domingo, 19 de marzo de 2017

SIEMPRE ESTÁS...


              Sentir lo que siento por ti, es justificar la palabra eternidad. Pensarte en la dicha es fabricar un sueño y dejar que seas tú quien seque mis lágrimas en la tristeza, es alcanzar el cielo. Emocionarme al escuchar esa música que abrazó nuestros cuerpos y entrelazó pies, es placer de ángel, imaginar tus besos rozando mis labios, es aquelarre en luna llena y desearte con toda la profundidad de mi ser cuando tus manos solo acarician mi cara, es caviar para dioses.
              Estás en mi amanecer y mis ventanas despiertan con el vaho de tu rocío, estás en mi primer paisaje y son tus dedos los que lo iluminan. Estás en el sabor de mi café, en el arrugado despertar de mis sábanas, en cada una de las plumas de mi almohada y en la madera de aquel viejo mueble que todavía huele a ti. Estás en el portal de mi hogar, en esa calle donde no hay una pisada que no me recuerde a ti, en la piel de ese asiento de coche que tantas veces  sintió la intensidad de nuestro deseo.
              Estás en mi trabajo, pues son mis manos las que luchan por ti, estás en mis diarios “porqués”, porque solo tú eres la poseedora de mis respuestas, estás cuando el silencio calla porque siento el eco de esa gota de saliva cuando cae por tu garganta, estás cuando el viento grita porque llenas su aire con tu dulce sudor de mujer, estás cuando la lluvia sonríe plácida y tímida, porque es ahí donde viven tus escalofríos, estás en mi vida porque en ella escribiste tu amor.
             Estás en mis noches, porque en ellas abres tu regazo y me proteges, estás en mi libertad porque sin ti sería un prisionero más de la conformidad, estás en el sibaritismo del sabor porque en mi chocolate recorro tu espalda, en mis natas tu vientre, en mis vainillas tus pechos y con mis  fresas…Solo dejo que las atrevidas burbujas de mi pasión, escandalicen tus humedades. Estás cuando mis dedos necesitan entrelazar cabellos, cuando mis manos suspiran por acariciar tu cuello, tu nuca, tus hombros con ese vigor que solo un hombre te puede dar, estás  cuando mi cuerpo necesita estar pegado a ti, cuando gimes que tus pezones toquen ternura, cuando tu sonrisa expresa mi orgasmo y cuando una lágrima, es la exquisitez de un sentimiento.

           Siempre estás y siempre estarás.