miércoles, 12 de julio de 2017

SUDOR DE LUNA.


                         La intensidad cambió su sabor, la humedad permeó y los pasos, detuvieron su andar. Llegó la quietud y con ella una caricia. Tomaron piel las manos, erizó el vello la ternura y calló la espera. Brotó sus lágrimas el alma, bombeó su saliva el corazón, cerraron los ojos sus miradas y el cielo sintió. Despertó la sumisa pasión del tiempo, de un tiempo que llenó de sabias arrugas su espacio, de un tiempo anquilosado en el querer sin tener…De un tiempo, añejo y frío.
                         Tocó puerta el recuerdo y la nostalgia abrió su madera, rechinó ansia la reseca bisagra y entró la Luna. Grande y bella, inimaginable y hermosa, seductora y cautivadora, escritora y poeta. Palideció luz y su manto vibró destello, presumió elegancia y dibujó un beso, penetró vaho y se desnudó. Tanta sensualidad escondió estrellas, evaporó nubes y el universo cambió su olor.
                         Me disfracé de paje con tintas de arlequín, convertí mi cama en un gran molino de viento y en sus aspas amarré diez “Sanchos” que me hicieran tocar tierra. La Luna insistía, se disfrazó de dulce Dulcinea y abríó su tentación. Quedó muy atrás su “Toboso”, muy lejos su Tierra y muy cerca de mis brazos. Arrugaron las ceras la chorreada ansiedad, la imaginación brincaba por doquier y el pellizco, aseguraba la realidad de un sueño.
                        La consistencia de mi camisa era desgarrada, su fuerza reventaba el primer botón, el segundo y el tercero de mis jeans, la sorpresa entumecía mi vigor, el instante cargaba magia, el calor sofocaba y el hielo de un cometa me daba pausa…Y ella solo me miraba, sonreía y apretaba sus labios. Su aurea era blanca, perfectamente blanca con destellos violetas y dulce carmesí en sus bordes, su mirada transparentaba alma y ésta gritaba a su ángel… Su  sensualidad mimaba y su mirada, enamoraba.

                      Soltó frescura, irradió sensualidad, embobó mi noche y me dejé llevar. Mi desnudez firmaba deseo, su elegancia erotismo eterno y la poesía, arrancaba viejas músicas de añejos pianos. Desgarró el ángel su arpa, brincó el juglar su cantar, el hambre su pedazo de pan y el trofeo cayó en mis manos. Mostró su figura, empapó su piel y la erección del universo subliminó mi sed. Se acercó, era mía y el abrazo atrevido, de polvo se llenó. Polvo de estrellas, polvo de suculentos meteoritos y polvo de vida. Quise contener el respeto por un deseo, pellizqué otra vez mi sueño y su contorsión, me excitó. Mostró  su oscura cara, sus cráteres, sus secos valles, sus angosturas y sus escondidos hielos….Movió su cuerpo y sus curvas exhibió, bailó en mi frente una rumba, una bachata y una cumbia, recitó a Neruda, a Borges y me explicó a Cervantes…Sus labios secaron aliento y tomó con una mano el viento de mi vida, con la otra mi dedo, lo mojó con de  saliva y lo viajó a sus labios. El derroche se hizo pasión, el momento intenso y la conexión, instante. La Luna era mía, abrió su gran vagina de amor y todo mi ser la penetró.  En su primer gemido lloró y sus cráteres se apagaron, sus valles se humedecieron de antiguos ríos, sus mares se llenaron y el polvo de sus estrellas empezó a destellar. En su grito, legiones de ángeles se arrodillaron, los vagabundos del universo encontraron hogar, los sabios entendieron ignorancias y la intolerancia, su fosa. ..En su amanecer, empezó a sudar. Al Sol le pedí clemencia y abrigué su vampiresca alma. Yacía su desnudez en mis brazos y no la quería soltar. No quería noches con Luna, solo sus “llenas” para mí. No quería verla distante, solo sus “plenas” para mí. No quería frío en su manto, solo mi calor en su “menguante”. No quería su olvido,  sino caminarla en su “creciente”. No quería su recuerdo, solo cada noche sentirla, cada noche abrazarla y cada noche, poseerla en su reflejo. Fui elegido, la besé, la poseí, amé su historia e hice el amor, lamiendo…El sudor de mi Luna.