi lado y que el orgullo de mi hombre dormido, se sienta otra vez amado, querido y acariciado. Porque una caricia extiende su palabra más allá de la sutil emoción, más allá del gesto y más allá de la conocida razón. Una caricia, es dejar que tu alma en ella escriba, es dejar que tu sangre fluya en mis arterias, es dejar que ese momento le ponga nombre al aire y apellido al viento. Una caricia es muestra de amor cuando late unísona con el corazón, es lluvia de primavera cuando huele a húmeda tierra y es erotismo imaginado cuando permea piel capa tras capa, capa tras capa y llega a la membrana de mi alma.
               ¡ Constructoras de falsas caricias, aléjense de mi cuerpo!. Pudor que mueres en la conquista de un abrazo y no eres caricia para nadie, anquilosado sentimiento de un podrido pasado, que invades intimidades y no sabes ni de dónde vienes. Oscuro permiso de vida, eyaculador precoz, ansia reprimida y melancolía de pecado que a veces te llamas caricia y solo eres el suave toque de la maldita hipocresía.  Caricia que te sueño, que te deseo sentir, que cada noche te siento crecer, que muero por ti en la certeza de que serás verdad.

               Caricias que con vuestra presencia, explicais todo, caricias tatuadas con ternura de alma y fuerza de corazón, caricias que solo la pureza del amor, puede reinventar en cada mano, en cada dedo y en cada piel.  Quiero poseer solo una de ellas, quiero que vibre en mi cuerpo como vibran las cuerdas del violín del cielo cada vez que expande su azul, quiero sentirla tan profunda que haga que tiemblen mis tintas cuando la escriba, quiero saborearla, quiero olerla, quiero protegerla en su humedad de mujer y quiero  verla de cerca para saber, que esa caricia, lleva tu nombre.