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lunes, 2 de enero de 2017

CONSEJOS Y CONEJOS


           No puedes respirar sin alma pero puedes sentir si tienes corazón. No te atrevas a usar tu ignorancia ante la inteligencia y menos prestes tu amor propio a los orgullos del profundo y maquiavélico saber de la verdad absoluta. Enreda tus ansiedades en los deseos de tus sueños y verás como tus manos, se llenan de ilusiones una y otra vez.

          Cuenta una imaginada leyenda que una vez un conejo siguió un consejo. El consejo, se vistió con las mejores galas porque lo seguía el conejo y el conejo siguió desnudo porque no conocía el consejo. Se conocieron y el consejo sorprendió al conejo con su sabiduría: El conejo durmió sus orejas en señal de respeto y el consejo se sintió rey en una selva que no era suya. Pasaron los días y el consejo veía asombrado como el conejo no seguía sus enseñanzas y el conejo veía como el consejo solo se le quedaba viendo.
          Vivía el Sol y dormía la Luna, el conejo brincaba, soñaba y jugaba mientras el consejo reflexionaba, veía y razonaba. Y es que el consejo nunca fue conejo y el conejo jamás atendió a ciertos consejos que llegaron a su vida. Ante la tristeza del conejo al ver la soledad del consejo, decidió seguirlo y el consejo, animado por tal motivación, decidió armarse en su orgullo de sabio y se refugió en su memoria. Transcurrieron los días y el conejo no entendía al consejo y éste solo miraba al conejo en su perplejidad.
          Y llegó el día en que el conejo enfrentó al consejo y le dijo: “ Mira consejo, para que tu virtud pueda enseñar mi alma, primero tenías que haber sido conejo…Vivir como conejo, comer zanahorias, respirar hierbas y oler humedades, de lo contrario solo te convertirás en un vacío en mi vida, en un simple y abstracto momento. Y el consejo entendió y fue entonces que el conejo se convirtió en consejo y el consejo intentó por una vez, ser conejo.
           No malbarates enseñanzas sino las viviste y no recibas consejos de quien dice tiene la verdad absoluta en sus manos. Enseña cuando aprendas y escucha razones de quien sabe, no de quien las inventa.