lunes, 27 de marzo de 2017

EL PIANO...


               Te vi sentada en mi playa sobre un banquito de arena, tocando un piano hecho de conchas y corales. Tersas teclas de marfil, refulgente azabache, crisol de mar que conviertes olas en notas, brava espuma en sentimiento y la sal del cielo en un pentagrama lleno de amor. Dulce piano que en sus manos fundes acústica con aliento, pensamiento con envenenado deseo y una caricia, en gotita de pasión.

               Sentir palpitar ese piano es vibrar piel con piel porque en cada una de sus notas surge el atrevimiento y la imaginación… Pintar nubes y llenarlas de viento y algodón es dejar que mi lengua recorra despacito tus labios, cerrar tus ojos y abrazarte es gozarte, escuchar tus versos y consentir sus lágrimas es amarte… Hacer el amor contigo es dejar que ese piano hable, que nos estremezca su música y que su melodía nos transporte a la eternidad.

               Poseído piano en la suave ternura de una mujer, sensibilidad de seda, inspiración hecha miel y poesía de cielo que renaces cada segundo en sus dedos. Escalofrío y excitación, desnudez de alma y erótica transparencia en cada una de sus notas. Concierto de los sentidos, arpa de ángeles y cueva de sabios druidas. Salvaje magia en el despertar de mis anhelos, ilusión que poco a poco perviertes mi sueño, porque escucharte en sus  manos  es maná para mi corazón, contorsión para mis sentimientos y seducción para mi alma.

              Piano y mujer…Música y perfección.