sábado, 4 de marzo de 2017

NOCHE DE JAZZ Y PASIÓN...


           Nos dejamos lamer por el piano y cruzamos miradas en la profunda respiración de un viejo saxo. La batería acariciaba quedita la melodía, acompañaba la guitarra con sus bajos y gemía la trompeta, las pretensiones de una ardiente velada. Surgía esa ronca voz que nacía del estómago y vibraba oscura,  en aquella excelsa garganta. 
          Ambiente de intensos humos y alcoholes desvanecidos suavemente  en el dulce carmesí de un aliento. Manos acercando regazos, dedos entrelazados en un relajado consentimiento, ojos cerrados, torsos moviendo pulsaciones y cabezas difuminando acordes en un sutil vaivén. Ritmo embelesado en pies y tacones,  erotismo existencial en la desnudez de una música  ante el alma, cardiaco silencio en las palabras de una mirada, pieles erizadas bajo sedas que no atrevían sus ocultas transparencias, tras una mesa de jazz.
           Media oscuridad perfecta, miradas lanzadas, exhalación sentida, lengua acariciando labios, dientes afilando deseo…¡Mensaje recibido!
           -¡Camarero!... ¿Qué está bebiendo la dama, que está sentada en aquella mesa?
           Mis ojos señalaron sentencia
           -Whiskey en las rocas, el mismo que usted está tomando.
           Conexión, pensé
           -¡Hágame un favor!, le puede decir, si sería tan amable de aceptar una copa de mi parte?
           -Claro, caballero, con mucho gusto… ¿Es hermosa verdad?
           - Sí…¡Ah! Por favor dígaselo con la elegancia que merece.
           - No se preocupe caballero, que para eso me pinto solo
           Y pinté su mano con una pequeña propina.
           Mi ojo fingió reojo y en él, examiné el protocolo encargado.
           Todo bien, intensificó su mirada en mí, mi reojo se volvió ojo y éste mirada. Consintió, cerrando suavemente sus pestañas. Respiré profundo, penetrante enlace, solo queda esperar…Seguía el saxo mostrando su orgullo, la trompeta enseñaba todo su corazón y el bajo lo latía, la batería relamía caricias y el piano escribía letra a letra el inicio de una requerida noche de pasión.
            Intenté mostrar indiferencia y dirigí la atención sobre aquella ronca voz. Identifiqué una postura de experto en jazz y me pareció excesiva. Ella seguía sentada. Mi reojo buscaba al camarero en busca de la esperada respuesta. Exclamé el clásico ¡Pss! ¡Pss! Y llegó un camarero, pero no era el indicado. Pregunté por el indicado, pero solo recordé uniformados clones en aquella bendita oscuridad.
              Mis cigarrillos estaban agonizando y escondí mis ansias en el requerido ¡Pss! ¡Pss!. Llegó otro camarero e hice mi encargo. Mi reojo seguía trabajando y con sorpresa ví como el camarero de mis cigarrillos era requerido por mi bella dama…Seguí con atención escondida su caminar, fue a la barra y con los cigarrillos en su mano estacionó su andar en aquella deseada mesa…Solo veía su espalda hablar con mi deseada---Un minuto, dos...Y reinició su apresurado viaje.
              -Caballero sus cigarrillos.
               Con la inusitada habilidad que solo un buen camarero tiene, desnudó la caja y al unísono asomó un cigarrillo de ella. Lo tomé y ví algo extraño: el cigarrillo estaba escrito y decía “Ven a mi mesa”. Levanté la mirada entre la chispa del impaciente encendedor, le hablé con mis ojos y asentí con mis pestañas. El camarero supo qué hacer, retiró mi silla y amablemente me indicó la ruta a seguir.
               -Yo le llevo su copa, caballero.
               -Gracias.
                Pinté sus manos y fui al encuentro de mi noche. Pensaba que como habían cambiado las cosas, a lo mejor me ví muy tímido, a lo mejor un poco imbécil o a lo mejor las dos a la vez…Pero como quiera que fuera, ya estaba a mitad de mi trayecto y una retirada me convertiría en idiota perdido y así me lo recordó un sutil exclamo de trompeta.
                 Llegué a su mesa y la química hablo, calló el piano por una vez y resurgió el bajo con toda su fuerza. El saxo se volvió lento y sentí que el tiempo se había estacionado en aquella mesa. En sus manos unos pequeños chocolates, sus dedos abrieron mi boca y colocó dos en mi lengua. Acercó sus labios y con ternura dejó que sus dientes los partieran cada uno en dos. Bocas pegadas, deseos leídos, escote prolongado y eterna dulzura en sus ojos. Liberó sus manos y acercó las mías, a un rincón bajo la mesa. Su aliento era miel y sus chocolates lujuria. Sus dedos eran perversión cuando tocaron mi pecho entre los botones de una elegante camisa…
                …….Y retumbó valiente el saxo en mi sien, cual exquisito y melódico trueno. Abrí los ojos, todavía inmersos en aquel jazz, en aquella ilusión de un deseo. La miré…Todo fue una ilusión… Ahí estaba , abstracta mirándome sin comprender.
                Una mano avisó mi espalda: Era el camarero.
                -La dama aceptó su invitación…Que muchas gracias.
                Vencí timideces, me levanté y fui hacia ella…Le ofrecí mi mano…
                 -Para mi sería un verdadero placer, que me acompañara a disfrutar de esta exquisita velada.
                Asintió su mirada, retiré su silla, tomó mi mano y nos dirigimos a mi mesa.
                Esta vez no encargaría unos cigarrillos, solo una cajita de tiernos chocolates, para que los deshiciera en mi boca,  en medio de una noche de jazz y pasión.