domingo, 9 de abril de 2017

MI POESÍA...


             Empecé a escribir como diablo, el viento perseguía mis letras y el tiempo no alcanzaba a comprender. Sentía como las rimas querían alcanzar algo, una tras otra brincaban entre mis dedos, susurraban deprisa entre ellas y ni siquiera mis tildes alcanzaban a someterlas. Era como un vagón de tren lleno de sentimientos en caída libre, sin una locomotora que lo guiara. Los paisajes vivían rápido y el cielo cambiaba día por noche en un suspiro.  El espacio se hizo uno y ni la respiración lograba expandir un gramo de su peso, el universo caía como sombra sobre mis pestañas y solo el deseo abría mis ojos. Pero alguien estaba en mis manos, alguien que quería vivir en mi…Alguien que me amaba.
              Era ella, tan bonita como una estrella recién nacida, tan frágil como la tersura de un pétalo de rosa, tan limpia como el espejo de mi mar y tan sana como la dulzura del cielo. Era ella quien apresuraba mi vida, quien en cada una de sus sonrisas me vestía de sedas y motivos, quien en cada una de sus miradas me decía “hazme tuyo”, quien cada noche estremecía mi alma, absorbía mi corazón, penetraba en la mente de lo imposible y bailaba loca y erótica entre las tintas de mis dedos.
              Era ella. Sentí que era ella quien apresuraba mi destino, la que explicaba cada uno de mis “solos” besos, la que gemía en mi silencio y la que de vez en cuando, arrancaba una sonrisa en las comisuras de mis labios. Era ella, a veces seria, a veces pervertida, a veces enfadada y siempre nostálgica. Era ella la que un día le dio razón a mi vida, porque en el desamor, en ella me refugié, en mi tristeza acepté el regalo de su blanco espíritu y en mi soledad  la abracé tan fuerte que el trueno enmudeció.
               Y ese día, en ese vagón de mi vida, erizó su piel, entraron en trance mis lágrimas, su alma expandió tanta luz que mi corazón dejó de latir. Sus ojos no dejaban de mirarme, sus entreabiertos labios no soltaban aliento y su aurea se impregnaba de blanco y violeta. Su ternura quería tocar mis manos,  pero el absurdo pensamiento preñaba barreras, la oscuridad de las letras bloqueaban su hermoso final, hasta que el tiempo decidió no esperar. Y fue entonces que embraveció mi mar y me llenó de coraje, la Luna embistió mi alma y me regaló su sensibilidad, el cielo me prestó su azul y me dio seducción, el viento me movió y me dio contorsión, el fuego de las estrellas me dieron calor y en él llegó el dulce erotismo, la imaginación y la inspiración. Corrí más rápido que aquel vagón y escribí un sueño, despacito y letra por letra lo tatué en ella, poco a poco la sentí respirar, la vi hermosa y otra vez a mi lado…Era ella, mi poesía.